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Las buenas conciencias, las buenas intenciones y ser responsable

Escrito por Diana González

Papá e hijo durante la marcha del Orgullo LGBTI en Nueva York.

Diana Beatriz González¿Hasta qué punto somos responsables de lo que hacemos o, incluso, de lo que hacen otros a nuestro alrededor? Este libro analiza uno de los temas filosóficos más antiguos de la humanidad: la responsabilidad.

Diana Beatriz González*

Ser responsable
Mark Platts
Instituto de Investigaciones Filosóficas, UNAM.
2012

Autonomía y libertad

La discusión sobre cuestiones como la libertad individual y la autonomía han estado en el centro de la reflexión de diversas disciplinas prácticas y empíricas: el derecho, la filosofía y la biología, entre muchas otras, han construido diversas teorías sobre cuál es el fundamento de esas nociones y cuáles los efectos de su reconocimiento y restricción.

Pese a que el debate ha estado abierto durante algunos siglos, las conclusiones de las diferentes posturas no han arrojado un acuerdo sobre estos conceptos y parece que, al menos en el mediano plazo, los desencuentros van a seguir siendo la regla en este campo.

Son varios los temas directamente relacionados con la autonomía individual y la libertad social y su alcance, entre los que están las obligaciones con otras personas (y, eventualmente, con uno mismo), los derechos de los que se es titular y el grado de responsabilidad que compete a las personas por sus actos, por los actos de terceros o por hechos ajenos a la determinación humana.

Tal vez un ejemplo sirva para la ilustrar cuáles son las posibles complejidades asociadas a estos conceptos.

En varios países de Latinoamérica se ha venido evaluando desde hace algunos años la constitucionalidad del trato desigual a las familias no constituidas por padre, madre e hijos. Vinculado con este debate sobre la diversidad de familias y sus derechos está el de la protección de la población LGTBI (lesbianas, gais, transexuales, transgénero, travestis, bisexuales, intersexuales) en los diversos espacios de socialización y, particularmente, en la escuela.

Las escuelas han sido por eso objeto de un escrutinio estricto sobre sus manuales de convivencia, muchos de los cuales discriminan a niños y niñas debido a su orientación sexual, y también en torno a su conducta institucional cuando enfrentan situaciones de acoso escolar hacia este grupo.

Aunque este tipo de casos sirven para ilustrar varias cosas, quisiera enfocarme en una de ellas: el argumento defendido por los grupos que se oponen a la reforma de los reglamentos y a la modificación de la conducta institucional hacia esta población.

Los legisladores, padres de familia, expresidentes, procuradores y demás afirman, a grandes rasgos, que se violenta el derecho a la autonomía de los colegios y de los padres de familia a educar a sus hijos según sus valores y no según los que se derivan de la ideología del respeto a la identidad sexual de las otras personas.

Algunas de las preguntas, entre muchas, que podría hacerse a este grupo es cuál es el alcance de esa autonomía que defienden o cuál es su responsabilidad sobre los efectos que esa educación tiene sobre el tipo de comunidad que esas posturas provoca. El libro de Mark Platts, Ser responsable, puede ayudar a plantear y entender esta cuestión de la responsabilidad desde a perspectiva de la reflexión filosófica.

La responsabilidad

El Procurador General Alejandro Ordóñez.
El Procurador General Alejandro Ordóñez.
Foto: Procuraduría General de la Nación

La cuestión de la responsabilidad por las propias actuaciones y por aquello que sale del control personal es el objeto de reflexión de este libro. Debido al carácter conceptual del proyecto filosófico adelantado por el autor, el texto se detiene en la discusión minuciosa y propositiva de varios de los temas que tienen que ser abordados en el análisis de lo que implica “ser responsable”.

