Duque y Fajardo: las ambigüedades y paradojas del centro - Razón Pública
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Duque y Fajardo: las ambigüedades y paradojas del centro

Escrito por Jorge Andrés Hernández
Candidato Presidencial, Sergio Fajardo.

Jorge Andres HernandezEn vez de declararse de izquierda o de derecha, muchos políticos se ubican en lo que llaman el “extremo centro”. ¿Pero existe ese centro, o es apenas una categoría ambigua para ocultar la ideología? Lo que dicen y no dicen Sergio Fajardo e Iván Duque.

Jorge Andrés Hernández*

El renacer de la derecha…y de la izquierda

Mientras “el centrismo” parece estar llegando a su fin como modelo político dominante en el mundo occidental de las últimas décadas, en Colombia hay una glorificación de la ambigua categoría.

En efecto, en Norteamérica y Europa se percibe una progresiva radicalización de la izquierda y la derecha, lo cual contradice al “centrismo” de décadas pasadas cuando los partidos demócrata-cristianos (derecha moderada) y los socialdemócratas (izquierda moderada) habían llegado a consensos que parecían haber difuminado sus diferencias históricas. Hay muchos ejemplos: los últimos gobiernos del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), del Partido Socialdemócrata alemán y del laborismo inglés poco se diferenciaron de sus rivales (el Partido Popular, la Unión Cristiano Demócrata y del Partido Conservador) en política económica.  Esto es lo que Tariq Ali denominó el triunfo del “extremo centro”, una especie de acuerdo entre los dos partidos tradicionales para adoptar políticas de libre mercado. Estas políticas sin embargo  agravaron las desigualdades, como mostró el estudio riguroso de Thomas Piketty.

El “extremo centro” ha cedido frente al fortalecimiento de la extrema derecha en Europa o Estados Unidos y al avance de perspectivas de izquierda más radicales en el seno de la socialdemocracia europea y norteamericana.

La permanencia del “extremo centro” durante décadas ha cedido frente al avance de perspectivas de izquierda más radical y al fortalecimiento de perspectivas de extrema derecha.

El surgimiento de Podemos en España, las candidaturas de Jeremy Corbyn en el laborismo inglés, de Martin Schulz en la socialdemocracia alemana, y la de Bernie Sanders en el partido demócrata de Estados Unidos, son ejemplos de una izquierda que crítica la deriva centrista de sus partidos. El crecimiento del Frente Nacional en Francia, de Alternativa para Alemania, el Partido de la Libertad en Austria, Ciudadanos en España y de otras formaciones de derecha nacionalista, y la victoria de Trump en Estados Unidos, han puesto fin a la moderación en el debate político.

Si en algún lugar ha tenido vigencia la díada izquierda-derecha, ese lugar es América Latina. Las dictaduras militares fueron sucedidas por gobiernos centristas neoliberales que luego dieron paso a una oleada de gobiernos de izquierda elegidos por voto popular. La victoria de Chávez en 1999 fue seguida por una serie inédita de gobiernos de izquierda en la región que produjo un giro histórico en el continente. Hoy presenciamos un viraje a la derecha, y el debate entre izquierda y derecha sigue vigente en Latinoamérica, la cual es cualquier cosa menos centrista.

La ambigüedad de la política colombiana: el extremo centro

Elecciones 2018.
Elecciones 2018.
Foto: Urna de Cristal

En Colombia existen partidos clientelistas, sin diferencias ideológicas claras. Mientras politólogos clasifican los partidos políticos en otras latitudes conforme al espectro ideológico, en Colombia es imposible diferenciar entre La U, Cambio Radical (CR), Partido Conservador (PC), Partido Liberal (PL) y Centro Democrático (CD). Por ejemplo, aquí los presidentes más autoritarios y conservadores provienen del PL: Julio César Turbay y Álvaro Uribe.

La categoría “extremo centro” es un verdadero oxímoron, una contradicción.

