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El estilo diferente del papa Francisco

Escrito por Carlos Novoa

Carlos NovoaCon un discurso crítico sin precedentes  y con acciones inesperadas en favor de los más pobres, el papa Francisco es un viento de veras renovador para la Iglesia católica. Esta semana visitó a América Latina.

Carlos Novoa S.J.*  

Un cambio refrescante

“La presidenta Cristina Fernández defiende que el papa es argentino, y tiene toda la razón, Dilma Rousseff sostiene que Dios es brasilero, y de seguro que sí, pero el paraíso está en Ecuador”.  

Con este apunte humorístico, el presidente Rafael Correa le dio la bienvenida a Quito al obispo de Roma, mientras él sonreía gustoso. Una vez acabó de bajar la escalerilla de su avión, Bergoglio se dio un estrecho y caluroso abrazo con Correa. Muerto de cansancio por trece horas de viaje y cuatro de encuentro con la multitud, Francisco, quien descansó en la Nunciatura quiteña, no aguantó las ganas y salió a la puerta para acoger a la gente que llevaba horas orando y cantando mientras el papa reposaba.

Nunca habíamos visto estos gestos y acciones de calor humano en un papa. Por esto podemos decir que Francisco cambió el canal y ahora ser papa es algo muy distinto de lo que era, pues el máximo jerarca de la Iglesia respira hoy una ilimitada humanidad, parecida a la de Jesús, que a todos, creyentes y ateos, nos tiene gozosos.

En sus viajes el papa argentino ha pedido que no se le brinden honores militares – aunque   así lo disponga el protocolo diplomático para recibir a un jefe de Estado-. Aunque los anteriores obispos de Roma recibieron tales honores en sus visitas internacionales, en Quito en vez de fusiles, la calle de honor que acogió a Francisco estaba llena de niñas y niños campesinos e indígenas de extracción humilde.

Bergoglio ha insistido en que antes que nada es un pastor y esta es su divisa fundamental. Según informa la prensa oficial del Vaticano, en sus viajes Francisco quiere manifestar, con gestos concretos, su cercanía y solidaridad con los pobres y olvidados de la que suele llamarse la “periferia” del mudo.

Francisco en América Latina

Numerosos creyentes se congregaron a recibir al Papa Francisco a las afueras de Palacio de Carondelet en Ecuador.

Numerosos creyentes se congregaron a recibir al Papa Francisco a las afueras de Palacio de Carondelet en Ecuador.
Foto: Presidencia de la República del Ecuador

A la misa en la capital ecuatoriana asistieron un millón de personas, una concentración humana extraordinaria en cualquier lugar del planeta. En su homilía el papa subrayó cómo “es impensable que brille la unidad si la mundanidad espiritual nos hace estar en guerra entre nosotros (…) en una búsqueda estéril de poder, de prestigio, placer o seguridad económica, y esto a costillas de los más pobres, de los más excluidos, de los más indefensos, de los que no pierden su dignidad pese a que se la golpean todos los días”.

Siguiendo con esa lógica, durante su encuentro con estudiantes y docentes universitarios en la Universidad Católica del Ecuador, Francisco denunció cómo “un pobre que muere de frío y de hambre hoy no es noticia, pero si las bolsas de las principales capitales del mundo bajan 2 o 3 puntos se arma el gran escándalo mundial. Yo me pregunto dónde está tu hermano”.

La agenda de sus visitas a Ecuador, Bolivia y Paraguay estuvo llena de encuentros con los pobres, desvalidos y excluidos de la sociedad, ya fuera en barrios marginados, en cárceles, en ancianatos, o con obreros, campesinos y enfermos abandonados. En Quito el papa departió con un grupo de adultos mayores y en Bolivia consoló a un grupo  de niñas y niños enfermos terminales. Como en todas sus visitas, en América Latina Francisco se desplazó en un carro sencillo y sin blindaje.

El máximo jerarca de la Iglesia respira hoy una ilimitada humanidad, parecida a la de Jesús.

En su discurso de llegada al aeropuerto de La Paz, Bergoglio reconoció los grandes avances sociales: “Bolivia está dando pasos importantes para incluir a amplios sectores en la vida económica, social y política del país; cuenta con una Constitución que reconoce los derechos de los individuos, de las minorías, del medio ambiente, y con unas instituciones sensibles a estas realidades”.

Francisco también se detuvo en el sitio donde en 1980 se encontró el cadáver del sacerdote jesuita Luis Espinal, brutalmente asesinado por sus posturas críticas frente al orden establecido y en defensa de los derechos humanos. En este lugar dijo: “Me detuve aquí para saludarlos y sobre todo para recordar. Recordar un hermano, un hermano nuestro, víctima de intereses que no querían que se luchara por la libertad de Bolivia. El padre Espinal predicó el Evangelio y ese Evangelio molestó y por eso lo eliminaron. Hagamos un minuto de silencio en oración y después recemos todos juntos”.

