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Los consejos de juventudes, el principio del cambio

Escrito por Esteban Salazar
Esteban Salazar

Si todos los jóvenes votaran, pondrían presidente. Que pasó y que no pasó con la elección de los consejos de juventudes.

Esteban Salazar *

Elecciones atípicas

El 5 de diciembre de 2021 se celebraron las primeras elecciones para consejos municipales y locales de juventudes: un hecho inédito en Colombia y en Latinoamérica. Participó el 10,42 % de las 12.282.273 personas entre 14 y 17 años habilitados para votar; fueron elegidos 10.864 consejeros (no concejales) de juventud en todo el país.

Este porcentaje fue motivo de cábalas sobre lo que viene, pero aun entonces ni esta cifra de abstención ni la distribución de preferencias políticas necesariamente son augurios de las elecciones de 2022 ni dicen mucho sobre la representación de los jóvenes en partidos políticos.

Primero, no todos jóvenes entre 14 y 17 años estarán en el censo electoral del 2022; segundo, es la primera vez que se convoca a estas elecciones.

Por otro lado, el abstencionismo es una constante en Colombia: entre 1958 y 2010 el promedio de participación fue apenas del 56 %.

Elecciones desaprovechadas

Pero el evento sí significa que los jóvenes le cumplieron a la democracia, y que al Estado y su sistema electoral les fata un largo camino para inspirar confianza entre los jóvenes.

Las elecciones de consejos de juventudes no son una invención de este gobierno, sino una deuda de la Registraduría desde hace casi una década, pues lo consejos son parte del Sistema Nacional de Juventudes formulado en 2013 por el primer gobierno de Santos.

Con respecto a esto último, dos semanas antes de las elecciones del 5 de diciembre, la Fiscalía y la policía judicial capturaron masivamente a jóvenes de las primeras líneas: esto erosionó la confianza y cimentó la estigmatización contra los jóvenes.

El contexto importa y hay que tener en cuenta tres factores para un análisis:

  • El gobierno Duque se atribuyó estas elecciones como parte de la respuesta a las protestas masivas, en especial como atención a las demandas de participación política de las “primeras líneas” —en su mayoría, conformadas por jóvenes—.

Pero las elecciones de consejos de juventudes no son una invención de este gobierno, sino una deuda de la Registraduría desde hace casi una década, pues lo consejos son parte del Sistema Nacional de Juventudes formulado en 2013 por el primer gobierno de Santos.

La poca versatilidad de las funciones de los consejos de juventudes, así como las asimetrías de competencia electoral, desincentivaron la participación desde el principio.

Las escasas funciones de los consejos

La Ley estatutaria 1885 de 2018  señala tres funciones de los consejos locales y municipales de juventudes:

  • diseño y formulación de políticas de juventud;
  • veeduría;
  • control político.

Pero los consejeros de juventud no tienen presupuesto; no son ordenadores del gasto; no son un cargo dentro de la rama ejecutiva, legislativa o un cargo de elección popular, ni tienen personería jurídica.

Los consejos entonces no tienen competencias ni herramientas suficientes para que los jóvenes se interesen de veras en votar para escoger sus integrantes, o para ser convocados para aportar por su conducto en políticas, planes, programas, proyectos, rendición de cuentas e investigaciones. Los consejos dependen de la voluntad de alcaldes y gobernadores, respectivamente, para tener un mayor margen de acción.

Las maquinarias de siempre

En cuanto a la conformación electoral, 30 % de los consejeros iría para partidos políticos; 30 %, para prácticas y procesos organizativos, y 40 % para listas independientes en todos los departamentos, por medio de recolección de firmas.

La mayoría de las listas fueron  presentadas  por partidos políticos (4440), seguidos de listas independientes (2463) y, en menor proporción, los procesos y prácticas organizativas (1689

Desde el principio era claro que cuantas más listas presentaran los partidos, más probable era obtener representación. Este fue el top de los partidos que presentaron más listas en todo el país:

  • Liberal (710 listas inscritas),
  • Conservador (629),
  • Centro Democrático (574),
  • Cambio Radical (517),
  • La U (419),
  • Alianza Verde (360),
  • Dignidad (221).