Sin partidos ideológicamente diferenciados, las categorías de “izquierda”, “derecha” y “centro” son muy gaseosas. De acuerdo con el Barómetro de las Américas (2016) el 28 por ciento de los colombianos dijo ser de centro, el 9 por ciento de izquierda y el 10 por ciento de derecha. El 47 por ciento restante fue ambiguo: izquierda en algunos ámbitos y derecha en otros.

Para una cultura política dominada por la ambigüedad y el centrismo -un peculiar y etéreo ámbito- hay dos candidaturas presidenciales: la de Iván Duque del CD y la de Sergio Fajardo de Coalición Colombia (CC).  Ambos dirigentes sostienen que la izquierda y la derecha son categorías caducas, pero las tienen presentes en discursos y entrevistas como fetiches reprimidos. El mismo centro se define en relación con la díada izquierda-derecha, como aquello que uno quiere negar de modo furibundo pero que igual lo atraviesa. Es un coqueteo claro con el dictum borgiano: “Hay que tener cuidado al elegir a los enemigos porque uno acaba por parecerse a ellos.”

Como si el centro no fuese ya un espacio ambiguo, Iván Duque y Sergio Fajardo se autodefinen en diversas entrevistas como de “extremo centro”, como lo hacen Enrique Santos Calderón desde los años 90 y Noemí Sanín en las elecciones de 2002. Pero, ¿qué es el “extremo centro”? Sus voceros no han ahondado en el concepto. Por definición, el centrismo denota una moderación en la política, un distanciamiento de los extremos. Sin embargo la categoría “extremo centro” es un verdadero oxímoron, una contradicción, a no ser que se entienda como una expresión involuntaria de lo que quieren reprimir, pero se desliza en el lenguaje. Quizás el centrismo podría entenderse mejor con lo que la cultura popular latinoamericana ha denominado “la filosofía de la Chilindrina”: “Pos ya sabes que yo como digo una cosa digo la otra.”

El Centro Democrático

El autodenominado “Centro Democrático” es el partido que se ubica más a la derecha en el espectro político colombiano y cuyo nombre podría calificarse como el clímax del eufemismo nacional. Pese a los intentos de Uribe por calificar el partido como de “centro”, voces más sinceras salen a flote. Fernando Londoño declaró en la segunda convención nacional del uribismo (2017): “Este partido se llama CD por unas circunstancias ahí más o menos fortuitas, pero políticamente es todo, menos de centro. Este partido es de derecha, entiendo yo. Por lo menos, yo me declaro, sin ninguna vergüenza, de derecha dentro de esta confrontación política moderna.”

Uribe ha logrado reunir a gente de derecha como Londoño y a renegados de la izquierda, reunidos todos en un visceral anti-izquierdismo. Quien repase las páginas de la Fundación Centro de Pensamiento Primero Colombia (filial del CD) se encontrará con la difusión de columnas de muchos intelectuales que en su juventud abrazaron el marxismo-leninismo y se dedicaron a “la revolución”, pero fracasaron y abjuraron de todo aquello.

No es una casualidad que los escritos más feroces contra la izquierda provengan de quienes creían en las tesis filosóficas de Mao Tse Tung o luchaban por el advenimiento de un “hombre nuevo”. La ferocidad de los ataques contra la izquierda revela un mecanismo muy complejo de los conversos, que el psicoanálisis freudiano ha denominado sentimiento de culpabilidad manifestado en autodesprecio y autocastigo. Cuando los conversos atacan a la izquierda se atacan a sí mismos y a sus identidades juveniles que ahora desprecian. Son obsesivamente anticomunistas, pero niegan ser de derecha. Dicen ser liberales y centristas, pero los define la ausencia de moderación.

El CD es una convención muy peculiar de ultraderechistas e izquierdistas renegados, a quienes une el odio por la izquierda.