Un nuevo pastor  mundial

En un mundo donde la mitad de la población vive en condiciones infrahumanas (según el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial) -o donde más del 55 por ciento de los colombianos ganan menos del salario mínimo, no tienen estabilidad laboral ni seguridad social- es evidente el absurdo de las exclusiones económicas.

Mientras el 1 por ciento de las personas posee el 42 por ciento de la riqueza del globo ante la mirada de “una humanidad agobiada y doliente”, Francisco no descansa en su trabajo por llevar consuelo, inclusión, acogida y defensa de los excluidos, como los latinoamericanos pudimos constatarlo en estos días.

-Por ejemplo, dolido por el agobio del pueblo cubano a consecuencia del infame bloqueo económico, el papa argentino logró convencer al gobierno de Estados Unidos para empezar  de veras a cambiar su relación con la Isla.

-O Cuando el papa visitó al pueblo palestino para solidarizarse con él en medio de su dolorosa situación, hizo parar su vehículo y se detuvo a orar poniendo su mano sobre el muro que encierra a este pueblo: “el muro de la ignominia” como lo bautizó Juan Pablo II.

-Francisco tampoco se cansa de clamar para que la Europa rica se compadezca de los miles de migrantes africanos que mueren ahogados en su desespero por salir de su famélica situación. “¿Vamos a convertir el Mediterráneo en un inconmensurable cementerio?” ha preguntado el papa al Parlamento Europeo.

Francisco celebró su cumpleaños desayunando con tres indigentes extranjeros en Roma, y ha hecho instalar en las inmediaciones de la plaza de San Pedro duchas con agua caliente y un comedor para los mendigos callejeros.

En una sociedad insensible donde el dolor de miles de millones no se considera ya que “la persona no cuenta para nada, es desecho, es basura y lo único importante son los ídolos del dinero y del poder”, cómo lo dijo él mismo, Francisco, animado por el espíritu de Jesús, rompe esta insensibilidad con acciones específicas e impulsa a la Iglesia y a la humanidad a hacer lo mismo, poniendo al tiempo una nota de alegría, de humor y de entusiasmo.

Misa oficiada por el Papa Francisco I en el Parque Bicentenario en Quito, Ecuador.
Misa oficiada por el Papa Francisco I en el Parque Bicentenario en Quito, Ecuador.
Foto: Presidencia de la República del Ecuador

Palabras de aliento

A manera de epílogo, recordemos algunas de las afirmaciones de Francisco en su discurso al II Congreso Mundial de Movimientos Populares en Santa Cruz de la Sierra, Bolivia:

Los que no pierden su dignidad pese a que se la golpean todos los días.

“Digámoslo sin miedo: queremos un cambio, un cambio real, un cambio de estructuras. Este sistema ya no se aguanta, no lo aguantan los campesinos, no lo aguantan los trabajadores, no lo aguantan las comunidades, no lo aguantan los pueblos… Y tampoco lo aguanta la tierra, la hermana madre tierra como decía San Francisco. (…)

Ustedes, los más humildes, los explotados, los pobres y excluidos, pueden y hacen mucho. Me atrevo a decirles que el futuro de la humanidad está, en gran medida, en sus manos, en su capacidad de organizarse y promover alternativas creativas, en la búsqueda cotidiana de “las tres t” (trabajo, techo y tierra) y también, en su participación protagónica en los grandes procesos de cambio, cambios nacionales, cambios regionales y cambios mundiales. ¡No se achiquen! (…)

Y en este camino, los movimientos populares tienen un papel esencial, no solo exigiendo y reclamando, sino fundamentalmente creando. Ustedes son poetas sociales: creadores de trabajo, constructores de viviendas, productores de alimentos, sobre todo para los descartados por el mercado mundial. (…)

Existe un sistema con otros objetivos. Un sistema que además de acelerar irresponsablemente los ritmos de la producción, además de implementar métodos en la industria y la agricultura que dañan a la madre tierra en aras de la “productividad”, sigue negándoles a miles de millones de hermanos los más elementales derechos económicos, sociales y culturales. Ese sistema atenta contra el proyecto de Jesús, contra la buena noticia que trajo Jesús”.

 

Sacerdote jesuita, profesor titular y doctor en Ética Teológica de la Universidad Javeriana, ha escrito 16 libros y publicado 40 artículos en revistas indexadas.

 

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