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El Parlamento Andino casi se queda en blanco

Escrito por Germán Prieto

Germán Prieto

Análisis de las elecciones andinas en Colombia y en los países vecinos, y de por qué sus resultados fueron lánguidos. Puede que la CAN no sirva hoy de mucho, pero si hay integración, tiene que ser con participación ciudadana.

Germán Camilo Prieto Corredor*

Un compromiso atrasado

Desde 1997 la Comunidad Andina (CAN) determinó la elección directa de los representantes nacionales a su Parlamento. El Protocolo Adicional al Tratado Constitutivo de este órgano, suscrito en la ciudad de Sucre (Bolivia) el 23 de abril de ese año, estableció un plazo máximo de 5 años para que los países miembros organizaran los comicios con este fin. Hasta el día de hoy, sólo Venezuela (hoy ya fuera de la CAN) en 1998 y 2000, Ecuador en 2002 y 2009, y Perú en 2006, habían dado cumplimiento a esta disposición. Bolivia aún no ha realizado sus primeras elecciones de parlamentarios andinos (aunque su Constitución ya fue adaptada para tal fin), y Colombia apenas lo hizo el pasado 14 de marzo.

En estas circunstancias, y desde su creación en 1979, los representantes de los países andinos al Parlamento han venido siendo designados por los parlamentarios nacionales, hasta tanto no se realizaran elecciones directas por sufragio universal. 

¿Repetir las elecciones?

El resultado de las elecciones de Parlamento Andino en Colombia fue bastante precario[1]: con el 93,27% de las mesas informadas, el total de votos en blanco, 1.445.999, superó al total de votos por el partido mayoritario (Partido de la U), que obtuvo 1.277.559 votos. Al principio muchos creyeron que las elecciones debían repetirse porque el voto en blanco había ganado. Pero, como explicó el Registrador Nacional, el total de votos por listas, 5.565.056, fue superior al de votos en blanco, y al no constituir estos últimos la mayoría (la mitad más uno) del total de votos válidos, la elección de parlamentarios andinos no debe repetirse.[2]

Votantes desinteresados o desinformados

Sin embargo los datos dan una sensación de fiasco sobre estas elecciones. La abstención fue cercana al 65%, mientras que en las elecciones de Congreso fue del orden del 55%. De un total de 9.807.758 sufragantes, hubo 610.217 votos nulos, y 2.186.486 sin marcar. Esta última cifra es la que más llama la atención: ¿por qué hubo más de dos millones de votantes que depositaron el tarjetón sin hacerle marca alguna? Si sumamos estos votos con los votos en blanco tenemos que 3.632.485 sufragantes (37% del total) no quisieron votar por ningún candidato para representar a Colombia ante este organismo regional.

Pero también es posible que muchas de estas personas no hayan entendido por qué ni para qué votar por parlamentarios andinos. Aun cuando diéramos por hecho que todos los votos en blanco fueron una forma de rechazo a los candidatos o a las elecciones -algo que bien podría aplicar también para los votos sin marcar-, tenemos que casi una cuarta parte de los sufragantes "no participó" en la elección de parlamentarios andinos, es decir, a pesar de que votó (dado que depositó el tarjetón en la urna), en la práctica se "abstuvo".

Esto no sucedió sólo en la elección de parlamentarios andinos. En las elecciones de Senado, por ejemplo, de acuerdo con el boletín No. 42 de la Registraduría (93,82% de las mesas informadas), hubo 473.351 votos sin marcar. Y es aquí donde la cifra de votos sin marcar en las elecciones de parlamentarios andinos se vuelve más significativa. Si comparamos ambas cifras, en las elecciones de Senado sólo el 3,6% del total de votos fueron votos sin marcar, mientras que en las elecciones de Parlamento Andino la cifra fue 22,3%. Lo cual probablemente significa que, para casi una cuarta parte de los votantes, elegir candidatos al Parlamento Andino o participar activamente -marcando el tarjetón- en estas elecciones no estaba dentro de sus planes. En cualquier caso, los votos en blanco y los votos sin marcar suman una cantidad suficiente como para considerar estas elecciones como un mal comienzo en el camino de cumplir la normatividad andina.

¿Cómo se ha votado en los otros países andinos?

Vale la pena observar lo sucedido en los otros tres países que han realizado este tipo de comicios. Sin embargo, y a manera de indicio, llama la atención la dificultad para encontrar cifras sobre tales comicios en el Internet (por cierto, al tiempo que escribía este artículo la página oficial del Parlamento Andino permaneció caída).

