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Elecciones en USA: resultados predecibles pero significativos

Escrito por Sandra Borda

Sandra BordaObama tendrá que moverse más hacia el centro pero los republicanos pueden acabar más divididos. Lo que hay debajo y lo que sigue después de las elecciones de esta semana.

Sandra Borda Guzmán*

 

Obama sin mayorías

Las elecciones de este martes 2 de noviembre han generado gran expectativa no sólo dentro sino también fuera de Estados Unidos. Es muy probable que se reduzca el número de demócratas, tanto en la Cámara como en el Senado. A partir de ahora el presidente Barack Obama podría entonces verse enfrentado a un Congreso mucho más equilibrado y, por qué no, más hostil y menos proclive a construir consensos bipartidistas.

Pero antes de iniciar la descripción de lo que creo que será el escenario político después de las elecciones, es necesario aclarar que, para fortuna de los demócratas (creo yo) sólo está en juego un tercio de las sillas en el Senado, lo cual hará más difícil que los  republicanos obtengan la mayoría. De no ser por esta particularidad del sistema electoral norteamericano, el Partido Demócrata se estaría enfrentando a un escenario  más oscuro. En la Cámara la historia es distinta: allí sí se disputa la totalidad de las curules, y por tanto los pronósticos sugieren que la mayoría de las mismas pasará a manos de los republicanos.

De hecho, la actual coyuntura es muy parecida a la que enfrentó Bill Clinton durante su primera presidencia y cuyo desenlace fue un congreso republicano envalentonado y con pocas ganas de cogobernar con el presidente demócrata.

Referendo sobre Obama

En un escenario de esa naturaleza es necesario plantear varias preguntas. La primera es muy sencilla: ¿qué hará la Casa Blanca para explicar la pérdida de curules por parte de los demócratas?

Para empezar, la participación del presidente y de la primera dama en las campañas es de varios candidatos a gobernaciones y al Congreso ha sido sobresaliente y maratónica.  Así que no le va a quedar fácil a la familia presidencial esgrimir el argumento de que estas elecciones no son un plebiscito sobre la gestión de Obama (o, según los republicanos, sobre la falta de ella). 

Sin duda alguna el 2 de noviembre constituye una ocasión de catarsis para aquellos que, insatisfechos con la moderación o con el radicalismo de la actual administración (porque hay de ambos), van a optar por castigarla a través de las urnas. Y así probablemente lo reconocerá el mismo presidente.

Otro giro hacia el centro

Con una Cámara más dividida y probablemente en manos de los republicanos y con un Senado con menos presencia de los demócratas, lo más probable es que, igual que Clinton, Obama gire (¡aún más!) hacia el centro y adopte posiciones más moderadas frente a ciertos temas cercanos al corazón de los republicanos. Esto, si al igual que Clinton, Obama  aspira a postularse para un segundo mandato.

Para aquella parte de los críticos que sugiere que la administración Obama le ha cedido mucho a la derecha en su intento por gobernar, lo que siga después del 2 de noviembre va a producir aún mayor frustración.

Entre un mal y otro peor

La paradoja está, sin embargo, en que a pesar de todas las concesiones y todos los intentos por gobernar en conjunto con los republicanos (como lo prometió durante su campaña), cada paso que Obama da o deja de dar, siempre e inevitablemente produce un bloqueo y una oposición casi que automática y, en la mayoría de los casos, irreflexiva y fundamentalista por parte de los republicanos. 

Así las cosas, muchos se preguntan para qué entonces moderarse y moverse hacia el centro, si de todas formas el radicalismo de los republicanos y su nuevo consorte, el Tea Party, siempre va a ser igual de destructivo y poco selectivo. 

Es más, dicho desplazamiento hacia el centro está decepcionando en forma creciente al ala más progresista, y de pronto más izquierdista, del mismo Partido Demócrata y puede costarle al presidente perdidas aún más grandes al interior de sus propias bases. 

La línea que camina Obama es cada vez más delgada y con el paso del tiempo, parece que ya nadie quiere estar abajo sosteniendo la red de apoyo para evitar una caída dolorosa. Una vez más, queda demostrado el peligroso principio según el cual ser moderado "is just not good politics" (sencillamente no es buena política).

Y si Obama por lo menos no intenta moverse hacia el centro, es probable que después de noviembre se produzca un bloqueo aún más radical de las iniciativas provenientes del ejecutivo. La mayoría demócrata en la Cámara y el Senado permitió que el actual congreso aprobara la mayor cantidad de legislación desde los tiempos de Franklin D. Roosevelt. Sin embargo, es probable que después del 2 de noviembre, este cuerpo regrese a su tradicional función de bloquear las propuestas del ejecutivo y esto le sirva para compensar éxitos de Obama tan notorios como la reforma del sistema de salud.

Para Obama se trata entonces de escoger el menos peor entre dos mundos malos.

La reacción de los republicanos

Pero los republicanos también tendrán desafíos que enfrentar. Dos de ellos sobresalen hasta el momento: uno, el surgimiento y consolidación electoral del Tea Party; y dos, el superar su imagen como opositores muy vocales y ruidosos pero como ejecutores muy pobres y poco efectivos. 

