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Justicia para todos ¿y todas?: el privilegio de decir “privilegio”

Escrito por Diana González
Concepción tradicional de familia

Concepción tradicional de familia

Diana GonzalezUn clásico al que vale la pena regresar mientras siga vigente el debate sobre el papel de la mujer en las instituciones políticas y no políticas, y mientras no sean resueltas de verdad las inequidades de género que siguen afectando a todos los países.    

Diana González*

Justice, Gender, and the Family
Susan Moller Okin
Basic books
1991, 224 págs.

Un filósofo influyente y el feminismo

Hace 15 años falleció John Rawls, uno de los filósofos más importantes del siglo XX.

La obra de Rawls tuvo un gran impacto debido a que actualizó los debates sobre las teorías de la justicia y las reformuló en los términos clásicos del contractualismo de los siglos XVII y XVIII.

Rawls además reincorporó al debate público la discusión sobre cuáles  principios deben  gobernar la distribución de cargas y recompensas en la sociedad, y sobre cuándo las desigualdades resultan ser justas.

Su obra más conocida, Teoría de la justicia, tuvo el gran mérito de suscitar o revivir debates esenciales sobre el modo correcto de organizar la vida en sociedad. En esta reseña quiero referirme a las objeciones que recibió la obra de Rawls por parte de la academia feminista, y particularmente por parte de Susan Moller Okin, quien había sido su alumna  en la universidad de Oxford.  

La división del trabajo entre sexos da pie a injusticias que afectan a todas las mujeres y los niños.

Justicia, género y familia es un texto que se encuentra entre la teoría política, la filosofía política y la revisión de estudios empíricos sobre las desigualdades de género, y que contiene recomendaciones sobre política pública. Por su contenido multidisciplinario -y la intención de la autora- el lenguaje del texto es fresco y la redacción es fluida, con ejemplos concretos que facilitan la comprensión de conceptos complejos o polémicas difíciles de entender.

De textos a experiencias personales

¿Igualdad entre géneros?
¿Igualdad entre géneros? 
Foto: Alcaldía de Bucaramanga 

Al releer el libro de Moller Okin recordé algunos eventos que, después de leer su texto, comencé a ver “con otros ojos”.

Hace un par de años una amiga publicó en Facebook una nota acerca de la violencia  contra  las mujeres, especialmente la que ejercen algunos defensores sociales. Aquí señalaba que existe una incoherencia entre el discurso de izquierda en defensa de los derechos humanos y el lugar de las mujeres en las organizaciones que trabajan por los derechos humanos.  

Según decía mi amiga, muchos de los activistas combatían públicamente crímenes que resultaban reproduciendo en sus casas, y esto de alguna manera se debía al ejercicio de los privilegios masculinos dentro de los movimientos sociales y la izquierda política (una controversia que por supuesto afecta al propio Marx y al “machismo-leninismo”). 

A esta publicación un chico contestó que todo estaba bien, pero que no llamara “privilegiados” a los “compañeros”, que el “privilegio” se mide en términos de ingreso y de situación socio-económica y que por eso los activistas, maltratadores o no, no eran privilegiados.

Quien escribió el comentario no ofreció una alternativa terminológica sino que dejó claro que no estaba bien que mi amiga utilizara una palabra que ya tiene dueño y enemigo identificado.

Como esta historia recuerdo muchas más que a pesar de parecer insignificantes -o considerarse enemigas del movimiento social- son muy significativas. Justicia, género y familia intenta explicar por qué estas actitudes son tan solo el síntoma de una situación general: la división de género que caracteriza a las sociedades donde todos vivimos.

Los roles de la mujer

Moller Okin parte de una idea simple pero muy importante: la división del trabajo entre sexos da pie a injusticias que afectan a todas las mujeres y los niños, aunque no afecte a todos de la misma manera.

Una de las condiciones básicas para que puedan aplicarse los dos “principios de justicia” que propuso Rawls consiste en que los ciudadanos tengan un sentido de justicia. Pero si la escuela donde se desarrollan las sensibilidades morales del ciudadano es una familia que tiene una división inequitativa del trabajo difícilmente habrá sujetos con un sentido de justicia como el que busca Rawls.

