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¿Y si el que quiere la guerra es Chávez?

Escrito por Germán Prieto

Germán Prieto Dada la situación interna de Venezuela no se puede descartar un choque armado con Colombia, y UNASUR es el único escenario que sería capaz de prevenirlo.

Germán Prieto *

Aumentan los incidentes

Mientras Bogotá y Quito han dado pasos decisivos para restablecer sus relaciones diplomáticas, la tensión entre Colombia y Venezuela sigue tomando tintes peligrosos y sombríos. Las cosas están pasando de castaño a oscuro y al compás de los hechos acaecidos desde que en Julio pasado Chávez "congeló" las relaciones a raíz del anuncio de un nuevo acuerdo militar entre Colombia y Estados Unidos.

Los incidentes de tensión y violencia han estado a la orden del día en las últimas semanas: la masacre de 9 colombianos en la frontera con el estado venezolano de Táchira; las denuncias del canciller El Aissami en la Asamblea Nacional sobre dos agentes del DAS que supuestamente hacían espionaje en Venezuela; la reciente detención y posterior expulsión de un sargento venezolano que atravesaba la frontera uniformado y armado; la acusación del vicepresidente Ramón Carrizalez, quien afirmó en televisión que "se está materializando la amenaza de Colombia y el Imperio contra Venezuela, al referirse a informaciones de investigadores venezolanos que señalan a los nueve hombres asesinados a principios de octubre como miembros de una banda paramilitar que pretendía "desestabilizar" al gobierno de Chávez; el asesinato de dos miembros de la Guardia Nacional venezolana por parte de sicarios que se movilizaban en moto en la zona fronteriza; la expulsión de cuatro militares venezolanos que no supieron explicar qué hacían en territorio colombiano; la detención por parte de la Guardia venezolana de un agente del DAS que aún no ha sido enviado a Colombia; y para terminar de alarmarnos, las declaraciones del presidente Chávez el pasado domingo 8 de noviembre, indicándoles a los venezolanos y venezolanas que debían "prepararse para la guerra".

Enemigo externo, distracción interna

La pregunta que debe hacerse es ¿por qué Venezuela querría provocar un conflicto bélico con Colombia? Antes de descartar una posibilidad tan remota "entre pueblos hermanos", pensemos en la situación política de Venezuela. El Presidente Chávez no tiene ninguna intención de dejar el poder, sino todo lo contrario. Y sin embargo Chávez no goza de tanto apoyo popular como antes, menos aún cuando el país atraviesa una crisis por escasez de agua y por el alza sostenida de los precios de los productos básicos. Un porcentaje creciente de venezolanas y venezolanos no apoya su gobierno y son muchos los dirigentes políticos o gobernantes locales que se han declarado contrarios a Chávez. El chavismo sigue siendo muy fuerte en términos mediáticos, pero su populismo y su represión de actividades asociativas y de la libertad de prensa colmaron la copa para muchos ciudadanos y ciudadanas.

Si Chávez no quiere dejar el poder, si cree ciegamente que sólo él puede culminar la transformación venezolana hacia el "socialismo de mercado", y si está obligado a ir a elecciones porque no quiere confirmarse oficialmente como un dictador, ¿cuál es la opción para ganar la legitimidad perdida y perpetuarse en el poder? ¿De verdad puede  creerse que los gobernantes que iniciaron guerras para recuperar la unidad nacional y para justificar su permanencia al frente del Estado sólo existen en Europa, o en Asia o en África? ¿Podemos confiar eternamente que un enfrentamiento bélico entre los "hermanos" andinos o "latinoamericanos" es un imposible matemático? Creo que no.

Un riesgo inaceptable y elevado

La situación de Colombia es un argumento  perfecto para el proyecto de Chávez. El país es incapaz de controlar la expansión de su conflicto armado; tanto guerrillas como paramilitares están presentes en las zonas fronterizas con Venezuela y con Ecuador, y el gobierno venezolano simplemente está acumulando eventos y "pruebas" sobre la "amenaza" que Colombia representa para Venezuela.

A menudo se argumenta que un conflicto entre Colombia y Venezuela es impensable, por los lazos comerciales, por nuestra hermandad histórica, porque Cúcuta y San Antonio son una sola región. Todo esto puede ser cierto, pero si a Chávez no le importa, entonces ¿esto qué importa? ¿Quién garantiza que las fuerzas armadas y policiales venezolanas – que por cierto en estos días han aumentado sustancialmente su presencia en la frontera – sólo van a combatir a grupos ilegales colombianos, aun más cuando el gobierno venezolano cree que el DAS está haciendo espionaje? ¿Quién va a impedir que se produzca un tal enfrentamiento? ¿Estados Unidos? ¿El presidente Uribe? ¿La OEA? ¿La ONU? Tal vez. Pero tal vez no.

La respuesta no está en la capacidad de las Fuerzas Armadas colombianas porque lo que debe hacerse es, precisamente, evitar a toda costa un enfrentamiento bélico con Venezuela, o con cualquier otro Estado del planeta. La tradición de Suramérica no es de guerras entre sus Estados, pero esto no significa que estemos asegurados de que esto jamás vaya a suceder. Los conflictos, ante todo, hay que prevenirlos. Ojalá hubiera Comunidad Andina (al menos una que sirviera para algo), pero no la hay.

El pretexto de las bases

El acuerdo militar suscrito con Estados Unidos le viene como anillo al dedo a Chávez, quien no pierde la ocasión de criticar la alianza de Uribe con "el Imperio". La alianza del gobierno colombiano – y no sólo del actual, sino de todos los anteriores excepto el de Samper (éste último no por elección sino por el proceso 8000 y la descertificación) con Estados Unidos es una realidad, pero la "amenaza" que el acuerdo reciente representa para la seguridad regional no es nada clara.

