Elección presidencial 2026: ¿La institucionalización del outsider?
Foto: Facebook: Registraduría Nacional del Estado Civil

Elección presidencial 2026: ¿La institucionalización del outsider?

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La primera vuelta no solo definió a los finalistas. También mostró el agotamiento de viejas categorías para entender la política colombiana, el peso creciente de las redes digitales y la aparición de nuevos actores y formas de movilización electoral.

Los resultados preliminares de la primera vuelta presidencial de Colombia, dejan de presente una serie de elementos para la reflexión, los cuales, como primera reacción, escapan a la búsqueda del viejo clivaje uribismo-antiuribismo, como también resignifican el clivaje centro-periferia, a la vez que se abren a una disputa regional de la que Colombia pasa de testigo a protagonista. El presente trabajo intenta, con la información disponible, reflexionar sobre dos elementos a mi juicio principales: la supervivencia reformada de los clivajes tradicionales propuestos por Lipset y Rokkan (1967), el peso de la IA y las redes en la difusión de información y la progresiva fortaleza de la figura del outsider.

El outsider versus la elección secuencial a tres o cuatro vueltas

La estrategia del Pacto Histórico fue la apuesta por la consolidación de una estructura partidaria fortalecida a través de procesos de democracia interna e interpartidaria. Éxitos como la consulta parlamentaria y la primaria interna de octubre de 2025, beben de las experiencias pasadas de movilización del electorado por medio de la convocatoria a consultas internas en 2022, 2018, 2010 y 2006. Estrategia exitosa para la izquierda, pero infructuosa para la derecha.

Frente a esto, las candidaturas por firmas, las que históricamente no habían tenido fuerza, desde el 2022 son actores activos para la difusión de información. Esta noticia puede ser leída desde diversos puntos a partir del marco conceptual, como también, por lo significativo de dos elecciones seguidas entre modelos económicos o sociales. 

Contraste 2022 a 2026: el aceleracionismo del clivaje centro-periferia

Un clivaje electoral clave de la democracia electoral colombiana es la división en elecciones nacionales entre el centro del país, especialmente los departamentos de la región andina, más volcado hacia las organizaciones de derecha, con las expresiones decisionales del Pacífico, el Caribe, los Llanos y la Amazonía colombiana, volcados hacia las expresiones de izquierda. Clivaje que desde el 2006 ha definido nuestro péndulo político. 

La victoria en primera vuelta de De La Espriella, alimentada en parte por una múltiple referencia a los nuevos modelos de derecha sustentados en una alta segmentación de las indignaciones, así como por la amalgama por una exacerbación del individualismo como sustento de una construcción del éxito individual como expresión de la libertad, conjunto con una búsqueda de las interpretaciones evangélicas, herederas de la Reforma Protestante, de la interpretación divina, es una expresión de una amalgama individualista que, sin proponerse formalmente la reducción o limitación de la democratización, reduce esta a la expresión de la voluntad individual y del control antimayoritario. 

En su último trabajo, Levitsky y Ziblatt (2024) ponen de presente la tensión entre dos modelos de democracia norteamericanos: el modelo democrático pluricultural e incluyente contra un modelo hegemónico cultural cristiano-nacionalista y libertario, representados cada uno por Obama (2009-2017) y Trump (2017-2021; 2025 en adelante), modelos excluyentes que, conducen a la construcción o de una mayoría representada en una institucionalidad adaptable a las demandas sociales por la extensión de derechos o a la formación de una hegemonía minoritaria respaldada por una masa acrítica. Esta última, amenaza efectiva a los procesos de democratización por su sentido excluyente y minoritario.

Ante este panorama, el debate centro-periferia se reinventa, logrando movilizar una participación histórica en lo territorial. Así, aunque Cepeda gana en Bogotá, tanto su porcentaje como número en bruto de votación es inferior al logrado por Petro en 2022, pasando de un 47% en ese año, frente a un 41% en el 2026, mientras que la derecha sumada pasa del 41,33% al 46,77%, mientras la participación pasa del 54% en 2022 al 67,9% en 2026. Este ejemplo parece confirmar la tesis de Basset, para quien las victorias de la izquierda dependen en parte de la abstención de la región central, junto con la alta participación de las periferias.