Apenas en los últimos lugares hay dos partidos alternativos: Verde y Dignidad. Tienen menos inscripciones las coaliciones de partidos cuyos candidatos puntean en las encuestas, pero no presentaron gran cantidad de listas. Este último es el caso, que parece paradójico, de Colombia Humana – UP (140 listas inscritas).

En cuanto a resultados, era de esperar que los partidos tradicionales ocuparan más espacios, sobre todo en zonas donde siguen funcionando la política tradicional, las maquinarias y las prácticas irregulares —incluso para estas elecciones, que no inciden mucho sobre la vida local—.

Es clara la desproporción entre el 30 % que les correspondía a los partidos y el  70 % asignado a listas independientes y a prácticas organizativas, siendo así que los primeros tenían ya su maquinaria y los segundos estaban participando por primera vez en unas elecciones sin recursos ni apoyo del gobierno.

Se notó la participación de listas y jóvenes en partidos tradicionales que dispusieron de recursos para pedagogía y publicidad política. En contraste, los partidos alternativos y los jóvenes independientes se autofinanciaron y compitieron con estos desequilibrios.

Ahora bien, en cuanto a los resultados, el orden de votaciones, de listas y de consejeros asignados fue directamente proporcional al volumen de listas presentadas:

  • Liberal: 100.592,
  • Conservador: 74.651,
  • Cambio Radical: 61.263,
  • La U: 59.639,
  • Centro Democrático: 44.068,
  • Alianza Verde: 43.256,
  • Colombia Humana – UP: 23.989.

Como puede verse, Colombia Humana – UP fue la excepción: llegaron al séptimo lugar.

Foto: Registraduría Nacional - El sistema representativo en Colombia está en crisis, pero esta no es la única vía para responder a las demandas sociales.

Ilusión para las maquinarias, alerta para los alternativos

En estas elecciones con poca participación, la victoria del Partido Liberal y de otros partidos tradicionales parece una ventaja política; pero es un espejismo que producen sus maquinarias, que controlan algunos departamentos del país mediante clanes políticos (Córdoba, Atlántico, Sucre, Bolívar, La Guajira y Cesar).

También es una alerta importante para los partidos alternativos: han abandonado la estrategia de consolidar bases jóvenes, y no les han prestado atención suficiente a estos escenarios. De esto depende su capacidad para la pedagogía electoral y para construirse como partidos políticos.

No se pueden comparar las elecciones de consejos de juventudes con las de Congreso y Presidencia. Las funciones son diferentes, y en las elecciones de 2022 el rumbo del país está en juego.

Un balance

De esas elecciones se desprenden cinco grandes conclusiones:

  1. El sistema representativo en Colombia está en crisis, pero esta no es la única vía para responder a las demandas sociales. Las primeras líneas y el estallido social se han convertido en manifestaciones democráticas que no se resuelven mediante una elección en una instancia con pocos poderes de decisión.
  2. 279.961 jóvenes votaron en la primera elección de este tipo en Colombia. La democracia colombiana les debe mejores condiciones en los espacios de representación.
  3. La Registraduría perdió estas elecciones. Alexander Vega y el gobierno nacional improvisaron y fueron negligentes. Es inaceptable que se hayan registrado 291.345 votos nulos —el 22,76 % de los votos totales—: el tarjetón y la pedagogía electoral fueron precarios.
  4. Los análisis de los partidos tradicionales que obtuvieron una mayor cantidad de consejeros no son fiables por sí mismos: sencillamente presentaron más listas. Obtuvieron el 56,39 % de los votos totales, pero estaban compitiendo por un 30 % de los consejeros que se pueden repartir en cada municipio. Hay que analizar con detalle la incursión del 29,06 % de votos para listas independientes y el 14,53 % para procesos y prácticas organizativas; estas competían por el 70 % restante de consejeros posibles.
  5. No se pueden comparar las elecciones de consejos de juventudes con las de Congreso y Presidencia. Las funciones son diferentes, y en las elecciones de 2022 el rumbo del país está en juego. También hay una competencia establecida por los partidos, con altos niveles de financiación y pedagogía. La premisa de que si todos los jóvenes votaran pondrían presidente es cierta, pero es errado entenderlos a todos dentro de un mismo espectro político, y más cuando esta población tiene condiciones desiguales en toda Colombia.

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