
El experimento de la consulta legislativa del Pacto Histórico
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El principal aporte será el de poder examinar un experimento democrático que marcará, con sus resultados, el incentivo o no a encontrar formas de reorganización de los partidos políticos y caminos para reconectar las organizaciones políticas con la ciudadanía en un escenario multipartidario fragmentado.
La adopción de primarias legislativas por parte del Pacto Histórico asume el acumulado de democracia interna del Polo Democrático Alternativo, una de las primeras organizaciones partidistas en Colombia en institucionalizar la selección democrática de autoridades. Pero también representa la necesaria evolución de un partido cuya vocación por el uso de la lista cerrada obliga a externalizar la toma de decisiones para solventar las disputas de poder por la conformación de la lista.
Aunque el ruido de las primarias internas presidenciales —que, en un sistema personalista y presidencial como el nuestro, concentran la atención pública— ha sido mayor, las primarias legislativas del Pacto merecen más atención de la que les ha dado la prensa, tanto por ser adelantadas por un partido de gobierno como por su extensión, al cubrir la totalidad de los departamentos y estar destinadas tanto al Senado como a la Cámara de Representantes.
Sus resultados, que serán altamente escrutados —especialmente desde la variable injustificada de los costos de los procesos electorales—, pueden no solo definir la continuidad o no como fuerza política mayoritaria de la izquierda, sino también, a la larga, contribuir a la reconfiguración del sistema de partidos colombiano e impulsar la normalización en nuestro sistema de las primarias legislativas.
Los experimentos de las primarias legislativas en Colombia
Las primarias internas son un mecanismo de democracia interna. Su incorporación es tanto una expresión del deseo de las militancias dentro del partido de obtener más poder y participación en las decisiones de las organizaciones, como una búsqueda de mecanismos para externalizar las disputas internas y evitar la división del partido. Son también una vía para relegitimar los partidos frente al electorado.
Su uso es un tema de continuo debate. La experiencia internacional muestra que las primarias pueden mejorar la competencia de los partidos políticos, pero también incentivar disputas internas y reducir la competitividad.
En Colombia tenemos una larga experiencia en primarias para cargos presidenciales, tanto así que las últimas presidencias han provenido del uso del mecanismo en el marco de coaliciones interpartidarias. Esta primacía en el cargo presidencial es posible dada la relevancia del cargo y su carácter uninominal. En cambio, para las legislativas, aunque hay experiencias valiosas, la lógica del diseño institucional colombiano desestimula su uso.
La primacía de las listas abiertas, herederas del sistema de múltiples listas usado entre las décadas de 1980 y 1990, ha hecho que la competencia legislativa no sea únicamente entre partidos, sino principalmente entre copartidarios. No es de extrañar que, a diferencia del resto de países, se tuviese que crear una Ley de Bancadas para obligar a los legisladores a actuar como el sentido común obliga: como una bancada.
En un formato de listas cerradas, introducidas como opcionales por la reforma de 2003, es coherente tener procesos participativos o electorales para definir la organización de la lista, ya que con ello se evita la tiranía del “bolígrafo” de las directivas partidarias, pero también se externalizan las tensiones internas, lo que permite que sea la fuerza de la militancia o los simpatizantes la que decida la distribución de fuerzas.
Además, hay que resaltar que las listas cerradas no fueron, hasta 2014, de uso por ningún partido mayoritario. En aquel año, la renovada congregación de fuerzas uribistas, con el expresidente a la cabeza, compitió de forma eficaz con dicho mecanismo; pero para 2018, el surgimiento de nuevas figuras políticas emergentes dentro del Centro Democrático presionó y efectivamente logró abrir las listas, justo cuando recuperaron el poder presidencial.
Tampoco resultan eficientes las primarias legislativas en un escenario de multipartidismo fragmentado, ya que, dada la diversidad de partidos o logos partidarios, cualquier candidatura perdedora o inconforme con los resultados o procesos de una interna puede saltar a otra organización política sin sanciones sociales de ningún tipo.
En Colombia ha habido experiencias previas de primarias para el Legislativo. Históricamente, el partido MIRA ha usado dicho mecanismo para la selección de sus candidaturas tanto al Senado como a la Cámara, pero, al ser un partido minoritario, los efectos y dimensiones de las votaciones no fueron relevantes, y además se mantuvo la primacía de las pocas candidaturas a reelección, por lo que en la práctica fueron irrelevantes.
Los partidos tradicionales, en especial el Partido Conservador, apostaron fuertemente entre 2006 y 2010 por el uso de dicho mecanismo en algunos distritos de Cámara de Representantes como vía para lograr la reincorporación al seno del partido de algunas disidencias. Dichos procesos, adelantados en distritos tan relevantes para el partido en aquel tiempo como Valle del Cauca, Huila y Boyacá, produjeron resultados mixtos. En algunos casos permitieron la consolidación de grupos políticos locales contrarios a los grupos nacionales, lo que llevó incluso al mejoramiento de la competitividad en elecciones nacionales y locales posteriores.
