El ave fénix de la gestión del riesgo de desastres | Razón Pública 2024
Foto: Alcaldía de Medellín

El ave fénix de la gestión del riesgo de desastres

Compartir:

En vísperas de la III Conferencia Interamericana de Gestión del Riesgo de Desastres, es momento de que Colombia resurja de sus cenizas y reivindique la importancia de atender estos temas, luego de los múltiples escándalos de corrupción en gestión de riesgos.

Carlos Héctor Cantillo Rueda*

Limpiar el desastre de la gestión de desastres

El presente año no puede pasar desapercibido para la gestión del riesgo de desastres en Colombia. 

Hoy en día se identifica “gestión del riesgo” con “corrupción”, llegando tal vez a uno de los momentos más oscuros en la historia de lo que inicialmente se denominó la “prevención y atención de desastres”.

De otra parte, en la corta fracción transcurrida del año, el país no ha salido de una continua y abrumadora sucesión de emergencias y desastres, viviendo en una zozobra permanente.  

No ha cesado el sufrimiento por los percances asociados con las altas temperaturas, los incendios forestales, sequía, escasez de agua y alimentos, racionamientos de agua y energía, entre otros. Al tiempo se inicia, casi que traslapado, un periodo donde los daños y destrucción se asocian con factores como las lluvias, inundaciones, deslizamientos y avenidas torrenciales.

Así mismo, parece que no hemos aprendido, como sociedad, las duras lecciones de desastres pasados, varios de los cuales conmemoran decenios y quinquenios en el 2024. Esos desastres no se deben olvidar, so pena de repetirlos, lo que hace imperativa la transmisión intergeneracional.

A todo lo anterior, se contraponen iniciativas del sector académico que buscan, entre otros aspectos, “limpiar” el nombre de la gestión del riesgo (elevando su nivel y rigor técnico y científico), reivindicar la necesidad de conocer la historia de los desastres y entender cómo nos debemos relacionar con la naturaleza de una manera armónica. 

Este es el caso de la III Conferencia Interamericana sobre la Reducción del Riesgo de Desastres y Adaptación al Cambio Climático, evento internacional que se lleva a cabo esta semana en Manizales.

Le recomendamos: El manejo de los desastres en Colombia

El hoyo negro de la gestión del riesgo

La Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD) fue creada para dirigir y orientar la gestión del riesgo en Colombia. Asimismo, busca mejorar la calidad de vida de la población y contribuir al desarrollo sostenible, y no precisamente el de llenar, a cuenta de los recursos públicos, los bolsillos “insostenibles” de los delincuentes. 

Sin embargo, los frecuentes y cada vez más graves escándalos de corrupción que salpican a esta entidad han conducido a una crisis de grandes proporciones.

Ya van 4 directores de la UNGRD en la actual administración del presidente Gustavo Petro, quien se aleja de su propio discurso del cambio, la sostenibilidad y la protección ambiental, en el momento de ejecutar la política de gestión del riesgo y designar a quien debe orientarla.

A lo anterior contribuyen cuestionados manejos de dineros públicos destinados a estos fines a nivel municipal y departamental, que no son menos graves, pero alejados de la atención mediática, hundiendo a Colombia en una crisis sin precedentes, desde la creación y reglamentación del entonces Sistema Nacional de Prevención y Atención de Desastres (hoy de Gestión del Riesgo de Desastres) en los años 1988 y 1989.

Para dar algunos ejemplos de la gravedad de esta situación, no hay nada más elocuente que algunos titulares de prensa de los últimos años: 

  • La Fundación Paz y Reconciliación publicó “Dineros para el Covid: «La UNGRD es un antro de corrupción»”
  • “Se robaron la reconstrucción de San Andrés, casas a $695 millones de pesos” en Pluralidad Z.
  • El medio local Mi Putumayo denunció en el artículo “«La UNGRD es un verdadero desastre» frente a reconstrucción de Mocoa: Contraloría General abre Proceso Administrativo Sancionatorio contra director y exdirector de esta entidad”

Además, ya van 4 directores de la UNGRD en la actual administración del presidente Gustavo Petro, quien se aleja de su propio discurso del cambio, la sostenibilidad y la protección ambiental, en el momento de ejecutar la política de gestión del riesgo y designar a quien debe orientarla. 

El recién nombrado Carlos Carrillo se ha dedicado a indagar y revisar los procesos de contratación y destapar la corrupción. Pero cabe preguntarse ¿hace gestión del riesgo?, ¿a qué hora, si dedica su tiempo al tema de la corrupción en la contratación, cuando las entrevistas en medios de comunicación le dan tregua? 

Si bien su oratoria y cualidades como político son notables, no deja de ser preocupante que el actual director de la Unidad no cuente con una trayectoria académica y profesional que respalde su gestión y decisiones en el campo de la gestión del riesgo de desastres en el país. 

