Vladimir Rouvinski, autor en Razón Pública
Foto: Wikimedia Commons

Compartir:

China pretende tomar el liderazgo económico y construir un nuevo orden mundial. ¿Cuál es el panorama para 2024 en relación con Estados Unidos?

Vladimir Rouvinski*

El año del dragón

Según el calendario chino, 2024 es el año del dragón, un símbolo de gran importancia para China en términos culturales, históricos y políticos pues el dragón representa poder, fuerza, prosperidad y buena fortuna. Adicionalmente, según la mitología china, el dragón tiene la capacidad de agarrar con sus garras y no soltarla. 

En este contexto, el comienzo del año del dragón sugiere que 2024 podría presentar tanto desafíos como nuevas oportunidades notables para la posición de China en términos políticos, económicos e incluso militares en su rivalidad con la potencia líder de las primeras dos décadas del siglo XXI: Estados Unidos. 

Se vislumbra un escenario donde China no soltará lo que ya tiene firmemente en sus garras, tomando metafóricamente la característica clave del dragón. Esto se refleja en tres aspectos:

  • en el crecimiento económico, 
  • en su liderazgo en la construcción del nuevo orden internacional, y 
  • en la cuestión de Taiwán. 

Otro elemento crucial a considerar es la estabilidad política interna de China. Gracias al éxito de lo que Elizabeth Economy ha denominado la «tercera revolución china», Xi Jinping ha podido dirigir sus esfuerzos hacia asuntos de política y comercio en el ámbito internacional sin tener que enfrentar una oposición significativa en su país.

China ha reforzado e intensificado la construcción de alternativas a aquellas controladas por Estados Unidos. Esto incluye la ampliación de los BRICS y la oferta de ayuda a los países del Sur Global.

En cambio, en Estados Unidos, la gestión de asuntos internacionales está estrechamente vinculada a la lucha política interna, la cual se intensificará considerablemente en 2024, año de las elecciones presidenciales. En este lapso, es plausible que este tema sea uno de los puntos centrales en las disputas entre los principales candidatos pues el liderazgo económico de China amenaza con superar al de Estados Unidos. Pero esto tampoco será una tarea fácil para el gobierno de Xi Jinping. 
Foto: Flickr: Phil Roeder - En Estados Unidos la gestión de asuntos internacionales se relaciona con la lucha política interna y se intensificará con las elecciones presidenciales.

Puede leer: La visita de Petro a China: un nuevo rumbo de la política exterior

La competencia económica 

Según varias fuentes, los funcionarios del gobierno chino tienen como prioridad hacer seguimiento del progreso económico de su país en términos de dólares nominales, en vez de usar la paridad del poder adquisitivo (PPA).  

Desde esta perspectiva, no se puede pasar por alto el hecho de que China había logrado consistentemente tasas de crecimiento anual del PIB de alrededor del 6 % al 7 % antes de la pandemia. Sin embargo, estas tasas de crecimiento se han moderado gradualmente en los últimos años a medida que China pasa de una economía impulsada por las exportaciones a una que depende más del consumo y los servicios internos. 

Al mismo tiempo, Estados Unidos tiene por lo general tasas de crecimiento del PIB más bajas en comparación con las de China, al ser una economía más madura y desarrollada. Por ejemplo, antes de la pandemia tuvo un crecimiento económico moderado, con tasas de aumento anual del PIB que oscilaban normalmente entre el 2 % y el 3 %. No obstante, al comienzo de 2024, el Producto Interno Bruto (PIB) de China representa el 66 % del PIB de Estados Unidos en términos nominales, en comparación con el 76 % registrado en 2021.  

Las especulaciones sobre la salud de la economía china persisten y es innegable que existen desafíos que China deberá abordar en el transcurso de este año, especialmente considerando las acciones que Washington emprende para mejorar la posición de Estados Unidos en esta competencia y aprovechando su dominio en la gobernanza global. 

Es así como se espera que la influencia del dragón chino permanezca sólida, aunque estos nuevos desafíos impliquen aprovechar ciertas oportunidades. En otras palabras, es necesario capturar una nueva presa sin soltar la anterior. Este último punto representa el principal desafío a enfrentar en 2024.

La cuestión de Taiwán 

China también se enfrenta a otro tema crucial: las elecciones en Taiwán el 13 de enero. En los últimos años, esta situación se ha convertido en un poderoso símbolo de la rivalidad entre Washington y Pekín. Aunque Washington respalda formalmente la política de una sola China, en la práctica trata a Taiwán como un país independiente.

Esto sucede en un contexto de cambios en la escena política interna de Taiwán, donde cada vez más personas respaldan la idea de declarar la independencia de la isla. Esto se debe a dos razones principales: 

  • el aumento de la población joven taiwanesa que carece de memorias o vínculos sentimentales con China continental, a diferencia de las generaciones anteriores;
  • El caso de Hong Kong, donde China incumplió la promesa a los británicos al recuperar la soberanía sobre Hong Kong y al no querer cambiar el régimen político del territorio.

En noviembre de 2023, Xi Jinping le confirmó a Joe Biden su intento de recuperar el control sobre la isla, mientras el apoyo a la democracia en Taiwán sigue siendo firme en los muchos círculos políticos cruciales en Washington. En otras palabras, la cuestión de Taiwán se ha convertido en un enfrentamiento sobre quién tiene más poder tanto en términos políticos como militares, especialmente en los escenarios de la región asiática. 

Nadie contempla la posibilidad de ceder en este asunto. Es por ello que la situación puede volverse una crisis de dimensiones y consecuencias enormes.

La construcción de un nuevo orden internacional

Las relaciones entre China y Estados Unidos son un indicador crucial para analizar el progreso hacia la construcción de un nuevo orden internacional. Esto se debe a la destacada influencia política y económica de ambas naciones, superando significativamente a otros países en el mundo actual. 

Hasta ahora, Washington ha querido preservar las reglas de juego que emergieron después del fin de la Guerra Fría y que se conocen como el “orden internacional liberal”. En ese sentido, ha mantenido su superioridad sobre Beijing usando diversas herramientas, como su control sobre el sistema financiero mundial, los aranceles y control sobre los usos de alta tecnología, adicionalmente a su posición como el principal mercado para los productos «hechos en China».  Sin embargo, la evolución de estas relaciones en el año del dragón podría tener un efecto sustancial en la redistribución del poder.

Las especulaciones sobre la salud de la economía china persisten y es innegable que existen desafíos que China deberá abordar en el transcurso de este año, especialmente considerando las acciones que Washington emprende para mejorar la posición de Estados Unidos

China ha reforzado e intensificado la construcción de alternativas a aquellas controladas por Estados Unidos. Esto incluye la ampliación de los BRICS y la oferta de ayuda a los países del Sur Global. En este sentido, en 2024 se verá una lucha entre ambos países por la influencia global, especialmente en regiones como África y América Latina. 

Las diferencias políticas e ideológicas entre Estados Unidos y China serán fundamentales en este escenario, ya que las disparidades en sistemas políticos, ideologías y modelos de gobernanza contribuirán a un choque más amplio de valores y perspectivas en 2024. 

