Honduras políticas, o el golpe sin estado - Razón Pública
Inicio TemasInternacional Honduras políticas, o el golpe sin estado

Honduras políticas, o el golpe sin estado

Escrito por Carlos Sojo
Carlos Sojo

Carlos SojoRelato digno del realismo mágico y explicación lúcida del golpe o  “sucesión forzada” del Presidente de Honduras en este texto del conocido analista centroamericano.

Carlos Sojo *

Una pregunta inusual

No vale la pena recordar que la magia de la buena literatura latinoamericana estriba en la crónica ordenada y bien escrita de nuestro desorden cotidiano.  Los acontecimientos políticos de la última semana en Honduras son una joya literaria que merece ser pulida.  No es ese, por supuesto,  el propósito de estas líneas, que aspiran apenas a explorar una cuestión analítica que podría interesar a los lectores: ¿Es posible un golpe de Estado, sin Estado?

Honduras tenía estabilidad política

Obviamente mi intención es provocadora porque el Estado hondureño existe, en tanto existen las instituciones políticas, la burocracia funciona y el gasto público se ejecuta. Más todavía existe Estado cuando Honduras, en comparación con sus vecinos más cercanos (Guatemala al Norte, El Salvador al Oeste y Nicaragua al Sur) registraba un grado más alto de institucionalización política a causa de un asentado bipartidismo, de la ausencia de un conflicto armado interno y de  casi tres décadas de estabilidad democrática: elecciones relativamente limpias, alternabilidad en el poder, y pérdida de beligerancia política de las Fuerzas Armadas. En una palabra: Honduras era un país gobernable.

La pequeñez del Estado 

No obstante, es necesario recordar que esa estabilidad política convive con una situación de precariedad democrática e institucional.  En otras palabras: las instituciones estatales en Honduras son pequeñas, ineficientes, mal financiadas y actúan como piezas de un engranaje patrimonial clientelista de asignación de recursos.  Las opciones políticas, por otro lado, han quedado reservadas para beneficio de una élite minúscula que no sabe o no quiere distinguir claramente los asuntos públicos de los privados.

El resultado es un Estado exiguo respecto de cualquier parámetro internacional.  La inversión social depende fuertemente de la cooperación internacional; y los microscópicos recursos fiscales terminan favoreciendo empeños que no se traducen en bienestar para el conjunto de la población.  Honduras políticas pero también honduras sociales, que colocan al país en los peores niveles de pobreza y desarrollo humano del continente.  Y a pesar de los progresos observados en un cuarto de siglo de paz y crecimiento económico, Honduras no mejora sustancialmente su posición en la jerarquía del bienestar internacional.

Nadie a favor de las instituciones

En este contexto histórico hay que situar la crisis de las últimas horas. La democracia y la estabilidad institucional que Honduras había conquistado con trabajo quedaron rotas en la madrugada del domingo 28 de junio cuando los militares de ese país nos despertaron a una pesadilla que creíamos olvidada.

La debilidad institucional fue la causa del movimiento retrógrado en contra del presidente Zelaya. Y la realidad que ha salido a la luz con este episodio es que la norma estatuida en el derecho pesa menos que la opinión de los poderosos a la hora de definir qué es lo legal y legítimo.

Nadie defiende instituciones que no funcionan, y esto se ve en las movilizaciones sociales – tanto a favor como en contra del presidente depuesto. Unos contra la oligarquía, otros por la democracia, dizque incautada por el gobierno Zelaya, a la Chávez.  Paradójicamente nadie es conservador en la coyuntura política hondureña.

Un comienzo de opereta

La gota que derramó el vaso fue digna de García Márquez.

En abierto desacato a la Corte Suprema de Justicia y a la autoridad electoral, el Presidente Zelaya siguió adelante con su proyecto de "consultarle" a la población sobre la conveniencia de someter a referéndum en las elecciones previstas para noviembre, una autorización para  convocar a una Asamblea Constituyente, que incidentalmente incluyera el tema de la reelección presidencial. 

Ante la consulta-para-la-consulta, el Presidente les ordenó a las fuerzas armadas (que son muchas y no tienen nada que hacer) que repartieran material "informativo"; pero el Jefe del Estado Mayor, respetuoso de la ley, se negó en vista de las resoluciones judiciales y del órgano electoral que consideraban ilegal la consulta, ahora convertida en "encuesta".  El jefe militar fue "enviado a retiro" por el presidente Zelaya.

Anatomía del golpe

Entonces los sectores políticos y empresariales, amparados en difusas órdenes judiciales, proceden en contra del presidente constitucional.  Pero no lo ajustician ni lo encarcelan: lo deportan.  Curioso proceder que por supuesto no está amparado en ningún procedimiento constitucional o legal establecido.