Estados Unidos opera bases militares en Manta (Ecuador) – aunque próxima a cerrarse, y de ahí parte el interés en un acuerdo militar con Colombia -y en Paraguay, además de la base de Guantánamo en Cuba, que está más cerca de Venezuela que la de Paraguay. El acuerdo militar firmado con Colombia no entrega la operación de las  bases a militares estadounidenses, sino que los autoriza para usarlas de manera consultada, limitada y supervisada. Es cierto que si estuviera en los planes de Estados Unidos invadir a Venezuela, a Ecuador o a Bolivia, las bases militares en Colombia le serían de gran ayuda, pero para poderlas usar con esos fines tendría primero que   violar el acuerdo que acaba de firmar.

Por otra parte no hace falta ser un experto para saber que la ofensiva sobre Afganistán e Irak iniciada hace ocho años no se efectuó tanto desde las bases que Estados Unidos tiene en Oriente Medio, sino desde bases ubicadas en Estados Unidos y en otros lugares bastante alejados de esa región – mucho más alejadas de lo que Cuba o Paraguay están de Venezuela -. A las fuerzas armadas estadounidenses les toma pocas horas llegar por aire, tierra y mar adonde quiera que vayan a invadir a alguien. Es cierto que al poder operar en – mas no el de controlar – siete bases colombianas Estados Unidos aumenta su presencia en la zona, y esto es suficiente para despertar revuelo entre los países vecinos, incluyendo a Brasil y a Argentina; pero inferir que del acuerdo se deriva un plan de invasión militar estadounidense es más bien apresurado, pues Estados Unidos no necesita acuerdos militares con nadie para invadir a nadie.

Firmar un acuerdo militar con Estados Unidos no es agredir a Venezuela ni a nadie. En cambio, afirmar que agentes del DAS están realizando espionaje en Venezuela sí es calificar a Colombia como agresor, al igual que considerar que grupos paramilitares colombianos – con los que, según "informes venezolanos", coopera el DAS – quieren desestabilizar al país, es un aviso de que Venezuela se siente "agredida", y por ende puede llegar a responder con agresión.

La torpeza colombiana

El problema no es el contenido del acuerdo, que no viola la soberanía colombiana porque el gobierno colombiano fue quien lo firmó, y no entrega la operación de las bases a militares estadounidenses, como sí lo hicieron en Manta y Paraguay. El problema es la forma como el gobierno Colombiano presentó el acuerdo, a medias, a escondidas, con misterio, con desdén por sus vecinos de América del Sur.

Uribe cometió el error de no hacer una diplomacia previa en la región, y particularmente con Venezuela y Ecuador, para explicar los alcances del acuerdo militar con Estados Unidos y reducir los posibles temores y sospechas. Lo hizo tarde y lo hizo mal.

Ante el aturdidor anuncio de Chávez, la Cancillería colombiana denunció las "amenazas" ante la OEA y ante el Consejo de Seguridad de la ONU, lo cual puede ser pertinente, pero y, de nuevo, ¿dónde está la región en el mapa mental de la diplomacia colombiana y del presidente Uribe? Esta semana, después de haber ignorado sistemáticamente el esquema institucional de UNASUR para consultar o al menos para explicar el acuerdo militar a los demás países suramericanos, el canciller colombiano se quejó por el "silencio" que este organismo ha mantenido frente a las declaraciones beligerantes de Chávez.

Acudir a UNASUR

La salida más lógica a esta crisis es la salida regional, la suramericana, no sólo porque ya hay un proceso institucional en marcha sino porque a Chávez le interesan mucho más las relaciones regionales que lo que pueda decir la OEA o la ONU, organismos donde  Estados Unidos tiene además la mayor influencia.

Sólo un organismo como el Consejo de Defensa Suramericano y el recién impulsado foro de UNASUR podría prevenir de manera efectiva un arrebato de beligerancia física por parte del Presidente Chávez. Las instituciones son, entre otras cosas, para llegar a acuerdos, poner reglas de juego y establecer controles, no sólo físicos, sino sobre todo morales.

Uribe y su equipo diplomático (con el exministro Santos a la cabeza) han optado por menospreciar estos foros regionales, e irse de frente a hacer acuerdos con Estados Unidos sin tener en cuenta la opinión de nadie. Pero Estados Unidos no va a prevenir un conflicto armado con Venezuela; en cambio Brasil, Bolivia, Perú, Chile y demás vecinos suramericanos, sí; por razones energéticas, económicas, comerciales, pero sobre todo históricas y morales. Algo que Chávez no tiene en la cabeza y que a Uribe parece importarle poco.

Ojalá la cancillería colombiana dejara de ser tan letárgicamente reactiva y se volviera proactiva para promover un encuentro oficial supervisado por la cancillería brasilera entre los presidentes de Colombia y Venezuela en la cumbre amazónica de Manaos el próximo 26 de noviembre. Uribe no puede seguir haciéndose el de la vista gorda con Suramérica, y su sucesor, si es que lo llega a haber, debe darle un giro rotundo a la diplomacia colombiana en este sentido, porque llegados a este punto de tonos tan estridentes y oscuros, las actitudes de Chávez por acción, y de Uribe por omisión, parecen igual de irresponsables.       

* Magíster en Economía Política Internacional, University of Warwick. Estudiante de Doctorado en Ciencia Política, University of Manchester.

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