Donald Trump: una elección inesperada pero explicable - Razón Pública
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Donald Trump: una elección inesperada pero explicable

Escrito por Luis Javier Mejía

Ganador de las elecciones en Estados Unidos, Donald Trump.

Luis Mejía¿Qué llevó a los estadounidenses a elegir a Donald Trump como su presidente a pesar de todos sus inconvenientes? ¿Cuál fue la estrategia del magnate para convertirse en el hombre más poderoso del mundo? ¿Qué se puede esperar de su presidencia? 

Luis Mejía*

La decisión en las urnas

Este 8 de noviembre los estadounidenses eligieron a Donald Trump como su presidente para el período 2017-2021. Sin embargo, la candidata del partido demócrata, Hillary Clinton, obtuvo la mayoría del voto popular, con 60.122.876 de votos contra 59.821.874 de Trump.

Hay que recordar que Estados Unidos elige a su presidente por medio de un colegio de 538 electores distribuidos entre los estados de la Unión. Quien gana la mayoría en el estado recibes esos votos. Así fue como Trump acumuló suficientes votos para ser elegido presidente.

Ese día los votantes también dieron la mayoría del Congreso y de las gobernaciones de los estados al Partido Republicano:

Resultados electorales  2016

 

Partido Demócrata

Partido Republicano

Presidente – voto popular

60,981,118

60,350,241

Presidente – voto electoral*

228

290

Senadores**

46

52

Representantes a la Cámara**

193

239

Gobernadores**

15

34

* Faltan 20 votos electorales por asignar oficialmente

** El total incluye tanto las posiciones que estaban vacantes como las que no han terminado período

Populismo de derechas

El mundo contemporáneo es complejo y difícil de interpretar. Los fenómenos sociales más impactantes, como la pérdida de empleos, la desaparición de industrias, las crisis financieras, el crecimiento de poblaciones minoritarias, el desplazamiento urbano y rural, los cambios en el poder relativo de otros países, las amenazas a los intereses nacionales y las guerras, ocurren más allá del entendimiento y comprensión del ciudadano promedio, el cual carece del tiempo, la formación o el deseo de adquirir los conocimientos necesarios para saber qué está pasando.

Por eso, la incertidumbre y el temor abren las puertas a demagogos y extremistas que ofrecen soluciones milagrosas. Y Trump es un demagogo de derecha: denunció a gobernantes y empresarios por incompetentes, se quejó de traiciones nacionales, jugó la carta racial insinuando que el Estado marginaliza al hombre blanco para beneficiar a las minorías y prometió defender al trabajador de la rapacidad de países extranjeros. Su fórmula fue “yo lo voy a hacer mejor, confíen en mí”.

La incertidumbre y el temor abren las puertas a demagogos y extremistas.

Por ejemplo, prometió repatriar los empleos fugados. Pero la gente ignora que la fuga de empleos fue facilitada por políticas republicanas para estimular el crecimiento de las corporaciones.

En palabras de uno de sus seguidores: Trump no da detalles pero el espíritu de su mensaje es claro. Como las riquezas creadas por el capitalismo se han acumulado en manos de pocas familias y han ampliado la brecha entre las clases sociales, el populismo es una salida.

Restaurar la grandeza de Estados Unidos fue el tema favorito de Trump. Segú su visión, los gobiernos de Obama y de Bush habrían debilitado la economía y causado la pérdida de su poder mundial, y el sueño americano habría desaparecido. El mensaje de Trump (“hacer de nuevo grande a Estados Unidos”) estaba dirigido a las clases media y obrera que han sufrido la inestabilidad en el empleo, la baja de salarios y la pérdida en su calidad de vida por la globalización.

Invocando un pasado mejor, Trump ofrecía el regreso a un mundo de respeto y deferencia a los hombres blancos, de aparente vida heterosexual, de tradiciones inalterables y de autoridades que no necesitan justificarse.

Los medios y los pronósticos

Candidata presidencial en las elecciones en Estados Unidos, Hillary Clinton.
Candidata presidencial en las elecciones en Estados Unidos, Hillary Clinton.  
Foto: Wikimedia Commons

Las mentiras e inexactitudes fueron parte importante de la campaña de Trump. Además, Trump atacaba permanentemente a los periodistas que lo criticaban. Y algunos medios aceptaron su bufonería como un entretenimiento inofensivo.

Desde las elecciones primarias de cada partido, encuestadores y medios anticiparon que Clinton ganaría la Presidencia. El triunfo de Trump tomó por sorpresa a muchos, incluso a sus seguidores. La mayoría de los estadígrafos se pifiaron: los de encuestas y grupos de enfoque y los de modelos estadísticos para combinar encuestas.

Los modelos históricos con datos cualitativos y cuantitativos son mejores para predecir este tipo de elecciones, pero no son muy conocidos. Por ejemplo, el del profesor Allan Lichtman, basado en 13 variables sistémicas, predijo con antelación el triunfo de Trump. Por otra parte, modelos intuitivos, como el del cineasta Michael Moore, quien también predijo el triunfo de Trump, carecen de una estructura conceptual que los haga útiles en otras manos.