Cometido el delito, viene la alteración de la escena del crimen: mientras la televisión transmitía la denuncia del atropello cometido en boca de un Zelaya empiyamado y despeinado, el Congreso hondureño daba curso a una carta de renuncia del presidente depuesto a fin de justificar la pronta elección de su propio Presidente como nuevo mandatario del país.

CNN, in y out

CNN confundido, preguntó  entonces por la carta a Zelaya y éste la negó, por lo que fue necesario bloquear la señal de la cadena en el país, única fuente de información sobre el asunto porque los medios nacionales más influyentes, en manos siempre de poderosos grupos económicos, decidieron autocensurarse y sus propietarios abordaron aviones privados para sus refugios inmediatos en Miami, desde donde podían seguir la crisis a través de CNN.

La cadena estadounidense no quedó bien con nadie. Zelaya le recriminó que hablara de "sucesión forzada" y los golpistas redefinieron el acrónimo que ahora significa: Chávez News Network. 

Pon tus barbas en remojo

La comunidad internacional ha actuado pensando en sus propios fueros:   independientemente  del caso nadie puede aceptar que el presidente sea sacado de la cama por militares con pasamontañas,  para ser enviado al exterior y en su lugar instalar un gobierno alternativo. Considerando la situación de muchos gobiernos latinoamericanos, hay que reconocer que, ante la crisis hondureña, han actuado en defensa de ellos mismos. 

Ni contigo ni sin ti

José Manuel Zelaya no puede ni podía continuaren el gobierno. El caso es que una rara provisión constitucional en Honduras prohíbe siquiera hablar de reelección, con pena de inhabilitación para ocupar cargos públicos por una década y destitución inmediata para el funcionario responsable. 

Y el caso de Zelaya se complica porque no hubo debido proceso, pero ahora y al contrario los golpistas anuncian que arrestarán al Presidente depuesto si este decide tocar suelo hondureño.

Pero el gobierno de facto tampoco es sostenible ante la comunidad internacional, porque Zelaya entretanto viaja por la región, de cumbre en cumbre, y recibe un apoyo insospechado que no es para su gestión, sino para el respeto más elemental por la estabilidad institucional.

Los papeles trastocados

El balance de la última hora también es mágico en su irrealismo.  En defensa del orden constitucional, las instituciones del Estado en pleno (Corte, Congreso y Fuerzas Armadas) actúan en contra del Presidente, quien es respaldado para su reinstalación, por la comunidad internacional también en pleno, alegando el respeto debido al orden constitucional.

Los medios extranjeros reportan en general movimientos de apoyo a los golpistas y de respaldo al presidente depuesto, lo que hace pensar que una solución institucional no es simple.  ¿Estará dispuesto Zelaya a volver al país para ser arrestado de inmediato?  ¿Estarán dispuestos el Congreso, la Corte y los militares a echar para atrás y esperar las elecciones de noviembre para sacar a Zelaya por las buenas? 

Las soluciones intermedias seguramente terminarán imponiéndose: una promesa de libertad para Zelaya y elecciones anticipadas podrían poner fin a este tortuoso incidente.  Ojalá, eso sí, como hasta ahora sin aparentes excesos ni victimas que lamentar.

Lo que sigue

Concluido el caso, es de prever que las cosas seguirán como estaban, especialmente para las mayorías pobres del  país.  Zelaya y su gestión están muy lejos de ser el gobierno fundacional de un nuevo compromiso social orientado por objetivos de justicia social y desarrollo humano.   Lo mismo ocurre con Ortega en Nicaragua, aunque ambos sean cabeza de la "revolución bolivariana" en Centroamérica. 

Sacar a Honduras de los fondos políticos y sociales donde ahora se debate su destino, requiere mucho más que retórica populista o petropolítica.  Si sólo la democracia salva a la democracia, partamos de reconocer que las instituciones estatales son la precondición de la democracia.

 

* Sociólogo costarricense. Entre 2000 y 2008 director de la FLACSO en Costa Rica. Su libro más reciente se titula La Modernización sin Estado. Reflexiones en torno al desarrollo, la pobreza y la exclusión social en América Latina. San José, FLACSO. 2008.

Artículos Relacionados

Este sitio web utiliza cookies para mejorar tu experiencia. Leer políticas Aceptar

Política de privacidad y cookies

Conoce la galería de obra gráfica de Razón Pública

Podrás adquirir obra gráfica de reconocidos artistas latinoamericanos a un excelente precio y ayudarnos a financiar este maravilloso proyecto periodístico