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Las nuevas posturas de la Iglesia sobre la familia

Escrito por Carlos Novoa
Catedral de San Pedro en la Ciudad del Vaticano.

Catedral de San Pedro en la Ciudad del Vaticano.

Carlos NovoaEn el Sínodo de Obispos de este año los jerarcas del catolicismo adoptaron posturas revolucionarias en asuntos como el uso de anticonceptivos y las parejas divorciadas. ¿A qué se debe – y qué implica- este cambio radical en la Iglesia?

Carlos Novoa S.I.*

La reunión

“Discernimiento espiritual” y “decisión en conciencia” son dos expresiones que, por desgracia, estuvieron muy poco presentes en el magisterio eclesiástico reciente antes del papa Francisco, sobre todo en lo referente a temas como la familia y la sexualidad. Por el contrario, en la Asamblea Universal de los Pastores de la Iglesia, que acaba de terminar, estas expresiones estuvieron muy presentes en el documento conclusivo, aprobado por el 90 por ciento de los asistentes y publicado recientemente.

Esta reunión episcopal fue la continuación de la realizada hace un año, cuyo tema fue la familia. En la anterior reunión, los ponentes de fondo fueron catorce matrimonios que instruyeron a los obispos sobre la vida cotidiana y la gran complejidad del mundo conyugal y hogareño de la actualidad.

Decidir en conciencia es para el no creyente haber encarnado los valores éticos fundamentales de la dignidad humana

El documento de trabajo del Sínodo 2014 fue la síntesis de las respuestas de los católicos del mundo a un acurado cuestionario que el papa Francisco nos remitió, y cuyas respuestas fueron un gran esfuerzo de nuestros obispos en escuchar la voz de Dios que habla en su pueblo.

Decidir a conciencia

Obispos de la iglesia católica.
Obispos de la iglesia católica.
Foto: Aleteia Image Department

Es claro que, en última instancia, los humanos decidimos en conciencia y de esta manera, tanto en la experiencia cristiana como en la no creyente, se determina el comportamiento personal y social. En el camino católico esta manera de proceder se ha tenido en cuenta desde sus mismos inicios.

Así lo señala San Pablo, en su Carta a los Romanos, capítulos 2 y 14; el dominico Santo Tomas de Aquino (siglo XIII), en la Suma Teológica, y los eximios moralistas Francisco de Vitoria (siglo XVI) y Francisco Suarez (siglo XVII). De igual manera, lo hicieron el Concilio Vaticano II (1965), que marcó el norte de la catolicidad de hoy, el Catecismo de la Iglesia Católica de 1992 y el papa Francisco en la actualidad.

Las decisiones morales, y mucho más si ellas tienen profundas consecuencias, como unirse en matrimonio, optar por una profesión, ser religioso o sacerdote, o el ejercicio del monopolio de las armas por parte del Estado, requieren tener muy presente la rica experiencia de dos mil años de historia de la comunidad cristiana que se manifiesta en sus normas morales.

Asimismo, se deben tener en cuenta los consejos de personas ilustradas y con un alto talante ético y espiritual. Sin embargo, al final se decide en conciencia, y esta opción no se puede reducir a seguir determinado consejo u obedecer una legislación ética.

Decidir en conciencia es para el no creyente haber encarnado los valores éticos fundamentales de la dignidad humana, la justicia y la solidaridad, que constituyen el consenso mínimo ético universal exigible para toda mujer, hombre y comunidad sobre la tierra. Estos valores se cristalizan en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, consagrados en 1948.

Cuando estos valores están implantados en lo más hondo de la existencia y se cultivan cada día y cada hora, entonces todas las decisiones y conductas emergen de ellos. Esto es decidir en conciencia.

La conciencia moral es la vivencia de estos valores y su cultivo es lo que lleva a la formación de la conciencia, la responsabilidad ética por excelencia. Nadie puede decidir por mí con quién me caso, qué profesión quiero estudiar o si opto por el ministerio presbiteral católico. Como se puede ver, hay un alto grado de exigencia, complejidad y responsabilidad en tales decisiones.