Por eso, no es extraño que el CD establezca una alianza con Alejandro Ordóñez, exmilitante de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X (defensores de la misa en latín y opositores de las reformas del Concilio Vaticano II), Tradición Familia y Propiedad (con quienes quemó libros) y de la Comunidad Tradicionalista (Caballero de la Orden de la Legitimidad Proscrita). Ordóñez es un reaccionario antiliberal y anticomunista que quiere volver atrás: se opone a la independencia de la Nueva Granada, anhela retornar a una monarquía borbónica y se opone a las conquistas de la modernidad como la secularización, la separación entre Iglesia y Estado, y la igualdad de derechos.

En suma, el CD es una convención muy peculiar de ultraderechistas e izquierdistas renegados, a quienes los une el odio por la izquierda. El “centrismo” parece ser solo un velo.

El centrismo de Fajardo

Candidato Presidencial, Iván Duque.
Candidato Presidencial, Iván Duque.
Foto: Senado República de Colombia

A diferencia de muchos del CD, Fajardo no tiene un pasado de izquierda ni de derecha. Su centrismo surge como un intento de modernización política frente al clientelismo paisa y en el momento en el que se popularizó la tecnocracia como forma de gobierno. En esta perspectiva deben decidir los expertos con fundamento en la experticia y no los políticos clientelistas. La idea de fondo consiste en la creencia de que los extremos contaminan todo e impiden tomar buenas decisiones. Pasa por alto que en una sociedad desigual muchas decisiones son ideológicas, aunque sean técnicas. Pero así se ha movido en la escena política: ni de izquierda ni de derecha, ni uribista ni antiuribista.

Que Iván Duque y Sergio Fajardo sean candidatos de “extremo centro” significa que son moderados y extremistas al tiempo.

Se trata de un centrismo difícil de clasificar porque promueve una especie de vacío ideológico: carece del sentido de utopía de la izquierda (una sociedad más igualitaria, un programa de reformas que libere de la actual opresión) y de la nostalgia propia del conservadurismo (recuperar valores perdidos, defender la tradición). Está así en un espacio moderado y racional, sin las emociones que despiertan los extremos, lo que le permite conectar con muchos sectores sociales cansados de la polarización; además conecta con la ambigüedad política de muchos. Pero está por verse si esto funciona en un país emocional y apasionado.

Un ejemplo de la ambigüedad de este centrismo es un trino de Juanita Goebertus de Alianza Verde, una notable jurista que asesoró el proceso de paz en La Habana: “¡Muchas gracias @sergio_fajardo por este reconocimiento tan especial! Yo tampoco creo que la forma de entender la realidad sea con rótulos de izquierda o de derecha que “le ponen un marco rígido a todas las discusiones”. Creo, como usted, en los principios.”

El argumento central es que izquierda y derecha ya no explican la realidad. “Los principios” serían las nuevas categorías, pero ocurre que “tener principios” depende de la forma como se entienda la sociedad y es, por ejemplo, una cosa para Ordóñez y otra para Claudia López. De manera que los principios no son los mismos ni tienen la misma importancia para todos: unos quieren mayor igualdad, otros mayor libertad, otros más seguridad y orden. Y esto clásicamente se entiende por principios de derecha e izquierda…

Paradójicamente, el movimiento de Fajardo alberga a antiguos militantes de izquierda – y en esto se parece al CD-. Así fue en la Alcaldía de Medellín y en la Gobernación de Antioquia, cuando parecía la única opción para muchos de izquierda en un escenario caracterizado por la hegemonía del uribismo, el clientelismo corrupto y la marginalidad de la izquierda. Esto se acrecentó en la CC, donde hay movimientos que tradicionalmente han sido de izquierda, pero que hoy se ocultan en el centro.

Quizás no sea una casualidad que el CD y CC provengan de la cultura paisa y alberguen a antiguos izquierdistas. La cultura política paisa no es centrista ni moderada, pero adora los eufemismos. Que Iván Duque y Sergio Fajardo sean candidatos de “extremo centro” significa que son moderados y extremistas al tiempo, expresión clara de la confusión política de ahora.

*Doctor en Ciencia Política de la Universidad de Maguncia (Alemania), coordinador del Observatorio de la Democracia en la Fundación Paz y Reconciliación.

 

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