¿Qué significa la posesión de Trump? | Razón Pública 2025
Foto: Facebook: Donald J. Trump

¿Qué significa la posesión de Trump?

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Mirada de conjunto a las implicaciones geopolíticas y económicas del cambio de gobierno en Estados Unidos. Viene tiempos turbulentos para todos.

Un cambio de muy grandes proporciones 

Mas allá de lo que pueda significar para la democracia, la posesión de Trump es un acontecimiento de gran trascendencia geopolítica, que aglutina o anuncia procesos con probables implicaciones fundamentales  

Las implicaciones inmediatas se refieren al impacto de sus exabruptos en materia de comercio e instituciones globales, en la impredecibilidad en su relación con Europa, en su confrontación con China y en sus atropellos regionales. 

Las implicaciones profundas se refieren a la transición del globalismo unipolar al nacionalismo multipolar, de la cual Trump es paradójicamente un síntoma y un agente, convergente con la reacción de los partidos de derecha europeos contra la globalización neoliberal (que concentra sus beneficios en unos privilegiados). 

El rebote anti/globalización/unipolaridad, incluida la erosión del neoliberalismo,   es un fenómeno de una trascendencia y complejidad enormes; una transición que también incluye las guerras de Ucrania y Asia occidental  (Palestina, Siria, Jordania y Líbano, que obedecen a la combinación entre el proyecto del Gran Israel de Netanyahu y el proyecto imperial de Estados Unidos), el fortalecimiento del grupo de economías emergentes conocido como BRICS y el eventual debilitamiento del dólar; el avance de partidos nacionalistas de derecha en Europa que se oponen a políticas de la elite globalista como la guerra de Ucrania y señalan a las desastrosas consecuencias de su desconexión energética con Rusia que destruyó a la industria alemana; el pavoroso poderío económico industrial y tecnológico de China que se ha traducido, por ejemplo, en el sector de los  vehículos eléctricos. 

Trump no logrará frenar esa transición, o reforzar su reversión, no obstante sus amenazas al grupo de los BRIC por el intento de desdolarizar la economía mundial o loa anuncios descaradamente imperialistas sobre Panamá, Groenlandia, el Golfo de México y Canadá (anuncios que complementan a Gaza en desenmascarar el orden americano que se dice basado en la ley, cuando en efecto se lleva por delante toda ley o institución a su conveniencia). 

Regreso al mercantilismo 

Su política comercial y económica está orientada por el mercantilismo, lo que lo lleva a pensar la realidad y el poder económicos en términos de balances comerciales. Un regreso a los orígenes de la economía política, sin tomar en cuenta la contribución critica de Adam Smith, quien señaló que la fuente de la riqueza de las naciones es su grado de diferenciación y especialización productivas. Al desconocer la acumulación de capacidades involucradas lo lleva a creer que los sectores productivos y las tecnologías se pueden adoptar o retomar. Deja de lado que como resultado de las 3a y 4ª revoluciones industriales, el progreso tecnológico ha desplazado la ventaja competitiva de la escala a la flexibilidad. 

Pero hay algo más grave en términos de falta de comprensión económica: su ignorancia no le   permiten entender que antes que todo es necesario moderar la voracidad de los consumidores americanos y fortalecer la productividad y la competitividad de su industria. El desbalance con Japón lo lograron reducir a la fuerza en el Plaza Accord 1985 obligándolos a revaluar frente al dólar para reducir el déficit; pero China no está igualmente subyugada. Trump cree, en su populismo, que puede arreglar con aranceles el desequilibrio de la economía americana. Busca balances comerciales positivos, y defender al dólar, cuando ambas cosas están siendo imposibilitadas por el déficit fiscal que naturalmente se traduce en el déficit comercial.  Se   trata de una relación simbiótica en la cual los americanos consumen lo que los chinos no y estos ahorran lo que los americanos no.

Serán cinco las relaciones económicas clave que se verán perturbadas: 

  1. China. Una guerra comercial y además una guerra económica, en continuidad con Biden, incluyendo semiconductores y materiales estratégicos. La guerra comercial por una incomprensión de la economía mundial, donde los americanos llevan décadas de consumir lo que ahorran los asiáticos, y ahora los chinos.  
  2. Europa. Un ejemplo ilustrativo son los carros alemanes, forzados a comprar energía todavía más cara de la que Biden les impuso con su guerra en Medio Oriente. 
  3. México. La negación de su muy profunda integración comercial (el mayor exportador) y productiva (sistemas de producción integrados en el sector automotriz). 
  4. Canadá provee el 65% de las importaciones de petróleo en un fenomenal comercio de 900 billones de dólares.   
  5. BRICS. Las tarifas del 100 % extenderán la guerra comercial a otros miembros.
Foto: Wikimedia Commons Ucrania atacó con ocho ATACMs, una actuación sin precedente alguno, irresponsable y de último momento

Las dos guerras en curso 

¿Y las perspectivas de paz en Ucrania y en Medio Oriente? Dudosas en el primer caso y fatales en el segundo. 

Dudosas en Ucrania porque Putin ha establecido unas condiciones frontalmente reñidas con el ingreso de este país a la OTAN y una fuerza de paz en la línea divisoria: estas son las garantías de seguridad que Occidente tendría que lograr para Ucrania. 

