
Mil días de barbarie en la Europa del siglo XXI – La guerra en Ucrania
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Mil días de guerra en Ucrania, y la paz aún parece lejana. ¿Cómo enfrentan los bandos la escalada del conflicto mientras el tablero político global se tambalea? Descubra los dilemas, tensiones y posibles desenlaces.
El comandante de las Fuerzas Militares de Ucrania escribió en la mañana de 19 de octubre, el día No 1000 de la invasión rusa: “En las trincheras congeladas de la región de Donetsk y en las estepas ardientes de la región de Jersón, bajo proyectiles, granizo y cañones antiaéreos, estamos luchando por el derecho a la vida”. “Cada noche oscura, aunque haya mil, siempre termina con el amanecer”. A medida que pasa el tiempo y, en particular, con el regreso a la Casa Blanca del presidente electo de EE. UU., Donald Trump, en enero de 2025, cada vez surgen más preguntas sobre cuándo y cómo terminará esta guerra. Lamentablemente, en lugar de esperanzas de paz, hoy nos enfrentamos a una peligrosa escalada de la guerra.
Hace 1000 días, la invasión rusa comenzó con ataques con misiles contra ciudades de toda Ucrania. Las tropas terrestres rusas se movilizaron rápidamente y en pocas semanas tenían el control de grandes áreas de Ucrania y habían avanzado hasta los suburbios de Kiev, su capital. Las fuerzas rusas habían tomado territorio en el este y el sur. Pero se toparon con una resistencia ucraniana muy fuerte. En octubre de 2022, tras haber fracasado en su intento de tomar Kiev, Rusia retiró sus fuerzas militares por completo del norte de Ucrania. Desde entonces, la batalla ha sido principalmente en el este de Ucrania. El frente oriental es de muy lento movimiento, pero causa cada vez más muertos y heridos. Las armas suministradas por los países de Occidente a Ucrania han sido esenciales desde entonces para defenderse de la invasión rusa. Hasta junio de 2024, Ucrania recibió alrededor de 140 000 millones de dólares en ayuda militar y otros 120 000 millones de dólares en ayuda financiera. El principal, y por lejos más importante donante de suministros militares es EE. UU. con 70 000 millones de dólares.
El verano de 2024 trajo consigo dos acontecimientos importantes en la trágica historia de la guerra. En mayo de 2024, las fuerzas rusas cruzaron la frontera internacional hacia el norte de la segunda ciudad más grande de Ucrania, Járkiv, uno de los asaltos terrestres más importantes desde el inicio de la guerra, con lo que se estrecharon aún más las líneas de frente para defender por las fuerzas ucranianas. Es notable que este ataque ruso tuvo lugar al final de un período de cuatro meses en el que EE. UU. no estaba suministrando armas a Ucrania debido a un estancamiento en la aprobación de financiación en el Congreso de los Estados Unidos.
Después de que se restableció la ayuda militar estadounidense, en agosto de 2024 Ucrania comenzó su incursión de choque en Kursk, que les permitió controlar más de 1200 kilómetros cuadrados de territorio ruso. El presidente Vladimir Putin condenó la ofensiva ucraniana como una “gran provocación”. De hecho, es la primera vez, después de la Segunda Guerra Mundial, que fuerzas extranjeras ocupan territorios rusos.
La ofensiva fue justificada por Ucrania con el objetivo de crear división en las líneas del frente y obligar a los rusos a retirar a sus soldados del frente oriental. Sin embargo, un informe reciente del New York Times sugiere que Rusia ha logrado acumulación de tropas en Kursk sin necesidad de retirar a sus soldados del este de Ucrania.
Desde que se conocen los resultados de las elecciones presidenciales en EE. UU., Rusia actúa cada vez más agresivamente para maximizar a toda costa las ganancias militares en su infame invasión de Ucrania. Rusia decidió involucrar tropas extranjeras (norcoreanas) para una contraofensiva planificada en Kursk que reunió 50 000 efectivos, incluidos los 10 000 soldados norcoreanos desplegados.
Como reacción, la administración del presidente de EE. UU., Joe Biden, también tomó medidas destinadas a influir en el resultado de la guerra en Ucrania, antes de que Trump busque cumplir su promesa de campaña improbable y peligrosa de poner fin a la guerra en 24 horas. Al abandonar las líneas rojas de EE. UU. de larga data, Biden decidió dejar que Kiev disparara misiles Atacms de largo alcance hacia el interior del territorio ruso. Además, mientras Kiev lucha por defender su territorio en el este, Biden también ha prometido enviar minas terrestres antipersona como parte de una nueva asistencia militar por valor de casi 300 millones de dólares. Esta última decisión dividió aún más la opinión pública en el Occidente sobre la guerra. En una entrevista con la BBC, la directora de Human Rights Watch, Mary Wareham, dijo que la decisión marcaba un “desarrollo impactante y devastador” para quienes trabajan para erradicar las minas terrestres antipersona.
