​​​​​​​​¿Fue conveniente publicar los acuerdos parciales de La Habana? - Razón Pública
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​​​​​​​​¿Fue conveniente publicar los acuerdos parciales de La Habana?

Escrito por Carlo Nasi

Un balance sereno y sensato de los costos y los beneficios de divulgar lo acordado hasta ahora. Se acallan las teorías alarmistas y los rumores infundados, pero también se da una imagen incompleta y parcial del acuerdo que saldría de La Habana.

Carlo Nasi*

Medida preventiva

Con la reciente publicación de los acuerdos alcanzados entre el gobierno y las FARC se acabaron las especulaciones, y ahora cualquiera puede enterarse de los detalles de lo acordado en La Habana. Los interesados solo tienen que leer las 64 cuartillas que contienen los consensos que se han logrado en temas como reforma rural, participación política y narcotráfico.

La decisión de publicar los acuerdos parciales obedeció al hecho de que hubo filtraciones. Ante el prospecto de que algún sector malintencionado se aprovechara de esto para atacar el proceso de paz, el gobierno y las FARC prefirieron revelar todo lo acordado hasta la fecha, y así evitaron que unos pocos con acceso a información privilegiada la utilizaran para conspirar contra el proceso.

La decisión de publicar los acuerdos parciales obedeció al hecho de que hubo filtraciones.

La publicación sirvió para controlar el daño: cuando un secreto deja de serlo y la información se vuelve de dominio público, nadie puede formular acusaciones a la ligera alegando un conocimiento de verdades ocultas, o amañar (y/o presentar fuera de contexto) unas cuantas frases de los acuerdos parciales para así torpedear el proceso de paz. Finalmente, la información está al alcance de todos y cualquiera puede comprobar o refutar la veracidad de los señalamientos.

No obstante, publicar de manera prematura los acuerdos parciales transgredió, si no la letra, al menos el espíritu de lo pactado en lo que se refiere a la confidencialidad de las negociaciones.

La decisión de publicar los acuerdos parciales fue una medida reactiva, precipitada y forzada por las circunstancias, más que un acto planeado de difusión de los contenidos de la negociación. Dicha transgresión fue un hecho excepcional que para nada justifica abandonar la confidencialidad de las negociaciones.

Antes de seguir y dado que en Colombia persiste una gran confusión sobre el sentido de la confidencialidad de las negociaciones de paz, conviene incluir algunas anotaciones al respecto.


El expresidente Uribe calificó los acuerdos como
una “claudicación al terrorismo”.
Foto: Congreso de la República de Colombia

Negociación clara

Los detractores del actual proceso de paz han equiparado el término “confidencialidad” con “negociar de espaldas al país,” como si se tratara de asuntos equivalentes. No lo son.

Una cosa es la confidencialidad, que implica restringir y controlar de manera temporal y parcial la información que se divulga al público, con el fin de que las negociaciones no se conviertan en un espectáculo mediático (y que no se descarrilen por cuenta de ataques oportunistas), y otra muy distinta es “negociar de espaldas al país,” lo que sugiere la existencia de toda suerte de tratos sórdidos y oscuros, en abierta contravía de lo que se dice públicamente y de los intereses nacionales.

Con la publicación de los acuerdos parciales ha quedado en claro que el gobierno y las FARC han negociado de forma confidencial, pero no de espaldas al país. Dada la alta correspondencia entre, por un lado, lo divulgado previamente en los varios comunicados conjuntos y en los resúmenes de los acuerdos parciales y, por otro, los textos completos de los acuerdos parciales, se puede concluir que las teorías conspirativas carecían de sustento.

Se comprobó que la opinión pública ha tenido un conocimiento bastante fidedigno aunque parcial de lo que se ha negociado en Cuba, y no ha habido ningún engaño al pueblo colombiano de parte del gobierno de Santos.

Algunos objetarán que “el demonio está en los detalles” y que las ideas generales que fueron divulgadas en los comunicados conjuntos eran insuficientes para dar cuenta de qué se ha negociado concretamente con la guerrilla.

Pero incluso si no se hubieran publicado hace unos días los acuerdos parciales, conocer la totalidad de los contenidos hubiera sido una cuestión de tiempo. Aunque todavía no hay claridad sobre qué tipo de mecanismo de refrendación popular tendrán los acuerdos de paz (si es que se firman), está más que definido que ningún acuerdo de paz se adoptará sin el aval de los colombianos.

Es decir, los acuerdos de paz saldrán a la luz pública (en su totalidad) antes de adoptarse, y solo se adoptarán si lo pactado entre gobierno y FARC es refrendado por las mayorías.

La publicación de los acuerdos parciales ha servido para des-enrarecer el ambiente, pues hasta ahora los ataques del uribismo al actual proceso de paz se basaron en la difusión de falsos rumores.

El uribismo vendió a los colombianos la idea de que Santos estaba entregando el país al castro-chavismo, que estaba negociando con la guerrilla el fin de la propiedad privada, la reestructuración de las fuerzas militares y similares.