Hasta hace poco, se podía afirmar con seguridad que Estados Unidos tenía una ventaja natural sobre China: su “poder suave” y su modelo político democrático servían como referencia para muchos otros países en el mundo. Sin embargo, estamos presenciando una época de erosión democrática, lo que reduce la atracción que tenía el “poder suave” estadounidense. Mientras tanto China presenta su modelo como una alternativa.

Desde esta perspectiva, este país también cuenta con una imagen distintiva y fácilmente reconocible pese a que los símbolos de Estados Unidos son considerablemente más recientes que los de China y no siguen una rotación anual como los animales en el calendario chino: un águila calva que, con su firme agarre, simboliza el poder y la autoridad supremos. Es probable que en 2024 Washington use las herramientas del poder tangible en el contexto de su rivalidad con China cada vez más. El dragón se enfrentará al águila.

Lea en Razón Pública: China y Estados Unidos: la gran línea divisoria

0 comentarios

Vladimir Rouvinski

Escrito por:

Vladimir Rouvinski

*Profesor de la Universidad Icesi.

Foto: Facebook: Gustavo Petro

Compartir:

La visita del presidente a China podría ser el comienzo de una alianza estratégica clave para el futuro de Colombia. ¿Cuál fue el acuerdo entre los dos presidentes?

Vladimir Rouvinski*

Una vista distinta

La visita de Gustavo Petro a China no es la primera de un presidente colombiano al gigante asiático.

De hecho, entre los mandatarios que viajaron hasta el otro lado del mundo se encuentran políticos cuya postura ideológica era opuesta a la ideología oficial de Beijing. En particular, Álvaro Uribe que hizo una visita en 2005 e Iván Duque que viajó en 2019.

Por otra parte, Ernesto Samper fue en 1996, Andrés Pastrana en 1999 y Juan Manuel Santos en 2006.

Sus decisiones de visitar la República Popular tenían más que ver con el papel de China en la arena internacional que con las coincidencias o no de las posiciones ideológicas entre el gobierno chino y el gobierno colombiano de turno. De manera similar, las visitas de los altos dignatarios chinos a Colombia, incluyendo al entonces vicepresidente Xi Jinping en 2009, sirvieron el mismo propósito.

el documento muestra una nueva apuesta colombiana por el “modelo chino como una alternativa que podría contribuir a la modernización de la humanidad”.

Sin embargo, estas visitas no afianzaron de veras los lazos de una cooperación estrecha entre Beijing y Bogotá; han sido apenas un reconocimiento del nuevo papel de China como una de las dos grandes potencias en la actualidad.

Sobre este trasfondo, los resultados de la visita de Petro en 2023 tienen el potencial de ser diferentes. ¿Por qué?

Puede leer: China y Estados Unidos: la gran línea divisoria

Orden mundial que agoniza

La visita del presidente Petro ocurrió en un momento crítico para las relaciones internacionales, a saber, la creciente ineficacia de los arreglos de gobernanza global para garantizar la paz y seguridad en varias partes del mundo.

Dichos arreglos aparecieron después del fin de la Guerra Fría y están estrechamente asociados con el poder político, económico y hasta cultural de Estados Unidos y sus aliados occidentales. De hecho, hubo un acuerdo compartido entre muchas facciones políticas alrededor de todo el mundo en el sentido de que estos arreglos son de carácter universal y de que no existe otra alternativa en estos tiempos después del “fin de la historia.”

La guerra de Rusia y Ucrania y el nuevo desplome del conflicto entre Israel y Palestina son algunas de las evidencias de que el viejo paradigma del orden internacional está colapsando.

También hay cada vez más incertidumbre sobre prácticamente todos los demás aspectos de las relaciones internacionales, incluyendo el sistema financiero, el comercio global y el crimen organizado.

Por otro lado, hay bastante evidencias de que China ha comenzado a tener el papel protagonista central en el nuevo paradigma de gobernanza mundial.

Aunque tradicionalmente Colombia ha apoyado las políticas de Washington, es muy importante analizar los alcances presentes y futuros de los nuevos escenarios globales que inevitablemente tendrán efectos sobre los asuntos políticos y económicos para el país en el siglo XXI.

El nuevo acuerdo 

Uno de los documentos firmados por Petro y Xi en Beijing quiere consolidar una asociación estratégica colombo-china. Se trata precisamente de un intento inédito de reorientación de la política exterior colombiana hacia un nuevo centro de poder global.  ¿De qué se trata el documento?

Cuando dos Estados declaran una “asociación estratégica” se entiende que ellos fomentarán unas relaciones versátiles con el fin de alcanzar una estrecha cooperación a largo plazo y en beneficio de ambos países. Vista de esta manera — y aunque la declaración firmada esta semana entre Colombia y China comienza con referencias al conflicto en el Medio Oriente o a la afirmación del principio de una sola China—, el punto que más importa es la nueva hoja de ruta para una asociación estratégica a largo plazo.

Un primer tema que llama la atención es el reconocimiento por parte de Colombia de los éxitos de China en la erradicación de la pobreza y en el desarrollo económico;  aunque, a primera vista, estas observaciones podrían atribuirse a la postura ideológica de Petro, el documento muestra una nueva apuesta colombiana por el “modelo chino como una alternativa que podría contribuir a la modernización de la humanidad”.

El compromiso es crear un grupo de trabajo binacional para “fortalecer la comunicación y colaboración en aras de fomentar el desarrollo sostenible y la prosperidad común de los dos países”. Esto parece ser igualmente importante en un posible escenario donde Colombia haga parte de la iniciativa de la Franja y la Ruta de la Seda, el eje de la visión de China hacia el futuro de su comercio global en el siglo XXI.

Los riesgos

Por supuesto, Colombia necesita inversiones en su infraestructura vial, portuaria y ferrovial. Pero una eventual dependencia financiera de Beijing puede implicar el riesgo de contar con muy pocas alternativas en el futuro de comercio del país, teniendo en cuenta algunas de las experiencias de los países en vía de desarrollo que ya hacen parte de la Franja y la Ruta.

El otro punto de la declaración puede causar una mayor preocupación por parte de Estados Unidos y otros aliados tradicionales de Colombia en el ámbito de la defensa y seguridad, a saber: “estrechar el intercambio de experiencias entre las Fuerzas Armadas y de policía, y […] capacitar al personal y la lucha contra la delincuencia organizada transnacional.”

Foto: Facebook: Gustavo Petro - El acuerdo de cooperación entre China y Colombia en materia de seguridad puede preocupar a Estados Unidos, teniendo en cuneta que Colombia sigue siendo socio global de la OTAN donde circula información sensible.

También hay cada vez más incertidumbre sobre prácticamente todos los demás aspectos de las relaciones internacionales, incluyendo el sistema financiero, el comercio global y el crimen organizado.

Hasta el momento, Colombia sigue manteniendo su carácter de socio global de la OTAN y numerosos arreglos en cuanto a la seguridad militar donde se circula información sensible. En este contexto, el aumento de la cooperación con China puede dar pie a un escenario de menos colaboración con Bogotá en el ámbito de la defensa y la seguridad —sin garantizar que los nuevos vínculos con la potencia asiática compensen las pérdidas—.

