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Ucrania y Rusia: no todo es lo que parece

Escrito por Ricardo Chica
la guerra entre Ucrania y Rusia

Esta es la otra cara de la moneda: la reacción de Rusia puede explicarse por las provocaciones y medidas imperialistas de Estados Unidos y occidente.

Ricardo Chica*

Hay que mirar más allá de lo inmediato

Para entender el conflicto entre Rusia y Ucrania, es necesario mirarlo desde una perspectiva realista e integral.

La coyuntura más reciente es relativamente simple: Estados Unidos quiere extender la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) a Ucrania, y Rusia no lo va a permitir. Pero, visto de esa manera, el problema no se entiende y no parece tener solución.

En realidad, esta coyuntura tiene su base en hechos ocurridos hace tiempo. El proceso de unión y separación entre Ucrania y Rusia fue extremadamente complejo: comenzó con la dinastía Rurik, asentada en Kiev. Desde entonces hasta hoy, las actuales Rusia y Ucrania se han unido y separado varias veces. La separación actual es resultado de las decisiones de Vladimir Lenin y Mijaíl Gorbachov.

Es innegable que hoy en día Ucrania es un Estado independiente e históricamente diferenciado; pero también son innegables sus muy especiales nexos culturales, políticos y religiosos con Rusia, particularmente con el sudeste. En esta región de Rusia, la Agencia Central de Inteligencia (CIA) de Estados Unidos agenció un golpe de estado –desde luego, con cierto apoyo popular–, que desembocó en una guerra civil. Caso distinto es el de Crimea, que ha sido rusa durante siglos y donde Rusia tiene la base marina más importante.

El error estadounidense

Volviendo a los años más recientes, debe tenerse en cuenta que al menos desde 1991, Rusia ha advertido que no permitirá que la OTAN se extienda hasta Ucrania. Hasta el momento, la OTAN se extendió exitosamente hasta Hungría, Checoslovaquia y Polonia en 1999; y hasta Rumania, Bulgaria y los países bálticos en 2004.

Durante los siglos XIX y XX, Estados Unidos aplicó la Doctrina Monroe para evitar que otras potencias intervinieran en América. Bajo esa doctrina, Estados Unidos no aceptó ni siquiera un misil ni una base naval rusa en Cuba, y tuvo que retirar sus misiles en Turquía a cambio.

Así como lo hizo entonces, en este conflicto con Rusia, Estados Unidos pudo haber considerado a Ucrania como un “amortiguador neutral”. En lugar de hacerlo, al menos desde 2014, empezó a crear una historia paralela sobre el imperialismo de la gran Rusia.

Durante su mandato, Obama se negó a “armar a Ucrania”, pero poco después Trump empezó un proceso de incorporación de facto de Ucrania a la OTAN, con la cooperación del Reino Unido y de Turquía. Como resultado, occidente ha equipado a Ucrania con armamento de última generación, como a cualquier otro miembro de la OTAN.

Fue un error que trajo como resultado el actual conflicto, pero en vez de aceptarlo, occidente fabricó la fábula de “Putin el terrible”, calificando su estrategia perfectamente racional como el delirio de un loco sanguinario. En realidad, Rusia se ha “tragado los sapos” de varias expansiones estadounidenses y varias provocaciones militares durante años. Esta vez, Putin abandonó las negociaciones estériles y cambió de estrategia.

la guerra entre Ucrania y Rusia
Foto: Twitter - Rusia se ha ajustado a las sanciones que le han impuesto desde 2014 y se ha preparado.

El encantamiento mediático

La fábula sobre la “maldad” de Rusia se ha extendido de manera unánime por el mundo entero, a causa del poder mediático de Estados Unidos y el Reino Unido. Inclusive Alemania y Francia se han unido a esta segunda Coallition of the willing, cediendo a la hipnosis del poder de los medios anglosajones.

La reacción justificada y universal a las invasiones plantea varias preguntas: ¿por qué las agresiones de Estados Unidos a Vietnam e Irak no despertaron ni remotamente una reacción similar? ¿Se trata de una evolución en la conciencia moral de la humanidad? ¿O es más bien el resultado de la propaganda occidental y la reproducción de la hegemonía estadounidense? ¿Por qué matar vietnamitas e iraquíes y destruir sus países haciendo de ellos paisajes lunares no es igual de grave que agredir ucranianos?

Pero hay que decir que también han existido voces críticas: por ejemplo, las de los profesores J. Maershmeier, de la Universidad de Chicago; Noam Chomsky y J. Sachs. Este último resumió muy bien el conflicto entre Ucrania y Rusia: Ucrania no tiene derecho a entrar a la OTAN, por la misma razón que Cuba no tiene derecho a tener misiles. Todas las potencias, empezando por Estados Unidos, le dan prioridad a su seguridad nacional sobre la legalidad internacional.

Las salidas

¿Es posible que las sanciones contra Rusia sean una salida a la crisis? No, por varias razones.

Rusia se ha ajustado a las sanciones que le han impuesto desde 2014 y se ha preparado. No se puede negar que algunos golpes han sido fuertes –como el de Swift y el del Banco Central de Rusia–, pero Rusia tiene reservas dispersas y está sustituyendo importaciones. Por su parte, Irán y Cuba han demostrado que las sanciones no tienen el efecto de cambio de régimen que pretenden.

Decir que en Rusia va a haber un alzamiento porque McDonald’s se retiró es simplemente ignorante. El nacionalismo ruso les resulta ajeno a los estadounidenses porque no entienden lo históricamente tribalista de su patriotismo. Lo que “la madre Rusia” significa para los rusos se observa en los muertos y su lucha titánica para derrotar al fascismo. Que el uno por millón de los rusos esté protestando o salga del país es irrelevante, a pesar de lo que pretenda occidente que delira con un cambio de régimen.

En realidad, la única solución era que Ucrania negociara con Rusia un estatus de país neutral; pero esto ya no es viable. Los estadounidenses no tienen problema en sacrificar pueblos y países enteros para alcanzar los objetivos de su muy elástica seguridad nacional.

En días pasados, el presidente de Ucrania anunció que no se unirá a la OTAN, al menos en el corto plazo, lo cual abre el camino a la paz. Falta ver si Estados Unidos se lo permite.

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