Francisco, o la com-pasión | Fundación Razón Pública 2025
Foto: Flickr: Catholic Church England and Wales

Francisco, o la com-pasión

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El testimonio de Francisco resume y actualiza el mandamiento central de Jesús: amar, servir y salir al encuentro de los demás. Esta es su herencia para la Iglesia y para la humanidad.

El servicio como forma de vida

El lunes abril 20 de 2025, a las 7.30 a.m. hora de Roma, 12.30 a.m. hora de Colombia, el Papa Francisco terminó su presencia carnal espacio temporal, definiéndose su vida para siempre en el gozo de Jesús. 

Nuestro querido Obispo de Roma muere en su ley: “Para toda cristiana y cristiano la autoridad es solo servicio, y el poder solo el poder de la cruz,” verifica él, quién en el ejercicio de su magna responsabilidad, siempre estuvo marcado por la entrega incondicional al otro, y por la praxis del poder arrodillándose a lavar los pies de sus hermanos. 

Esta entrega y este arrodillarse tan típicos de Jesús, el evangelio los resume en un término: splangníthomai, el cual paso a desenvolver a continuación.

Splangnízomai: el corazón de Jesús

Splangnízomai es un vocablo del Evangelio escrito en el griego de la koiné, la lengua de la versión más antigua que conocemos del Nuevo Testamento. Este idioma junto con el latín, constituían la lengua franca de la cuenca del Mediterráneo en el siglo I D. C. 

Tal vocablo es un término médico de la época que significa dolor de parto, como también un intenso padecimiento en lo más profundo de las entrañas. Y en el ámbito evangélico este es el sufrimiento que experimenta Jesús frente a la aflicción del otro, su hermano y congénere, afirmando que el Señor siente splangnízomai. 

Toda mamá testimonia el insoportable dolor corporal que genera el alumbramiento de su hijo. Pues esta misma agonía es la del Nazareno, nos dice el Evangelio, cuando se apropia del sufrimiento de cada persona.

La compasión, núcleo del Evangelio

Para el Hijo del Hombre entonces el agobio de cada humano es muy propio y su alegría también, convirtiéndose este splangnízomai en la característica por excelencia de la persona y existencia del Cristo. 

Esta asunción de los sentimientos humanos más insondables constituidos por el gozo y el dolor, lanzan al Nazareno a construir con las hijas e hijos de Dios soluciones reales y efectivas a sus grandes congojas, y a cultivar el entusiasmo en su celebración y realización. 

Toda esta dinámica constituye la praxis del amor y la solidaridad, la quinta esencia de la vida de auténtica plenitud que nuestro Salvador vive y nos comunica: “Un solo mandamiento les doy, que se amen unos a otros. En esto conocerán que son mis discípulos, en que se aman unos a otros como yo los he amado. … Les he dicho esto para que participen de mi alegría y sean plenamente felices” (Juan 13: 34 – 35; 15: 11). 

La traducción más pertinente del término splangnízomai al castellano se halla en la palabra compasión, del latín con – passio que significa sentir – con, en este caso, hacer propios los sentimientos basilares de las personas y actuar en consecuencia como lo vengo argumentando. 

Sin duda la etimología griega es mucho más rica, enjundiosa y expresiva. La compasión en Cristo cristaliza todas las dimensiones de su existencia y por ello el Evangelio nos comunica cómo Jesús se dedica a curar enfermos, compartir pan con los hambrientos, acoger a los excluidos y estigmatizados por la sociedad (mujeres, niños, enfermos, prostitutas, pobres, pecadores, entre otros).

El Mesías construye con nosotros una felicidad humana sin par, comunicándonos de forma simultánea la más grande de todas las revoluciones de la historia, al decir de Benedicto XVI y Francisco: el hondo cambio interior, la conversión del narcisismo y la arrogancia de poder que nos aniquilan, a la transparencia y entrega desinteresada, sin límite al otro, único camino que nos rescata de los agobios espantosos que nos aquejan en el mundo contemporáneo (miseria, exclusión, guerras, persecuciones, dolores, y muchos más).

Splangnízomai en la vida de Francisco

A renglón seguido algunas realizaciones específicas del splangnízomai por parte de nuestro querido Papa Francisco: 

  • Una pareja transexual española empeñada a fondo en vivir su cristianismo, se halla muy dolida con el cruel desprecio que recibe de no pocos integrantes de su parroquia a causa de su condición de género. Francisco los recibe en audiencia privada, los acoge, consuela y bendice por largo rato, ayudándoles a comprender que Jesús los ama y cobija. “¿Quién soy yo para juzgar a los gays?” exclama el Sucesor de Pedro. 
  • Nuestro Papa argentino llamaba por teléfono todos los días al párroco de Gaza, para informarse y solidarizarse al detalle con el horripilante sufrimiento que viven los palestinos fruto de la infame invasión militar de Netanyahu y los suyos, la cual ya ha producido el asesinato de 50.000 personas, la gran mayoría de ellas mujeres y niños, civiles inermes e indefensos. A lo largo de esta invasión nuestro Obispo de Roma la rechaza y condena con vehemencia, exigiendo el inmediato cese al fuego y el ipso facto inicio de una solución negociada y pacífica al conflicto.
  • En el mismo sentido califica de inaceptable en absoluto la intromisión militar judía en el Líbano. Con las iguales formas que censura la incursión castrense hebrea, repulsa el comportamiento demencial e inicuo de Hamas quienes han asesinado 1200 israelitas civiles en total estado de indefensión.
  • “Los pecados de la carne no son los más graves», ha sostenido el Papa Francisco refiriéndose a Monseñor Aupetit (Arzobispo de París), sorprendido besando en la boca a su secretaria. «Los más graves son aquellos que tienen más carácter angelical: la soberbia, el odio. Así que Aupetit es un pecador como lo soy yo». … Para Bergoglio cuando la charlatanería «crece, crece, crece» (la de algunos periodistas), y le quita la fama a una persona, esta no podrá gobernar porque ha perdido su fama, «no por su pecado, que es pecado» (el de Aupetit), sino por el «parloteo» de las personas. «Por esto acepté su dimisión (la de Aupetit), no en el altar de la verdad, sino en el altar de la hipocresía», ha explicado.
Foto: Flickr: Catholic Church England and Wales

