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¿Por qué algunos rechazan al papa Francisco?

Escrito por Carlos Novoa

Papa Francisco.

Carlos NovoaMuchos políticos y ciudadanos rechazan el discurso de solidaridad y tolerancia del papa porque va en contra de sus principios morales –y posiblemente de sus intereses–. Pero Francisco solo ha sido consecuente con las palabras y acciones de Jesús.

Carlos Novoa S.I.*

Un personaje incómodo

En algunos sectores de la Iglesia y de la sociedad –nacional y mundial– hay quienes rechazan al papa Francisco. Es una paradoja: mientras las multitudes en el mundo  católico y por fuera de él acogen y admiran al papa argentino, no faltan quienes manifiesten su disgusto ante sus palabras o sus  comportamientos.

Por ejemplo, cuando el obispo de Roma visitó México, Donald Trump declaró: “El papa Francisco es una persona muy política, creo que no entiende los problemas que tiene México, el peligro de la frontera abierta que tenemos con ese país”.

Como es de conocimiento público, el señor Trump posa de ser muy cristiano y el papa no hizo esperar la respuesta a sus ataques: “Quien levanta muros en lugar de tender puentes no es cristiano”.

Amplios sectores del Partido Republicano de Estados Unidos señalan que el sucesor de Pedro es un izquierdista radical porque critica el capitalismo, defiende a los pobres y se empeña en la preservación del medio ambiente.  

Así mismo, algunos barones europeos afirman que los inmigrantes solo traen problemas y que no tienen por qué recibirlos. Argumentan que ellos deben resolver sus dificultades en sus países de origen, mientras Francisco insiste en la importancia de acogerlos y apoyarlos. Esta insistencia del papa se debe al abandono en el que se encuentran quienes tienen que huir de sus patrias agobiadas por la guerra y la miseria insoportables.

Tampoco faltan los clérigos que protestan contra el papa porque, según ellos, está acabando con la firmeza de las leyes morales al decidir que los divorciados vueltos a casar no están ex comulgados y que la Iglesia los acoge y ayuda, al afirmar que no debemos rechazar ni estigmatizar a los transexuales o al preguntar “¿quién soy yo para juzgar a los gais?”.

Las luchas de Francisco

Papa Francisco junto a creyentes de la Iglesia Católica.
Papa Francisco junto a creyentes de la Iglesia Católica. 
Foto: Wikimedia Commons

Pero si nos acercamos al Evangelio podemos constatar que todas estas censuras a Francisco se oponen a las acciones y palabras de Jesús.

Jesús amó a civiles, militares, ricos y pobres; amo a toda persona sin importar su condición. Al mismo tiempo, Jesús tiene una predilección –ni exclusiva ni excluyente– por los más pobres y marginados que dado su grave estado de indigencia necesitan especial ayuda.     

Por ello vemos a Jesús compartiendo pan con el hambriento, curando enfermos y defendiendo a quienes en su época eran considerados indeseables, como las mujeres, los niños, los lisiados y los desposeídos. Por esto mismo Cristo critica duramente a quienes acumulan riquezas a costa del hambre de muchos y a quienes abusan de su autoridad política o religiosa para su propio beneficio. El Mesías censura especialmente a los clérigos legalistas que se apoyan de manera intransigente en la ley para afincarse en el poder sin importarles la misericordia que le debemos a todo ser humano.

Tampoco faltan los clérigos que protestan contra el papa porque, según ellos, está acabando con la firmeza de las leyes morales.

En este sentido, las palabras y acciones de Jesús son claras y contundentes. En el Evangelio Jesús dice: “Ustedes alcanzaron la plenitud de la vida porque tuve hambre y me dieron de comer, tuve sed y me dieron de beber, era inmigrante y me acogieron, estaba desnudo y me vistieron, estaba enfermo y me visitaron, estaba encarcelado y me vinieron a ver. (…) Les aseguro que lo que hayan hecho con uno solo de estos mis hermanos más pequeños, excluidos, necesitados, me lo hicieron a mí” (Mateo 25).

Salta a la vista entonces que a Francisco lo abominan porque vive y dice lo mismo que su Señor. De allí que la crítica papal al fariseísmo y al legalismo religioso sea implacable y que los confronte con la misericordia evangélica que nos urge:

“Un pastor no puede sentirse satisfecho sólo aplicando leyes morales a quienes viven en situaciones «irregulares», como si fueran rocas que se lanzan sobre la vida de las personas. Es el caso de los corazones cerrados, que suelen esconderse aun detrás de las enseñanzas de la Iglesia «para sentarse en la cátedra de Moisés y juzgar, a veces con superioridad y superficialidad, los casos difíciles y las familias heridas».