El camino de la Iglesia

Quien cree en Jesús y sigue sus enseñanzas decide en conciencia apoyado por la gran riqueza valorativa que entraña el evangelio, que incluye los valores señalados del consenso ético mínimo universal. En esta vivencia específica, el creyente procede como cualquier otra persona.

Por todo esto es que el Sínodo Episcopal católico que acaba de concluir señaló en su documento final que le correspondía en última instancia solo a las parejas en cuestión decidir en conciencia sobre dos asuntos delicados y trascendentales: el uso de anticonceptivos y la comunión eucarística en el caso de los conyugues católicos divorciados y vueltos a casar.

Los obispos insistieron con fuerza en la importancia de este discernimiento, que en la comunidad católica se debe hacer con el ejercicio de la decisión en conciencia realizado con un proceso de ponderación de los diferentes aspectos que convergen en un dictamen moral y alimentado por una honda vivencia de Jesús y su Iglesia. Dos mil años de camino evangélico suministran valiosas herramientas y recursos para discernir.

El numeral 63 del documento final del Sínodo de los Obispos 2015 señala sobre la opción del uso de los anticonceptivos que: “La pareja debe cultivar una amplia apertura, sensibilidad y amor, respecto a la gran trascendencia de darle continuidad a la vida humana por medio de la procreación de los hijos, algo muy querido por Dios. (…) Conforme al carácter personal y humanamente completo del amor conyugal, el camino más adecuado para la planificación familiar es aquel de un diálogo consensual entre los esposos, del respeto a los tiempos y de la consideración de la dignidad del conyugue”. (La traducción es mía)

Pasamos de una sobredimensión de lo normativo de la manifestación divina al discernimiento espiritual y la decisión en conciencia

Continua el mismo numeral diciendo: “La opción responsable por la procreación de los hijos presupone la formación de la conciencia, que es ‘el núcleo más secreto y el sagrario de la persona, donde ella se encuentra a solas con Dios, cuya voz resuena en su intimidad’. Cuanto más buscan los esposos escuchar en su conciencia a Dios y su voz, y se hacen acompañar espiritualmente, tanto más su decisión estará íntimamente libre del arbitrio subjetivo y de seguir los estilos superficiales que con frecuencia propone esta sociedad”.

Hablando de los divorciados vueltos a casar, el mencionado documento insiste mucho en la trascendencia del discernimiento espiritual desde el cual se debe abordar el drama de las parejas que quisieron darle continuidad a su matrimonio y no pudieron debido a causas muy complejas y ajenas a su responsabilidad.

Son los cónyuges que se hallan en esta situación los que deben ponderar estos aspectos y discernir cómo vivirán su vida en la Iglesia, que de ninguna manera los excomulgará, y en la cual pueden encontrar toda la acogida de la misericordia divina (cfr. # 85). En otras palabras, tales parejas discernirán y decidirán en conciencia si participan en la comunión eucarística o no lo hacen después de haberse divorciado.

¿Una revolución?

El Papa Francisco I.
El Papa Francisco I.
Foto: Aleteia Image Department

A diferencia de otros sínodos, en los dos últimos nuestros pastores se han esforzado de forma notable por escuchar la voz del Espíritu que habla en los 1.300 millones de católicos y en toda la humanidad.

Antes del último documento sinodal, el magisterio y la práctica eclesial eran tajantes e inquisitoriales respecto a la prohibición de todo método anticonceptivo que no fuera el natural. Igualmente insistían en impedir el acceso al sacramento de la eucaristía a toda pareja separada, vuelta a casar y cuyo matrimonio anterior no había sido declarado nulo por la Iglesia.

Hoy pasamos de una sobredimensión de lo normativo de la manifestación divina al discernimiento espiritual y la decisión en conciencia amparada por la amplia, antigua y pura tradición de la Iglesia y de la praxis evangélica.

 

* Sacerdote jesuita. Profesor Titular, filósofo, Doctor en ética teológica, Universidad Javeriana.

 

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