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Las muchas facetas de la memoria

Escrito por Tatiana Alfonso
Familiares de víctimas y sobrevivientes de las masacres en la inspección de Puerto Torres en Caquetá.

Familiares de víctimas y sobrevivientes de las masacres en la inspección de Puerto Torres en Caquetá.

Tatiana AlfonsoEste estudio sobre las huellas de la dictadura chilena muestra cómo no es una  sino muchas las memorias que pueden construirse alrededor de “un mismo” pasado. Hay mucho que aprender de esta experiencia para el futuro cercano de Colombia.  

Tatiana A. Alfonso*

La Caja de la Memoria del Chile de Pinochet (The Memory Box of Pinochet’s Chile),
Steve Stern
Durhan: Duke University Press
2006 – 2010.

Memorias de todos

La reconstrucción de la(s) memoria(s) sobre la violencia es un tema cada vez más presente en la opinión colombiana.

Después de muchos años en que las ciudades y sus élites cerraron los ojos ante el conflicto que nos devora, durante los últimos años hemos visto discurso cada vez más recurrente –aunque a veces etéreo- sobre la importancia de la memoria histórica, de nuestra memoria histórica.

Durante la última década hemos contado en Colombia con muchos andamiajes institucionales e iniciativas de la sociedad civil para reconstruir nuestra memoria violenta: para saber qué ha pasado, cómo han muerto y sufrido los habitantes de nuestros pueblos, ríos y selvas, quiénes han participado en estas acciones directa o indirectamente, cuáles han sido las formas de violencia y los motivos detrás de ella, y cómo lidiamos con toda la estela trágica de tantos años de desangre.

Detrás de todos estos esfuerzos, absolutamente indispensables en nuestro tránsito hacia una sociedad pacífica, hay algo que siempre me ha llamado la atención: la presunción de que la memoria es “nuestra”, sin que definamos bien quiénes somos “nosotros” y por tanto, qué es lo que contaremos sobre nuestro pasado, los recuerdos de quiénes subrayaremos y qué haremos con lo que se ha desvanecido –por el paso del tiempo o por conveniencia- de la memoria de los actores y espectadores del conflicto armado colombiano.

La memoria es el resultado de recuerdos selectivos, fragmentados, de batallas entre muchos actores, 

¿La memoria de quiénes es “nuestra” memoria histórica? ¿Y cómo la armamos? Estas preguntas han sido ampliamente discutidas en la academia y entre los defensores de derechos humanos, al punto de que el tema se considera como un sub-campo de los estudios históricos y como un capítulo obligatorio en todos los estudios y diseños institucionales sobre las transiciones a sociedades más democráticas y en paz.

Steve Stern es uno de esos historiadores que ha dedicado gran parte de su vida académica a analizar y comprender cómo se construyen las memorias sobre la violencia. Este historiador escribió tres volúmenes sobre el proceso de construcción de la memoria sobre la dictadura de Pinochet en Chile: La Caja de la Memoria del Chile de Pinochet (The Memory Box of Pinochet’s Chile). El análisis de Stern no sólo es un modelo de rigor histórico y analítico, sino un buen ejemplo para construir nuestra(s) memoria(s) del conflicto colombiano.

Los volúmenes de la memoria chilena

Manifestaciones en Santiago de Chile después de la muerte de Augusto Pinochet.
Manifestaciones en Santiago de Chile después de la muerte de Augusto Pinochet.
Foto: Chilean Desert Monster

En su trilogía sobre los procesos de construcción de la memoria histórica en contextos de transición a la democracia, Stern define la memoria como un proceso contencioso entre los recuerdos selectivos de los actores sociales, a través de los cuales le dan significado y legitimidad a la experiencia humana.  La memoria no es entonces el resultado de batallas de poder y legitimidad, no es única sino que existen múltiples memorias, y no son solo discursos políticos sino relatos que recrean lo que la violencia ha significado para los sujetos.

En el primer volumen, Remembering Pinochet’s Chile: On the Eve of London 1998,  Stern presenta un análisis de lo que significan los recuerdos sobre la violencia bajo la dictadura para los chilenos. Para esto reconstruye historias de vida tanto de personas que se opusieron a Pinochet, como de aquellos que lo apoyaron,  mostrando cómo la memoria es el resultado de recuerdos selectivos, fragmentados, de batallas entre muchos actores, y que la violencia adquiere significados diferentes de esos recuerdos.