Por eso según Susan Moller, una de las dificultades más severas que enfrentan las mujeres en estas sociedades es el papel de madre que se les asigna:  una madre debe asumir  plenamente la crianza de los hijos mientras ejerce su rol como miembro funcional en el mercado laboral.

La dificultad anterior se traduce en las cifras sobre la pobreza en todos los países del mundo, donde la incidencia e intensidad de esta situación son mayores para las mujeres que para los hombres. En todas las sociedades modernas, los salarios de las mujeres son más bajos y el total de horas consagradas al hogar son mucho mayores.

Y sin embargo los teóricos de la justicia –incluyendo a Rawls y a quienes le siguieron- pasan por alto la familia y la inequidad de género. Aunque una de sus preocupaciones centrales sea el por qué las personas deban recibir un trato diferente, no toman realmente en cuenta el peso de la discriminación dentro de la familia nuclear.

Por instituciones más equitativas

Filósofo estadounidense, John Rawls.
Filósofo estadounidense, John Rawls.
Foto: Wikimedia Commons 

El libro de Moller Okin – que a su propia manera es un clásico comparable al de Rawls-   resalta cómo en la filosofía clásica –en Aristóteles o  en Kant- la división social de los sexos y la inferioridad de la mujer eran ideas sostenidas sin ninguna timidez. De hecho, muchos filósofos argumentan a favor de la relación de inferioridad natural de la mujer y las consecuencias que esto tiene en la división del trabajo y la ocupación de las esferas pública y privada.

Para los filósofos contemporáneos en cambio, la familia no es una institución política y por lo tanto no es necesario debatir al respecto. La autora recuerda cómo para Rawls la familia es una institución justa, así que no es estrictamente necesario discutir su división interna del trabajo, la distribución del poder, las responsabilidades diferenciadas y el privilegio (que me disculpe el compañero si utilizo esta palabra).

Los salarios de las mujeres son más bajos y el total de horas consagradas al hogar son mucho mayores.

Pero Moller insiste que lo político es personal: no hay tal división neutra y natural entre la calle y la casa. La crianza de los hijos sigue siendo asignada casi siempre a  las mujeres. Este hecho es crucial -como lo ha sido durante muchísimos años- en la formación de identidades de género y en la asignación de las oportunidades. Estos son los sujetos, criados de esta manera, de quienes  se esperan un sentido de justicia y una motivación para actuar en consecuencia.

Las teorías de la justicia, empezando por la de Rawls, parten de la idea de un individuo proveniente de una familia patriarcal y tradicional. Es una de las instituciones básicas para cualquier teoría de la justicia, que sin embargo no resulta penetrada por esas teorías. El uso del género neutro o de artículos gramaticales femeninos y masculinos no subsanan el hecho de que cualquier institución puede ser terriblemente inequitativa.

Según Moller, en una sociedad justa la estructura y las prácticas familiares deberían darles las mismas oportunidades a mujeres y niñas de desarrollar sus capacidades, participar del poder político, influir sobe las decisiones comunes y tener autonomía económica. Las familias deben ser justas por muchas razones pero, primordialmente, porque son las escuelas de enseñanza moral de los ciudadanos.

En suma, el libro vuelve muchas veces -y qué bueno que lo hace- sobre el argumento de que una sociedad auténticamente comprometida con la igualdad de sus miembros y la justicia en la distribución de cargas y beneficios no ignora a las familias, ni da por sentada la justificación de su estructura interna.  

Estoy segura de que la discusión feminista sobre los temas que plantea Moller Okin ha avanzado muchísimo desde la publicación de Justicia, género y familia. En todo caso, este es un texto que puede ser un buen comienzo para quienes están interesados en asuntos de justicia y al que sin lugar a dudas vale la pena volver.

Ojalá que lleguemos a la sociedad que esboza Susan Moller, regida por principios razonables de justicia social y donde no se siga discutiendo si las mujeres tenemos el derecho de usar determinados adjetivos para calificar a la izquierda, a la derecha o al centro.  

*Estudiante de doctorado en Filosofía de la Universidad Nacional Autónoma de México.

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