  • Para Venezuela, que fue el primer país en realizar elecciones directas, y que desde 2006 (cuando se retiró de la CAN) participa en el parlamento regional como país observador -al igual que Chile-, sólo me fue posible encontrar datos de las elecciones de 2000. Allí, de un total de 6.561.160 votantes, hubo 3.958.298 votos válidos (60%) y 2.602.862 fueron votos nulos (40%). En aquel entonces las elecciones al Parlamento Andino se hicieron al tiempo con las presidenciales y parlamentarias generales, no hubo lugar para votos en blanco y la abstención fue del 44%.[3]
  • En 2006, Perú realizó por primera vez este tipo de comicios. Según el informe del Jurado Nacional de Elecciones (máxima autoridad electoral de ese país), hubo un total de 8.531.432 votos válidos (58,33% del total de 14.625.231 votantes) para escoger candidatos al Parlamento Andino, mientras que 4.133.233 votos fueron en blanco (28,26%) y 1.960.566 votos fueron nulos (13,41%) -o sea que más de 6 millones de personas no dieron su voto a nadie. Según reza este informe, ganó el voto en blanco, pues fue muy superior a los obtenidos por las votaciones más altas, que fueron para los partidos Unión por el Perú (2.044.863), Partido Aprista Peruano (1.927.836) y Unidad Nacional (1.812.385). Sin embargo, en esta ocasión las elecciones no tuvieron que repetirse pues el total de votos válidos (es decir, los votos que se contabilizaron por los diferentes partidos y candidatos), sumó 8.531.432. La abstención en estas elecciones, que se hicieron al tiempo que las parlamentarias y las presidenciales, fue del 12, 3%.[4]
  • La página del Consejo Nacional Electoral de Ecuador no registra cifras de las elecciones de 2002. Pero el caso de las elecciones de 2009 llama la atención no sólo por sus altos índices de participación (75% del total de los potenciales electores) sino también por el porcentaje de votos para los candidatos al Parlamento Andino. De un total de 7.872.716 votos, 5.287.638 fueron válidos (67%), 484.528 (6%) en blanco y 2.100.550 fueron nulos (27%).[5]

En ninguno de los casos anteriores hay cifras disponibles sobre los votos sin marcar. Tendremos que asumir que fueron considerados como nulos. Con todo, de manera general podemos observar que en los tres casos hubo entre un 30% y un 40% de electores que, ya sea por desinformación, desinterés o rechazo, no dieron su voto a ningún candidato. En Colombia, si sumamos los votos en blanco más los votos nulos más los votos sin marcar, este porcentaje corresponde al 43%. Estas cifras dan una clara sensación de que el Parlamento Andino no goza de mucho interés entre los "pueblos andinos".

¿Qué sucedió en Colombia?

Bien ameritaría conocer el por qué de esta situación en todos los países miembros de la CAN. Por ahora me atrevo a ofrecer un breve análisis sobre el caso colombiano, del que seguramente algunos elementos podrían aplicar a nuestros "hermanos" andinos.

Entre los candidatos, las autoridades y la opinión pública la explicación casi unánime ha sido que faltó divulgación[6]; los analistas coinciden en que la gran mayoría de colombianos no sabe qué es el Parlamento Andino, ni para qué sirve, ni siquiera que en las elecciones del 14 de marzo había que escoger a los representantes ante ese organismo.[7] Muy bien, la explicación del fiasco de las elecciones andinas en Colombia es que faltó mucha, mucha información; lo que hay que explicar entonces es porqué faltó información. Tres son las respuestas que podrían considerarse:

1. Ni la CAN, ni el Parlamento Andino ni los Gobiernos nacionales comunican

La primera respuesta es la falta de divulgación que existe sobre el proceso de integración andina, el cual existe desde hace 40 años. En este tiempo no ha habido mayores avances en términos de lo que técnicamente involucra la integración entre Estados, que es básicamente la cesión de poder soberano a organismos comunes. A día de hoy, el logro más significativo de la CAN es la formación de una unión aduanera imperfecta que tan sólo logró completarse en 2005, después de varios titubeos de Ecuador, pero sobre todo de Perú, para cumplir con los cronogramas de desgravación arancelaria.