Las dos campañas

Clinton y Trump hicieron campañas distintas. El discurso de Clinton, informado, educado y realista hasta donde lo permite una campaña, apelaba a la inteligencia y educación de sus oyentes -aunque rara vez lograba despertar las emociones de estos-.

El discurso de Trump, errático, incoherente y fantástico, iba directo al corazón de sus oyentes. Con total desinhibición despertaba sus temores, ansiedades, rencores y resentimientos y los mezclaba con anhelos de mejora personal y grandeza colectiva. No los forzaba a profundizar en la complejidad de la economía doméstica o de las relaciones internacionales.

Trump alimentó su discurso con el racismo de la población blanca y el desengaño patriótico de los que ven a Estados Unidos disminuido ante el mundo. Capitalizó la frustración de las clases media y baja venidas a menos económica y políticamente. Por eso fue un discurso muy efectivo.

Su ignorancia de la Constitución, del gobierno, la historia y las ciencias nos recuerda a Ronald Reagan, George W. Bush, Dan Quayle y Sarah Palin, y no es distinto de la falta de conocimiento que exhibieron todos los candidatos que él derrotó en las primarias. El Partido Republicano suele producir políticos muy ignorantes que ejercen el poder sin importarles sus limitaciones intelectuales.

Las explicaciones

Actual Presidente y representante de Estados Unidos, Barack Obama.
Actual Presidente y representante de Estados Unidos, Barack Obama.   
Foto: Wikimedia Commons

Por su parte, la derrota de Clinton admite tres vertientes de análisis:

1. El voto contra el establecimiento castigó a Clinton,

2. El voto protesta contra el neoliberalismo de Obama,

3. Las fallas de carácter de Clinton desanimaron a los votantes.

Los votantes estadounidenses tenían motivos para rechazar un establecimiento que lleva a cabo políticas de privatización, austeridad, comercio favorable a conglomerados empresariales, reducción de protecciones al interés público e indiferencia ante la suerte de los trabajadores.

Pero lo cierto es que desde el gobierno de Reagan el neoliberalismo ha sido también una bandera de los republicanos que son eje del establecimiento. Por eso sorprende que los republicanos ganen las elecciones.  Trump, como lo han hecho los republicanos por años, denunció al gobierno como innecesario, enemigo de la libertad y paralizador del espíritu empresarial, y al presidente Obama como causante de los problemas del país. Es verdad que el crecimiento del Estado y sus regulaciones ha llegado a niveles absurdos, pero las acciones del Partido Republicano cuando ha tenido el poder contradicen sus promesas de campaña:  

  • No ha disminuido el tamaño del gobierno
  • Ha debilitado la protección a los consumidores y al medio ambiente,
  • Ha reducido los gastos sociales,
  • Ha ayudado a la gran empresa.

Los retos de Trump y los republicanos

Habiendo perdido el voto popular por un margen del 0,3 por ciento Trump no tiene carta blanca para ejecutar toda su agenda, pero estará tentado a seguir el ejemplo de G.W. Bush, quien, aunque perdió el voto popular, gobernó con su partido.

El triunfo de Trump tomó por sorpresa a muchos, incluso a sus seguidores.

Además Trump podría acumular mucho poder pues el Partido Republicano controlará el Legislativo y la Rama Judicial cuando se llenen las vacantes existentes en la Corte Suprema (1) y en cortes federales (58).

Los retos inmediatos para Trump son:

  1. Sentar las bases para convertirse en un presidente de todos y tender puentes a los enemigos que creó durante la campaña (inmigrantes, mujeres, musulmanes, periodistas, LGBTI).
  2. Prepararse para interactuar con un Partido Demócrata forzado por las organizaciones populares a ser más activo en su tarea fiscalizadora.
  3. Formar un equipo de gobierno competente.
  4. Decidir qué prioridad tienen las promesas que dio durante su campaña.
  5. Encontrar un punto de equilibrio con los líderes republicanos en sus respectivas agendas. Por ejemplo, Trump prometió cosas contrarias a la doctrina republicana: expandir el seguro de salud subsidiado (Medicare), proteger las pensiones del seguro social, revisar los tratados de comercio, ampliar los servicios de salud para los veteranos de guerra y crear obstáculos para la exportación de empleos.

Sin embargo, Trump comparte mucho con la agenda los republicanos: rechazo y persecución de los inmigrantes indocumentados, expansión de la industria bélica, reducción de impuestos a los más ricos, derogación de la legislación sobre seguros de salud y protección incondicional de Israel.

  1. Tomar posiciones claras en política internacional frente a la crisis del Medio Oriente, el poder de Rusia y China, la amenaza nuclear de Corea del Norte y el debilitamiento de la democracia en muchos países.

A pesar de todo, es posible que Trump logre hacer un gobierno funcional. En enero pasado el expresidente Jimmy Carter dijo que si tuviera que escoger entre Donald Trump y el senador Ted Cruz como presidente escogería al primero porque “ya ha demostrado que es muy maleable” y agregó que, en su opinión, él “no tiene opiniones fijas por las que va a luchar si llega a la Casa Blanca”, mientras que Cruz es un ideólogo de posiciones rígidas.

* Abogado, economista e investigador social, residente en Nueva York.

 

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