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Lo que está pasando con la economía europea

Escrito por Ildikó Szegedy-Maszák
la Economía Europea en el 2022

La invasión de Rusia a Ucrania, la guerra energética, la disrupción de la cadena de suministros y la subida del dólar han sumido a Europa en una crisis económica que podría ser tan severa como la de 2008.

Ildikó Szegedy-Maszák*

Parecidos y diferencias con la crisis de 2008

Europa está atravesando una crisis económica semejante a la Gran Depresión de 2008. Desafortunadamente, la situación económica puede complicarse aún más, lo cual debilitaría a Europa y, en caso extremo, podría significar la desaparición de la Unión Europea.

Para entender lo que está pasando, es necesario revisar lo ocurrido en 2008. La crisis financiera se desató cuando la burbuja inmobiliaria de Estados Unidos estalló y se agravó en Europa por la crisis de deuda soberana en la eurozona, especialmente en los países del Mediterráneo.

Para responder a la crisis, Alemania propuso emplear las mismas políticas de austeridad que había usado para superar la crisis de los noventa que fue producto de la reunificación del país. Para frenar la inflación, la principal estrategia consistió en reducir el gasto público. La receta surtió efecto y aceleró el desarrollo de la industria alemana. Quienes critican esta medida reconocen que la crisis de la reunificación coincidió con el crecimiento acelerado de la economía mundial, lo cual permitió mitigar los posibles efectos recesivos de las políticas de austeridad.

En 2008 la situación era distinta y la política de austeridad tuvo más efectos negativos que positivos. La crisis empeoró tanto, que, por primera vez en la historia, el Banco Central Europeo tuvo que intervenir el mercado de las deudas soberanas de la eurozona en 2012. Sin embargo, esta intervención llegó tarde y Europa experimentó una recesión sin precedentes que implicó una década perdida para varios países, especialmente en el Mediterráneo.

La recesión desestabilizó el mercado común europeo y provocó descontento entre los ciudadanos. Aunque sería un error afirmar que Bruselas fue el culpable de todos los males, es cierto que la arrogancia de la política de austeridad tuvo un costo político muy alto, que alimentó el euro escepticismo y pudo haber acelerado el Brexit.

Indudablemente, la Unión Europea y las instituciones de la eurozona son diferentes hoy y están más preparadas para enfrentar una crisis económica, pues el Banco Central Europeo un margen de maniobra mucho más amplio en las políticas monetarias.

Además, la Unión Europea respondió con medidas expansionistas a la pandemia de COVID-19, tales como el aumento del gasto público, la financiación de la deuda con bonos europeos y una mayor tolerancia a la inflación en la región.

Para evitar una crisis como la de 2008, la Unión Europea impulsó varias medidas para reactivar la economía rápidamente en 2020 y 2021. El riesgo inflacionario de esta política se consideraba moderado porque la eurozona llevaba una década con la inflación baja. Además, la pandemia y el Brexit reavivaron la idea de solidaridad que caracteriza a la Unión Europea y las elecciones dejaron gobiernos pro-europeos en Alemania, Francia e Italia.

Rusia sabe que, aunque en distintos grados, todos los países europeos dependen del gas y del petróleo ruso. Alemania es uno de los países más afectados, pues el 40% del gas natural y un tercio del petróleo que usa proviene de Rusia.

El Brexit fortaleció el eje francoalemán en el timón de la Unión Europea, pero le concedió más primacía a Alemania. Desde entonces, Alemania se perfiló como la potencia económica y política que debía jalonar el proyecto europeo. Adicionalmente, empezó a fraguarse la posibilidad de una unión transatlántica con Estados Unidos.

Y de repente, en 2022, Rusia decidió invadir a Ucrania.

La guerra energética

La guerra está cambiando el rumbo de la historia de Europa. Se trata de un clímax inesperado que llegó en un momento de fragilidad económica y política y podría sofocar la Unión Europea.

Algunos analistas sostienen que Estados Unidos provocó la invasión rusa para mantener su liderazgo global. Otros, por el contrario, afirman que la guerra es una estrategia de Rusia y China para debilitar la unidad transatlántica que se opone a sus sistemas populistas. ¿Qué está pasando en la realidad? Lo único innegable es que los efectos económicos de la guerra son devastadores.

