
León XIV: ¿apertura al mundo moderno?
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¿Se puede hablar de una apertura al mundo moderno sin intervenir en las situaciones a favor de la paz y de la sobrevivencia de la humanidad?
Cuando los historiadores miren el papado de León XIV, hablarán de una contrarreforma de la contrarreforma, no de la significación histórica de la reforma que creó el mundo moderno. Pero sí de una tan grande como Vaticano II, que abrió el diálogo, el cual ahora León completa y realiza en su conversión del poder y el control al servicio, particularmente de los más pobres. Sin ruido, sin anuncios espectaculares, León revierte la resistencia y la reversión al/del concilio por parte de Juan Pablo II y Benedicto XVI, avanzando en su implicación en la conversión de los pobres, como lo concibieron Juan XXIII y Paulo VI, y sobre los esfuerzos de Francisco en esa dirección.
El impacto, incluso geopolítico, que esta conversión pueda tener en las sociedades en las cuales la Iglesia católica tiene una fuerte influencia puede observarse al considerar lo que fue la secuencia Gaudium et Spes —Celam Medellín— Comunidades de base / Teología de la liberación. En aquel momento, especialmente en Brasil y Argentina, donde los militantes cristianos enfrentaron una brutal represión, floreció la Iglesia popular que, después de confrontar las dictaduras militares a lo largo del continente, fue aplastada por Juan Pablo II y Benedicto XVI con la colaboración especial de los colombianos López Trujillo y Castrillón.
A nivel global, las encíclicas papales sobre los problemas sociales, particularmente algunas de Paulo VI, Juan Pablo II y Francisco, han llamado la atención sobre estos problemas, al proponer esfuerzos por la equidad y la sostenibilidad. León pues recibe una posta de alta talla, de particular urgencia en materia de paz, frente a la cual no está respondiendo con la agilidad con la que viene manejando cambios en la Iglesia misma. Después de considerar el significado de los cambios que León viene introduciendo, en una segunda parte se criticará su limitada perspectiva ante urgentes conflictos geopolíticos cuya superación podría beneficiarse de sus intervenciones.
Los cambios internos: una revolución del servicio
Los cambios son revolucionarios, pero obvios en la perspectiva del evangelio de la humildad y el servicio de Jesucristo: se necesitó el enorme poder de los tradicionalistas conservadores para impedirlos durante tanto tiempo. Entre las medidas más drásticas se encuentran la eliminación de los títulos honoríficos eclesiásticos, incluso para él mismo (Padre es suficiente); la disolución del Banco Vaticano y el manejo de las finanzas mediante una junta de expertos laicos que dedique recursos a situaciones de extrema pobreza y conflicto (envió su papamóvil transformado en ambulancia a Gaza); la eucaristía para divorciados casados de nuevo de acuerdo con su conciencia; el fin del silencio sobre los crímenes de los pedófilos e inmediata denuncia ante las autoridades civiles; el celibato sacerdotal como una opción y no como una disciplina; parroquias, diócesis y arquidiócesis gobernadas por juntas que incluyan laicos; predicación de sermones por parte de laicos y laicas; presencia de mujeres a todos los niveles de la gobernanza eclesiástica, y la eliminación de la necesidad de hábitos y ropas distintivas.
Inciso en materia de tradiciones teológicas: León está derrumbando varias, volviendo a la iglesia pre-Constantino, e incluso retomando planteamientos de evangelios condenados como apócrifos, los de Tomás y Magdalena, que hacen énfasis en una iluminación interior sin necesidad de mediaciones institucionales. En general, rompe con una tradición de clericalismo y patriarcalismo, aunque en este último sentido, en realidad, no avanzó tanto porque en esto sí no volvió a la tradición primitiva del diaconado femenino. Pero todo el movimiento está dirigido a destruir las categorizaciones y jerarquizaciones en la comunidad eclesial, en la cual los presbíteros recuperan su posición de servicio y no de autoridad.
Obviamente la resistencia ha sido masiva; como cuando publicó el análisis teológico de Fernández (quien viene de Francisco en el dicasterio para la doctrina de la fe, la posición desde la cual Ratzinger le hizo la tarea a Juan Pablo II de destruir la Iglesia popular en América Latina e imponer silencio sobre los casos de pedofilia) sobre la inconveniencia de denominar a María como corredentora, un pronunciamiento que mide el arrojo de León. Esencialmente, la Iglesia de León es la de la Constitución sobre la Iglesia en el mundo moderno, Gaudium et Spes, la de Juan XXIII, Paulo VI y Francisco, de una actitud ante el mundo moderno no de confrontación sino de diálogo, no de control sino de servicio, particularmente a los más pobres, centrífuga y no centrípeta.
