El papa León sobre la IA
Foto: Flickr: Catholic Church England and Wales

El papa León sobre la IA

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Basada en los conceptos de la dignidad humana, la protección del débil y el bien común, trata también sobre la fetichización de la IA cuando pone la eficiencia por encima de la persona humana, y el cuestionamiento del concepto tradicional de guerra justa en directa confrontación con las agresiones de las potencias contra pueblos más débiles.

La encíclica del papa León sobre la inteligencia artificial (IA) se encuadra sólidamente en la tradición del Pensamiento Social Católico (PSC), al basarse en tres conceptos centrales de este: la dignidad humana, la protección del débil y el bien común. Sin embargo, es importantísimamente innovativa en dos declaraciones trascendentales de teología moral tan novedosas como contundentes. 

Primero, el carácter intrínsicamente desordenado moralmente de la fetichización de los modelos y los algoritmos de IA que los anteponen a la conciencia humana al poner la eficiencia por encima de la persona humana. Aquí León habla como matemático consciente de que todo modelo está basado en supuestos sobre la realidad que lo sesgan en la dirección de los prejuicios e intereses de su autor (Godel: No existe sistema cerrado y Habermas Conocimiento e interés). Segundo, el cuestionamiento del concepto tradicional de guerra justa en directa confrontación con las agresiones de las potencias contra pueblos más débiles (con particular preocupación por los horrores de Palestina y Líbano).

La tradición social ante los nuevos desafíos

León remite a Rerum Novarum, publicada por su antecesor León XIII, preocupado por la situación del proletariado generado por la revolución industrial (hace 165 años, en 1891), y se inscribe así en una tradición que continuaron Paulo VI, en Populorum Progression; Juan Pablo II, en Laborem Exercenses, Resuloto Rei Socialis y Centesimus Annus (de Rerum Novarum), y Francisco, en Laudati si y Fratelli tutti. Populorum Progressio es la propuesta católica sobre el Desarrollo Económico que sostiene que este debe ser de todo el hombre y de todos los hombres y no simple crecimiento económico; un planteamiento en contravía de la economía centrada en este último sin consideración de la inclusión y la equidad; una ideología que con la ola neoliberal consignada en el Consenso de Washington impuesto por los organismos multilaterales por todo el mundo en desarrollo, el cual resume un conjunto de reformas que, aunque necesarias, eran totalmente insuficientes debido a su supuesto del trickle down economics que sostenía que el crecimiento se filtraría a toda la sociedad para incluir también a los más pobres, algo demostrado repetidamente como errado, ideología que  fue extendida por todo ese mundo.

Las encíclicas de Juan Pablo II son retornos ampliados a nuevos problemas de las clásicas Rerum Novarum y Populorum Progressio, continuando con la dignificación del trabajo humano y la necesidad de la equidad y la inclusión como prioridades en el crecimiento económico. Importante anotar que el primer planteamiento está íntimamente relacionado con los análisis de Marx de la alienación del trabajo en Los Manuscritos Económico Filosóficos de 1844 y el primer capítulo del Capital; con lo que se inicia una tradición de hacer propuestas teológicas que son contrapartidas de análisis socioeconómicos seculares, continuada por Francisco y León en Laudate si y en Magnifica Humanitas; el primero, con los análisis de los límites de crecimiento y del agotamiento y destrucción de los recursos naturales del hogar común, procesos que se concentran en sus formas extremas entre los más pobres. Y el segundo, llamando a una evaluación moral crítica de la expansión explosiva del uso de modelos y algoritmos en la toma decisiones de todo orden, con especial gravedad en materia de armamentos. 

La IA y la ética de la dignidad humana

Las encíclicas pueden ser así consideradas argumentos teológicos a favor de los económicos llamando a la regulación de la producción y el consumo de bienes públicos, incluidos el crecimiento económico, la paz, la protección del medio ambiente y el uso de los algoritmos y modelos de IA para la toma de decisiones. En realidad, son cuestionamientos muy en la dirección de análisis críticos neomarxistas de la escuela de Frankfurt sobre la fetichizacion de estos bienes comunes que los convierte en una mercancía más sujeta al poder de mercado. En particular, la encíclica de León es muy cercana Adorno y Marcuse sobre la burocratización tecnocrática y la enajenación tecnológica. 