Por el momento, se trata apenas de un documento que marca la ruta a seguir. Falta ver si el gobierno de Colombia cuenta con todas las herramientas necesarias para poner en práctica el plan de acción y logra construir una asociación estratégica entre los dos países.

Ese futuro no depende apenas de la voluntad política. Otros factores están en juego, y entre ellos se destacan nuestro escaso conocimiento sobre los procesos políticos y económicos internos de la China actual, y el hecho de que aún nos encontremos bajo el orden mundial que describí más arriba.

Colombia tiene poco peso en la arena internacional y tiene que estar pendiente de las decisiones que tomen los otros países.

Lea en Razón Pública: El conflicto entre Rusia y Ucrania llegó a un punto de no retorno

13 comentarios

Vladimir Rouvinski

Escrito por:

Vladimir Rouvinski

*Profesor de la Universidad Icesi.

Foto: Radio Nacional de Colombia

Compartir:

Tres colombianos heridos en un bombardeo ruso. Las reacciones de lado y lado corresponden a visiones irreconciliables sobre la seguridad global: defender los derechos de los individuos o “el poder duro” de los Estados.

Vladimir Rouvinski*

Colombianos en medio del fuego

Tres ciudadanos colombianos sobrevivieron a un ataque ruso con misiles de precisión a Kramatorsk (Ucrania): el escritor Héctor Abad Faciolince, el ex comisionado de paz Sergio Jaramillo y la periodista Catalina Gómez. En total murieron once personas y 60 quedaron heridas.

Gustavo Petro ordenó enviar una nota diplomática de protesta, a lo que la Embajada rusa respondió en Twitter: “Con mucho pesar nos enteramos de los acontecimientos en Kramatorsk. A nuestro juicio la ciudad cercana al frente, convertida en un hub operacional y logístico-militar, no es un lugar apropiado para degustar platos de cocina ucraniana”.

Puede leer: Las dos guerras de Ucrania

Relaciones colombo-rusas hasta el final de la Guerra Fría

Bogotá y Moscú no han tenido relaciones políticas o comerciales significativas. La Revolución de Octubre —que llevó a los bolcheviques al poder— ocurrió en 1917; después comenzaron a propagarse las actividades de la Tercera Internacional (Komintern) en América Latina.

Pero la estrategia de mantener un perfil bajo y de facto neutral ante la guerra de Ucrania en el gobierno del cambio puede dejar de funcionar.

Entonces, durante los veinte y treinta, el anticomunismo y la percepción de una amenaza constante desde la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) obligaron a las élites colombianas a rechazar categóricamente al gobierno soviético.

En 1943, Colombia respaldó a los aliados en la Segunda Guerra Mundial. Aunque había relaciones diplomáticas desde 1935, esto permitió que la URSS estableciera una representación diplomática en Bogotá, pero fue efímera: se acusó a la Unión Soviética de estar detrás de El Bogotazo, el presidente Ospina rompió las relaciones diplomáticas, y apenas en 1968 Colombia y Rusia restablecieron esas relaciones.

A lo largo de la Guerra Fría, como miembro del Movimiento de los Países no Alineados, Colombia mantuvo su distancia de la URSS aunque tampoco tuvimos un papel llamativo entre las dos superpotencias. Por otro lado, Colombia fortalecía sus vínculos económicos y militares con Estados Unidos.

Al mismo tiempo, miles de colombianos recibieron educación superior gratuita en universidades soviéticas. Aun así, en términos prácticos, su pasión por el país euroasiático no fue un recurso de la política soviética o rusa hacia Colombia, sobre todo debido a las preferencias de Moscú por usar únicamente las herramientas de la política exterior controladas por el Estado.

Una paz fría (1991-2023)

Tras el colapso de la URSS, las relaciones ruso-colombianas fueron poco relevantes. Hubo una excepción: el ministro de Relaciones Exteriores Yevgeny Primakov quiso aprovechar los problemas del expresidente Samper con Estados Unidos a favor de la Rusia postsoviética, pero fracasó.

Ha habido más intercambio comercial; pero seguía siendo bajo en comparación con el comercio que Rusia o Colombia tienen con otros países.

Se registraron otros episodios:

  • La carta del Consejo de Federaciones del parlamento ruso que amenazó a Colombia por su política hacia Venezuela;
  • La expulsión del personal diplomático de la embajada rusa por acusaciones de espionaje, en 2020.

Hasta entonces, los incendios diplomáticos estuvieron “apagados”, gracias a la diplomacia de ambos países.

Diplomacia tras la invasión de Ucrania

Colombia y Rusia se enfrentaron en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas durante los últimos meses de la presidencia de Iván Duque, en abril de 2022, y las relaciones entre Rusia y Colombia se deterioraron por el bombardeo en Kramatorsk, en junio de 2023.

Estas son manifestaciones de la rápida transformación del orden internacional, que concierne a todos los actores internacionales, debida a la invasión rusa de Ucrania. Para Bogotá, es cada vez más difícil mantenerse a un lado.

La guerra de Rusia con Ucrania ya cumplió 500 días. Moscú quiere escribir nuevas reglas de juego mediante herramientas del poder tradicional: en particular, con la invasión del territorio ucraniano.

Colombia, con la presidencia de Gustavo Petro, se limita a criticar las políticas —en una buena parte, pasadas— de Estados Unidos, la superpotencia de las Américas. También muestra interés por una nueva política exterior, consciente de la importancia de combatir el cambio climático y sobre la base de los principios de la seguridad humana.

Seguridad humana vs. competencia entre Estados

Hasta ahora, esta nueva dirección de la política exterior colombiana se ha limitado al discurso de la Cancillería y de los diplomáticos.

Pero el enfoque en la seguridad humana llama la atención porque choca con la visión rusa de un “mundo multipolar” donde las grandes potencias son protagonistas. La perspectiva de la seguridad humana traslada el énfasis desde la seguridad de los Estados hacia la seguridad de los individuos. Por el contrario, el regreso de la política de las grandes potencias agudiza la competencia de los Estados en el escenario internacional: la visión clásica de la seguridad.

En otras palabras, las prioridades del gobierno Petro no son las mismas de Vladimir Putin. De hecho, el Ministerio de Justicia de Rusia declaró como “organizaciones no deseables” a buena parte de las organizaciones internacionales relacionadas con los derechos humanos y la lucha contra el cambio climático.

Según la ley rusa, colaborar con estas organizaciones en su territorio tiene como consecuencia multas e, incluso, varios años en cárcel:

  • Pacific Environment,
  • World Wide Fund for Nature,
  • Greenpeace,
  • International Partnership for Human Rights,
  • Transparencia Internacional.

Estas, en cambio, tienen prestigio en distintos sectores en Colombia.

Las potencias vuelven a repartirse el mundo

La guerra de Putin en Ucrania significa que Rusia quiere un orden mundial más centrado en el poder duro —en primer lugar, las armas—, en contraposición a enfoques más colaborativos o multilaterales —el “poder suave”—.