La guerra ya la perdió Ucrania, a pesar de los 8 años de preparaciones y armamentos suministrados por la OTAN, hasta llegar a la entrega y autorización de uso dentro de Rusia de los ATACMS (Army Tactical Missile System) americanos y los Stormshadow/Scout del Reino Unido y Francia.  Esta semana Ucrania atacó con ocho ATACMs, una actuación sin precedente alguno, irresponsable y de último momento, tal vez para mejorar su posición negociadora a la salida de Biden, pero dejando a Trump en una situación crítica (aunque este último al menos está en capacidad de hablar con Putin, lo que Biden no se dignó a hacer).

Ni Biden ni Trump están en condiciones de evitar la derrota de Ucrania, pero Trump sí podría acortar la duración de la guerra. Trump anunció en campaña que en 24 horas pondría fin a esta guerra, pero su equipo (igual que los europeos) sigue partiendo de dos prejuicios que se contradictorios mutuamente: 

  • por un lado, que los rusos son unos eslavos corruptos e ineptos, y su ejército colapsará si se mantiene la presión militar; 
  • por otro, que Putin es un imperialista soviético que si no en detenido en Ucrania avanzará sobre Europa del Este. 

Imposible saber cuál de estos dos prejuicios es más estúpido, pero el segundo es la base argumental que subyace al esfuerzo de la para debilitar a Rusia. De manera increíble, el liderazgo europeo mantiene a sus ciudadanos histéricos con una tontería sin base en la realidad. Putin no tiene interés, ni tiene posibilidad de tomarse siquiera a Ucrania, porque no tiene ni el ejercito ni la economía para tomarse su Oeste, donde la influencia histórica polaca (a pesar de las masacres de polacos por nazis ucranianos) y austriaca sembró un odio contra Rusia que hace que Putin necesitase un ejército para dominar esa parte del país. Pero los gobiernos y los medios europeos insistentemente alientan la paranoia antirrusa.                                                                                                                                             

Peor en Asia occidental. Los Acuerdos de Abraham entre Israel y Emiratos Árabes Unidos fueron la estocada final en el proceso de abandonar o desaparecer a Palestina del tablero geopolítico. El 7 de octubre, con todo y los trágicos excesos, regresó a Palestina al mapa de la humanidad del que Occidente la había excluido. 

La guerra en toda la región es el resultado de la mencionada estrategia americana de realizar cambios de régimen, en combinación con la de Netanyahu que avanza su proyecto del Gran Israel en Gaza, en la Franja Occidental, en Siria y en Líbano. 

Y ahora Irán. La invasión de Iraq, presionada por Netanyahu sobre la base del engaño de las inexistentes armas de destrucción masiva, se repite ahora presionando la guerra con Irán para involucrar a Estados Unidos su ataque, lo cual probablemente logrará del anti-Irán Trump. La gravedad de este ataque excedería los horrores de Gaza (crueldades no vistas desde las invasiones nazi a URSS y japonesa a China) pues desencadenará un conflicto regional involucrando potencias regionales como Turquía (ahora en confrontación con Israel por el reparto de Siria); e incluso Rusia que está culminando un tratado con Irán y lo ha equipado con muy avanzados sistemas de defensa antiaéreos.  Semejante conflicto destruiría a la región, y también destruiría la economía mundial con el alza exponencial del precio del petróleo.

En síntesis 

El desconocimiento de Trump de las estructuras fundamentales de la economía global causará perjuicios, empezando por los consumidores americanos.

No frenará la transición del globalismo unipolar al nacionalismo multipolar (a la que está contribuyendo), sino que creará un caos en las relaciones internacionales. Viene una sin coordinación, liderazgo o estrategia global más allá del cortísimo plazo, con un desconocimiento y desprecio del capital institucional global. 

Trump debilitará las instituciones de coordinación y cooperación que son indispensables para hacer frente a problemas globales como el cambio climático y la catástrofe ambiental (precisamente consecuencia de que el capitalismo global padece de fallas de coordinación monumentales); pandemias; una inminente crisis financiera, combinada con la recesión causada por Trump y su política de  deportación masiva); su anunciado retiro del Acuerdo de Paris, del acuerdo con Irán sobre su desarrollo nuclear; del acuerdo INF (intermediate range nuclear forces); y de la OMS; como sus mencionadas políticas hacia sus principales socios comerciales, anuncia gravísimas consecuencias o el caos en las instituciones globales.

Le recomendamos: Nombramientos de Trump: mensajes, advertencias y desafíos para América Latina

Acerca del autor

Ricardo Chica
ricardochica@razonpublica.org.co | + posts

*Ph. D., M.Phil. en Economía y Diploma en Desarrollo de la Universidad de Cambridge. Columnista en múltiples medios y ha sido Profesor de las universidades de Los Andes, Javeriana y Cambridge e investigador del CEDE y Fedesarrollo.

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Ricardo Chica

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Ricardo Chica

*Ph. D., M.Phil. en Economía y Diploma en Desarrollo de la Universidad de Cambridge. Columnista en múltiples medios y ha sido Profesor de las universidades de Los Andes, Javeriana y Cambridge e investigador del CEDE y Fedesarrollo.

2 comentarios de “¿Qué significa la posesión de Trump?”

  1. Qué odio ciego al presidente Trump! Los woke criollos creen que USA es un parque público, como si les perteneciera. Olvidan que es una nación ajena, poderosa. Y todavía esperan que su presidente se comporte como si tuviera que pedir permiso. Ojalá Colombia hubiera tenido en suerte una cultura nacional tan fuerte, disciplinada, sólida, entusiasta, trabajadora y orgullosa como la norteamericana. Lejos de eso, aquí destilan odio hacia el triunfo, la excelencia y el liderazgo que Trump encarna.

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