La novedad puede estar entonces, en la capacidad de la candidatura de captar sectores tradicionalmente apolíticos o abstencionistas, por medio de mensajes altamente especializados, pero dirigidos en particular a expresiones sociales altamente individuales: profesionales del derecho, las ingenierías o la salud, cuyos ingresos no dependen de estructuras colectivas, pequeños y medianos empresarios, comunidades protestantes, informales precarizados en plataformas asociativas y sectores económicos amenazados por el aumento de los tributos a las rentas, entre otros  Bases sociales de las nuevas derechas que, como en Brasil o España, acaparan el discurso político electoral de organizaciones basadas en modelos tradicionales de participación como los sindicatos, la identidad de clase o las organizaciones de la sociedad civil.

Foto: Facebook: Alcaldía Chía Ciudad de la Luna

¿Y las redes?, la esfera pública en tiempos de IA

En 2022, la sorpresa electoral -para el país central— de Rodolfo Hernández puso de presente la potencia política de las redes sociales para el posicionamiento de las candidaturas políticas en un país periférico. El mito de aquel momento, resaltaba el poder comunicativo de Hernández en la red social TikTok y en los “en vivo” de Facebook del candidato, ignorando la creación de comunidades electorales en WhatsApp, red en particular con la capacidad de seguimiento en tiempo real de las actividades de las bases emergentes.

La campaña de De La Espriella de 2026, por su parte, profundiza esto, desde el uso de una iconografía simple, la cual combinó de forma efectiva la apropiación y resignificación de los símbolos patrios —bandera y jersey de la selección de futbol— como expresiones de la oposición, la construcción de una mascota, apodo transformable en personaje de IA, con la difusión de mensajes altamente segmentados dirigidos a públicos específicos: profesionistas de profesiones liberales, informales pauperizados, comunidades cristianas, ligas de pacientes, veteranos de las fuerzas armadas, combinado con la construcción de una comunidad altamente movilizada, participante tanto de las redes tradicionales, las comunidades digitales como WhatsApp, así como la inversión de recursos en mercados digitales como Politymarket.

Ventana de la movilización electoral, basada en la construcción reticular de redes de militancia altamente especializadas, pero medibles por medio de herramientas de tracking digital más eficientes que las tradicionales encuestas, información especializada para la toma de decisión en tiempo real, no accesible a partidos inspirados únicamente en la movilización de corte tradicional. Movilización electoral que termina en últimas derrotando el proceso organizativo y logístico tradicional. 

¿El huevo de la serpiente?

Tanto los registros previos de las encuestas como los resultados del conteo rápido evidencian el rol preponderante que en esta elección jugó Abelardo De la Espriella, quien logró consolidar una base electoral que amalgama las críticas al gobierno, la disputa internacional contra la denominada cultura de la cancelación, con la búsqueda de superación de la “vieja” disputa con el uribismo como marca política de la política alternativa.

Este voto no es novedoso, habita como mayoría electoral local en diversos procesos electorales, tan solo que, a diferencia de ocasiones anteriores, el reclamo ha madurado, encontrando un candidato a la altura de sus aspiraciones personales.  Clivaje social inesperado, invisibilizado por la concentración sobre las divisiones político-electorales tradicionales, para dar pasos a una agenda que combina seguridad contra paz, equidad versus urbanismo, producción local contra capital e identidades versus empoderamiento participativo, para dar paso a la construcción de una figura individual, emprendedora y cristiana.

La Academia Nacional ha fallado en identificar estos clivajes emergentes, no solo para valorar los riesgos o potencialidades explicativas, sino en general para pensar y mapear las vetas contemporáneas de la discusión y del proceso organizativo electoral. Mientras tanto, a ciegas recorremos un escenario regional de transformación de la política, en el que, a diferencia de otros momentos, la figura del outsider resulta atractiva, en parte por su épica pasada como por su capacidad de hacer procesos identitarios horizontales.  

Le recomendamos: ¿Qué tan serio es el debate educativo en las campañas presidenciales?

Acerca del autor

Camilo Cruz Merchan
ccruz@razonpublica.org | + posts

*Politólogo de la Universidad Nacional, doctor en Ciencia Política de la UNAM, docente Programa de Estudios Políticos y Resolución de Conflictos, Universidad del Valle.

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Camilo Cruz Merchan

*Politólogo de la Universidad Nacional, doctor en Ciencia Política de la UNAM, docente Programa de Estudios Políticos y Resolución de Conflictos, Universidad del Valle.

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