Rusia, Ucrania y Europa: un presente turbulento, un futuro incierto - Razón Pública

Rusia, Ucrania y Europa: un presente turbulento, un futuro incierto

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La política exterior rusa no se basa solamente en el deseo de extender su dominio  económico o político, sino en razones profundas sobre el alcance del “mundo ruso”. Occidente no entiende esta situación y hace muy poco para revertirla.

Vladimir Rouvinski*

Un año realmente excepcional

Para Rusia y para Ucrania el 2014 trajo tantos cambios políticos, económicos y militares, con tantos dramas y desafíos para la población, que solo puede compararse con 1991, cuando dejó de existir la Unión Soviética. Veamos por qué se puede decir esto.

En primer lugar, el conflicto que se vive en la región significa un escenario europeo muy distinto del de las décadas posteriores a la Guerra Fría, cuando parecían existir reglas de juego claras sobre cómo las relaciones entre Rusia y los países de Europa Occidental.

Vladimir Putin piensa que es posible revisar los acuerdos del comienzo de la década 1990 que definieron las fronteras en la Europa postsoviética.

Hoy en día – en una situación impensable hace diez años (y contraria a los acuerdos sobre armas nucleares suscritos entre Estados Unidos, Rusia, Ucrania y Bielorrusia)- aviones militares rusos aparecen cerca de las fronteras de países europeos de la OTAN en cantidades parecidas a las de los tiempos de la Guerra Fría, la armada rusa hace maniobras en la Mancha y en el Mediterráneo, y los generales rusos llaman a conferencias de prensa para denunciar la política agresiva de Estados Unidos y sus aliados y anunciar la nueva doctrina militar rusa, que no excluye la posibilidad de armas nucleares en Crimea y en la región de Kaliningrado.

Durante los últimos años, el gasto militar ruso se ha ubicado entre los más altos del mundo, y al anexarse la península de Crimea, apoyar a los separatistas en el este de Ucrania y amenazar una invasión abierta del territorio de Ucrania, se demuestra que Vladimir Putin piensa que es posible revisar los acuerdos del comienzo de la década 1990 que definieron las fronteras en la Europa postsoviética.


Plaza de la Independencia en Kiev, capital de Ukrania.
Foto: Wikimedia Commons

El mundo ruso

Sin embargo – y al revés de lo que piensan muchos observadores extranjeros- la actuación de Putin en Ucrania no está motivada únicamente por el interés de mantener el control sobre el territorio por donde transita el gas ruso hacia Europa o el de evitar los riesgos  militares del acercamiento de Ucrania con la OTAN (después de todo, las oportunidades de que Ucrania ingrese a esta organización han aumentado a raíz de la crisis).

La explicación es distinta y tiene mucho que ver con el  llamado “mundo ruso”, pues se trata de la forma de pensar y de ver la realidad que llenaron el vacío después de que los rusos rechazaran la ideología comunista tras el colapso de la Unión Soviética. Y la difusión de estas ideas en la Rusia de hoy ha tenido un éxito tremendo, facilitado por el estricto control del gobierno de Putin sobre los medios de comunicación masivos.

Esto son los pilares conceptuales del nuevo mundo ruso:

1. Ese mundo no coincide con las fronteras políticas de la actual Federación Rusa, puesto que incluye a todos quienes en cualquier parte del mundo hablen el idioma ruso y compartan los valores tradicionales de esta civilización.

2. Los rusos siempre se han sentido llamados a salvar la humanidad, y creen tener una misión sagrada e histórica, ya sea la defensa de la fe ortodoxa en los tiempos del Imperio Bizantino, la protección de Europa del yugo mongol en tiempos medievales o la derrota del nazismo en el siglo XX.

3. Los rusos están dispuestos al sacrificio en defensa de sus valores y su modo de vida, sin importar el costo.

4. Solidaridad: los rusos no van a abandonar a otros rusos, ni siquiera a quienes viven fuera de las fronteras  de la Federación, si estos se ven amenazados.

Por eso, para entender el conflicto con Ucrania hay que mirar por debajo de la superficie. En el mundo ruso simplemente no hay lugar para Ucrania como país distinto de Rusia, pues para ellos Kiev, la capital de Ucrania, es reconocida como la madre de las ciudades rusas y como el lugar donde comienza su nación, y esto cambia la perspectiva de la rivalidad entre Moscú y Kiev.

Otra evidencia a este respecto fue la reciente explicación de Putin sobre el “regreso de Crimea” a Rusia. Según esta explicación, la península es un lugar sagrado para los rusos pues fue allí donde el mítico príncipe Vladimir recibió la fe ortodoxa. En otras palabras, Crimea también es un lugar de origen histórico del mundo ruso.