Con la publicación de los acuerdos parciales se disiparon esos rumores. Aunque, fiel a la premisa del “palo porque bogas y palo porque no bogas,” el expresidente Uribe ya descalificó los acuerdos parciales como una “claudicación frente al terrorismo”.

Solo una mente fanática y febril podría interpretar lo negociado en La Habana como una versión criolla del Manifiesto Comunista, y ningún lector va a encontrar en los textos publicados un llamado a expropiar masivamente tierras, a eliminar la propiedad privada, y mucho menos a reducir las fuerzas militares o a socavar las bases de la democracia.

Lo malo

Pero más allá de esto, divulgar prematuramente los acuerdos parciales también tiene inconvenientes, de los cuales quiero resaltar tres:

– El primero es someter al escrutinio público un texto inacabado y no definitivo. Eso es como mostrar una casa en obra gris, cuando nadie sabe realmente cómo serán los acabados, los espacios se ven engañosamente pequeños y tampoco hay una buena idea de cuánta luz entrará por las ventanas y claraboyas.

Igual que una casa en obra gris, un texto en construcción es mucho más vulnerable a las críticas que uno definitivo. Al contener propuestas en borrador y al causar incertidumbre sobre los aspectos que falta definir, los acuerdos parciales se prestan más a que los ataquen sin misericordia.

La decisión de publicar los acuerdos parciales fue una medida reactiva, precipitada y forzada por las circunstancias.

– El segundo problema consiste en divulgar apenas tres piezas de un rompecabezas más grande (y que está por concretarse). Dado que el actual proceso de paz funciona bajo el principio de que “nada está acordado hasta que todo esté acordado,” la visión de conjunto es realmente indispensable. Si se llega a un acuerdo de paz, este será como un todo, en el que difícilmente se podrán separar las distintas partes.

Yo anticiparía que, si hay un cierre de la negociación seguido por una refrendación popular de los acuerdos, no habrá posibilidades de aprobar unos puntos y rechazar otros. Es decir, o se aprueban o se rechazan los acuerdos de paz como un todo. Por eso es fundamental conocer el “paquete completo.”

Independientemente de que los colombianos aprueben o rechacen los acuerdos parciales que se han divulgado, solamente cuando conozcan el “paquete completo” podrán hacer un balance general y concluir si los “pros” de lo acordado compensan (o no) los “contra”. Conocer los acuerdos parciales de poco sirve si lo realmente importante es saber de qué manera encajan todas las piezas del rompecabezas.

– El tercer problema de la publicación prematura es que puede facilitar que los opositores de la paz negociada torpedeen lo pactado hasta ahora, incluso antes de que se llegue a un acuerdo sobre los puntos restantes de la agenda.

Por supuesto, es sano que se debata el contenido de cualquier acuerdo de paz en Colombia, pero es importante manejar los tiempos. Si la divulgación prematura de los acuerdos parciales fomenta un debate que enriquece las discusiones de La Habana, bienvenido sea.

Pero si sobre la base de los textos publicados algunos sectores opuestos a las negociaciones se dedican a ejecutar maniobras jurídicas buscando descarrilar lo negociado hasta ahora, existe el riesgo de que el gobierno y las FARC avancen en los puntos restantes de la agenda, y se encuentren después con obstáculos que los obliguen a renegociar temas en los que ya habían alcanzado un consenso.


El Presidente Santos responde sobre la publicación
de los acuerdos parciales de La Habana.
Foto: Presidencia de la República

Completar el rompecabezas

Analizar en detalle los contenidos de los acuerdos parciales rebasa los propósitos del presente escrito. No obstante, a partir de una lectura somera de los textos, se puede afirmar que parecen razonables: se dirigen a que el sector rural deje de ser la ‘cenicienta del desarrollo’, a brindar mayores garantías al ejercicio de la oposición política y a luchar contra del narcotráfico.

Son acuerdos complejos, incluyen mucho detalle e implican grandes retos en materia de ejecución de esas políticas. Incluso tienen varios aspectos que son controvertibles, pero eso es muy distinto de afirmar que planteen un derrotero para que Colombia siga los pasos de Cuba o de Venezuela.

Así queden varios puntos por resolver, ello no quiere decir que las ambigüedades e incertidumbres de los acuerdos se resolverán con la incorporación sin reparos de la lista de los deseos de las FARC.

Probablemente se divulgaron acuerdos “seguros,” en el sentido de que no tocan (o lo hacen superficialmente) los puntos más espinosos para las sensibilidades del país, como son las medidas de justicia transicional que se aplicarán a las FARC, la participación de los comandantes guerrilleros en política y el tema del desarme.

Esas son las definiciones que el país espera con ansia para finalmente completar el rompecabezas, dar el debate y tomar una decisión.

 

* Profesor asociado del departamento de Ciencia Política de la Universidad de los Andes.

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