El Consejo de Seguridad de Naciones Unidas es uno de los referentes históricos de un orden internacional que sigue los intereses de las grandes potencias. Allí hay miembros permanentes con derecho a veto: Estados Unidos, Reino Unido, Francia, Rusia y China.

A medida que las grandes potencias compiten por intereses estratégicos, recursos e influencia regional y global, empeoran la confrontación, la rivalidad y la búsqueda de ventajas relativas sobre otros actores con menos poder.

Foto: Wikimedia Commons - Rusia busca el retorno a un orden mundial centrado en el poder duro, como las armas y el poder militar.

el enfoque en la seguridad humana llama la atención porque choca con la visión rusa de un “mundo multipolar” donde las grandes potencias son protagonistas.

Está volviendo la política de grandes potencias: las rivalidades entre países como Estados Unidos, China, Rusia, la Unión Europea, y otros actores con “poder duro”, reducen el espacio de maniobra de los demás Estados. Esto amenaza la estabilidad y la seguridad internacionales, así como la gobernanza global.

Necesitamos nuevas estrategias ante este desafío para las relaciones internacionales y para las alianzas entre países.

Colombia en medio de la nueva guerra fría

La respuesta del gobierno Petro a los bombardeos en Kramatorsk (Ucrania) se debe a la presión de la opinión colombiana, no a un cambio profundo en la política exterior.

Pero la estrategia de mantener un perfil bajo y de facto neutral ante la guerra de Ucrania en el gobierno del cambio puede dejar de funcionar. Los twits de la embajada rusa y de Gustavo Petro revelan perspectivas diferentes sobre la política interior y exterior:

  • Para la Rusia actual, que la sociedad civil actúe sin autorización del gobierno es un riesgo para la seguridad del Estado: no debe permitirse;
  • Para el Estado colombiano, la sociedad civil es un actor legítimo cuyas acciones, aunque no coincidan con el gobierno, pueden servir a la seguridad humana.

Más allá de las amenazas militares, Colombia reconoce que los desafíos a la seguridad también incluyen problemas sociales, económicos y ambientales.

La seguridad humana considera estos aspectos interrelacionados e igualmente importantes, para centrarse en proteger a los individuos y garantizar su bienestar.

Desde esta perspectiva, Colombia y Rusia tienen acercamientos muy distintos a la seguridad. Esto puede traer problemas a Colombia con Rusia y con otros países que promuevan la visión tradicional de seguridad en un ambiente de creciente incertidumbre internacional.

Este artículo fue posible gracias a la colaboración de nuestros lectores. Te invitamos a apoyar nuestra labor a través de una donación#YoapoyoaRazónPública

Lea en Razón Pública: El conflicto en Ucrania continua y el mundo se radicaliza

0 comentarios

Vladimir Rouvinski

Escrito por:

Vladimir Rouvinski

*Profesor de la Universidad Icesi.

Foto: Pixabay - Las dimensiones de la crisis actual en la frontera entre Rusia y Ucrania parecen un escenario inesperado y extraordinario.

Compartir:

Las tensiones entre Rusia y Ucrania podrían desembocar en una guerra que involucre a Estados Unidos y Europa. Este es el trasfondo del conflicto y estas son sus posibles consecuencias.

Vladimir Rouvinski*

¿Un conflicto inevitable?

El conflicto en la frontera entre Rusia y Ucrania se ha escalado de forma inesperada y extraordinaria: Rusia tiene cerca de 100.000 soldados en la frontera, y durante los últimos días los medios han advertido que una invasión de Ucrania parece ser inminente.

Aunque las tensiones entre estos dos países nunca se aplacaron tras la anexión de la península de Crimea por parte de Rusia (2014), pocos imaginaron que la situación empeoraría con tanta rapidez, y que Estados Unidos y las potencias europeas también se involucrarían en el conflicto: ante la posibilidad de una invasión, el presidente Biden autorizó a varios países europeos para enviar armas estadounidenses a Ucrania.

Durante décadas, las élites rusas se han sentido ignoradas por Occidente y han concluido que la única manera de hacer sentir su voz es “calentar” las relaciones internacionales.

Pero, si analizamos los eventos actuales como parte de un proceso más amplio, veremos que en realidad lo que está pasando no es tan sorprendente —y que de hecho, es tal vez es inevitable—.

Las razones del conflicto

En el fondo, la disputa entre Rusia y Ucrania es un conflicto entre Estados Unidos y los países que aceptan y quieren su liderazgo internacional, por un parte, y por la otra, los Estados que han tenido un lugar secundario y anhelan un nuevo orden mundial.

Rusia es el líder y protagonista de este segundo grupo. Durante décadas, las élites rusas se han sentido ignoradas por Occidente y han concluido que la única manera de hacer sentir su voz es “calentar” las relaciones internacionales. Como ha dicho el ministro de Relaciones Exteriores de Rusia, Serguéi Lavrov, “somos muy pacientes, pero nuestra paciencia ha llegado a su fin”.

Hasta la fecha no ha funcionado ninguno de los acuerdos entre Rusia, Ucrania, Francia y Alemania para solucionar el conflicto. Desde la perspectiva rusa, esto se debe a que los mecanismos internacionales existentes han perdido su relevancia. Por eso Moscú se niega reconocer el papel de los países europeos en la mediación del conflicto e insiste en negociar directamente con Washington. Esto demuestra que Rusia no quiere apenas resolver el “caso” de Ucrania, sino un cambio de fondo en el orden mundial.

En realidad, las tensiones actuales son consecuencia de la demora en reconocer el nuevo poder internacional que ha adquirido la Rusia de Putin. Para entender ese poder hay que tener en cuenta la economía, la población o la fuerza militar, pero además el liderazgo de Rusia sobro otros países.

En muchos aspectos, la fuerza estratégica de Rusia no ha cambiado con los años: tanto en la década de los 90 como ahora, Rusia tiene paridad nuclear con Estados Unidos y deja muy por atrás a todos los demás miembros del “club nuclear”. Lo que ha cambiado es la determinación de las élites rusas de imponer su propia agenda internacional, usando todas las herramientas a su disposición.

Puede leer: Rusia: ¿están en peligro las elecciones en Colombia?

Rusia y Ucrania en este 2022
Foto: Wikimedia Commons - El conflicto en Ucrania no es solo el asunto de la seguridad estratégica de Rusia.

¿Por qué Ucrania?

Hoy en día, pocos rusos y ucranianos recuerdan que en la década de los 90 sus países hicieron una alianza para dejar atrás el legado soviético y construir nuevas instituciones democráticas. Pocos lo recuerdan porque los caminos de Moscú y Kiev se han separado desde entonces:

  • La Rusia de Putin abandonó el compromiso de seguir fortaleciendo la democracia liberal y escogió el camino de exaltar el “glorioso pasado soviético”, hasta llegar a interpretar de forma conveniente las guerras mundiales y las hambrunas.
  • En cambio, para Ucrania, el rechazo del periodo soviético sigue siendo un pilar ampliamente aceptado por sus actuales élites.