Por supuesto, el presidente de Rusia, Vladimir Putin, no quedó sin contestar las medidas tomadas por EE. UU. y otros países del Occidente (Reino Unido), y decidió aumentar aún más la tensión internacional, al modificar las condiciones de uso de las armas nucleares de Rusia. Según su doctrina nuclear revisada, si Rusia sufre un ataque aéreo masivo ahora, podrá usar armas nucleares contra países no nucleares que estén respaldados por potencias nucleares.
Según los expertos, el estado de ánimo en Moscú parece ser triunfalista, sin embargo, a partir de enero de 2025, Vladimir Putin tendrá que lidiar con el hecho de que, con Donald Trump presidente, si Putin sigue escalando la guerra, puede empeorar las posibilidades de un acuerdo.
En este orden de ideas, recientemente, provocó otro tenso enfrentamiento con Occidente, al anunciar que Rusia había lanzado un nuevo misil balístico de alcance intermedio contra Ucrania en respuesta al reciente uso de armas estadounidenses y británicas por parte de Ucrania para contraatacar más profundamente en territorio ruso.

El objeto bombardeado en Ucrania estaba dentro del alcance de las armas convencionales que Moscú ha utilizado habitualmente a lo largo de la guerra. Sin embargo, los rusos lanzaron un misil de mayor alcance con capacidad de transportar ojivas nucleares. Esa elección señala una advertencia para infundir miedo en Kiev y sus aliados de un potencial ataque nuclear.
Vladimir Putin siempre ha presentado a lo que él llama la “operación militar especial” en Ucrania como un momento decisivo en el que Moscú finalmente se enfrentó a lo que él ve como la arrogancia de Occidente, que amplió la OTAN hacia las fronteras de Rusia y se entrometió en la política de lo que Moscú considera su propio patio trasero, incluidas Georgia y, crucialmente, Ucrania.
Vladimir Putin insiste en que Ucrania debe aceptar una neutralidad permanente a cambio de garantías de seguridad internacional de los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU: Reino Unido, China, Francia, Rusia y Estados Unidos. Según funcionarios rusos, Vladimir Putin podría estar abierto a retirarse únicamente de parches relativamente pequeños de territorio.
Por otro lado, preguntado recientemente en una entrevista en la televisión estadounidense sobre qué pasaría con Ucrania si Washington recortara la ayuda militar, el presidente de Ucrania, Vladímir Zelenski, fue claro: “Si recortan, creo que perderemos. Por supuesto, de todos modos, nos quedaremos y lucharemos. Tenemos producción (militar), pero no es suficiente para prevalecer”.
Sin embargo, mientras pocos ucranianos creen que Trump sea capaz de diseñar algún tipo de acuerdo de paz duradero, los expertos predicen que lo máximo que Vladímir Zelenski estaría dispuesto a firmar sería un alto el fuego sin compromisos.
Todo predice una guerra prolongada y potencialmente la propagación del conflicto. Aunque es de esperar que la tercera guerra mundial no sea una amenaza real, la propagación de la guerra híbrida –que utiliza el sabotaje físico, los ciberataques y la desinformación para desestabilizar a los adversarios sin desencadenar un conflicto a gran escala– ya es una realidad peligrosa. Los esfuerzos para sembrar el caos han tomado muchas formas: incluso antes de la invasión a gran escala de Ucrania, Moscú estaba vinculado a amplias campañas de desinformación durante las elecciones estadounidenses de 2016 y el referéndum del Brexit.
Recientemente, se sospechó que un barco con bandera china había cortado cables en el mar Báltico. El cable conecta Santahamina, cerca de Helsinki, con Rostock, Alemania, un área de gran importancia estratégica, ya que la OTAN acaba de inaugurar su nuevo cuartel general naval allí, una medida que Rusia protestó enérgicamente. La inteligencia estadounidense también informó que buques rusos con capacidad de corte de cables operaban en el mar de Irlanda.
“Lo nuevo de los ataques observados en los últimos años son su velocidad, escala e intensidad, facilitados por el rápido cambio tecnológico y la interconectividad global”, pronunció la OTAN en junio 2025. OTAN proporcionará alguna asistencia, pero en la guerra híbrida, hoy depende principalmente de cada país protegerse. La meta de la guerra híbrida de Rusia apoyada por China es generar un ambiente de aislamiento y desconfianza en los países del Occidente. Este caos busca que la población rechace las alianzas e instituciones internacionales, para así poder desestabilizar los frágiles sistemas democráticos del Occidente. No podemos caer en este juego sucio, o terminaremos en una “noche oscura”, sin “amanecer”.
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Acerca del autor
Ildikó Szegedy-Maszák
Profesora investigadora, Directora de la Maestría en Derecho Económico de la Facultad de Ciencias Jurídicas de la Pontificia Universidad Javeriana, abogada de la Universidad ELTE Budapest, LLM de la London School of Economics and Political Science, doctora en Sociología Jurídica e Instituciones Políticas del Externado de Colombia, profesora del Instituto de Economía Mundial de la Universidad Corvinus Budapest y profesora visitante de Universidad Pontificia Comillas ICADE-ICAI y University of Cincinnati Law School. Cónsul Honoraria de Hungría. ildiko@javeriana.edu.co
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