El análisis de Stern en ese volumen es valioso para comprender que la memoria no funciona como la adopción de un discurso oficial o dominante sobre la violencia, sino que adquiere múltiples significados en las vidas de las personas y que en los procesos de superar los traumas colectivos es necesario reconocer esa dimensión semántica de la violencia y la memoria. No se trata entonces de construir un discurso que condene los hechos violentos, sino de comprender cómo sucedieron y lo que significaron para distintos tipos de personas en una sociedad.

En el segundo volumen, Battling for Hearts and Minds: Memory Struggle in Pinochet’s Chile, 1973-1988, Stern analiza con más detalle las batallas de poder alrededor de las interpretaciones del pasado. De acuerdo con los testimonios, discursos y archivos analizados por Stern, los chilenos tenían varias perspectivas diferentes acerca de sus vidas y de los eventos ocurridos bajo la dictadura.

Mientras algunos preferían pensar en la violencia dictatorial como algo del pasado que debía ser olvidado, otros preferían recordarlo constantemente para no olvidar la violencia desde el Estado. Muchos otros lo revivían como constante persecución y angustia, y algunos otros como un régimen que los había salvado del comunismo.

Tal vez lo más interesante y convincente del análisis de Stern en este volumen es la forma de hace evidente cómo cada una de esas interpretaciones fue más importante y legítima en su momento histórico respectivo. Esto significa que la batalla entre las diferentes versiones sobre la violencia y el pasado da por ganadora a una perspectiva consistente con el momento político que se vive. Esta se convierte en la memoria oficial. Aquellos que defienden otras versiones e interpretaciones luchan constantemente por hacer de su interpretación una versión oficial y dominante sobre el pasado.

Es muy importante pensar entonces cómo estamos construyendo nuestras memorias oficiales, las voces de quiénes se oyen y cuáles se silencian en nuestras memorias del pasado. Lo que trae el argumento de Stern a la discusión es la naturaleza múltiple y cambiante de las memorias sobre el pasado, un hecho que debería ayudar a reflexionar siempre sobre lo que se dice y lo que se calla -y sobre las razones para esos silencios-.  

No se trata entonces de construir un discurso que condene los hechos violentos, sino de comprender cómo sucedieron.

En el tercer volumen, Reckoning with Pinochet: The Memory Question in Democratic Chile, 1989 – 2006, Stern  analiza las condiciones específicas bajo las cuales la sociedad chilena comenzó a pensar seriamente en la posibilidad de quitarle el poder a Pinochet y restaurar la democracia, así como los retos constantes para mantener una sociedad democrática y superar el trauma colectivo de la dictadura.

En este volumen, Stern hace un análisis desde las negociaciones para la transición, pasando por el arresto de Pinochet en Londres en 1998, el trigésimo aniversario de la toma del poder por parte de los militares en 2003 y, finalmente, la muerte de Pinochet en 2006.

Para Stern, las batallas de la memoria en Chile han sido protagonizadas por élites políticas, activistas de derechos humanos, comunidades de víctimas e instituciones legales, y los logros democráticos son el resultado de un proceso constante y acumulativo de esfuerzos por denunciar las atrocidades.

Memoria y democracia

Miembros de la Junta Militar que derrocó al Presidente Salvador Allende.
Miembros de la Junta Militar que derrocó al Presidente Salvador Allende.
Foto: Wikimedia Commons

En esta lucha por mantener la democracia, la memoria juega un papel fundamental porque a la vez que sirve para tener presentes los valores democráticos, debe reconocer los significados y justificaciones sociales e individuales que la violencia –en nuestro caso en el conflicto armado- tiene para diferentes actores.

Las memorias que reconocen el significado y la experiencia vital de los sujetos, son también más útiles para prevenir la repetición. Es ahí cuando el “nunca más” que cada día oímos repetir en Colombia adquiere sentido social.

Cuando Colombia alberga grandes expectativas sobre los acuerdos de paz, y ante la cercanía del posconflicto, vale la pena volver sobre los análisis de memoria histórica y reflexionar sobre la necesidad de conocer nuestras múltiples memorias, sin estigmatizar ni condenar, sino para comprender sus significados y usar los recuerdos para no repetir el drama de la violencia y el despojo de nuestro país.

 

* Estudiante de doctorado en Sociología de la Universidad de Wisconsin-Madison.

 

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