Pero, para Rusia, Ucrania es un símbolo que va mucho más allá del rechazo o aceptación del pasado soviético. Recientemente, los ucranianos han tratado separar sus orígenes de la historia de Rusia. Para la mayoría de los rusos, esto es ni más ni menos que un “secuestro” de los símbolos más importantes de su nación. Como resultado han surgido los odios y rencores entre rusos y ucranianos, que sirven para sustentar las políticas de sus élites.

Por otro lado, el conflicto en Ucrania no se limita a la seguridad estratégica de Rusia. Detrás de las preocupaciones militares están las tensiones políticas e ideológicas entre Occidente y Oriente. No se debe olvidar que el punto de partida del actual conflicto fue el intento de Putin de evitar que Ucrania firmara un acuerdo con la Unión Europea y comenzara su acercamiento político y económico con este bloque.

El plan inicial de Putin fracasó, su aliado Victor Yanukovich encontró refugio en Rusia y Ucrania prosiguió su acercamiento a Europa del Oeste, pero Moscú no aceptó la derrota.

En otras palabras, es equivocado afirmar que el conflicto se deba apenas a que Rusia no quiere que Ucrania sea parte de la Organización el Tratado del Atlántico Norte (OTAN). Rusia ha dicho que esto sería inadmisible, puesto que comparten fronteras. Pero hoy por hoy varios miembros de la OTAN tienen fronteras comunes con Rusia: es el caso de Polonia, Lituania, Letonia, Estonia y Noruega. Además, Rusia también tiene un enclave dentro de la Unión Europea, que incluye una enorme base militar: Kaliningrado, ubicada entre Lituania y Polonia.

Adicionalmente, como resultado de las acciones rusas, países que siempre se habían mantenido neutrales, como Suecia y Finlandia, no descartan su unión a la OTAN. Debo resaltar que Finlandia también tiene frontera común con Rusia, o sea que esto habría de ser igual de preocupante para Moscú.

Desde la perspectiva rusa, América Latina sigue siendo “el patio trasero” de Estados Unidos. Por eso, durante las últimas dos décadas, Rusia ha tenido una política de reciprocidad con respecto a América Latina.

Pero la verdadera apuesta de Rusia es otra: el objetivo del conflicto con Ucrania es legitimar un nuevo orden internacional, donde Rusia tenga una esfera de influencia sólida y dentro del cual se incluiría a Ucrania. Putin también ha tratado de llevar a esta esfera de influencia a otras repúblicas de la exUnión Soviética rusa, incluyendo a Belarus y varios países del Cáucaso y Asia Central.

Desenlaces posibles

Según uno de los más famosos escritores rusos, Antón Chéjov, si en el primer acto de una obra de teatro hay un rifle colgado sobre la pared, en el siguiente acto el rifle va a ser disparado. En el conflicto entre Rusia y Ucrania, la fuerza letal de ambos lados ha aumentado como nunca en la historia reciente de estos países. La pregunta es si el rifle será disparado.

Este conflicto podría tener dos desenlaces posibles:

En el primer escenario, Estados Unidos y Rusia logran comenzar un proceso de negociación y encuentran un mecanismo para desescalar el conflicto en Ucrania. Este mecanismo podría incluir el restablecimiento de canales diplomáticos permanentes y de escala suficiente, como las misiones de la OTAN, y el aumento del número de los diplomáticos en las embajadas. Aunque es poco probable que Moscú logre conseguir todo lo que quiere, llamar la atención de Occidente y negociar con Estados Unidos como un igual sería una victoria.

En el segundo escenario, Rusia anexa parte de Ucrania utilizando la misma estrategia que le sirvió para anexar la península de Crimea. Ya hace unos días, el Partido Comunista –que hace parte de la oposición– solicitó el reconocimiento de la independencia de las repúblicas separatistas de Donbas y Lugansk en territorio ucraniano. Podría suceder que estos nuevos territorios independientes pidan ser aceptados como parte de Rusia y que el parlamento ruso los acepte. Después las tropas rusas llegarían a estos territorios, tal como sucedió en el caso de Crimea.

El hecho de que la solicitud de independencia hubiera sido formulada por un partido opositor y no oficialista indica que este es el “plan B” de Putin, en caso de que las negociaciones con Washington fracasen. Este segundo escenario podría terminar con una guerra a gran escala con Ucrania, cuyas consecuencias serían catastróficas tanto para Kiev como para Moscú.

Consecuencias para América Latina

Desde la perspectiva rusa, América Latina sigue siendo “el patio trasero” de Estados Unidos. Por eso, durante las últimas dos décadas, Rusia ha tenido una política de reciprocidad con respecto a América Latina, pero ha sido una reciprocidad simbólica que no ha va más allá de unas pocas declaraciones.

Por lo anterior, es muy poco probable que Rusia trate de usar territorios latinoamericanos como bases militares. Esto tendría un altísimo costo económico para Moscú y además implicaría enormes riesgos, pues podría dar comienzo a una nueva guerra fría de escala mundial. Seguramente no es esto lo que quiere Putin, pues sabe bien que los enormes gastos militares fueron una causa principal del colapso de la Unión Soviética.

0 comentarios

Vladimir Rouvinski

Escrito por:

Vladimir Rouvinski

*Profesor de la Universidad Icesi.

Foto: Wikimedia Commons - Reunión Biden- Putin

Compartir:

Vladimir-Rouvinski

La reunión entre Joe Biden y Vladimir Putin dejó claras las diferencias entre Estados Unidos y Rusia. Un análisis de la cumbre en Ginebra.

Vladimir Rouvinski*

La cumbre

Una reunión verdaderamente atípica fue la que tuvo lugar esta semana en Ginebra entre Putin y Biden: un encuentro privado que dejó menos especulaciones que expectativas.

La opinión percibe las reuniones internacionales como poco importantes o como una muestra de la hipocresía de los líderes que llegan con grandes sonrisas, pero después regresan a sus oficinas y ejecutan políticas poco amables que afectan a otros Estados.

El resultado del encuentro de esta semana fue muy diferente del de la reunión entre Putin y Trump en Helsinki en 2018. En aquel entonces no hubo ni un solo intento de mantener las apariencias, pero Putin y Biden dejaron claras las diferencias aparentemente irresolubles entre dos visiones distintas en casi todos los aspectos de la política, tanto interna como externa de Estados Unidos y de Rusia.

Del encuentro entre Putin y Trump quedó la impresión de que ambos presidentes se admiraban mutuamente y de que había una oportunidad para mejorar las relaciones entre Estados Unidos y Rusia. Y sin embargo hoy por hoy las relaciones entre las dos superpotencias nucleares han llegado al punto más tenso después del fin de la Guerra Fría.

Pero debido a su inusual franqueza, la reunión de esta semana da lugar a varias afirmaciones acerca de lo que podemos esperar de la Rusia de Putin y de los Estados de Biden, por lo menos en el futuro cercano.

Lea en Razón Pública: Biden y su política en Medio Oriente

Las diferencias

El régimen de Putin rechaza abiertamente la democracia liberal y los derechos humanos, tal y como los entienden la mayoría de los países. Por este motivo, Biden advirtió a Putin de las consecuencias devastadoras para Rusia si fallece Alexei Navalny, el líder de la oposición rusa que está en una cárcel.