La gestión del riesgo de desastres no se limita a atender las emergencias consuetudinarias, sino que es una verdadera estrategia de desarrollo, con una visión a futuro que promueva la seguridad y bienestar de los ciudadanos y su patrimonio físico, natural y cultural. 

De igual manera, no se requiere de un evento de gran magnitud que afecte todo el país o golpee una ciudad capital para poner a prueba la institucionalidad y sus dirigentes, sino que deben resolverse los pequeños y medianos retos que impone el diario quehacer en estas lides y planear y ejecutar acciones para prevenir la ocurrencia e impacto de todos ellos. Por el bien del país, espero que a Carrillo le vaya mucho mejor que a sus antecesores.

Nuevos desastres: ¿el cambio climático tiene la culpa?

Los daños se agravan, en muchos casos, porque las alarmas no se activan o lo hacen tarde, las acciones son insuficientes, la planeación no funciona como se espera, los eventos se multiplican, las cifras de afectación crecen, se observan escenas de dolor y destrucción y se responsabiliza a la furia de una naturaleza despiadada.

Foto: Alcaldía de Bogotá
Bajo el contexto ya descrito, no resulta extraño que las noticias sobre los estragos asociados con uno u otro fenómeno se hayan vuelto un lugar común en los medios, como todo lo relacionado con la “ola invernal”, que no es una, sino dos al año.

Sólo este año hemos sido presenciado graves emergencias como los incendios forestales en gran parte del país, incluyendo los Cerros Orientales de Bogotá y varios páramos, así como la ola invernal, deslizamientos, inundaciones y avenidas torrenciales en Montebello (Antioquia), la variante de Ibagué (Tolima), Colombia (Huila), Chaparral y Murillo (Tolima) y el rompimiento de la fallida y cuestionada obra del tapón de Cara de Gato, en La Mojana.

Los daños se agravan, en muchos casos, porque las alarmas no se activan o lo hacen tarde, las acciones son insuficientes, la planeación no funciona como se espera, los eventos se multiplican, las cifras de afectación crecen, se observan escenas de dolor y destrucción y se responsabiliza a la furia de una naturaleza despiadada. 

Este es un escenario trágicamente frecuente al que nos hemos venido acostumbrando, aunque se olvide con cada nueva noticia de cada día en un país turbulento y acosado por miles de problemas. 

En los últimos años, se le echa la culpa de los desastres al cambio climático, lo cual no es cierto. Los culpables somos nosotros, nuestra sociedad, nuestro gobierno, por no hacer gestión del riesgo.

El riesgo es una responsabilidad compartida

Primero, compartimos la responsabilidad del riesgo como sociedad porque somos vulnerables. No nos atrevemos a reconocer nuestra naturaleza vulnerable, frágil, nos aterra sentirnos débiles. Eso impide tomar medidas oportunas frente a un eventual desastre.

Pero así seamos conscientes de lo vulnerables que somos, tampoco admitimos la corresponsabilidad en la gestación de riesgos y, por ende, de desastres. Preferimos los eufemismos o inculpar a la naturaleza, a la mala suerte o a Dios. 

No somos conscientes de la vulnerabilidad que hemos construido al adoptar un modelo de desarrollo consumista, extractivista, depredador e insostenible. Vivimos en una relación tóxica-viciosa con ese modelo: Se sabe que es dañina, pero se aferra más cada día.

También cabe mencionar una visión de corto plazo, de inmediatez, al momento de ejecutar la gestión del riesgo. No hay suficiente planeación ni aprendizaje y, por ello, las medidas aplicadas son ineficaces o insuficientes.

Y, por último, factores como la corrupción y la falta de idoneidad, resultan ser de las principales protagonistas de una deficiente gestión del riesgo de desastres.

La gran tarea es entender la naturaleza del riesgo, su conocimiento y su reducción a través de medidas adoptadas por los individuos, en lo personal, y como comunidad y sociedad, en su conjunto. También hay que comenzar por reconocer nuestra responsabilidad en la construcción de riesgo. 

La gestión del riesgo se debe basar en el respeto (a la vida, a los otros, a los animales, a las plantas, al agua, al aire, a la tierra, a uno mismo y su descendencia, entre otros). 

Por esto, es menester que se promuevan cambios en la percepción del riesgo y en la actitud, el mejoramiento del conocimiento, el cumplimiento de las normas, la ejecución de inversiones “sanas”, la promoción de una cultura preventiva, el combate a la corrupción y el replanteamiento de las actividades humanas y los modelos de desarrollo.

