Las sanciones de Estados Unidos a Venezuela: ¿el nuevo mejor enemigo?: - Razón Pública
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Las sanciones de Estados Unidos a Venezuela: ¿el nuevo mejor enemigo?:

Escrito por Roberto Cajamarca
Maduro

Maduro

Roberto Cajamarca Gómez

¿Qué tan grave es que Estados Unidos haya declarado a Venezuela como amenaza? ¿Producirá esto algún cambio en el país vecino, o acabará por fortalecer el régimen de Maduro? Y en el medio, como siempre, está el petróleo.

Roberto Cajamarca Gómez*

“Amenaza extraordinaria”

Este lunes, el gobierno de Obama expidió una orden ejecutiva que declara una “emergencia nacional” por la "amenaza extraordinaria e inusual a la seguridad nacional y la política externa de Estados Unidos" que suponen la situación de derechos humanos y la corrupción en Venezuela.

También impuso sanciones a siete de sus funcionarios, que incluyen la congelación de sus bienes en Estados Unidos y la prohibición de viajar o hacer transacciones en territorio estadounidense. Casi todos los sancionados están vinculados con agencias de seguridad del Estado y son acusados de los siguientes hechos:

  • Erosión de las garantías de derechos humanos;
  • Persecución de opositores políticos;
  • Restricciones a la libertad de prensa;
  • Violencia y abusos en respuesta a las protestas antigubernamentales;
  • Arrestos arbitrarios y detención de manifestantes, y
  • Corrupción pública.

La declaración de “emergencia nacional” es un instrumento que en determinadas circunstancias permite al Ejecutivo aplicar sanciones adicionales a las aprobadas por el Congreso. Así, la orden ejecutiva abre el camino a un proceso de nuevas y más severas  medidas, como ha ocurrido con más de 20 países, entre ellos Irán, Siria y Corea del Norte.

Mientras Washington inicia el desmonte de las sanciones contra Cuba, por considerarlas inútiles y propias de la Guerra Fría

Las sanciones fueron rechazadas por Nicolás Maduro, que llamó a consultas a su encargado de negocios en Washington, designó a uno de los sancionados como ministro del Interior y ordenó realizar ejercicios militares, pues acusa al gobierno estadounidense de preparar un bloqueo naval, comercial y energético para derrocarlo.

Mientras Washington inicia el desmonte de las sanciones contra Cuba, por considerarlas inútiles y propias de la Guerra Fría, frente al gobierno venezolano emprende la senda contraria debido en parte, irónicamente, a las presiones de los congresistas de la diáspora cubana. El endurecimiento hacia Venezuela indica también que el gobierno estadounidense no ha renunciado a las sanciones unilaterales como herramienta para debilitar a regímenes hostiles, aunque ahora prefiera dirigirlas a personas en lugar de a Estados.

El Presidente Estadounidense Barack Obama reunido con el Vicepresidente Joe Biden en la Casa Blanca.
El Presidente Estadounidense Barack Obama reunido con el Vicepresidente Joe
Biden en la Casa Blanca.
Foto: The White House

Escalamiento de tensiones

Desde que hace un siglo los estadounidenses llegaron al negocio petrolero en Venezuela, la relación entre ambos países ha sido estrecha pero ambivalente. Venezuela fue el primer país latinoamericano en adoptar una modernidad basada en los patrones de consumo estadounidense. Muchos venezolanos han crecido, se han educado o pasan sus vacaciones en Estados Unidos, y de acuerdo con Pew Research, aún hoy 62 por ciento de la población tiene una opinión favorable acerca de ese país.

Pero durante el gobierno de Chávez, y especialmente después del golpe de Estado en 2002 y su acercamiento al régimen cubano, en Venezuela se acentuó un discurso antiimperialista que deterioró progresivamente las relaciones bilaterales, hasta llegar en 2010 al retiro de los embajadores.

La historia de las sanciones se remonta a 2011, cuando Estados Unidos impuso restricciones a PDVSA por sus negocios con Irán y sancionó a tres funcionarios venezolanos acusados de apoyar a las FARC.

Durante 2014, y pese a las presiones de distintos sectores, Washington se abstuvo de imponer sanciones por considerarlas contraproducentes, y para dar espacio al diálogo con la oposición a instancias de UNASUR. Pero la situación no mejoró ni los presos políticos fueron liberados, lo cual llevó a un cambio en la estrategia estadounidense, que abandonó la esperanza de un diálogo efectivo y dio vía libre al aumento de sanciones, aprobadas por el Congreso y expedidas por Obama en diciembre.

Como represalia, Maduro anunció la imposición de visados a los estadounidenses que visiten Venezuela y exigió a Estados Unidos reducir en 80 por ciento su personal diplomático en Caracas, para impedir la llegada de “espías” a Venezuela. Pero las sanciones anunciadas esta semana constituyen el nivel máximo de deterioro en las relaciones entre Washington y Caracas durante la era chavista.

No todo ha sido ruido

Contra lo que suele decirse, las tensiones políticas entre Venezuela y Estados Unidos han debilitado el intercambio bilateral; y esta menor dependencia comercial propicia el escalamiento de la confrontación.

Chávez manifestó en su momento el propósito de diversificar el destino de las exportaciones petroleras. Después de quince años, Estados Unidos sigue siendo el principal socio comercial de este país, pero su participación se ha reducido de dos tercios a un tercio de las exportaciones venezolanas, como lo muestran las gráficas siguientes:

destino de las exportaciones venezolanas

Fuente: Census.gov, Banco Central de Venezuela.

