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La cumbre de la Alianza del Pacífico en Cartagena: ¿más de lo mismo?

Escrito por Germán Prieto
Germán Camilo Prieto

Germán Camilo Prieto

La Alianza sigue siendo más retórica que otra cosa, aunque se diferencia de otros proyectos regionales por su pragmatismo. Su futuro sigue siendo incierto y los beneficios económicos no aparecerán solo con la liberalización del comercio.

Germán Camilo Prieto*

Regionalismo retórico

El proyecto regional de la Alianza del Pacífico (ALP) sigue presentando pocos avances.

La cumbre de esta semana en Cartagena ratificó la liberalización de un 92 por ciento del universo arancelario para el comercio de bienes entre Colombia, Perú, México y Chile (el 8 por ciento restante corresponde fundamentalmente a bienes agrícolas). Pero este logro no es muy notable, si se recuerda que desde hace al menos diez años el comercio entre los cuatro miembros de la ALP estaba prácticamente liberalizado, producto de los acuerdos de libre comercio -CAN, G3 y TLC con Chile- y los acuerdos de asociación y de complementación económica.

Esta liberalización ha sido acompañada por la suspensión de visas de turismo entre los cuatro países, por un acuerdo de movilidad e intercambio estudiantil y por acuerdos para compartir representaciones diplomáticas entre dos o más miembros en  países como Ghana, Egipto y Azerbaiyán.

Sin embargo, esos avances son muy modestos y no se corresponden con la retórica de los voceros de la Alianza.

Sin embargo, esos avances son muy modestos y no se corresponden con la retórica de los voceros de la Alianza, para quienes este proyecto regional, mal llamado “de integración”, parecería ser el non-plus-ultra del regionalismo latinoamericano.   

En la VII Cumbre de la ALP realizada en Cali en el 2013 hubo anuncios y alabanzas de todo tipo: el canciller chileno habló de “esfuerzo histórico”, y el presidente Sebastián Piñera afirmó que la ALP ya había llegado en dos años “más lejos de lo que lo han hecho iniciativas de integración anteriores”. Por esos mismos días, el presidente del BID, Luís Alberto Moreno, afirmó que este proyecto era “la propuesta de integración más ambiciosa que hayamos visto en décadas” y el presidente Juan Manuel Santos sostuvo que la ALP era el proceso de integración “más importante que ha tenido América Latina en su historia”.

Y en la Cumbre de Cartagena prosiguieron los auto-elogios: el presidente Peña Nieto declaró  que la ALP es “el acuerdo más novedoso firmado por México después del TLCAN” (lo cual es obvio, pues México no ha firmado ninguno más que se le parezca), y la canciller María Ángela Holguín calificó la ALP como “un hito”. El nuevo ministro de Comercio de Colombia agregó que la ALP estaba “enviando el mensaje de que en América Latina hay cuatro países disparados que se están separando de los demás” (con lo que poco se entiende que se ensalce la “integración”). El remate  – sexista, además – correspondió al presidente Juan Manuel Santos, quien comparó la Alianza con “la niña bonita y cotizada del barrio” a la cual “hay que vestir bien”, lo que demuestra que la instrumentalización de la mujer para ejemplificar lo deseable sigue presente hasta en el discurso de los más altos dignatarios. 


Presidentes de Colombia, México, Chile,
Perú y Costa Rica.
Foto: Presidencia de la República

Nada de integración

El calificativo inicial de la alianza, como un “área de integración profunda”, ya de por sí es bastante retórico. En artículos anteriores en Razón Publica he argumentado por qué estrechar los lazos económicos y profundizar el comercio ente países no es lo mismo que la integración. En política internacional, la integración no es hacer amigos, ni tener buena actitud en las reuniones para “integrarse” con el grupo. La integración es la cesión de poder soberano de decisión a organismos comunes, sea en materia comercial, de seguridad, ambiental o la que sea. La ALP no tiene nada de eso.

Ponerle a cualquier esfuerzo de cooperación económica o a cualquier acuerdo de liberalización comercial el calificativo de “integración” no solo es pura retórica, también es un engaño. Como la palabra “integración” le suena tan bonita a todo mundo, quienes manejan las relaciones interestatales lo hacen por mostrar resultados de su gestión. Pero crear organismos comunes a los cuales se les ceda poder soberano, como lo hicieron la CAN, y en menor medida el Mercosur, va mucho más allá de usar una palabra, bajar aranceles o suprimir visados.

Pocos beneficios económicos

Un punto débil de la doctrina neoliberal es suponer que la liberalización comercial por sí sola trae desarrollo a los países que la ponen en práctica. Esto puede funcionar cuando se es competitivo. Pero cuando no es así, las importaciones sustituyen la producción nacional y las economías tienden a retornar al sector primario: aumentan sus exportaciones de bienes primarios con escaso valor agregado. Este efecto es grave por varias razones:

La integración es la cesión de poder soberano de decisión a organismos comunes, sea en materia comercial, de seguridad, ambiental o la que sea. La ALP no tiene nada de eso.