En primer término, el libro se detiene en la precisión de lo que se entenderá por ese concepto y sus variedades. A continuación se dedica a asuntos medulares de la responsabilidad, como las obligaciones, los vínculos entre la coerción y lo voluntario, los derechos y, finalmente, se ocupa de uno de los temas más difíciles en torno a la autonomía individual: el problema de la responsabilidad objetiva respecto de actos o hechos de terceros.

Este escrito ofrece un mapa completo y complejo de la exploración filosófica adelantada por el profesor Platts en torno a estas cuestiones, cuya apariencia de obviedad muchas veces esconde lo difíciles que son.

El autor reitera y reelabora a lo largo del escrito la idea de que la responsabilidad está directamente relacionada con el de la posibilidad de justificar prácticas sociales. Entre estas prácticas sociales tal vez la que más popular es la de castigo jurídico, o coacción justificada por parte del Estado, y la posibilidad derivada de la restricción de la libertad individual.

Ante este carácter fundamental de las acciones ha habido dos posiciones tradicionalmente en choque, aunque, como sucede con casi todos los problemas difíciles, hay todo un rango de posiciones intermedias.

Estas dos polaridades son conocidas en la literatura filosófica como

  1. Determinismo, es decir, la ausencia de relación entre autonomía y acción individual,
  2. Voluntad libre, o vínculo directo entre libertad y conducta personal.

Ahora bien, debido al avance reciente de los métodos de indagación y análisis en campos como la filosofía del derecho, de la acción, del lenguaje de la mente, la metafísica, etc., la reflexión moral, que surge en buena medida de algunas porciones de esos campos, ha rebasado los términos tradicionales de la discusión restringidos a la elección entre determinismo y voluntad libre.

Debido a la diversidad de asuntos relacionados con la cuestión de la responsabilidad, Platts selecciona solo algunos problemas y métodos específicos y los estudia con un gran nivel de rigor e imaginación filosófica. Esa selección no lo hace subestimar el carácter pluralista propio de la fundamentación moral.

Frente a las diversas alternativas de explicación de esta institución en términos de un solo valor (utilidad, emociones, razón, Dios), propone emprender el desafío de un pensamiento sensible a la diversidad de prácticas y valores que lo integran

Una de las categorías que articula el libro es el de la intención. Lo articula no en el sentido en que esta sea defendida como algo central para la atribución de responsabilidad, sino, por el contrario, con el afán de poner en cuestión esa noción usualmente considerada como básica en los juicios de atribución: alguien es responsable por algo (un daño por ejemplo), si tenía la intención libre y positiva de lesionar.

No cabe duda de que el afán de realizar algo es importante, pero tal vez el carácter de ese afán y sus lazos con la responsabilidad individual son menos transparentes de lo que se cree. El reconocimiento de la complejidad de esa consciencia y de la posible ambigüedad del término “intención” proyecta líneas de análisis en las que la excusa de que alguien no tuvo la intención de dañar no agota el juicio de responsabilidad.

Los efectos

Ser responsable es un libro importante no solo para la deliberación filosófica en sus diferentes facetas, sino para la práctica social de la moralidad y del derecho. Ser responsable, según aprendemos de la exploración conceptual hecha por Platts, implica hacerse cargo de las propias acciones con toda la complejidad que implica y, eventualmente, de los efectos de acciones que no son ni individuales ni intencionales.

Para terminar me gustaría volver sobre el ejemplo de las familias diversas, los manuales de convivencia y la población LGTBI. En términos de la reflexión desplegada en el texto reseñado, no basta con afirmar la propia autonomía (individual, familiar, institucional) y la falta de intención positiva de dañar para, en efecto, no lesionar y no ser responsable por los efectos de esa acción.

Quienes atacan los esfuerzos de instancias estatales y privadas para cumplir con obligaciones no solo constitucionales, sino éticas, dirigidas a una población tradicionalmente maltratada y segregada, son responsables de sus decisiones. Son responsables, de hecho, no solo de las consecuencias próximas y particulares, sino de los efectos globales que su defensa de la exclusión y la estigmatizació provocan.

 

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