Además, Putin no pretende mejorar las relaciones con Occidente, pues traería como costo llevar a cabo cambios en Rusia al gusto de la Casa Blanca.

En su primer discurso en 2007, Putin centró su intervención en acusar a Estados Unidos de “dominar el mundo”; en su última reunión con Biden, presentó al régimen político ruso como una alternativa al modelo democrático estadounidense.

En esta reunión, aparte de los dos presidentes, estuvo presente el fantasma de la Guerra Fría – pero no porque la reunión se llevara a cabo en el mismo lugar donde estuvieron reunidos Ronald Reagan y Michael Gorbachov en 1985–.

Putin no pretende mejorar las relaciones con Occidente, pues traería como costo llevar a cabo cambios en Rusia al gusto de la Casa Blanca.

Es importante subrayar que la Rusia de hoy no es la misma Unión Soviética porque, por un lado, su política exterior no está guiada por una ideología comunista de alcance global. Por otro lado, el gobierno de Putin no está dispuesto a invertir tantos recursos para conservar en su órbita numerosos países-satélites en todos los continentes, ni tampoco está dispuesto a gastar enormes cantidades de dinero para mantener el equilibrio de poder con Estados Unidos.

Todo indica que, en la cumbre de Ginebra, Putin y Biden adoptaron un modus operandi en sus relaciones que es muy parecido al que existía entre la Unión Soviética y Estados Unidos durante la Guerra Fría del siglo pasado.

Algunas de sus principales características son:

  • Reconocimiento de esferas de influencia de cada uno de los países. La Rusia de hoy no controla la misma cantidad de territorios que controlaba la Unión Soviética. El área de influencia de Rusia ya no es la de las ex repúblicas de la Unión Soviética y de regímenes como Siria.

Además, antes de la reunión en Suiza, el Departamento de Estado anunció que Venezuela no entraría en la agenda de la cumbre. Esta es una evidencia clara de que el futuro de Nicolás Maduro debe ser discutido después de ser aprobadas las nuevas relaciones entre Estados Unidos y Rusia.

  • Evitar en lo posible el riesgo de un enfrentamiento militar directo. Rusia ha preferido desde hace unos años usar políticas diplomáticas manipuladoras –denominadas sharp power– en vez de ir por el camino de las armas –también llamado hard power–.

Son claros los esfuerzos del Kremlin de manipular la opinión para socavar la integridad de las instituciones políticas. Así que no es para nada sorprendente que, durante su conferencia de prensa, Putin haya demostrado conocer detalladamente los medios de comunicación RT y Sputnik y los haya defendido.

  • Acuerdos sobre las armas nucleares válidas. Aunque en cuanto a las armas no nucleares, la fuerza rusa no se iguala al poder militar estadounidense, Rusia sigue siendo la única otra potencia con un arsenal nuclear significativo. La débil comunicación entre Moscú y Washington en los últimos años estaba poniendo en riesgo los mecanismos que se acordaron desde la Crisis de los misiles para evitar el uso de dicho arsenal.
Foto: Wikimedia Commons - EEUU no quiere que Rusia se acerque demasiado a China, que es su principal rival geopolítico.

Puede leer: Biden y su intento por recuperar el liderazgo de Estados Unidos

La Guerra Fría actual

Queda por ver si el modus operandi restaurado de la época de la Guerra Fría va realmente a funcionar en un mundo tan distinto como el de ahora.

No cabe duda de que tanto Biden como Putin se sienten muy cómodos en tal ambiente: Biden, debido a sus experiencias como negociador principal de varios temas claves con la Unión Soviética, y Putin por su pasado como agente de la KGB.

En este contexto, el uso de la expresión “estabilidad estratégica” hace referencia precisamente a la alta probabilidad de una conducta predecible de ambos países, lo que era una de las características propias de la Guerra Fría.

El regreso de los embajadores correspondientes a Moscú y a Washington fue posible porque Putin y Biden finalmente acordaron y precisaron las nuevas reglas de juego.

Son claros los esfuerzos del Kremlin de manipular la opinión para socavar la integridad de las instituciones políticas.

El último punto que conviene discutir de la cumbre en Ginebra es la relación con China, pues a escala global, el rival principal de Estados Unidos no es Rusia, sino China.

La jugada de Biden pretende evitar que Rusia prosiga su acercamiento a Beijing y que de esta manera China crezca. Biden está partiendo de las dos premisas claves:

Primero, para Moscú, una alianza duradera con China no es necesariamente la opción preferida, puesto que el gobierno de Putin es consciente de que entraría en tal alianza como un socio junior, no como un igual.

Segundo, la razón por la cual Rusia coquetea con China es la dependencia económica sobre la base de la venta de los hidrocarburos. En este sentido, la decisión de Biden de no oponerse a la puesta en funcionamiento del gaseoducto “Nord Stream II” que estrecha los vínculos de interdependencia entre Europa y Rusia no se debe a que le “esté haciendo un favor” a Putin como lo interpretan sus enemigos políticos, sino para que Rusia dependa de China.

0 comentarios

Vladimir Rouvinski

Escrito por:

Vladimir Rouvinski

*Profesor de la Universidad Icesi.

Pixabay La vacuna ha traído consigo una nueva Guerra Fría.

Compartir:

Vladimir-Rouvinski

Además de Occidente, Rusia y China están usando sus vacunas para conquistar objetivos económicos y políticos que nada tienen que ver con la cooperación humanitaria.

Vladimir Rouvinski*

El uso político de la ciencia

Indudablemente, la COVID-19 es el tema del momento. No es sorprendente que una búsqueda rápida en Google arroje casi seis mil millones de resultados relacionados con el coronavirus, ni que las noticias relacionadas con las vacunas sean tendencia en redes sociales.

Sin embargo, hay un tema que ha pasado desapercibido por gran parte de la opinión pública: el uso político de los avances científicos y tecnológicos en la lucha contra la pandemia por parte de países como Rusia y Estados Unidos.

No es la primera vez que esto sucede. En 1990, cuando era estudiante de una universidad de la Unión Soviética, participé en un programa de intercambio en la Universidad de Texas, y uno de los distribuidores locales de la marca Macintosh me regaló un poderoso computador último modelo, pero las restricciones impuestas en la Guerra Fría impedían la exportación de nuevas tecnologías a los países del bloque Este, así que tuve que dejar el computador en Estados Unidos.

En ese entonces, la Unión Soviética controlaba el uso de sus propias tecnologías en el exterior y Washington recomendaba a los países que no formaban parte de la Cortina de Hierro que no participaran en proyectos científicos y tecnológicos con Moscú.

Aunque ya pasaron más de tres décadas desde el fin de la Guerra Fría, ha empezado a hablarse de una nueva Guerra Fría en la que Estados Unidos y sus aliados se enfrentan con Rusia y China.

Actualmente, la rivalidad entre las grandes potencias es diferente porque no se trata de una lucha ideológica, sino de una disputa por el diseño de las reglas de juego de la arena internacional y el control de los mercados globales.