· La explotación de materias primas no genera mucho empleo.

La posibilidad de alcanzar un mayor desarrollo tecnológico es menor, pues la extracción de materias primas no requiere de tecnologías muy avanzadas, excepto -y solo en algunos casos- en procesos agroindustriales.

· Lo más grave, los precios de las materias primas o “commodities” son los más volátiles del mercado, y cuando las economías son muy dependientes de estas exportaciones, las recesiones o las caídas de precio de estos productos las afectan profundamente.

La oferta exportadora de los cuatro miembros de la ALP es fundamentalmente de commodities (aunque menos en México), y es en estos sectores donde se concentra la inversión extranjera que atraen estos países. Las economías de Colombia, Chile, Perú y México no son complementarias, sino bastante similares, salvo si supusiéramos que la complementariedad consiste en que pueden venderse bienes primarios unos a otros. Pero de valor agregado, dado por un componente tecnológico importante en los productos, poco.

Si bien los cuatro países poseen algunos sectores industriales competitivos, para que estos sectores obtengan ventajas del mercado ampliado, la liberalización tendría que  acompañarse de un arancel externo común que los protegiese de competidores extra-regionales, como lo hizo la CAN de forma exitosa en la década de 1990 (esto sí es integración). Sin una unión aduanera, estos sectores no van a beneficiarse significativamente de una reducción arancelaria que los países ya han hecho y siguen haciendo simultáneamente a través de la firma de TLC con muchos otros países que no hacen parte de la Alianza.

Con la liberación comercial las economías tienden
a reprimarizarse.
Foto: CIAT

¿Innovación o pragmatismo?      

Hace un año el entonces ministro de comercio, Sergio Díaz-Granados, afirmó que la ALP era “innovadora” y “pragmática”. Pero liberalizar el comercio y suprimir visados no tiene nada de innovador en lo que a regionalismo e integración se refiere.

Tal vez lo innovador es el carácter pragmático de la Alianza. Después del fracaso en los intentos de la CAN y del Mercosur de consolidar mercados comunes, podría decirse que los gobiernos de los cuatro países de la ALP (aunque México y Chile nunca le apostaron a ese objetivo como miembros de proyectos regionales) aprendieron que “menos es más”, y que en lugar de formar uniones aduaneras y de coordinar políticas macroeconómicas, es más fácil y práctico liberalizar el comercio, integrar las transacciones de las bolsas de valores de las ciudades capitales (aunque la del DF aun no entra al MILA), y hacer acuerdos concretos en temas particulares como competitividad e infraestructura (anunciados como temas de futura discusión en la Cumbre de Cartagena).

En cambio, para ser innovadora, la ALP puede explorar otras alternativas para procurar beneficios económicos de una forma más segura que liberalizar el universo arancelario, sin recurrir a una unión aduanera propia de un proceso de integración comercial. Una de ellas tiene que ver con lo sugerido recientemente por el Ministro de Comercio de Colombia, Santiago Rojas, acerca de acuerdos para crear encadenamientos productivos entre productores de los países miembros de la ALP[1]. Esto sí sería innovador con respecto a proyectos regionales anteriores, aunque la CAN en su momento hizo algunos esfuerzos en ese sentido. Crear un fondo para financiar proyectos de infraestructura también tendría algo de innovador, aunque la UNASUR ya cuenta con ello desde hace 10 años a través de IIRSA.

La ALP ha avanzado muy poco, y sus posibilidades de generar beneficios económicos dependerán de los acuerdos concretos, pragmáticos e innovadores que logre establecer.

En conclusión, la ALP ha avanzado muy poco, y sus posibilidades de generar beneficios económicos dependerán de los acuerdos concretos, pragmáticos e innovadores que logre establecer. Aun no se dijo nada sobre la estrategia conjunta de inserción a Asia Pacífico – una de las principales motivaciones y objetivos de la Alianza –, más allá de liberalizar el comercio para atraer más inversión (otra falacia neoliberal) y de compartir delegaciones diplomáticas.

Sus voceros coinciden en que la clave del éxito está en las visiones (neoliberales) compartidas de los gobiernos de los países miembros, pero esto también existía en el lanzamiento de la CAN y del Mercosur en los 90. Precisamente estos dos proyectos regionales comenzaron a decaer cuando  aparecieron las diferencias ideológicas entre sus miembros. Hasta el momento, ante la falta de instituciones regionales fuertes y de proyectos concretos que refuercen la  interdependencia entre los miembros, nada indica que la ALP vaya a ser diferente.

* Ph. D. en ciencia política (University of Manchester) y magíster en economía política internacional (University of Warwick), profesor asociado del Departamento de Relaciones Internacionales de la Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la Universidad Javeriana.

 

Notas:

[1] El Espectador, Domingo 9 de febrero de 2014, suplemento “El Salmón”. El BID de hecho, publicó recientemente un estudio donde identifica ocho productos potenciales para encadenamientos productivos entre los miembros de la ALP (El Comercio, Martes 11 de febrero de 2014, disponible en este link.

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