Para no olvidar

En este 2024 se conmemoran quinquenios y decenios de tragedias que, en su momento, fueron muy impactantes para el país, y que no se- deben olvidar. Acá, un brevísimo recuento de las principales:

  • 50 años del deslizamiento de Quebradablanca:  el 28 de junio de 1974, en la Vía al Llano, que une las ciudades de Bogotá y Villavicencio, en el sector conocido como Quebradablanca, se presentó un movimiento en masa de grandes dimensiones, que dejó un saldo superior a las 500 personas fallecidas y desaparecidas.
  • 45 años de los terremotos de 1979: Este fue un año con muchos movimientos telúricos, de los cuales fueron de gran impacto e importancia los de Tumaco y Manizales.
  • 30 años del terremoto de Tierradentro y desastre de Páez: El 6 de junio de 1994, un fuerte temblor en el suroccidente de Colombia, ocasionando la muerte de más de 1.000 personas, dando lugar a una de las más grandes operaciones helicoportadas de rescate de emergencia de la historia de Colombia, por las dificultades de acceso y las condiciones climáticas. 
  • 25 años del terremoto del Eje Cafetero: pasado el mediodía del 25 de enero de 1999, un sismo de magnitud 6,2, sacudió las ciudades de Armenia y Pereira y gran parte del departamento del Quindío, norte del Valle y Cajamarca en Tolima, causando gran destrucción y pérdidas humanas.
  • 15 años de la pandemia AH1N1: En el 2009 se produjo a nivel global, esta pandemia, con el virus de la gripe A, llamada en sus inicios gripa porcina, y que sería una especie de preámbulo para la fatídica Covid19 algunos años después.

Así como se conmemoran desastres, también es útil recordar algunos instrumentos derivados de aquellos, como son los 40 años de promulgación del Código Colombiano de Construcciones Sismo-Resistentes de 1984, primera versión de las actuales Normas Sismorresistentes, NSR10, y que fueron adoptados a raíz del sismo de Popayán de 1983.

Por otro lado, en 1988 y 1989 nace el Sistema Nacional de Prevención y Atención de Desastres (hoy de Gestión del Riesgo de Desastres) como resultado de la transformación que sufrió el país a causa del desastre de Armero del 13 de noviembre de 1985.

El ave fénix 

Este año Colombia retoma el liderato de la gestión del riesgo de desastres a nivel regional de las Américas, como anfitrión de la III Conferencia Interamericana sobre Reducción del Riesgo de Desastres y Adaptación al Cambio Climático, que se inicia este lunes en Manizales y se prolonga hasta el 24 de mayo. El país resurge en medio de sus cenizas, como un ave fénix, en la gestión de riesgo. 

La Conferencia incluye 12 eventos colaterales, organizados por entidades internacionales y nacionales, como la Red de Estudios Sociales en Prevención de Desastres en América Latina, Florida International University y USAID, el Programa Amazonía+, REDULAC, la Sociedad Colombiana de Geotecnia, la Asociación Colombiana de Ingeniería Sísmica, la sociedad IDRiM y la Organización Panamericana de la Salud, entre otras.

También cubre la presentación de 11 conferencias magistrales, cerca de 150 ponencias (en 3 sesiones simultáneas cada día) y la participación de aproximadamente 400 asistentes de más de 30 países.

La III Conferencia Interamericana, por su carácter técnico, académico y científico, resulta ser el evento hemisférico más importante en gestión del riesgo de desastres y adaptación al cambio climático de las últimas décadas. Constituye una oportunidad para reflexionar sobre el tema y adelantar una revisión de medio término sobre el estado del arte y las acciones emprendidas.

Lea en Razón Pública: Retórica versus realidad: la corrupción en el gobierno del cambio

0 comentarios

Carlos Hector Cantillo

Escrito por:

Carlos Hector Cantillo

*Ingeniero Civil, Especialista en Evaluación de Riesgos y Prevención de Desastres y aspirante a maestría en Dinámicas Rurales y Globalización.

0 comentarios de “El ave fénix de la gestión del riesgo de desastres

  1. La gestión del Riesgio va más allá, de los escandalos de corrupción y de los manejos políticos, los desafíos más grande que tiene un director ahora es, desenlodar y depurar la UNGRD de todo esas personas que dañaron esa dependencia, además solucionar los malos manejos de las alcaldías y Gobernación en temas de Gestión del Riesgo de Desastres y a su vez afrontar los Desastres que se presenten en el país.

  2. Esto que pasa en Colombia es un espejo de lo que pasan muchos de nuestros países que se debaten entre la corrupción y la falta de idoneidad. Espero que los aportes de esta reunión regional o internacional sean considerados por los gobiernos y sociedades asimismo que los medios de comunicación se interesen en ellos, claro que no dan escándalos pero si puedes prevenir miles de muertes.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Artículos relacionados

Balance salud
Política y Gobierno

Reforma a la salud: la incertidumbre de una crisis no resuelta

Política y Gobierno

Paz o guerra: el falso dilema de estas elecciones

Política y Gobierno

Libertad, orden y autoridad

Camilo Cardenas Presidente Santos
Política y Gobierno

Entre el cambio climático y la maldita Niña: ¿hasta dónde llega la responsabilidad del gobierno?

ISSN 2145-0439

Razonpublica.com se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 3.0 Unported. Basada en una obra en razonpublica.com.