Petro, Maquiavelo, la derrota del Polo y el triunfo de la izquierda - Razón Pública
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Petro, Maquiavelo, la derrota del Polo y el triunfo de la izquierda

Escrito por Jorge Andrés Hernández
Jorge Andres Hernandez

Jorge Andres HernandezHay que saber leer en las movedizas circunstancias políticas colombianas: Petro interpretó bien dos fenómenos centrales y ganó, sus rivales se aferraron a convicciones del pasado…y perdieron. Análisis original y convincente sobre el sentido de las elecciones en Bogotá. 

Jorge Andrés Hernández *

Acomódate y reinarás

En sus clásicas recomendaciones sobre el modo de adquirir y conservar un principado, Nicolás Maquiavelo constata que “triunfa el que acomoda su manera de proceder a las circunstancias del momento, y del mismo modo fracasa quien en su proceder entra en desacuerdo con ellas” [1].

El vilipendiado florentino, estigmatizado por unos y admirado por otros, describe con realismo cómo puede adquirirse y conservarse el poder político, en un ejercicio de cálculo racional y estratégico que se ha convertido en un clásico de la teoría de la acción política.

El realismo de Petro

La elección de Gustavo Petro como alcalde de Bogotá ha confirmado su indudable talento y olfato políticos para comprender con precisión las circunstancias históricas que le rodean, analizar los escenarios posibles y tomar las decisiones correspondientes.

Tras vencer en la consulta popular de su Partido al peso pesado de la izquierda colombiana de las últimas décadas, Carlos Gaviria Díaz, Petro se convierte en el candidato presidencial del Polo Democrático Alternativo (PDA) en 2010.

Antiguo militante guerrillero del ideológicamente inclasificable Movimiento 19 de Abril (M-19) y uno de los congresistas más respetados del país, célebre por sus debates sobre la creciente influencia del paramilitarismo y del narcotráfico en la vida nacional y por convertirse en uno de los líderes de la oposición al gobierno Uribe, Petro obtiene una votación modesta en las elecciones presidenciales de 2010 ante el embate de un emocional y ambiguo movimiento encabezado por Antanas Mockus.

Como gran animal político, comprendió dos fenómenos simultáneos que la gente de su partido pasó por alto y de esta manera, como un buen futbolista, logró “posicionarse en el espacio vacío” que se estaba abriendo:

  • Por un lado supo distanciarse a tiempo del escándalo de corrupción asociado con los Moreno Rojas y del festín de denuncias que los diversos enemigos del PDA tenían preparado para celebrar el entierro, no sólo del Polo, sino de la izquierda entera.
  • Por otro lado entendió que Santos representaba la creciente escisión entre sectores de las élites colombianas que, antes unidas en el proyecto antisubversivo que encarnó Uribe, se distanciaban progresivamente ante el aumento de la ilegalidad propiciada por el mismo Uribe. Comenzaba a manifestarse una nueva relación de sectores sociales y políticos con el Presidente más popular de las últimas décadas:
    1. los procesos judiciales contra numerosos parlamentarios ligados a fuerzas paramilitares en la Corte Suprema.
    2. la derrota del proyecto de reforma constitucional vía referendo en la Corte Constitucional.
    3. la creciente oposición de élites académicas y liberales (en el sentido político del término) a los excesos del gobierno Uribe y a su práctica política del “todo vale”.
    4. incluso la denominada Ola Verde, pese a su ambigüedad, expresaba también esa insatisfacción social y política.

Derrota del Polo, ¿triunfo de la izquierda?

Personajes de hondo calado dentro de los votantes de izquierda, como Carlos Gaviria Díaz y Jorge Enrique Robledo, inmersos en sus profundas convicciones ideológicas y normativas, no supieron reconocer a tiempo estos dos fenómenos y el alud que se avecinaba. Petro, por el contrario pragmático y flexible, interpretó con lucidez las circunstancias históricas y actuó en consecuencia.

