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El papa Francisco o la reivindicación de la debilidad

Escrito por Carlos Novoa
Carlos Novoa Papa Francisco

Comienzo de un papado cargado de simbolismos evangélicos, que anuncia el retorno a lo esencial, a la fuerza de la debilidad y a la opción por los más pobres de los pobres.

Límites propios, conciencia del otro

“La debilidad de Dios es más fuerte que el poder de los hombres, y la ignorancia divina más docta que la sabiduría humana” (1 Corintios 1, 25), afirma Pablo desde su experiencia. La fuerza más grande de todas no es la arrogancia del poder, ni de la guerra, ni la prepotencia militarista, ni la ostentación de la acumulación inconmensurable de riqueza en pocas manos, a costa del despojo y la pobreza de cuatro mil millones de personas, más de la mitad de la humanidad.

 

Carlos Novoa Papa FranciscoFotos: http://www.flickr.com/photos/catholicism/

Solo el cultivo de la contingencia y de la indigencia — o sea, la conciencia de los propios límites y de la necesidad del otro — nos conduce a la construcción de la plenitud para todos, sin ningún tipo de exclusión. Por esta razón, para Jesús todos debemos hacernos de nuevo como niñas y niños, si queremos acceder a la plenitud de la existencia (Mateo 18, 3; Marcos 10, 15; Lucas 18, 17).

Ostentosa simplicidad

La praxis de esta debilidad y de este despojo fue la característica fundamental del servicio de Jorge Mario Bergoglio como epíscopo en Buenos Aires, y ahora se dispone aplicarla como el nuevo papa Francisco.

Rompiendo todos los protocolos vaticanos, el emergente obispo argentino de Roma, comenzó su misión asomándose al balcón principal de la Basílica de San Pedro vestido de la forma más simple, solo con su sotana blanca dejando los ornamentos pomposos de otras épocas.

Llevó su pectoral de lata de siempre, y no el de oro que se estila. Y antes de dar la bendición — a la ciudad de Roma y a la tierra entera — se inclinó ante el pueblo congregado en la plaza vaticana pidiéndole su bendición y que orara por él, para que fuera fiel en el ejercicio de la ingente misión evangélica que se le acababa de encomendar.

Ejemplo evangélico

Durante su episcopado bonaerense, el papa Bergoglio no vivía en un palacio, sino en una sencilla casa de un barrio popular, no tenía secretaría, conductor, ni automóvil, y se movilizaba en transporte público. Se preparaba su propia comida y solo poseía dos mudas de ropa.

 

Carlos Novoa Papa Francisco humoFotos: http://www.flickr.com/photos/catholicism/

Con gran frecuencia se hallaba en las parroquias pobres, y ya siendo cardenal–arzobispo remplazaba a los curas de las barriadas más abandonadas y conflictivas, para que pudieran disfrutar de sus merecidas vacaciones.

Acostumbra acoger a todos con gran cariño, pero sus predilectos son los excluidos y marginados a quienes defiende con ardor, llegando a enfrentarse a las omnipotentes multinacionales y a los jefes de Estado por no cumplir sus responsabilidades de proteger y apoyar a los menesterosos.

Escogió su nombre por San Francisco de Asís, uno de los grandes revolucionarios de la Iglesia, contestatario manifiesto de los mezquinos poderes eclesiásticos, y pobre entre los pobres, reivindicando una vida digna para ellos.

El papa argentino — desde su primer día — ha dejado muy en claro que él es Francisco y no Francisco I, ya que no se considera un prepotente y pomposo rey de este mundo, sino un inspirado en el pobrecillo de Asís, un eximio testimonio viviente de Jesús.

Al otro día de su elección fue en persona al hotel donde se hospedaba, pagó lo que debía y recogió su maleta. En la misma fecha, cuando se dirige a almorzar con todos los cardenales, rechaza la lujosa limusina papal y se monta en uno de los buses donde van los purpurados para departir con ellos.

Y luego de bendecir la mesa, dice a sus electores refiriéndose a su nominación: “Que Dios les perdone el error que han cometido”. También el Papa Bergoglio ya declaró que cuando se sienta sin fuerzas, sin duda renunciará a la Sede de Pedro.

 

Carlos Novoa Papa Francisco pobreFotos: http://www.flickr.com/photos/catholicism/

Desde 1868, la Iglesia Católica no había tenido como pastor a un miembro de una comunidad religiosa. Francisco es jesuita. Sin duda este hecho y el que sea el primer papa latinoamericano  — es decir, tercermundista y no europeo —  constituye todo un gesto para que la Iglesia — sin dejar  el Norte poderoso — se vuelque a las periferias excluidas que conforman más de la mitad de la catolicidad actual.

Un Papa así se necesitaba “para que dé la buena noticia a los pobres… para anunciar la libertad a los cautivos y la vista a los ciegos, para poner en libertad a los oprimidos, para proclamar el año de gracia del Señor” (Lucas 4, 18).

 

*      Sacerdote jesuita,  profesor titular y Doctor en Ética Teológica de la Universidad Javeriana.

 

 

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Carlos Novoa*

 

Solo el cultivo de la contingencia y de la indigencia — o sea, la conciencia de los propios límites y de la necesidad del otro — nos conduce a la construcción de la plenitud para todos, sin ningún tipo de exclusión. 

 

El papa argentino — desde su primer día — ha dejado muy en claro que él es Francisco y no Francisco I, ya que no se considera un prepotente y pomposo rey de este mundo, sino un inspirado en el pobrecillo de Asís, un eximio testimonio viviente de Jesús.

 

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