 

Importaciones de petróleo a venezuela

Fuente: U.S Energy Information Administration

Lo anterior obedece principalmente a la reducción del petróleo exportado a  Estados Unidos en un 50 por ciento durante la última década. En 2014, Venezuela vendió a ese país un promedio de 780.000 barriles diarios, solo el 8 por ciento de las compras petroleras de Estados Unidos.

La reciente sobreoferta de petróleo en el mercado mundial ha permitido que las refinerías de Estados Unidos sustituyan gradualmente el crudo venezolano, pesado y sulfúrico, por el canadiense, más liviano y entregado a través de oleoductos. Mientras tanto, las exportaciones de Venezuela a China e India han aumentado a 536.000 y 363.000 barriles diarios, respectivamente. Así, una reducción adicional de las exportaciones petroleras venezolanas a Estados Unidos ya no tendría el impacto estratégico de otros tiempos.

Instalaciones petroleras en Puerto La Cruz, Venezuela.
Instalaciones petroleras en Puerto La Cruz, Venezuela.
Foto: Jumanji Solar

Un distractor oportuno

Históricamente, la efectividad de las sanciones unilaterales ha demostrado ser ambigua. En Sudáfrica, por ejemplo, el boicot de Occidente era tan difícil de explicar a la población que finalmente el régimen del apartheid tuvo que ser desmontado. Pero, guardadas proporciones, el efecto  en Venezuela podría ser más parecido al que se visto en Cuba, donde durante medio siglo el embargo permitió retratar a Estados Unidos como una potencia agresora, causante de los problemas de la isla.

“No necesito jefe de campaña mientras tenga criticándome al gobierno de Estados Unidos”.

Por eso, las sanciones permitirán que el gobierno venezolano refuerce su papel de víctima de una “agresión imperial” que busca controlar su petróleo y acabar con el proyecto chavista, al tiempo que distrae la atención de sus graves problemas internos e intenta recuperar terreno hacia las elecciones parlamentarias de septiembre. Por lo pronto, ha tenido un éxito relativo en usar este discurso para dividir a la oposición. La Mesa de la Unidad Democrática (MUD), que aglutina a sectores relativamente moderados, rechazó la declaración estadounidense de “amenaza a la seguridad nacional” y la calificó de excesiva e injerencista.

De hecho, según la encuestadora Datanálisis, 73 por ciento de los venezolanos rechaza las   sanciones de Estados Unidos. Incluso cuando se trata de sanciones concretas a funcionarios, el rechazo es de 54 por ciento y el apoyo de solo 28 por ciento. Adicionalmente, 44 por ciento de los venezolanos percibe las sanciones como una excusa para provocar un golpe de Estado, 16 por ciento cree que es un mecanismo para atacar a Maduro y solo el 20 por ciento las entiende como un mecanismo para castigar a funcionarios acusados de violaciones de los derechos humanos.

Este rechazo le da un nuevo aire a Maduro, quien solicitó a la Asamblea Nacional una Ley Habilitante “antiimperialista”, que le permitirá legislar por decreto sobre asuntos de seguridad nacional y orden público, para “defender la soberanía nacional".

Las próximas jugadas

Es probable que vengan más sanciones y un escalamiento adicional de la confrontación que podría conducir incluso a una ruptura formal de relaciones políticas. Pero es improbable que Washington imponga bloqueos comerciales a Venezuela, mientras desmonta y califica de fracasadas aquellas que mantuvo sobre Cuba durante medio siglo.

Además, mantener las ventas de petróleo a Estados Unidos sigue siendo la mejor elección para Venezuela. A diferencia de otros socios, Estados Unidos paga el crudo a precios de mercado; los costos de transporte son menores que hacia el Lejano Oriente; y la presencia de CITGO (filial de PDVSA) en territorio norteamericano, le genera al Estado venezolano ingresos adicionales por refinación y comercialización de derivados.

En la región, la mayoría de los gobiernos perciben las sanciones como injerencistas y contraproducentes, y prefieren que el problema venezolano se tramite a través de un diálogo auspiciado por mecanismos regionales como la UNASUR, fórmula que ya demostró ser inefectiva durante 2014. La CELAC, el Mercosur y el ALBA, así como gobiernos aliados, han expresado su rechazo a las medidas estadounidenses.

Esta inconformidad también se hará evidente durante la Cumbre de las Américas que tendrá lugar en Panamá en un mes, la misma que, paradójicamente, escenificará el deshielo de la relación entre Cuba y Estados Unidos.

Por su parte, el gobierno venezolano también prepara acciones en el ámbito multilateral. Hace un año usaba sus influencias para impedir que la OEA convocara a una reunión de cancilleres o enviara una misión para atender el conflicto social; ahora ha decidido acudir a ella para solicitar que se aplique la Carta Democrática a Estados Unidos, y el mismo día del anuncio se convocó una reunión extraordinaria de UNASUR sobre el tema. También se ha planteado la formulación de una denuncia contra Estados Unidos ante el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, del que Venezuela forma parte actualmente.

El régimen venezolano ha aceptado heredar de Cuba su caduco papel como principal enemigo de Estados Unidos en América Latina e intentará capitalizar su nueva condición tanto como pueda. Por ahora, habrá que esperar a las elecciones parlamentarias para ver si de nuevo se vuelve realidad aquello que Evo Morales dijo al ganar por primera vez la Presidencia de Bolivia: “no necesito jefe de campaña mientras tenga criticándome al gobierno de Estados Unidos”.

* Economista, consultor, ex Consejero Político y Económico de la Embajada de Colombia en Venezuela, y Director de Estudios Económicos de la Cámara Colombo Venezolana.

 

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