Los costos

Pero para el Kremlin, 2014 no fue apenas un año de victorias y ganancias territoriales sino también el año de pagar grandes cuentas. Diez años después de haber nacionalizado la firma Yukos, una de las mayores petroleras privadas del mundo, la Corte Europea de Derechos Humanos y la Corte Permanente de Arbitraje en La Haya establecieron que el proceso jurídico no se llevó a cabo en la forma debida y que Moscú tendrá que pagar más de 50 mil millones de euros a los dueños anteriores, algunos de los cuales pasaron años en cárceles.

Hay evidencias de que Putin no quiere pagar las cuentas. Pero, ¿puede no hacer caso a las cortes europeas? La respuesta es que sí, puesto que las consecuencias de no pagar serían grandes pero no necesariamente negativas para el gobierno de Moscú.

En el contexto político actual, para Putin sería más fácil vender a los rusos el cuento de que la decisión de las cortes fue políticamente motivada por la crisis en Ucrania y no corresponde a la realidad del asunto. Incluso, habría muy poca inconformidad en la sociedad rusa si el presidente usa esta oportunidad para cancelar la membresía de Rusia en el Consejo de Europa y en la Corte Europea de Derechos Humanos. El “mundo ruso” no necesita a Europa con sus estrictos estándares de derechos humanos y la independencia de sus cortes.

Por otro lado, Vladimir Putin no es el único que tiene cuentas pendientes. Hay otros actores con deudas, aunque de otra índole. El alto precio que Ucrania tiene que pagar incluye la pérdida territorial, la guerra interna, uno de los niveles más altos de corrupción en el mundo y una grave crisis económica.


Firma de la disolución de la Unión Soviética el 8 de diciembre de 1991.
Foto: Wikimedia Commons

Coletazo en América Latina

Además, y aunque poco se hable de esto, es importante saber que el impacto de la crisis sobre Ucrania no se limita al territorio europeo. Aunque en términos geográficos América Latina está muy lejos de Kiev, Moscú o Bruselas, la tormenta europea también se siente entre nosotros.

En el mundo ruso simplemente no hay lugar para Ucrania como país distinto de Rusia.

Aparte de los acercamientos militares entre Rusia, Venezuela, Nicaragua y Cuba, que preocupa a Estados Unidos y a sus aliados en la región, el descontento de los europeos se debe al aumento del comercio entre Rusia y algunos países latinoamericanos para reemplazar a los proveedores europeos que perdieron acceso al mercado ruso debido a las sanciones.

Lo que viene

La situación actual es consecuencia de los errores cometidos durante la transición  postsoviética y el respeto excesivo por los intereses de la oligarquía rusa (parte de ella vinculada con el crimen organizado) por encima de tareas urgentes para el país como la construcción de instituciones fuertes y transparentes.

No hay una solución fácil para estos problemas. En un contexto de incertidumbre política y económica continua es probable que en el año que viene Ucrania enfrente un verdadero abismo económico y una crisis política profunda debido a la falta de herramientas del gobierno de Kiev para suavizar el impacto de los choques.

Mientras tanto, parece que los países europeos simplemente no tienen una respuesta oportuna ante los cambios que ocurrieron en este año y cuyos protagonistas fueron Rusia y Ucrania.

Aunque no hay duda de que las sanciones hacen daño a la economía rusa, no van a lograr el cambio del régimen político del país. Tampoco hay una alternativa viable para el gas y para los mercados rusos.

El precio que paga Europa es consecuencia de ignorar por tanto tiempo los problemas que fueron acumulándose por el proceso de regresión democrática que vivió Rusia, así como la creciente dependencia de algunos países clave (como Alemania) de los mercados rusos.

La impotencia que muestran los líderes europeos frente los desafíos de seguridad muy cerca de sus casas es de veras preocupante y parce incentivar al gobierno de Putin para que en 2015 mantenga la política exterior que adelanto este año.

2014 fue un año turbulento para Europa. Llegaron tiempos de cambios bruscos y violentos. En cuanto al 2015, mucho dependerá de si se logra encontrar una solución a los desacuerdos entre Rusia, Ucrania y Europa que sirva a todos los interesados.

Y por ahora sigue la incertidumbre.

 

* Director del Centro de Investigaciones CIES y Profesor del Departamento de Estudios Políticos de la Universidad Icesi en Cali, Colombia. Es egresado de la Universidad de Hiroshima. Su área de investigación son las relaciones entre Asia y América Latina.

 

Acerca del autor

Vladimir Rouvinski
vladimirrouvinski@razonpublica.org.co | + posts

*Profesor de la Universidad Icesi.

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