Los amigos de Gaviria y de Robledo dicen, quizás con razón, que Petro en lo personal fue motivado por su arrogancia herida por las derrotas internas y la conclusión de que dentro del Polo no tendría futuro. Pero los hechos políticos son contundentes.

El Polo ha sido derrotado como movimiento y en su seno sólo yacen, en lo esencial, las formaciones históricas minoritarias de la izquierda colombiana.

La izquierda, no obstante, se consolida como alternativa política nacional. Las victorias sucesivas de Lucho Garzón, Samuel Moreno Rojas y Gustavo Petro confirman que el electorado de Bogotá vota mayoritariamente a favor de proyectos y candidatos de izquierda democrática.

El caso de Petro es aun más significativo, si se tiene en cuenta que su pasado como militante guerrillero lo hacía aparentemente un blanco más fácil de la estigmatización política anti-izquierdista. Si Carlos Gaviria, quien fue profesor universitario toda su vida y jamás militó en movimientos marxistas o guerrilleros, debió soportar en las elecciones presidenciales de 2006 toda clase de guerra sucia y propaganda política de la más baja condición, Petro parecía una presa más frágil aun.

Pero si quieren convertirse en una verdadera alternativa política nacional, la tarea pendiente de Petro y los Progresistas sigue siendo la conquista del electorado urbano de Medellín, Cali y Barranquilla.

Otros vientos recorren la política suramericana y ya son varios los líderes de este continente que, pese a su pasado armado, triunfan ahora en los escenarios electorales.  

Partidos y movimientos efímeros

El realismo de Maquiavelo, que invita a entender la política tal como es —no como quisiéramos que fuera— nos reta a otro tipo de análisis:

  • Las victorias de Petro y de la izquierda democrática, así como la derrota del Polo, deben comprenderse a partir de la muy peculiar función que tienen los partidos en Colombia, pues desde 2002 –con el triunfo de Uribe y la caída del bipartidismo liberal-conservador– cumplen roles coyunturales y superfluos ante la predominancia de figuras políticas, candidatos y caudillos.
  • Estos representan opciones políticas que no coinciden necesariamente con las de sus partidos:
    1. Santos, heredero político de Uribe, se convierte a la postre en el presidente que comienza el proceso de desmonte del uribismo.
    2. Petro, candidato del Polo en 2010, anuncia la defunción del Polo en 2011.
    3. Mockus, el artífice y héroe de la Ola Verde, se distancia progresivamente de su partido en 2011 y es derrotado contundentemente en su partido en 2011.

En todos los casos, imperan los caudillismos y personalismos; los partidos aparecen como estructuras coyunturales que sirven los propósitos de sus líderes y seguidores pero, cuando cambian las circunstancias, desaparecen para dar paso a unos nuevos partidos o movimientos, oportunistas y de ocasión.

El movimiento que llevó a Uribe a la Presidencia en 2002 apenas es recordado por algún colombiano y ya no existía para 2010. No sería por ello aventurado conjeturar que el Partido de la U podría reconfigurarse o mimetizarse en otra formación dentro de unos años, cuando Uribe y Santos desaparezcan de la arena política; el Partido Verde y el Polo podrían tener sus días contados como partidos. Sin embargo, los valores que representan pervivirán y encontrarán expresión en nuevos movimientos o caudillos.

El probable fin del Polo no significa entonces el fin de la izquierda, sino una reconfiguración nominal, que ahora será liderada por Gustavo Petro y que podría sentar las bases para que Colombia ingrese defintivamente en el contexto latinoamericano actual.

La izquierda latinoamericana ha renunciado definitivamente a la lucha armada, apuesta por la democracia electoral y ha convertido el continente en un escenario de profundas transformaciones sociales.

Y quizá sea Petro quien mejor represente esa tarea pendiente de la izquierda y del progresismo colombianos.

* Abogado, licenciado en Filosofía y Letras, doctor en Ciencias Políticas de la Universidad Johannes Gutenberg de Maguncia (Alemania), profesor de la Universidad de Antioquia.

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