  • En lo que concierne al Tea Party, hay que decir que las negociaciones con los republicanos están lejos de haber concluido. Aunque la mayoría de los miembros del naciente partido se confiesan republicanos, la lealtad de quienes salgan elegidos bajo su nombre pasará antes por el Tea Party mismo y su muy concreta agenda política. En otras palabras, la aparición de este partido puede ser una oportunidad para que los demócratas le apuesten al ‘divide y reinarás', estrategia que funcionaría si logra distanciar al ala McCain o moderada de los republicanos del ala Palin o derecha extrema que nutre de miembros al Tea Party.
  • En medio de una recuperación económica tan lenta y tan poco tangible, la actual campaña electoral sólo ha contribuido a polarizar más los ánimos políticos en Estados Unidos, y un Partido Republicano que logre un triunfo electoral contundente el 2 de noviembre, seguramente va a gritarle a la opinión pública en la cara "I told you so!" (¡Se los dije!). El espíritu reivindicativo de los republicanos encontrará más eco en sus denuncias sobre el exceso de intervencionismo y la inacción del gobierno nacional (¡sí, los republicanos pocas veces notan la inconsistencia obvia que existe entre ambas acusaciones!) y seguramente continuará señalando, a través de Fox News, los errores y la inacción de la actual Casa Blanca, y polarizando y dividiendo al electorado estadounidense.

Cambios en política exterior

La actual campaña se ha caracterizado por una ausencia virtual del tema internacional.  Si bien hace dos años y antes de que se desencadenara la crisis financiera en Estados Unidos, las guerras en Afganistán e Iraq y las propuestas en materia de libre comercio estuvieron presentes constantemente en el debate público, en esta oportunidad la decisión depende sobre todo del bolsillo. Los estadounidenses, con razón, quieren un crecimiento rápido y una disminución del desempleo tan acelerada como sea posible.  En un escenario de recesión, entonces, parece haber poco interés por la presencia de las tropas en Irak y Afganistán. Adicionalmente, la política local en Estados Unidos, a diferencia en ocasiones de la federal, está mucho más directamente relacionada con temas domésticos que afectan la vida cotidiana de la gente.

Es probable que, después del 2 de noviembre, no quede espacio para hacer mayores cambios en esta materia. La política exterior estadounidense en términos de seguridad parece haber alcanzado un nivel relativamente inercial donde el cada vez más silencioso debate nacional y las bajas posibilidades de declarar éxitos o fracasos absolutos le quitan sex appeal electoral al tema.

Igualmente, las probabilidades de que cambie la situación en lo tocante a acuerdos de libre comercio también son muy bajas. A menos de que la gran mayoría de los pronósticos fallen estruendosamente y los republicanos obtengan una mayoría arrasadora en el senado, es probable que los demócratas sigan tratando de imponer su orden de prioridades.  Esto significa que las elecciones de esta semana seguramente no  cambiarán la dinámica de la discusión sobre el Tratado de Libre Comercio con Colombia en el Senado y, por lo mismo, a que se aprobación se postergue por tiempo adicional.

Si, como sugerí anteriormente, Obama decide moverse aún más hacia el centro político, seguramente lo hará en temas que no son tan cercanos a su corazón y sobre los cuales no hizo tanto énfasis durante su campaña presidencial. Es posible que el tema internacional sea uno donde el presidente busque darles a los republicanos algo de contentillo. Otro tema, donde eventualmente puede no avanzar en la dirección de una agenda más progresista es el de la lucha contra las drogas. En el pasado, ese fue un tema que Bill Clinton terminó usando para mostrarse duro y para balancear otros ítems más liberales de su agenda. Así que, el camino que se ha andado hasta ahora, puede desandarse con bastante rapidez después del 2 de noviembre si Obama intenta buscar la reelección.

Conclusión

Las elecciones de esta semana seguramente producirán un cimbronazo fuerte en la Casa Blanca y dentro del Partido Demócrata, e inevitablemente producirán un giro importante tanto en el discurso y en la agenda del presidente, como en la aproximación al juego local y legislativo de demócratas y republicanos. Pero este cambio de estrategia, por lo pronto, difícilmente contribuirá a mejorar el tono y al ejercicio de una política bipartidista más constructiva en Washington. De hecho, la llegada del Tea Party a la competencia electoral y al legislativo aumentará la intensidad de los ataques y la virulencia de la defensa. 

Además, los dos años que siguen serán una ocasión para que las fuerzas políticas se midan el aceite y contrapongan sus respectivas fortalezas y debilidades en materia de agenda y de futuros presidenciables. Sabremos, también, si el Tea Party tiene madera para consolidarse como una tercería política de largo plazo y cuán rápidamente aprende a gobernar o si, contrariamente y como muchos sospechan, su existencia está circunscrita única y exclusivamente a su oposición visceral frente al presidente Barack Obama. 

Se avecinan dos años de inigualable interés e importancia en el futuro político de Estados Unidos.

* Ph.D, Co-directora del Centro de Estudios Estadounidenses, Profesora e Investigadora del Departamento de Ciencia Política de la Universidad de Los Andes.

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