Así, en la parte 4, y más sustantiva, de su Magnifica Humanitas hace este planteamiento que revoluciona la teología moral al afirmar que el uso acrítico de los algoritmos sin develar sus supuestos y sesgos que, como en los casos de los screenings para seleccionar personal o para la toma de decisiones sobre el cubrimiento de los servicios de salud claramente sesgados contra los desempoderados pobres, es inmoral. Esto es un planteamiento de tal trascendencia, que las asociaciones de clínicas y universidades católicas están revisando su uso de algoritmos para decisiones sobre admisiones. Claro que en sectores empresariales se está calificando a León como antitecnología, lo que es totalmente errado pues plantea un argumento que simplemente es la dimensión teológica de los llamados urgentes, incluso de los creadores de esta innovación tecnológica, a su regulación. Una dimensión teológica que retoma la gran tradición del cuestionamiento del poder y la defensa de los oprimidos por este.

Siempre volviendo a los fundamentos de todo el PSC en la dignidad de la persona humana basados en la Imago Dei, su ser creado por Dios a imagen y semejanza suya, un argumento que fue secularizado por la declaración de independencia de Estados Unidos (we  hold these truths to be self- evident, that all men are created equal…); el cual tiene —en mi opinión— un fundamento teológico incluso más fuerte en la vocación para participar en la vida y el amor trinitarios por el don del Espíritu Santo. En este sentido resulta interesante que, en la biblia etíope, ahora tan discutida, en su libro sobre el nuevo Covenant que recoge las explicaciones e instrucciones del Señor Resucitado, él insiste en que el templo de Dios no son las construcciones de piedra, sino el corazón humano (que tiene así un canal de comunicación directo sin necesidad de la mediación por autoridades eclesiásticas). 

Foto: Wikimedia Commons

Más allá de la fe una voz contra el poder

Debe agregarse que esta no es una tradición exclusivamente católica, sino una cristiana en el sentido de, como es obvio, haber sido adelantada también por las denominaciones protestantes en formas igualmente trascendentes. Dos ejemplos históricos claves son la crítica al nazismo en la Alemania antes y durante la Segunda Guerra, y las teologías de la liberación negra americana, negra surafricana y coreana. Los teólogos alemanes, encabezados por Barth (Barmen declaration) y Bonhoeffer, confrontaron el racismo antisemita del régimen sobre la base del mismo cuestionamiento de la iglesia primitiva del poder del y al culto del emperador, afirmando que el Señor Jesucristo es el verdadero Fulher  y que el cristiano debe ser la voz de los que no tienen voz (Bonhoeffer, lo que lo llevó al cadalso), en forma mucho más asertiva que el ambiguo Pío XII (lastimosamente Pío XI murió antes de publicar una excelente encíclica contra el racismo nazi). Asimismo, la teología de la liberación original fue desarrollada por las iglesias negras americanas bautistas surgidas de la tradición de los bellos negroespirtuales de los esclavos en su esperanzada confrontación con la esclavitud, lo cual dio lugar a uno de los movimientos sociales más importantes del siglo XX, la lucha por los derechos civiles en ese país. Igualmente importantes son la confrontación contra el Apartheid por las iglesias cristianas en Suráfrica y de la dictadura militar desarrollista en Corea por la Mijung Theology (Teología del pueblo), ambas Pentecostales. 

En todos los casos, se trata de las implicaciones de la noción cristiana de la dignidad inviolable del ser humano como hijo de Dios, la cual fue secularizada por Kant en su versión de la regla de oro de Jesús (trata a los demás como esperas que ellos te traten a ti) y la afirmación del ser humano como fin y nunca como medio. La cual cuestiona las relaciones de poder criticadas por León en los casos de la IA y la energía nuclear, que en vez de ser usadas para la guerra deben ser puestas al servicio de todos, particularmente de los más débiles.

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Acerca del autor

Ricardo Chica
ricardochica@razonpublica.org.co |  + posts

*Ph. D., M.Phil. en Economía y Diploma en Desarrollo de la Universidad de Cambridge. Columnista en múltiples medios y ha sido Profesor de las universidades de Los Andes, Javeriana y Cambridge e investigador del CEDE y Fedesarrollo.

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Ricardo Chica

*Ph. D., M.Phil. en Economía y Diploma en Desarrollo de la Universidad de Cambridge. Columnista en múltiples medios y ha sido Profesor de las universidades de Los Andes, Javeriana y Cambridge e investigador del CEDE y Fedesarrollo.

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