Pero en otros casos, la realidad política nacional se impuso. En algunos de estos distritos, la mermada competitividad del Partido Conservador, sumada al respeto de las curules a reelección, convirtió en convidados de piedra dentro de la lista a las nuevas figuras impulsadas por las consultas. En otros casos, las disputas entre facciones llevaron a casos de violencia política e incluso al asesinato de uno de los ganadores de la disputa.
El Partido Liberal, en menor medida y con especial concentración en el sur del país, usó dichos mecanismos, con la paradójica situación de que incluso entre los promotores, más que llevar a la consolidación de una lista única, se impulsó la reinvención de la inscripción de múltiples listas, promoviendo incluso la construcción de candidaturas por firmas entre las figuras perdedoras de la contienda interna.

El tamaño de la consulta
La combinación entre la falta de incentivos en el diseño institucional y el carácter de partido de gobierno son datos que alientan a mirar con atención la consulta, aun cuando la falta de transparencia interna del Pacto, sumada a la desarticulación de la prensa política como género periodístico en el país, genera una falta de información concreta y verificable sobre el proceso.
El Pacto ha convocado a elecciones para construir sus listas tanto en Cámara como en Senado, lo que implica un despliegue electoral enorme. Los registros de la Registraduría señalan un total de 538 candidaturas registradas, aunque las páginas del partido, aún desactualizadas, mencionan un registro inicial de 814 precandidaturas. Además, a diferencia de otras experiencias, en esta, tanto congresistas en ejercicio como herederos de congresistas que aspiran a ascender al Senado o que se retiran temporalmente del debate electoral, compiten junto con figuras locales y estructuras de base.
En Cámara, un aproximado de 393 candidaturas —el 34 % de ellas mujeres— compiten por un lugar en una lista cuya pasada votación les permitió obtener 28 escaños para el período 2022-2026. Compiten por la reelección doce representantes actuales (el 43 % de la lista), mientras que diez aspiran a llegar al Senado. En el Senado, las listas convocan a 144 candidaturas —el 30 % de ellas mujeres— que aspiran a un lugar en el tarjetón de marzo; de estas, once son senadores y senadoras en ejercicio, el 58 % de la bancada actual.
¿Qué esperar?
La fuerza electoral del Pacto será objeto de un intenso escrutinio. El problema es que poner un “mínimo” de votos esperable resulta problemático dado el carácter novedoso del proceso: primero, porque la coalición que ahora configura el Pacto no ha convocado previamente a otros procesos internos fuera del calendario de elecciones legislativas; y segundo, porque tampoco se ha realizado una elección de legisladores bajo este formato.
Sin duda, sin importar el número, para los afectos al Gobierno será una demostración de la persistencia del núcleo duro de militantes; mientras que, para los opositores, será una muestra de la debacle de la izquierda. También es de esperar que el ruido se concentre en la crítica ya clásica a los costos de la democracia interna, crítica entendible debido al innecesario despliegue de la plataforma electoral nacional de la Registraduría para tal proceso, así como por el énfasis en los costos por sobre la discusión de los beneficios colectivos o las reformas necesarias para hacer de las primarias algo más eficaz y ponderado para nuestras necesidades democráticas.
Pero, pasado el ruido, el principal aporte que quedará será el de poder examinar un experimento democrático que marcará, con sus resultados, el incentivo o no a encontrar formas de reorganización de los partidos políticos y caminos para reconectar las organizaciones políticas con la ciudadanía en un escenario multipartidario fragmentado.
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Acerca del autor

Camilo Cruz Merchan
*Politólogo de la Universidad Nacional, doctor en Ciencia Política de la UNAM, docente Programa de Estudios Políticos y Resolución de Conflictos, Universidad del Valle.
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Los partidos modernos son organizaciones formadas por militantes carnetizados, u organizados democráticamente, de tal modo que no solo las directivas y jefaturas sean el producto de una democracia interna, sino también los programas, al través de Congresos o también de consultas entre la militancia carnetizada. Pero, en Colombia, la mayoría de los partidos no están organizados de tal manera. De tal modo, que, y esto ya ha sido anotado por alguno de los analistas de «Razón pública», cualquier ciudadano puede participar en la consulta de un partido, así no sea su partido, ni vaya a votar por sus candidatos. De tal modo, que algún candidato podría ganar una consulta gracias a los votos de miembros o simpatizantes de corrientes políticas adversarias. ¿Cómo comprobarlo? Si un candidato obtiene más votos en una consulta, que en las elecciones definitivas.