Le recomendamos: La COVID-19: las disputas políticas y la carrera por una cura

La “Diplomacia COVID”

Un informe reciente de la Fundación Nacional para la Democracia señala que la “diplomacia de COVID” se caracteriza por el uso masivo de medios de comunicación, la exclusividad en el manejo de soluciones y la asignación de etiquetas a los competidores que definen las líneas de división en el mundo político contemporáneo.

Aparentemente, el primer país que optó por el uso de la “diplomacia COVID” fue la República Popular China cuando decidió donar máscaras, equipos y medicamentos a países de todas partes del mundo, incluyendo a América Latina y el Caribe. El apoyo chino fue importante, pero en la mayoría de los casos no fue suficiente para cubrir las necesidades básicas relacionadas con el tratamiento y la prevención de la enfermedad.

Sin embargo, la solidaridad de China fue ampliamente destacada por los medios latinoamericanos y caribeños, y esto ayudó a que su imagen mejorara en la región. Es importante señalar que Estados Unidos y varios países europeos hicieron donaciones comparables a las de China que no fueron difundidas por los medios de la región.

Algo parecido ha ocurrido con la vacuna rusa Sputnik-V. Las primeras noticias sobre su aprobación fueron criticadas por los opositores de Vladimir Putin y celebradas por sus simpatizantes. Los primeros dijeron que era difícil aceptar el liderazgo ruso porque la ley de ese país fue modificada para certificar la vacuna y declarar a su país el primero en desarrollar una ‘solución’ para el virus. Los segundos dijeron que quienes dudaban de la eficacia de Sputnik-V tenían sesgos políticos que no les permitían reconocer el logro de Rusia.

La rivalidad entre las grandes potencias no se trata de una lucha ideológica, sino de una disputa por el diseño de las reglas de juego de la arena internacional y el control de los mercados globales

Los medios informativos en español financiados por el gobierno ruso decidieron adoptar la segunda postura en vez de promover una discusión serena e imparcial sobre la vacuna. A diferencia de China, el gobierno de Putin decidió darles prioridad a sus regímenes aliados en América Latina –específicamente a Argentina, Bolivia y Venezuela– y no a su propia población. Recientemente, las agencias de noticias rusas independientes revelaron que hay un déficit de vacunas en casi la mitad de las regiones de dicho país.

Esta decisión es otro ejemplo de los esfuerzos de Moscú por ser primicia en los medios internacionales y mejorar su imagen internacional, que desmejoró considerablemente debido a los escándalos de corrupción y al envenenamiento del líder de oposición Alexei Navalny.

Foto: INVIMA Las menciones sobre la vacuna y el virus terminan por convertirse en un debate político.

Puede leer: ¿China será el nuevo centro geopolítico en 2021?

Intereses políticos y económicos

Además de demostrar su superioridad científica y tecnológica, los países productores de vacunas tienen intereses económicos que no deben ser ignorados. Según fuentes del gobierno ruso, Rusia aspira a conquistar la cuarta parte del mercado mundial de vacunas COVID-19 estimado en 75 mil millones de dólares.

Indudablemente, la “diplomacia COVID” es una herramienta valiosa para conquistar los mercados de América Latina y el Caribe, una región que tiene 650 millones de habitantes, un alto poder adquisitivo y poca capacidad para producir la vacuna.

Para Moscú las vacunas “made in Russia” son una oportunidad de oro para cambiar la idea de que su país vive solo de petróleo y gas. En ese sentido, las ventas de “Sputnik-V” representarán ganancias económicas y políticas para Rusia. Así mismo, el control de una parte de los mercados en América Latina permitirá que la imagen de China mejore en la región, y deje de ser conocido como el país que produce mercancía barata de baja calidad.

Rusia aspira a conquistar la cuarta parte del mercado mundial de vacunas COVID-19 estimado en 75 mil millones de dólares

La “diplomacia COVID” estará presente en los debates sobre la calidad tecnológica y la eficacia médica de las vacunas rusas y chinas, y también el cubrimiento que los medios hagan sobre ellas. Probablemente, esos cubrimientos acabarán en una disputa sobre las ventajas y desventajas de los regímenes que no son democracias liberales.

Lamentablemente, todo indica que los medios de la región no son conscientes de los objetivos políticos de que persigue la “diplomacia COVID.

Evidentemente, enfrentamos una nueva Guerra Fría que tiene muchas diferencias con la anterior, pero también algunas similitudes, especialmente el deseo de usar la ciencia, la tecnología y la innovación para lograr objetivos políticos que no tienen nada que ver con la cooperación humanitaria y comercial.

0 comentarios

Vladimir Rouvinski

Escrito por:

Vladimir Rouvinski

*Profesor de la Universidad Icesi.

Foto: White House - Visita de Trump a China

Compartir:

Vladimir-Rouvinski

Cada día se agrava la tensión entre las dos potencias del siglo XXI. Un análisis de la historia reciente, las últimas disputas y las perspectivas para el futuro cercano.

Vladimir Rouvinski*
“El tiempo está de mi lado”
una gran canción de R&B de mediados de los 60

De las guerras del opio o la ruta de la seda

Hoy por hoy China está recuperando el poder que perdió durante las Guerras del Opio a mediados del siglo XIX.

La mayoría de la gente desconoce estas guerras, pero en China su recuerdo está presente gracias a las políticas de memoria histórica que han mantenido sus gobiernos desde el final de la Segunda Guerra Mundial.

La apertura forzada de China a las potencias occidentales comenzó hace casi dos siglos, y hoy por hoy su legado se interpreta de una manera distinta de la de Mao Tse Tung en tiempos del “Gran Salto” (1958-1962) o modernización acelerada de la economía. Mao utilizó la derrota de China en las Guerras del Opio como explicación principal del atraso del país.

En la China moderna ese mismo legado tiene otros usos. El proyecto de la Ruta de la Seda, el One Belt, One Road, es visto por muchos ciudadanos chinos como el intento nacional de recrear la estrategia británica del siglo XIX, cuando Londres quería asegurarse las rutas de transporte global para obtener las máximas ganancias de la exportación de sus manufacturas.

Las referencias públicas a las Guerras del Opio en la China contemporánea tienen dos dimensiones.

1. Estas referencias son una prueba de que nada dura para siempre, puesto que la influencia de las potencias occidentales sobre el curso de la política mundial está muy lejos de lo que era.

Tras la proclamación de la República Popular en 1949 y durante varias décadas, Mao luchó para conseguir el reconocimiento internacional de su gobierno, pero en 2020 son los gobiernos extranjeros quienes buscan la atención y el favor de China.

2. Las referencias políticas son un recordatorio para el resto de las potencias occidentales de que China ve de otra manera el pasar de los años. Después de todo, su poderío tuvo una vigencia de más de mil años, hasta que llegaron los occidentales a Asia, y para recuperarlo tardaron apenas un siglo.

El enredo de Trump
El hecho de que Trump y Xi Jinping vean el escenario desde marcos temporales muy distintos contribuye a explicar las tensiones actuales entre Estados Unidos y China.