Hace más de cuatro décadas la Organización Mundial de la Salud (OMS) y las asociaciones psiquiátricas del mundo determinaron que la homosexualidad no es una aberración ni una enfermedad, sino un estado legítimo y respetable de algunas personas. Lo mismo han verificado estas asociaciones con respecto a los transexuales.

Por desgracia la historia humana está llena de episodios que muestran nuestra incapacidad para acoger la diversidad y la gran saña con la que se persigue y agobia a quien no es idéntico a uno. Esta es una manifestación del egoísmo que a todos nos afecta y que a veces tanto nos cuesta educar y conducir por la senda del amor y el reconocimiento mutuo.

Es horripilante la manera como se ha masacrado a los negros en Estados Unidos, en Sudáfrica y en tantas otras latitudes. Y lo mismo viene sucediendo con todos aquellos que no son heterosexuales. La homofobia campea por el mundo entero sin piedad. Por ello Francisco ha recibido personalmente, en audiencia privada, a cónyuges transexuales y les ha ofrecido todo su apoyo y cariño.

En una carta reciente felicitó a una pareja de hombres homosexuales radicados en Brasil que mandaron bautizar a sus tres hijos adoptivos. Esta carta era la respuesta a otra que la pareja había enviado a Bergoglio contándole sobre el mencionado bautismo. "Significa un gran avance en una institución que quemaba a los gais durante la Inquisición, y ahora nos manda un oficio felicitando a nuestra familia. Estoy muy feliz, ya me puedo morir tranquilo", dijo Reis, uno de los integrantes de la pareja, en una entrevista telefónica.

Salta a la vista que a Francisco lo abominan porque vive y dice lo mismo que su Señor.

El 16 de abril de 2016 el papa viajó a la isla de Lesbos en Grecia, donde se concentra y retiene a los miles de inmigrantes que huyen hacia Europa para sobrevivir. El papa los visitó para solidarizarse con ellos y manifestó una vez más su desacuerdo con la política de segregación europea. Francisco departió con los refugiados durante todo el día y almorzó con ellos el mismo alimento que reciben. De regreso llevó consigo a quince expatriados sirios para acogerlos y apoyarlos en Roma.

Compromiso con la justicia

Celebración de la misa en iglesia católica.
Celebración de la misa en iglesia católica. 
Foto: Centro Nacional de Memoria Histórica

Como en el caso de Jesús, la crítica a la injusticia social y la lucha empeñada contra ella marcan las acciones y las palabras de Francisco. Para la muestra esta declaración radical y contundente:

“El que manda hoy no es el hombre, es el poder y el dinero, el dinero. Vivimos una sociedad con una economía y unas finanzas sin ética, donde la persona no cuenta para nada, es desecho, es basura. Se trata de la cultura del descarte. Este es un sistema que mata gente, injusto de raíz, que debemos cambiar, en el cual se halla una minoría absurdamente rica que genera miles de millones de personas en las condiciones más abyectas. El hambre es criminal”.  

¿Por qué rechazan a Francisco, lo censuran y lo calumnian? Dejemos que Jesús, con sus palabras en el Evangelio de Mateo, nos responda:

17¡Cuidado con la gente!, porque los entregarán a los tribunales y los azotarán en sus sinagogas. (…) 22Serán odiados por todos a causa de mi nombre. Quien resista hasta el final se salvará (…) 26Por tanto no les tengan miedo. 27Lo que les digo de noche díganlo en pleno día; lo que escuchen al oído grítenlo desde los techos. 28No teman a los que matan el cuerpo y no pueden matar el espíritu; teman más bien al que puede arrojar cuerpo y espíritu en el infierno.

A Jesús y a sus seguidores, como Francisco, los persiguen porque “pisan callos” al promover el amor, la equidad, la solidaridad y la justicia y al velar de manera especial por los más necesitados y excluidos.

Por desgracia la injusticia y la exclusión son muy rentables para los poderosos de este mundo y por eso no quieren renunciar a sus privilegios ni dejar de perseguir a quienes quieren acabar con tanta iniquidad. Pero a pesar de todo estamos tranquilos, Jesús nos protege y lo grave no es que nos maten el cuerpo, sino el espíritu.

 

* Sacerdote jesuita,  profesor Titular y Doctor en Ética Teológica por la Universidad Javeriana, ha publicado 40 artículos en revistas indexadas y escrito 16 libros. Actualmente es director de la maestría y el doctorado en Teología en la misma universidad.

 

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