Sin embargo el proceso de integración existe, se mantiene, y son muchas las instituciones que lo componen, entre ellas el Parlamento Andino. Entre otras cosas, los Estados miembros de la CAN han hecho acuerdos de gran alcance, como la instauración de una Política Exterior Común, la creación de Zonas de Integración Fronteriza -que involucran a las comisiones fronterizas binacionales -, la adopción de un Plan Integrado de Desarrollo Social y la formulación de un plan ambiental regional (BIOCAN), por mencionar algunos de los más significativos. Y todos estos acuerdos, de los que poco se ha cumplido, se han hecho sin divulgar ni un ápice de sus cláusulas, igual que los TLCs, con escasísima participación de las comunidades indígenas, de los sindicatos y de los empresarios -las únicas agrupaciones sociales que mantienen cierto contacto con la CAN- y con nula participación de los partidos políticos (¡excepto a través de los parlamentarios andinos!), las ONGs, los movimientos sociales, y otras formas de organización de la sociedad civil.

Mantener la institucionalidad de la CAN cuesta dinero, y cada país aporta una suma considerable cada año, por ejemplo, 2.2 millones de dólares en el caso colombiano en 2007 (en la página web de la CAN no hay cifras de los años posteriores).   

Entre las funciones del Parlamento Andino está aprobar y controlar la ejecución del presupuesto comunitario. No dudo de que lo haga. Pero el control que los Legislativos nacionales ejercen sobre la política de integración andina es nulo, al igual que el que se hace sobre la política exterior en general, en particular en el caso colombiano. Así, la CAN no divulga (aparte de su página web), el Parlamento Andino tampoco, y los Gobiernos nacionales, menos. Y si ni siquiera el Congreso de la República le hace control político a lo que hace Colombia en la CAN, ¿cómo podemos esperar que los ciudadanos y las ciudadanas sepan qué es el Parlamento Andino?

2. Los medios no hablan de la CAN 

Vale la pena consultar la página web de la CAN (www.comunidadandina.org) -por favor no insistan, se trata de la Comunidad Andina, no de la Comunidad Andina "de Naciones"- para darse cuenta de la magnitud del proceso de integración, no en términos de grandes avances comerciales, sino en términos de programas, organismos, foros, políticas, negociaciones, etc. Es una página con algunos problemas de actualización, pero que ofrece estadísticas y datos relevantes, y logra transmitir el espíritu integrador.

Sin embargo, la divulgación que hacen los medios de comunicación sobre las actividades de la CAN es muy pobre, aunque puedo dar fe (porque es un tema que investigo desde hace varios años y que hace parte de mi tesis doctoral) de que es mucho mayor en Bolivia, Ecuador y Perú que en Colombia. Esto es paradójico, pues en términos materiales, Colombia es el país para el cual la CAN tiene mayor relevancia, ya que durante la década pasada se convirtió en el principal mercado para sus manufacturas. Aun así, nadie en Colombia habla de la CAN, excepto los funcionarios de la Cancillería, del Ministerio de Industria y Comercio Exterior y algunos más de otros ministerios encargados de seguir los respectivos convenios sectoriales. Pero rara vez lo hacen para los medios, seguramente porque rara vez los medios preguntan por ello.

3. Uribe y su anti-integración

Para quienes lo hayan olvidado -en ocho años es fácil olvidar este tipo de cosas, aunque dudo que algún uribista "pura sangre" se haya preocupado por recordarlo alguna vez-, el punto 92 del Manifiesto Democrático de 100 puntos de Álvaro Uribe señalaba que "La Comunidad Andina no necesita salvar la apariencia sino una férrea decisión política de recuperación".

Como en tantos otros puntos de ese Manifiesto (también deberían revisarlo para evaluar seriamente la doble gestión del aclamado presidente), Uribe hizo exactamente lo contrario, e incluso -en este punto- a duras penas guardó las apariencias. Nunca quiso negociar alguna política de seguridad regional ni de "lucha contra el terrorismo" con los países andinos (en cambio prefirió hacer un acuerdo militar con Estados Unidos). Chávez ya estaba allí desde 2002, pero Morales y Correa no, y en Perú no ha habido presidentes "no varones". Nunca hizo nada para rescatar el mecanismo de Política Exterior Común. Nunca manifestó interés en revivir la CAN. Prefirió romper el bloque andino junto con Perú, negociando un TLC independiente con Estados Unidos. Prefirió bombardear Ecuador en lugar de coordinar esfuerzos con el gobierno de ese país. Prefirió las vociferaciones y los alegatos por los micrófonos con Chávez y Correa antes que los Consejos Presidenciales Andinos y los canales diplomáticos. En resumidas cuentas, Uribe quiso desintegrar la CAN, aunque nunca lo hizo explícito. Y si lo que el presidente dice es lo que sale en los medios, pues lo que no dice no sale. Y como Uribe nunca mencionó a la CAN, ni siquiera para hablar mal de ella, los medios tampoco lo hicieron. Y así, en materia de integración, al igual que en las elecciones de parlamentarios andinos el pasado 14 de marzo, Colombia se quedó quasi blanqueada, como están las páginas de los medios nacionales al respecto. ¿Falta de información? Claro. Obvio. 