Trump piensa que China es importante para su campaña electoral de estos meses, donde se juega su futuro político. Él tiene la intención de consolidar su base electoral culpando a China de al menos la mitad de los problemas del país: la pérdida de empleos, la filtración de secretos tecnológicos, la vulnerabilidad de las computadoras y las redes celulares, y la propagación de la COVID-19 (que Trump llama “el virus chino”).

El cierre de un consulado chino en Houston está en la misma línea. La parte del electorado que votará por Trump nuevamente ve en China una amenaza a su vida y esto facilita su manipulación.

Pero el país asiático es importante para las elecciones por otra razón. Cada año China compra una quinta parte de la producción agrícola estadounidense: 24.000 millones de dólares (lo equivalente a seis veces el costo inicial del metro de Bogotá).

China es el principal comprador de la soya producida en Estados Unidos y un número significativo de sus productores vota por Trump. Si este año China opta por comprar en otro lugar, Trump seguramente perderá a sus votantes. Por supuesto el caso de la soya es apenas un ejemplo.

Los vínculos de interdependencia pueden encontrarse en muchas otras áreas de la economía estadounidense. Y esto as su vez explica la confusión en los mensajes que Trump envía a Beijing.

Sus guerras comerciales con China se dan en medio de aguas tormentosas, como en un barco donde un pasajero amenaza cada día con hundirlo, aunque sabe que al hacerlo él también se ahogaría.

Foto: White House - China podría influir en las elecciones de este año en Estados Unidos

Le recomendamos: Estados Unidos, China, y la guerra comercial: ¿quién gana y quién pierde?

La paciencia de China

Por su parte China ubica a Estados Unidos en un marco temporal diferente. Para Beijing las tensiones actuales se explican por la pérdida del poder y el aumento de los problemas internos y externos del país americano.

En cierto sentido estos problemas se asemejan a los procesos que llevaron al colapso de la dinastía Qing, la cual no reconoció que sus arreglos políticos centenarios eran inadecuados para mantener el orden. En lugar de adaptarse política y socialmente a las nuevas realidades, esta dinastía intentó fortalecer las distribuciones tradicionales de poder y promovió las ideologías conservadoras.

Muchos habitantes percibían a los gobernantes como extraños y eran hostiles hacia las autoridades. La capacidad de los líderes de China para gobernar desapareció, puesto que no lograron unificar al país e ignoraron los desafíos más allá de sus fronteras.

Desde esta perspectiva, si al comienzo del mandato de Trump, la prioridad de China era volver al business as usual, hoy la posición de Beijing es otra.

El presidente Xi y los demás líderes chinos están convencidos de que “el tiempo está de su lado” y Estados Unidos se verá obligado a cooperar con ellos nuevamente. China no tiene prisa, y esta vez es probable que Beijing sea quien ponga las reglas del juego.

Hay muchas evidencias al respecto. Aunque es un régimen autoritario, China logró mejorar su imagen y hoy en día es una pieza importante en la política internacional, incluso en medio de la pandemia y la difícil situación de Hong Kong.

De hecho, en este último caso parece que Beijing podrá resolver la crisis pagando un costo relativamente modesto por violar el acuerdo clave con Gran Bretaña, anteriormente un gran poder europeo que la obligó a aceptar sus reglas hace dos siglos.

Si bien es muy pronto para predecir el resultado de la crisis de Hong Kong, no cabe duda de que el próximo objetivo es Taiwán, una democracia floreciente y una economía estable justo al lado de Hong Kong.

Las élites chinas creen que inevitablemente recuperarán la isla de Formosa. Al hacerlo, China acabará el proceso de restauración de su poder político y económico interrumpido por las potencias occidentales.
El intento de devolver a Taiwán tendrá lugar cuando China esté convencida de que Estados Unidos acepta las nuevas reglas del juego. Por lo tanto, el avance de China hacia Taiwán no sucederá mañana, pero Beijing está operando bajo su propio calendario.

Foto_ White House - China está construyendo una nueva ruta comercial para hacerse aún más poderosa. La nueva ruta de la seda.

Lea en Razón Pública: La devaluación de China y sus espectadores

América Latina como espectador

América Latina tiene mucho que aprender. El viejo orden mundial está cambiando rápidamente y es necesario prepararse para nuevos arreglos internacionales.

La presencia de China en América Latina no es coyuntural, sino una estrategia de largo plazo. Por un lado, entre menos se preocupa China por el hecho de que Estados Unidos ve al hemisferio occidental como su vecindario, más le preocupa a Washington la creciente incidencia de personajes extra hemisféricos.

Por otro lado, Beijing escogerá el momento y la forma adecuadas para avanzar en nuestra región, pero los gobiernos que reconozcan el interés chino estarán mejor preparados para este cambio.

Por último, América Latina también vive bajo su propio marco temporal. Con demasiada frecuencia parece que sus líderes no logran enfrentar los desafíos del entorno internacional de manera oportuna, y las decisiones que tuvieron que tomarse ayer, se posponen para mañana. Por lo tanto, la pregunta sigue siendo: “¿De qué lado está el tiempo?”.

0 comentarios

Vladimir Rouvinski

Escrito por:

Vladimir Rouvinski

*Profesor de la Universidad Icesi.

Compartir:

Entrega de armas de las FARC junto a la Misión de Observadores de la ONU.

Vladimir RouvinskiLa primera misión fue un factor decisivo para la buena marcha del proceso de paz, y al mismo tiempo fue uno de los elementos menos criticados por la oposición colombiana. ¿Qué va a pasar ahora que comienza una segunda misión?

Vladimir Rouvinski*

Continue reading «La misión de la ONU en Colombia: una experiencia exitosa»

0 comentarios

Vladimir Rouvinski

Escrito por:

Vladimir Rouvinski

*Profesor de la Universidad Icesi.

Compartir:

Reunión del Expresidente Obama, junto a Donald Trump en la casa blanca.

Vladimir RouvinskiSe conocen sus posiciones básicas sobre Rusia, China, el “terrorismo islámico”, el comercio exterior o la Unión Europea. Pero cada uno de estos cambios parecería ser difícil y traumático, de modo que hoy estamos en un mundo más inseguro que nunca.

Vladimir Rouvinski*

Continue reading «El mundo en vilo: Trump y el futuro de la política exterior de Estados Unidos»

0 comentarios

Vladimir Rouvinski

Escrito por:

Vladimir Rouvinski

*Profesor de la Universidad Icesi.

Compartir:

El líder supremo Norcoreano Kim Jong Un visita una escuela en la ciudad de Pyongyang.

Vladimir RouvinskiEl dictador Kim tiene sus razones, y todos los demás involucrados quieren hacer algo pero ninguno puede hacer nada. Un análisis diciente sobre la fragilidad actual del régimen internacional.       

Vladimir Rouvinski*

Continue reading «¿Quién puede –y quiere- parar a Corea del Norte?»

0 comentarios

Vladimir Rouvinski

Escrito por:

Vladimir Rouvinski

*Profesor de la Universidad Icesi.

ISSN 2145-0439

Razonpublica.com se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 3.0 Unported. Basada en una obra en razonpublica.com.