La Iglesia, comunidad de servicio

Nuestro Sucesor de Pedro constata que “uno de los males de la Iglesia, o más bien una perversión, es este clericalismo que separa al sacerdote, al obispo del pueblo. … La Iglesia somos todos, por ello no es solo el Papa quien deba resolver el conjunto de los asuntos de la catolicidad. En este sentido estoy llamando a realizar un sano proceso de descentralización en la comunidad cristiana.”

El papa Francisco ha dicho que la Iglesia no es un negocio, sino una comunidad que debe estar centrada en Dios y en el servicio a los demás. La catolicidad no debe ser tratada como una empresa económica, ya que esta se basa en ganancias, marketing y publicidad, mientras que la Iglesia debe estar centrada en Dios. 

“La Iglesia somos nosotros, ¡cada uno de nosotros! No son las estructuras, ni los cargos, ni los ambientes clericales cerrados. … No impongan o contrapongan su fe a los demás, el proselitismo es una verdadera tontería y una gran falta de respeto con las personas. … En la catolicidad sigamos alertas en contra de las posiciones ideológicas rígidas qué con frecuencia, bajo la ilusión de buenas intenciones, nos separan de la realidad y nos impiden avanzar”.

Estas posturas del Obispo de Roma cultivan un cristianismo dialógico y respetuoso como Jesús. Por ello insiste en que debemos ser una Iglesia en salida, o de lo contrario no somos Iglesia. “En salida hacia las periferias existenciales que son las del dolor, las de la injusticia, las de la ignorancia, las de toda miseria.”

Contra el poder y la cultura del descarte

Para nosotros en la Iglesia Católica, constata Francisco, el que manda hoy no es el hombre, es el poder y el dinero, el dinero. Vivimos una sociedad con una economía y unas finanzas sin ética, donde la persona no cuenta para nada, es desecho, es basura. Se trata de la cultura del descarte. 

Este es un sistema que mata gente, injusto de raíz, que debemos cambiar, en el cual se halla una minoría absurdamente rica que genera una gran parte de la humanidad en las condiciones más abyectas. El hambre es criminal. Toda esta idolatría de la riqueza y el poder es el estiércol del demonio. 

El principal problema y por desgracia creciente en el mundo de hoy, es el de los pobres, los débiles, los excluidos, de los cuales los migrantes son parte. El terrorismo nace de la pobreza y la frustración. Por ende, urge que todas las personas construyamos la cultura del encuentro, y no de la indiferencia. 

El legado de Francisco

Hasta acá algunas realizaciones del splangnízomai por parte de Bergoglio, sin duda excepcionales y ejemplares. Se podrían traer muchas más pero el justo límite de esta publicación lo impide. Tales realizaciones son el producto del gran enamoramiento muy práctico de Francisco por Jesús, su gran maestro y amigo. 

Este testimonio de nuestro amado Papa nos beneficia con mucho ya que anima y nos prueba la validez y posibilidad del seguimiento de Jesús, ensombrecido tantas veces por el arrollamiento de la propaganda, el consumismo y la exaltación de la arrogancia de poder, tan típicas de la sociedad en la que nos hallamos. 

Francisco, el bien que nos has hecho a los cristianos del mundo y a la humanidad en general es inconmensurable, gracias a Jesús por ti. Evidentemente, en la historia eclesiástica hay un antes y un después de nuestro Papa argentino.

A manera de corolario traigo algunas expresiones emblemáticas y paradigmáticas muy propias de Bergoglio:

    • La paradoja es que a veces, quienes dicen no creer, pueden vivir la voluntad de Dios mejor que los creyentes.                                                                                   
  • Tantos católicos son así y dan escándalo. … Para ser católico (así), es mejor ser ateo.
    • Cuando tengo enfrente a un clericalista, me convierto en anticlerical de repente. El clericalismo es una perversidad y no tiene nada que ver con el cristianismo.                                                 
  • Yo creo en Dios, no en un Dios católico; no existe un Dios católico, existe Dios.                         
  • Queremos ser una Iglesia que salga de casa para tender puentes, romper muros, sembrar reconciliación.                                                   
  • Me acusan de herejía, pero hay riesgos que debo tomar.                                
  • No quiero carreristas, no quiero cortesanos, no quiero trepadores en la Iglesia. A quien le guste trepar por favor no lo haga en la Iglesia, … váyase para los Alpes, es lo más saludable.

Le recomendamos: La Iglesia Católica y los Pueblos Afrodescendientes

Acerca del autor

Carlos Novoa
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Sacerdote jesuita. Profesor Titular, filósofo, Doctor en ética teológica, Universidad Javeriana

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