En realidad, la conversión de las iglesias cristianas a los pobres es un movimiento que tuvo lugar en varias denominaciones simultáneamente en diversas latitudes, principalmente en Estados Unidos, Latinoamérica, Corea y Suráfrica, aunque con antecedentes en Latinoamérica como Montecinos y de las Casas, en las black churches americanas donde se entonaban los bellos negroespiriuales sobre el camino a la tierra prometida, y en la protección a los judíos y la confrontación con el régimen nazi de Bonhoeffer. En las décadas siguientes al concilio surgieron estas formas de profetismo emancipatorio de los oprimidos. Que en la visión de León significa que la Iglesia se desempodere, que abandone la riqueza y el poder, que se desclericalice y vuelva al espíritu de servicio humilde.

El conflicto teológico: Concilium vs Communio
Conviene introducir el contexto de la revolución de León en términos de las dos tendencias que se derivaron del concilio. A los tradicionalistas los asustó Gaudium et Spes, pues abrirse al mundo les sonaba como rendirse ante él. En esta posición se encontraban teólogos como von Balthasar, De Lubac y posteriormente Ratzinger. Es interesante observar cómo surgieron dos journals teológicos: el primero publicado por teólogos progresistas como Rahner, Metz, Chenú, Schillebeeckx, Congar y Küng (inicialmente Ratzinger, antes de su viraje a la derecha), denominado Concilium; y el segundo, su opuesto, publicado por los tradicionalistas como Communio.
La derecha ganó el poder tras Paulo VI: ascendió Juan Pablo II, quien estaba entre los más recalcitrantes (presionó a Paulo VI a cambiar el pronunciamiento sobre anticonceptivos en Humanae Vitae) y tuvo en la congregación para la Doctrina de la Fe a Ratzinger, quien adelantó una campaña represiva inclemente contra los progresistas europeos, prohibiéndoles predicar. Esa represión destruyó la primavera en la Iglesia latinoamericana; la Iglesia popular fue diezmada por una campaña que involucró a los militares centroamericanos entrenados en la Escuela de las Américas, los cuales asesinaron sacerdotes y religiosas. Juan Pablo II se alió con Reagan en Nicaragua contra los sandinistas, al tiempo que reprimía a teólogos como Gutiérrez y Boff. Sin embargo, León, habiendo vivido en una zona muy pobre de Perú, entiende esta realidad y busca complementar el esfuerzo de Francisco reemplazando la herencia tradicionalista.
La deuda con la paz y la urgencia geopolítica
Otro aspecto en el cual León definitivamente se ha quedado corto es la paz mundial y los conflictos geopolíticos actuales: Palestina, Ucrania y Siria, en los cuales ha retrocedido frente a Francisco. El alcance que puede tener una intervención papal está demostrado por la de Juan XXIII durante la crisis de los misiles. Es incomprensible que León no haya hecho referencia oportuna a la masacre de Gaza ni a los ataques que han destruido el Líbano, el cual visitaba, cuyo destino coincide con el de Siria: esa repetida destrucción, ejecutada impunemente con el apoyo de Estados Unidos. ¿No quiso criticar a su país? ¿Le dio miedo que la Mossad lo matara como trató de hacer con la fiscal de la CPI?
El caso es que solo hizo referencia a Gaza de regreso al Vaticano al percatarse de que Israel, como siempre, había violado el cese al fuego, como si la masacre no llevara ya más de tres años en los cuales Israel ha asesinado quemados vivos, aplastados, de hambre y sed, de infecciones, de balazos en la cabeza por francotiradores, del orden de 50.000 niños (según cálculos de The Lancet han sido más de 200.000 civiles), para no hablar de trabajadores humanitarios y periodistas. Por fin se pronunció, incluso en forma conmovedora desde el balcón sobre San Pedro; parece que es too little too late para el inhumano holocausto que vienen sufriendo los palestinos.
