China, la CELAC y Colombia en un escenario de confrontación geopolítica
Foto: Flickr: Fotografía oficial de la Presidencia de Colombia

China, la CELAC y Colombia en un escenario de confrontación geopolítica

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El principal objetivo propuesto por Colombia es impulsar su reindustrialización, fomentar la transferencia de tecnología para el mejor aprendizaje y promover la cooperación en infraestructura, ciencia, innovación y transición energética.

Mientras Occidente se debatía en la crisis financiera creada por Estados Unidos en 2008 y propiciaba otras guerras y conflictos luego de las invasiones a Irak, emergían nuevas economías poderosas y una ola de innovación basada en IA, energías alternativas y otras industrias de alta tecnología.

China había dejado atrás tres décadas de economía neoliberal como modelo de crecimiento. Fue así como el presidente Xi Jinping promovió en 2013 la Franja y la Nueva Ruta de la Seda que en 2015 inició acciones para impulsar la conectividad con Asia Central y Europa, y en 2018 se vinculó a América Latina para ayudar en el desarrollo de infraestructuras en la otra franja del Pacífico, por eso se llama la Franja. El puerto de Chancay en Perú y la conexión por tren con los puertos de Santos y Bahía en Brasil es uno de los grandes proyectos en ejecución.  

Sin embargo, Colombia despierta del letargo en 2025, cuando las torpezas de Trump y los errores geopolíticos y geoestratégicos de Occidente empujan el multilateralismo como opuesto al unilateralismo y al hegemonismo. Está en construcción un mundo multipolar con tres o cuatro grandes potencias: China, Estados Unidos y Rusia, y Europa, si vuelve por el camino de la autonomía. 

América Latina podría ser una potencia emergente si logra concebir una idea propia de unidad, diseña con pragmatismo programas comunes y redefine su actuación en el nuevo orden geopolítico global. De lo contrario, será el patio trasero de la multipolaridad.

Foro de la Celac y China (FCC) y el discurso de Xi Jinping

El 12 de mayo el presidente de China dijo en la instalación del Foro Celac-China (FCC): “China apoya firmemente a los países de la región a seguir el camino de desarrollo acorde con sus realidades nacionales, defender su soberanía e independencia nacional, y rechazar las interferencias externas… La independencia y la autodecisión son nuestra gloriosa tradición; el desarrollo y la revitalización son nuestro derecho inherente, y la equidad y la justicia, nuestra aspiración común”. 

La construcción conjunta de relaciones con muchos países de la región ha derivado en acuerdos prácticos en comercio, inversión, ciencia y tecnología e infraestructura. A través de la Franja y la Ruta se han llevado a cabo más de doscientos proyectos de infraestructura entre China y la región, y un comercio que se ha multiplicado por cuarenta desde comienzos del siglo hasta alcanzar en 2024 US$500.000 millones. 

Asimismo, Xi Jinping propuso cinco programas para mejorar las relaciones con la CELAC: Programa de solidaridad, programa de desarrollo, programa de civilizaciones, programa de la paz y programa de los pueblos. Por razones de espacio me referiré únicamente al Programa del desarrollo, cuyo propósito es implementar conjuntamente la Iniciativa para el Desarrollo Global (IDG), al promover la Franja y la Ruta de alta calidad en áreas tradicionales (agricultura, infraestructura, energía y minería), en nuevas áreas (energías limpias, comunicaciones 5G, economía digital e IA) y ejecutar el programa de Asociación Científico-tecnológica entre China y la región. Además, importará más productos de calidad y aumentará la inversión de sus empresas en la región, para lo cual habrá una primera línea de crédito de 66.000 millones de yuanes (US$9.200 millones).

Colombia en la Ruta de la Seda

El principal objetivo propuesto por Colombia –consignado en documento firmado entre las Cancillerías de los dos países– es impulsar su reindustrialización, fomentar la transferencia de tecnología para el mejor aprendizaje y promover la cooperación en infraestructura, ciencia, innovación y transición energética. En este contexto se plantearon propósitos como: inversión de China con transferencia de tecnología y generación de empleo calificado, diversificación e incremento de las exportaciones de Colombia, desarrollo de infraestructura digital y física, e impulso a las alianzas en investigación, desarrollo e innovación (I+D+i), que incluye el desarrollo conjunto de tecnologías limpias y prácticas sostenibles en distintos sectores.

Sin embargo, China piensa a largo plazo y Colombia a corto plazo. Esta dimensión de los tiempos debe asimilar nuestro país para objetivos propios y en la integración con otros, puesto que la construcción de condiciones estructurales puede durar treinta años en un primer gran objetivo de desarrollo para el resto del siglo, si se considera que debe consolidar una agricultura con agroindustrias asociadas, proteger y hacer un mejor uso de la biodiversidad y crear nuevas industrias y servicios de alta tecnología que deriven en complejos sistemas productivos y de innovación sostenible.

La única manera de reducir el abultado déficit comercial con China será con más calidad, sofisticación y diversificación, y desarrollar el Litoral Pacífico para producir y desde ahí exportar, para lo cual lo más importante son los eslabones tecnológicos de las distintas cadenas productivas de las exportaciones, porque ahí está el mayor problema de la baja productividad, la dependencia del extractivismo fósil y la dependencia científica y tecnológica general, que es peor que la dominación política e ideológica, porque de estas se puede salir, pero jamás de la dependencia en conocimiento e investigación si no evolucionan la dirigencia política y económica y la sociedad no lo exige en la protesta social.

