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Las comunidades y la construcción de identidad

Escrito por Tatiana Alfonso

Miembros de la comunidad de Mocambo.

Tatiana AlfonsoLa identidad no debe entenderse como un conjunto de características inmutables, especialmente si se está hablando de comunidades. Al contrario, la identidad se revisa y se modifica continuamente, como en el caso de estas dos comunidades de Brasil.

Tatiana Alfonso*

Legalizing Identities. Becoming Black or Indian in Brazil's Northeast

Jan Hoffman French

The University of North Carolina Press

2009

Formación de identidades colectivas

En Legalizing Identities. Becoming Black or Indian in Brazil's Northeast, Jan Hoffman French explica cómo las comunidades de Xoco y Mocambo -dos asentamientos rurales vecinos en el noreste de Brasil conformados por personas con piel negra- llegaron a identificarse como grupos étnico-raciales diferentes.

En ese proceso cada comunidad le exigió al Estado brasilero el reconocimiento de su identidad étnica y de sus respectivos derechos territoriales apelando a dos leyes federales diferentes. De esta forma, dos comunidades que a simple vista podrían parecer muy similares por sus rasgos físicos fueron reconocidas como diferentes por el gobierno brasilero. Los miembros de Mocambo le pidieron al Estado ser reconocidos como descendientes de esclavos fugitivos. Los miembros de Xoco, también de piel negra, reclamaron al Estado ser reconocidos como una comunidad indígena.

¿Cómo es posible que dos comunidades campesinas vecinas, que por generaciones se combinaron de formas diversas, estén ahora separadas por raza, etnicidad, política y territorio? Aún más, ¿por qué el Estado les daba tratamientos diferentes si parecían tan similares? ¿Por qué dejaron de ser considerados campesinos para ser comunidades afrodescendientes o indígenas?

Estas preguntas orientaron la investigación de French, que analiza la construcción de identidades colectivas étnico-raciales en Brasil y construye un modelo teórico que explicaría cómo las instituciones legales y políticas interactúan en los procesos de transformación de identidades locales. Según la autora, las identidades colectivas étnico-raciales en Brasil son resultado de la combinación de las prácticas culturales, las disposiciones legales y los procesos de formación de identidad. A todo este proceso lo llama “legalización de identidades”.

En la investigación, French reconstruye la historia de los reclamos de identidades diferenciales en el mundo e identifica el surgimiento de estos reclamos como parte de las demandas globales que, después de la  guerra de Vietnam, exigen una nueva distribución de recursos.

En América Latina, las normas que reconocían y respaldaban el multiculturalismo abrieron la posibilidad de que la lucha de las comunidades rurales por la redistribución de recursos quedara enmarcada dentro de formas de movilización social que exigían que el Estado reconociera su diferencia cultural y actuara en consecuencia. En ese sentido, la “etnización” de las comunidades rurales es simplemente otra forma de movilización social. La identidad que antes se reclamaba apelando a la clase social ahora se reclama teniendo como fundamento la etnicidad.

Xoco y Mocambo

La comunidad de Xoco estaba conformada por pueblos nativos, trabajadores rurales descendientes de africanos, portugueses y holandeses, asentados en la ribera del río San Francisco en la región de Sergipe. A raíz de la violencia y exclusión sufridas por los miembros de Xoco a causa de sus patrones -los grandes terratenientes-, los entonces campesinos comenzaron una lucha por el reconocimiento de sus derechos territoriales a comienzos de la década de 1970.

En esa época la comunidad comenzó a reclamar tierra haciendo énfasis sobre su ascendencia indígena. Este reclamo tomó mayor fuerza en 1973, con la expedición de una nueva ley de pueblos indígenas que los favorecía. En 1979, Xoco fue reconocida como la única comunidad indígena de la región de Sergipe, y en 1991 -después de reiterados enfrentamientos entre latifundistas, fuerzas armadas estatales, abogados de ambas partes y varias decisiones judiciales- les fueron reconocidos sus derechos territoriales.

La “etnización” de las comunidades rurales es simplemente otra forma de movilización social. 

A principios de la década de 1980, la comunidad de Mocambo -ubicada también en la ribera del río San Francisco- comenzó una lucha por el reconocimiento de su derecho a la tierra que habían trabajado por generaciones. La cláusula de los quilombos expedida en 1988 les dio un marco legal para encauzar su reclamo. Con ayuda de representantes del movimiento negro en Brasil, solicitaron al Estado que se aplicara la cláusula y se les reconociera como comunidad negra y, con ello, su derecho al territorio.

Los dos grupos comparten muchas características. Sin embargo las luchas por el reconocimiento y por la redistribución de la tierra comenzaron a diferenciarlos. Xoco construyó una identidad indígena, mientas Mocambo lo hizo como pueblo afrodescendiente.

