China y Estados Unidos: ¿quién le está ganando a quién? - Razón Pública
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China y Estados Unidos: ¿quién le está ganando a quién?

Escrito por Vladimir Rouvinski
Vladimir-Rouvinski

Cada día se agrava la tensión entre las dos potencias del siglo XXI. Un análisis de la historia reciente, las últimas disputas y las perspectivas para el futuro cercano.

Vladimir Rouvinski*
“El tiempo está de mi lado”
una gran canción de R&B de mediados de los 60

De las guerras del opio o la ruta de la seda

Hoy por hoy China está recuperando el poder que perdió durante las Guerras del Opio a mediados del siglo XIX.

La mayoría de la gente desconoce estas guerras, pero en China su recuerdo está presente gracias a las políticas de memoria histórica que han mantenido sus gobiernos desde el final de la Segunda Guerra Mundial.

La apertura forzada de China a las potencias occidentales comenzó hace casi dos siglos, y hoy por hoy su legado se interpreta de una manera distinta de la de Mao Tse Tung en tiempos del “Gran Salto” (1958-1962) o modernización acelerada de la economía. Mao utilizó la derrota de China en las Guerras del Opio como explicación principal del atraso del país.

En la China moderna ese mismo legado tiene otros usos. El proyecto de la Ruta de la Seda, el One Belt, One Road, es visto por muchos ciudadanos chinos como el intento nacional de recrear la estrategia británica del siglo XIX, cuando Londres quería asegurarse las rutas de transporte global para obtener las máximas ganancias de la exportación de sus manufacturas.

Las referencias públicas a las Guerras del Opio en la China contemporánea tienen dos dimensiones.

1. Estas referencias son una prueba de que nada dura para siempre, puesto que la influencia de las potencias occidentales sobre el curso de la política mundial está muy lejos de lo que era.

Tras la proclamación de la República Popular en 1949 y durante varias décadas, Mao luchó para conseguir el reconocimiento internacional de su gobierno, pero en 2020 son los gobiernos extranjeros quienes buscan la atención y el favor de China.

2. Las referencias políticas son un recordatorio para el resto de las potencias occidentales de que China ve de otra manera el pasar de los años. Después de todo, su poderío tuvo una vigencia de más de mil años, hasta que llegaron los occidentales a Asia, y para recuperarlo tardaron apenas un siglo.

El enredo de Trump
El hecho de que Trump y Xi Jinping vean el escenario desde marcos temporales muy distintos contribuye a explicar las tensiones actuales entre Estados Unidos y China.

Trump piensa que China es importante para su campaña electoral de estos meses, donde se juega su futuro político. Él tiene la intención de consolidar su base electoral culpando a China de al menos la mitad de los problemas del país: la pérdida de empleos, la filtración de secretos tecnológicos, la vulnerabilidad de las computadoras y las redes celulares, y la propagación de la COVID-19 (que Trump llama “el virus chino”).

El cierre de un consulado chino en Houston está en la misma línea. La parte del electorado que votará por Trump nuevamente ve en China una amenaza a su vida y esto facilita su manipulación.

Pero el país asiático es importante para las elecciones por otra razón. Cada año China compra una quinta parte de la producción agrícola estadounidense: 24.000 millones de dólares (lo equivalente a seis veces el costo inicial del metro de Bogotá).

China es el principal comprador de la soya producida en Estados Unidos y un número significativo de sus productores vota por Trump. Si este año China opta por comprar en otro lugar, Trump seguramente perderá a sus votantes. Por supuesto el caso de la soya es apenas un ejemplo.

Los vínculos de interdependencia pueden encontrarse en muchas otras áreas de la economía estadounidense. Y esto as su vez explica la confusión en los mensajes que Trump envía a Beijing.

Sus guerras comerciales con China se dan en medio de aguas tormentosas, como en un barco donde un pasajero amenaza cada día con hundirlo, aunque sabe que al hacerlo él también se ahogaría.

Foto: White House - China podría influir en las elecciones de este año en Estados Unidos

La paciencia de China

Por su parte China ubica a Estados Unidos en un marco temporal diferente. Para Beijing las tensiones actuales se explican por la pérdida del poder y el aumento de los problemas internos y externos del país americano.

En cierto sentido estos problemas se asemejan a los procesos que llevaron al colapso de la dinastía Qing, la cual no reconoció que sus arreglos políticos centenarios eran inadecuados para mantener el orden. En lugar de adaptarse política y socialmente a las nuevas realidades, esta dinastía intentó fortalecer las distribuciones tradicionales de poder y promovió las ideologías conservadoras.

Muchos habitantes percibían a los gobernantes como extraños y eran hostiles hacia las autoridades. La capacidad de los líderes de China para gobernar desapareció, puesto que no lograron unificar al país e ignoraron los desafíos más allá de sus fronteras.

Desde esta perspectiva, si al comienzo del mandato de Trump, la prioridad de China era volver al business as usual, hoy la posición de Beijing es otra.

El presidente Xi y los demás líderes chinos están convencidos de que “el tiempo está de su lado” y Estados Unidos se verá obligado a cooperar con ellos nuevamente. China no tiene prisa, y esta vez es probable que Beijing sea quien ponga las reglas del juego.

Hay muchas evidencias al respecto. Aunque es un régimen autoritario, China logró mejorar su imagen y hoy en día es una pieza importante en la política internacional, incluso en medio de la pandemia y la difícil situación de Hong Kong.

De hecho, en este último caso parece que Beijing podrá resolver la crisis pagando un costo relativamente modesto por violar el acuerdo clave con Gran Bretaña, anteriormente un gran poder europeo que la obligó a aceptar sus reglas hace dos siglos.

Si bien es muy pronto para predecir el resultado de la crisis de Hong Kong, no cabe duda de que el próximo objetivo es Taiwán, una democracia floreciente y una economía estable justo al lado de Hong Kong.

Las élites chinas creen que inevitablemente recuperarán la isla de Formosa. Al hacerlo, China acabará el proceso de restauración de su poder político y económico interrumpido por las potencias occidentales.
El intento de devolver a Taiwán tendrá lugar cuando China esté convencida de que Estados Unidos acepta las nuevas reglas del juego. Por lo tanto, el avance de China hacia Taiwán no sucederá mañana, pero Beijing está operando bajo su propio calendario.

Foto_ White House - China está construyendo una nueva ruta comercial para hacerse aún más poderosa. La nueva ruta de la seda.

América Latina como espectador

América Latina tiene mucho que aprender. El viejo orden mundial está cambiando rápidamente y es necesario prepararse para nuevos arreglos internacionales.

La presencia de China en América Latina no es coyuntural, sino una estrategia de largo plazo. Por un lado, entre menos se preocupa China por el hecho de que Estados Unidos ve al hemisferio occidental como su vecindario, más le preocupa a Washington la creciente incidencia de personajes extra hemisféricos.

Por otro lado, Beijing escogerá el momento y la forma adecuadas para avanzar en nuestra región, pero los gobiernos que reconozcan el interés chino estarán mejor preparados para este cambio.

Por último, América Latina también vive bajo su propio marco temporal. Con demasiada frecuencia parece que sus líderes no logran enfrentar los desafíos del entorno internacional de manera oportuna, y las decisiones que tuvieron que tomarse ayer, se posponen para mañana. Por lo tanto, la pregunta sigue siendo: “¿De qué lado está el tiempo?”.

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