Los Estados Unidos, la Unión Europea, el Reino Unido, otros países europeos y algunos países asiáticos impusieron severas sanciones económicas contra Rusia en respuesta a la invasión de Ucrania, y Rusia entonces emprendió una guerra energética a modo de respuesta.

Rusia sabe que, aunque en distintos grados, todos los países europeos dependen del gas y del petróleo ruso. Alemania es uno de los países más afectados, pues el 40% del gas natural y un tercio del petróleo que usa proviene de Rusia.

Uno de los puntos más importantes de la política post-pandemia adoptada por la Unión Europea era acelerar la transición energética. Además de la preocupación por el cambio climático, esta estrategia buscaba reducir la dependencia energética de los países europeos, especialmente porque la eliminación gradual del carbón y la diminución de la energía nuclear aumentó aún más la dependencia del gas y el petróleo ruso.

Así pues, la guerra aceleró prematuramente la desconexión energética de Rusia en un momento en el que los precios del gas y del petróleo son bastante altos en el mercado mundial.

La guerra energética es una de las razones que explican que, entre enero y julio del año en curso, el precio del gas natural haya aumentado casi en un 200% y el precio de la gasolina casi un 30% en la Unión Europea.  Las disrupciones en la cadena de suministro producto de la pandemia y la política cero COVID de China también han contribuido aumento de los precios.

la Economía Europea en el 2022
Foto: pxhere - Europa se encuentra en una crisis económica semejante al de la gran depresión del 2008.

La inflación y la subida del dólar

Por otra parte, la inflación que golpea a Estados Unidos llevó a la Reserva Federal a elevar sus tasas de interés. Esta medida, sumada al desvió de inversiones desde los mercados emergentes hacia mercados más estables, dio como resultado una abrupta revaluación del dólar americano, moneda que alcanzó paridad con el euro por primera vez en las últimas dos décadas.

La subida del dólar y el aumento de la inflación obligó al Banco Central Europeo a elevar sus tasas de intervención por primera vez en los últimos once años: pasó de 0,0% a 0,5%. Esto ocurrió después de que el Fondo Monetario Internacional (FMI) revelara que este año se espera un crecimiento del PIB de tan solo 1,2% en la Unión Europea y de 0,8% en Alemania, lo cual implica una caída del 2,9% con respecto a 2021.

Evidentemente, la Unión Europea está experimentando una crisis económica y es imposible saber qué ocurrirá con la economía mundial en el corto plazo. Las políticas proteccionistas adoptadas para lidiar con la guerra comercial entre Estados Unidos y China, las sanciones económicas de la guerra en Ucrania y la disminución del crecimiento económico de China han debilitado el mercado mundial.

La solidaridad de la Unión Europea es indispensable para superar los momentos de crisis como este. De hecho, la finalidad principal del proyecto europeo es evitar una confrontación interna que resulte en una guerra entre los miembros de esta comunidad política. Esta posibilidad podría parecer nula, pero lo cierto es que el precio económico y político de mantener la Unión Europea parece cada vez mayor para los países miembros.

El Brexit fue un claro rechazo a dicha solidaridad. No hay que subestimar a los euroescépticos que creen que a los países miembros les iría mejor de forma individual.

La incertidumbre es tal, que es imposible saber a ciencia cierta qué ocurrirá con la economía europea. La renuncia de Boris Johnson como primer ministro del Reino Unido y la de Mario Draghi como primer ministro de Italia ponen en evidencia la gravedad de la situación. En el primer caso, el mandatario no soportó los escándalos del party-gate y la inconformidad de los ciudadanos por los problemas económicos que azotan al país producto del Brexit, la guerra en Ucrania y la pandemia. En el segundo caso, la crisis energética y la deuda italiana crearon una presión insoportable para el gobierno de coalición.

La renuncia de Draghi es sumamente preocupante para la Unión Europea y en Francia las elecciones parlamentarias fortalecieron la ultra-derecha y, por ende, el discurso populista contra la solidaridad europea. Esto podría ocurrir en otros países europeos, lo cual podría agravar la inestabilidad económica y provocar la disolución de la Unión Europea en el peor de los casos.

Para superar esta crisis, es indispensable creer en el respeto, la unión y la solidaridad.

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