Derecho e identidades

Desarrollo Rural en Colombia.
Desarrollo Rural en Colombia. 
Foto: Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural

Hoffman French está especialmente interesada en el papel del derecho en los procesos de reconocimiento e identificación étnica en América Latina, particularmente en Brasil. A través del conocimiento de la historia de las luchas de estas dos comunidades, la autora afirma que la mejor manera de entender estas formas de organización alrededor de categorías étnicas y raciales es dentro del marco conceptual de la justicia social y distributiva.

Los procesos de identidad son dialógicos y dinámicos, y el derecho es una de las herramientas dentro de este proceso de formación de identidades étnico-raciales. De acuerdo con el modelo teórico de “legalización de identidades”, el reconocimiento jurídico de identidades diferenciales sirve para que las comunidades revisen sus prácticas sociales y se involucren en procesos de formación de identidad.

Esto implica que la identidad que surja de allí, no es esencial ni inmutable. Tampoco una invención estratégica de las comunidades, ni una simple imposición del Estado. La identidad colectiva es un producto intermedio entre lo que une a una comunidad y la posibilidad de adoptarlo como nueva forma de identificarse y de relacionarse con otros grupos sociales.

En otras palabras, los indígenas no son indígenas solo cuando han conservado su lengua, sus fiestas tradicionales o sus prácticas de supervivencia. También lo son cuando tras una revisión de sus prácticas comunitarias comienzan a identificarse a sí mismos como indígenas.  De forma similar, las comunidades negras no son comunidades negras porque el Estado lo ordene, ni porque tengan la piel negra. Son comunidades negras porque al organizarse colectivamente reconocen y reproducen en sus prácticas las características de estos grupos.

Una vez se pone en marcha el proceso de construcción de identidad, articulado con el reconocimiento estatal, este se vuelve continuo y cambiante. Hoffman French explica este proceso de constante construcción y revisión en cinco momentos:

  • La revisión de la identidad por parte de los individuos de la comunidad. ¿Se identifican o no con la nueva identidad que reclama la comunidad?
  • La interpretación de las leyes en función del reclamo de las nuevas identidades. 
  • La modificación de las prácticas locales a partir de las interpretaciones de la ley y de la nueva identidad.
  • El cuestionamiento del significado de la comunidad. El proceso de legalizar una identidad siempre trae consigo la decisión de los individuos de pertenecer o no a la nueva colectividad.
  • El proceso de “auto-identificación” de los individuos es visto como resultado de una lucha política. Sin embargo muchas veces la identidad que resulta de este proceso político se expresa a través de características que acaban interpretándose como esenciales.

El caso de Colombia

En términos metodológicos el libro es un buen ejemplo de trabajo etnográfico en el que, a través del análisis riguroso de material diverso, se explica la construcción de identidades colectivas e individuales alrededor de categorías legales. El modelo teórico que resulta de la investigación de Hoffman French es atractivo, aunque es incierta su aplicabilidad en otros casos. Por eso vale la pena preguntarse cómo entender otros contextos a través del modelo de legalización de identidades.

El caso de Colombia, donde cada vez más comunidades rurales piden que se reconozca su derecho a la tierra, parece exigir un modelo analítico como el de Hoffman French. Actualmente, la demanda por una distribución justa de la tierra sigue estando en el centro de nuestro conflicto y de las posibilidades de solucionarlo. Estos reclamos de distribución justa vienen fundamentalmente de comunidades campesinas, pueblos indígenas y comunidades negras.

Para adjudicarles tierras, se debate si las comunidades solicitantes son lo suficientemente indígenas, lo suficientemente negras, o si siguen siendo realmente campesinas. No pocas veces los argumentos de los burócratas para negar solicitudes de tierra hacen referencia a que “en realidad no son negros” o “hace rato dejaron de ser indígenas”. También se les niega a los campesinos el derecho a ser consultados sobre decisiones que afectan su vida y su territorio argumentando que “la consulta previa es solo para los que son culturalmente diferentes”.

La demanda por una distribución justa de la tierra sigue estando en el centro de nuestro conflicto.

Todos esos argumentos tienen como idea subyacente que la identidad es una característica natural, esencial, e inmutable, y que solo aquellas que se pueden verificar como exóticas culturalmente son las que deben tener acceso a ciertos derechos. Por ese motivo, este libro es particularmente útil para Colombia en este momento. El análisis de French invita a repensar la identidad étnica y a reconocer que es resultado de un proceso político de reivindicación de derechos, no del cumplimiento de ciertos requisitos biológicos o antropológicos.

Una vez que aceptemos que las identidades no dependen exclusivamente de un tipo de vestido, de una lengua o de un color de piel, podremos reconocer y responder adecuadamente a los reclamos de comunidades que revisan y construyen su propia identidad, y que exigen ser reconocidas por el Estado a través de una justa participación y distribución de los recursos. Y el Estado, en lugar de incentivar la competencia entre diferentes identidades, podría preocuparse por diseñar criterios justos para el reconocimiento y la distribución de recursos.

 

* Estudiante de doctorado en Sociología de la Universidad de Wisconsin-Madison.

 

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