Obama y los militares - Razón Pública
juan tokatlian

Obama y los militares

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juan tokatlianRecuperar el control de las fuerzas armadas y revisar el lugar del poder bélico en la política exterior de Estados Unidos son dos tareas urgentes pero difíciles para el nuevo Presidente. 

Juan Tokatlian

Uno de los principales desafíos del Presidente Barack Obama en materia de política internacional es un desafío de carácter interno: el control de las fuerzas militares y la disminución del peso del poder bélico en la política exterior de Estados Unidos.

La herencia de la era Bush  

Uno de los peores legados de la administración de George W. Bush ha sido el desequilibrio en la relación cívico-militar doméstica a favor de una creciente autonomía castrense y el desbalance entre diplomacia y fuerza en el campo externo a favor del músculo militar. Distintos indicadores demuestran la magnitud de este desafío:

-Mientras que a mediados de los ochenta el gasto militar de Estados Unidos no alcanzaba al 30% de los gastos militares mundiales, hoy es casi el 50%: el presupuesto de defensa de Washington equivale en la actualidad a la suma del resto de los 191 países miembros de Naciones Unidas.

-Durante la Guerra Fría Estados Unidos se preparó para una eventual mayor confrontación con la Unión Soviética, con el gobierno de Bill Clinton se adiestró para dos potenciales grandes contingencias coetáneas, y bajo el mandato de Bush buscó disponerse para cuatro hipotéticos conflictos simultáneos.

-Hay aproximadamente 440.000 efectivos militares estadounidenses en el mundo -y casi la mitad de ellos están involucrados en situaciones de combate.

-De acuerdo con la Commission on Review of Overseas Military Facility Structure of the United States de 2005, Estados Unidos tiene 826 instalaciones militares en el mundo (15 grandes, 19 medias y 826 pequeñas); algo que ninguna gran potencia aspirante o conjunto de potencias tiene. A los cuatro comandos funcionales y cinco geográficos se agregó en 2007 el US African Command, al tiempo que en 2008 se reactivó, para el área de América Latina, la IV Flota que había sido desactivada en 1950.

-Según un trabajo reciente de Carl Conetta[1], las fuerzas armadas norteamericanas emprendieron más guerras e intervenciones militares directas después de 1990 que en el período 1975-89: 9 frente a 6.

-El presupuesto de defensa es 15 veces más grande que el destinado a los asuntos internacionales; el Pentágono dispone de 200 veces la cantidad de personal del Departamento de Estado, al tiempo que los militares supervisan ya el 22% (en 1998 era de 3.5%) de la asistencia externa dedicada a fondos para el desarrollo, y disponen de US 200 millones de dólares para financiar centros de investigación y think tanks que, en general, promueven sus perspectivas y posturas.

La militarización de la política internacional estadounidense ha sido ascendente en los últimos años. Ese impulso, cada vez más excesivo, explique quizás el hecho de que, en un estudio reciente, el teniente coronel retirado Nathan Frier[2] haya propuesto la participación directa de los militares en cuestiones de seguridad interna. Planteó una reorientación "in extremis para defender el orden doméstico básico": ello podría ocurrir en el evento de un colapso económico, de una grave emergencia sanitaria, de una catástrofe natural, de una amenaza interna violenta o de una resistencia civil con propósitos determinados.

El caso de América Latina

En lo que respecta a nuestra región, la tentación de exagerar los peligros y de elevar el perfil militar para su abordaje no se limita a ejemplos como Colombia y Haití -que han contado con un fuerte despliegue de las fuerzas armadas estadounidenses. En el último informe de noviembre de 2008 del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas[3], sobre los retos y las amenazas que enfrentará en el futuro Estados Unidos se subraya el caso de México. Así, se describe un país en vías de un eventual colapso (al igual que Pakistán) y, por ello, un "México inestable puede representar un problema de seguridad nacional de enormes proporciones para Estados Unidos". En ese sentido, el Plan Mérida para México -émulo del Plan Colombia – es la corroboración de que se profundizará la fallida "guerra contra las drogas" en la frontera estadounidense.