¿No más CAN? Al menos no sin participación social y democrática

Durante los últimos cinco años, desde el grupo de investigación "DEMOSUR" sobre integración y democracia en Suramérica (hasta hace poco albergado en la Universidad Nacional de Colombia), hemos venido promoviendo una reflexión sobre la importancia de democratizar la integración regional y la política exterior en general.[8] Una de las razones que proponemos para explicar los escasos logros en materia de integración en la zona andina y en el resto de Suramérica, es el excesivo presidencialismo e "inter-gubernamentalismo" que enmarca los procesos de integración regional y la política exterior en general. Tales políticas siempre han estado exclusivamente en manos de presidentes, ministros y altos funcionarios, sin que ni siquiera los Congresos nacionales se hayan involucrado de manera proactiva en el asunto. El bajo estatus del Parlamento Andino, que fue creado desde hace 30 años para representar a los pueblos de la Comunidad Andina y ejercer cierto control político sobre los organismos ejecutivos del Sistema Andino de Integración (el Consejo Presidencial y el Consejo Andino de Ministros, principalmente), es una consecuencia de dichos presidencialismo e "inter-gubernamentalismo"

La integración andina se ha hecho de espaldas a la ciudadanía. Y como no se ha avanzado mayor cosa en materia de integración, como la gente no siente, o no advierte, que hay cosas que no se están decidiendo en Colombia sino en las instancias regionales, tampoco hay demandas significativas de participación ciudadana en el proceso. Es un círculo vicioso que sólo puede romperse si las instituciones andinas, los gobiernos nacionales y la ciudadanía -empezando por los medios- cambian de actitud frente a la integración.  

Sepámoslo o no, el proceso de integración andina existe. Pero sólo de los pueblos andinos depende que sea importante. Si no queremos que sea importante, no lo mantengamos. Esto es algo que se debe resolver políticamente. Por ello, comencemos por incorporar el tema dentro de la agenda política del país y de los candidatos, y así, al menos cuando vayamos a votar, sepamos cómo y por qué -o por qué no- hacerlo.

* Estudiante de Doctorado en Ciencia Política, University of Manchester (Reino Unido). Magíster en Economía Política Internacional, University of Warwick (Reino Unido).

Notas de pie de página


[1] Los datos que se emplean a continuación corresponden al boletín No.42 de la Registraduría Nacional del Estado Civil publicado el lunes 15 de marzo de 2010 a las 06:34:04 AM. Es el último boletín de la Registraduría disponible en:
http://200.31.213.136/videos/elecciones2010/boletines/parlamento.pdf

[2] En un artículo publicado en la revista Semana el 16 de marzo de 2010, el abogado Gabriel Bustamante explica en detalle las razones jurídicas por las que las elecciones de parlamentarios andinos no deben repetirse. El articulo puede consultarse en: http://www.semana.com/noticias-politica/eleccion-del-parlamento-andino-ni-debe-anularse-ni-repetirse/136429.aspx

[3] Datos del Consejo Nacional Electoral de Venezuela, disponibles en:
http://www.cne.gov.ve/estadisticas/e022.pdf

[4] Informe disponible en: 
http://www.jne.gob.pe/informacionelectoral/estadisticaelectoral/1_1.pdf  pp.39-43    

[5] Ver datos disponibles en: http://app.cne.gov.ec/resultados20092v/  Los cálculos de las cifras de abstención son míos porque no están disponibles en la página citada. Por ende, los cálculos de los porcentajes también son estimativos míos con base en las cifras suministradas en dicha página.

[6] Ver por ejemplo: "Colombianos que aspiran al Parlamento Andino se quejan por la ‘poca promoción'" en: http://noticias.terra.es/2010/mundo/0210/actualidad/colombianos-que-aspiran-al-parlamento-andino-se-quejan-por-la-poca-promocion.aspx

[7] Ver por ejemplo la columna de Uriel Ortiz Soto en El Espectador, "Colombia elegirá parlamentarios andinos", en: 
http://www.elespectador.com/columna175465-colombia-elegira-parlamentarios-andinos

[8] Al respecto puede consultarse el libro "Integración y Democracia: Aspectos socio-políticos del regionalismo en Suramérica", publicado por la Unidad de Investigaciones Jurídico-Sociales ‘Gerardo Molina' de la Facultad de Derecho, Ciencias Políticas y Sociales, Universidad Nacional de Colombia, sede Bogotá, 2008.

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