China ni nadie hará la tarea que le corresponde a cada país. Estados Unidos y Europa nunca lo han hecho, y Rusia tampoco lo hará. Lo que invierten en educación y en investigación lo recuperan a través de sus empresas innovadoras porque estamos en un sistema capitalista global. Si Colombia no aumenta su inversión en I+D+i hasta alcanzar y superar el 2% del PIB antes de 2055, el colonialismo intelectual y la baja productividad serán eternos.

Foto: Flickr: Fotografía oficial de la Presidencia de Colombia

Es indispensable consolidar capacidades en investigación básica para que emane el conocimiento para la transformación del Estado, de la sociedad y de la economía a través de la innovación sostenible multidimensional que abarca el Estado, las empresas, la sociedad y los territorios. Es clave la investigación básica en ciencias sociales, sobre todo en filosofía, porque debemos mirar con ojos propios el mundo, el pensamiento y nuestra realidad. 

De esta manera, Colombia debe construir complejas y superiores capacidades de investigación, ahora limitadas por los escasos recursos que invierte en ciencia y tecnología. Esta es una de las razones de la baja productividad, porque los grupos de investigación no están conectados con las empresas y las empresas no están conectadas con los grupos de investigación. Entonces, los investigadores crean su nicho y así transcurre su vida académica, y las empresas hacen escasa I+D+i, por eso les asusta un arancel Trump del 10% y los intercambios con China, Rusia y otras economías avanzadas y emergentes. Colombia produce lo que le dicen Estados Unidos y Europa, por lo cual la canasta exportadora es escasa en productos y valor.

Si Colombia invirtiera no el 0,30% del PIB en I+D+i, sino el 1%, la preocupación sería otra, porque la investigación asociada a la economía sería distinta: más difundida en la sociedad, en el Estado y en las empresas, y su dinámica más compleja, innovadora y creativa. En este sentido, la idea de los grupos de investigación debe superarse y volver a la idea de crear centros de investigación. Los minifundios científicos no son el futuro. Los centros son la escala para una nación que necesita dar un salto contundente en el modelo económico y en la transformación del Estado.

En la encrucijada global en la cual estamos la reindustrialización es un imperativo de política, cualquiera sea la ideología del gobierno de turno. Por eso en el mundo se conversa de reindustrialización, de neoindustrialización y de cambio estructural, porque la competitividad que nos trajo el neoliberalismo alude a mejorar lo que se tiene, pero no a impulsar la transformación de la producción para diversificar y promover nuevas actividades de las olas de innovación.

China tiene claro que cada nación debe hacer su propio proceso de desarrollo, y hará transferencia y cooperación de capacidades si le propone Colombia desde la política de reindustrialización y relaciones internacionales. 

La Franja y la Ruta atraerán inversión en infraestructura de transporte y en I+D+i, pero Colombia deberá desarrollar capacidades superiores en educación, investigación y producción, y generar así condiciones para impulsar emprendimientos innovadores y disruptivos, y oportunidades innovadoras en las nuevas generaciones.

Además, debe blindarse de irracionales choques ideológicos internos y de la cultura del corto plazo. La cultura de “vuelve y arranque” de cada gobierno nacional, departamental y municipal, es fatal. En la medida en que la crisis de los partidos políticos se ahonda por la política negocio, el corto plazo será la estrecha dimensión mental de la gestión público-privada. La sociedad debe obligar a la clase política a corregir el cortoplacismo pendenciero. De igual manera, el Estado debe estimular que las empresas innovadoras tengan condiciones especiales y duraderas, asociadas a las apuestas estratégicas de la política de reindustrialización e innovación. Así lo hacen todas las economías avanzadas y emergentes, cada una con su propia idea de políticas.

Para cerrar

Ha sido enorme el daño a la Nación cuando las Cortes y el Senado le quitan recursos al gobierno nacional para invertir en rezagos sociales estructurales, y el Banco de la República da explicaciones sin mayor talante argumentativo para no bajar más las tasas de interés. Por eso, oponerse a la consulta popular y a otras reformas sociales es una oscura decisión contra la sociedad, la economía y el Estado, y un enceguecido error político de la oposición. Mientras el presidente inscribía a Colombia en el escenario global de China y de los BRICS, en Colombia la decadente clase política tumbaba la consulta popular, y las demás reformas mueren por el silencio de los injustos.

Le recomendamos: Retos económicos de Colombia frente a la guerra comercial internacional

Acerca del autor

Jaime Acosta
jaimeacosta@razonpublica.org.co | + posts

* Analista político, consultor e investigador independiente experto en economía de la innovación.

2 comentarios

Jaime Acosta

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Jaime Acosta

* Analista político, consultor e investigador independiente experto en economía de la innovación.

2 comentarios de “China, la CELAC y Colombia en un escenario de confrontación geopolítica”

  1. Acertado análisis del estado situacional en el que se encuentra Colombia, sobre todo con la sectaria y mezquina oposición de los grupos políticos, frente a las oportunidades que tiene para desarrollarse y re industrializarse gracias a la apertura hacia el oriente y el mundo

  2. Como afirmas, hay plazos de plazos.
    Una tarea es acabar con la independencia y autonomía del Banco de la República.
    Otra tarea es convencer a los chinos que les resulta más barato producir baterías de litio aquí que en Asia.
    Otra tarea es desarrollar cadenas de suministros y de valor.

    Otra tarea, política, es ganar las presidenciales y las regionales…

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