Los primeros pasos de Obama

En ese contexto es que deben ser evaluados los primeros gestos de Obama en este frente. En su discurso inaugural, su mensaje fue mesurado. Afirmó -como lo hacen los sectores más duros- que  "la nación está en guerra" – y en tal situación el instrumento militar es esencial. Sin embargo, también subrayó que "nuestro poder es mayor cuanto más prudente es" y que "nuestra seguridad emana de la justicia de nuestra causa, de la fuerza de nuestro ejemplo y de las cualidades de la humildad y la moderación". Prometió asimismo una participación activa de Estados Unidos en "una nueva era de paz", lo cual exige más diálogo, consulta, negociación y diplomacia.

Sin embargo, en el ámbito burocrático, Obama confirmó al frente del Departamento de Defensa a Robert Gates, quien fue el segundo y último Secretario de Defensa de Bush, y designó a William Lynn como Subsecretario. Lynn es un conocido "lobista" de la firma Raytheon, una de las cinco empresas de defensa más grandes de Estados Unidos y envuelta en casos de corrupción -uno de ellos, vinculado a un contrato de más de US 1.000 millones dólares en Brasil y relacionado con sistema de vigilancia del Amazonas.

Asimismo, según informes de prensa, la nueva administración demócrata no parece interesada en modificar sustancialmente el presupuesto de defensa para 2010, continuando con los altos niveles de gasto del predecesor gobierno republicano.

Por otro lado, en las medidas específicas, el nuevo presidente avaló la continuidad de los ataques en Pakistán: en el primer ataque autorizado después de su posesión, un avión teledirigido, operado por la CIA, lanzó dos misiles que produjeron la muerte de 15 personas. Islamabad le solicitó a Washington que frene ese tipo de ataques; habrá que ver cómo evoluciona la política estadounidense en Asia Central, en general, y hacia Pakistán, en particular.

Los desafíos

Los retos que enfrenta el Presidente Obama son de una envergadura enorme:

-Si desea forjar una nueva gran estrategia para su país, deberá abandonar las premisas desmedidas y agresivas de la estrategia de primacía.

-Si procura recuperar la credibilidad y reputación en política exterior, deberá re-equilibrar el balance entre diplomacia y fuerza a favor del Departamento de Estado y del manejo político de los asuntos más espinosos.

-Si busca regenerar una coalición socio-política interna más progresista, deberá recuperar el control civil sobre el estamento militar y sus sectores de apoyo, que tienen fuertes intereses creados en la persistencia de un clima de "guerra perpetua" afuera y mayor poder adentro.

-Si aspira a gestar un ordenamiento internacional más pacífico y plural, deberá re-calibrar significativamente el lugar de los asuntos de defensa en la política global de Washington.

En todo caso, el lenguaje de su elección -reforzado con su Discurso de Posesión- está dirigido a fortalecer las bases de la democracia en Estados Unidos y los pilares de la paz en el mundo. Su mensaje es antagónico con la disolución del Estado de derecho y la exaltación de la tentación imperial promovidos por el gobierno que acaba de culminar.      

 

Notas de pie de página


[1] Forceful Engagement: Rethinking the Role of Military Power in Global Policy. Project on Defense Alternatives, Diciembre de 2008. Puede verse en http://www.comw.org/pda/fulltext/081201ForcefulEngagement.pdf

[2] "Known Unknowns: Unconventional Strategic Schocks in Defense Strategy Development", Strategic Studies Institute, US Army War College, noviembre de 2008. Puede verse en http://www.strategicstudiesinstitute.army.mil/pubs/display.cfm?pubID=890

[3] Joint Forces Command, "The JOE 2008 – The Joint Operating Environment: Challenges and Implications for the Future Joint Force"; puede verse en http://www.mexidata.info/id2134.html

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