Adicionalmente está la posibilidad de que Israel desate la tercera guerra mundial atacando a Irán con el apoyo irrestricto de Estados Unidos, garantizado por el completo manejo que le da el lobby judío allá al gobierno de Israel sobre el Ejecutivo y el Legislativo. Lo cual garantizará la destrucción de la región, al menos de Israel, al involucrar a Turquía y Egipto e incluso a Rusia y China. La denuncia profética exige hacer un llamado para regresar del borde del abismo, denunciando al demencial de Netanyahu. Es imposible hablar de Palestina sin referirse a Siria, la cual es, con Irak, otra espantosa tragedia producida por la alianza Estados Unidos-Israel desde que Obama lanzó la operación Timber Sycamore en 2013 para tumbar el gobierno de Assad padre armando a la oposición y desatando una guerra civil. Sometieron a los sirios a unas sanciones económicas que generaron una hambruna. Entran, despedazan el país destapando una caja de Pandora y se van, robando petróleo. Con el agravante de que con Turquía subieron al poder a unos terroristas de ISIS y Al-Qaeda que están masacrando minorías, incluidos cristianos; de manera que el cristianismo está desapareciendo de comunidades apostólicas originarias.
En cuanto a Ucrania, la denuncia profética puede tener un valor enorme dada la hipnosis mediática impuesta por las potencias occidentales. Francisco asumió esta responsabilidad señalando que el conflicto había sido provocado por la OTAN. Ahora hay una oportunidad para denunciar a los gobiernos europeos como warmongers que buscan prolongar la guerra a pesar de los esfuerzos de paz. Las agresiones de UK y Alemania han cruzado líneas rojas de Putin; continúan con agresiones militares y financieras (UK se acaba de robar U$B1,6 en activos soberanos, como intenta Bruselas pese a advertencias del FMI y el BCE). Argumentando absurdamente que Rusia los va a atacar, incrementan su gasto militar dirigido a debilitar a Rusia, mientras enfrentan déficits monumentales y reducen el gasto social. León debería hablar haciendo la denuncia profética con un llamado a la sensatez.
El Estado de Israel y la deshumanización
Finalmente, debe abordarse la fuente de las tragedias de Palestina y Siria: el Estado ultranacionalista de Israel. Es un asunto delicado abordar las relaciones con este y el enfoque teológico que hace énfasis sistemáticamente en Israel como el pueblo escogido, la cual incluso bombardeó una iglesia católica histórica en la que trabajaba un amigo de Francisco. Uno de esos misterios históricos que merecería un análisis de la Escuela de Frankfurt (Fromm, Marcuse o Habermas) para ser entendido es cómo el pueblo más victimizado en la historia se tornó en un victimario tan implacable.
Estamos coartados por el “Holocausto 1” para hablar del actual “Holocausto 2” por el sofisma del antisemitismo. En la base de la agresión contra los palestinos está su deshumanización, la cual proviene de la mentalidad tribal paranoide de un pueblo escogido, diferente del resto de la humanidad. El hecho es que los jóvenes reclutas se vienen comportando en Gaza como unos monstruos, animados por rabinos que retoman a Samuel sobre la orden divina de masacrar a los “Malaquitas” al ingreso a la tierra prometida, basados en la fe en un Dios nacionalista y racista que odia a los enemigos de la tribu. Una desviación teológica cuyo obvio corolario es lo repetido por esos rabinos: que los árabes son subhumanos, en realidad, todos nosotros, los goys.
Debe quedar claro que muchísimos judíos en la diáspora critican el sionismo como antijudío. La paradoja es que el sionismo surgió entre cristianos europeos, y los fundadores de Israel fueron judíos secularizados. Diferente a los inmigrantes más recientes, venidos de Rusia y de Ucrania, fundamentalistas religiosos que hablan de exterminar a los palestinos como a ratas, enalteciendo a sus militares como escogidos de Dios. De nuevo, una situación que demanda una arrojada denuncia profética que subraye que mientras no se detenga a Israel en su expansión neocolonialista hacia el Gran Israel, no habrá paz. Como en Ucrania, es urgente intervenir para evitar el abismo de una guerra nuclear. ¿Se puede hablar de una apertura al mundo moderno sin intervenir en estas situaciones a favor de la paz y de la sobrevivencia de la humanidad?
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Acerca del autor

Ricardo Chica
*Ph. D., M.Phil. en Economía y Diploma en Desarrollo de la Universidad de Cambridge. Columnista en múltiples medios y ha sido Profesor de las universidades de Los Andes, Javeriana y Cambridge e investigador del CEDE y Fedesarrollo.
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