¿Puede esclavizarse a Siria en pleno siglo veintiuno? - Razón Pública
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¿Puede esclavizarse a Siria en pleno siglo veintiuno?

Escrito por Ahmad Tayel
Ahmad Tayel

Ahmad Tayel La represión criminal del régimen sirio contra su propio pueblo solo ha sido posible en un entorno internacional abrumado por la crisis de deuda pública europea y el desinterés de Estados Unidos. ¿Cuánta más represión será necesaria antes de la caída de Assad?

Ahmad Tayel*

Por qué la Primavera Árabe

Los sobrevivientes de los dictadores bajo regímenes medievales en el mundo árabe tratan de utilizar el elemento de la diversidad étnica o religiosa en sus respectivos países para perpetuar su dominio sobre sus pueblos mediante la creación de barreras artificiales entre esos grupos para impedirles trascender la lealtad ancestral a la tribu o a la etnia, a una más elevada: la de la patria común, con lo cual se impide que surja el concepto del Estado en la mente colectiva de sus pueblos.

No hay la menor evidencia en el campo de la sociología que demuestre la supremacía de un pueblo sobre otros pueblos en lo que respecta al despertar colectivo; tampoco es inherente a cierto pueblo que acepte pasivamente la esclavitud.

Los dictadores del Oriente Próximo habían acabado con la posibilidad de que se despertaran sus pueblos y estos a su vez se veían forzados a afrontar el ogro interno y muchos externos hasta que se creó una condición económica apropiada: la crisis económica mundial. Este factor exógeno facilitó el proceso de liberación, ya que algunos de los obstaculizadores del proceso se hunden hoy en sus propios infiernos.

Otro factor importante que facilitó el levantamiento de algunos pueblos árabes fue el amplio acceso a los frutos de la comunicación avanzada gracias a las nuevas tecnologías.

Los aplausos públicos a los presidentes del Medio Oriente a veces se interpretan en Occidente como signo de aprobación popular: se ignora que las autoridades de esos países obligan a los estudiantes y a los empleados a salir en marchas de apoyo a sus tiranos.

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La desigualdad económica y la corrupción política son las principales causas del
alzamiento en Siria.

Un régimen putrefacto, pero aún poderoso

En el caso específico de Siria, hay manifestaciones reales de que el pueblo está reivindicando su derecho a participar en la administración política, a respirar la libertad, a que haya separación de poderes y a alcanzar la construcción de un Estado nacional en lugar de conservar una confederación de etnias o de sectas religiosas.

Cualquier pueblo se hastiaría ante la brecha abismal que separa a los pobres — la mayoría absoluta en ciudades y pueblos por un lado — y por otro, la élite burguesa y oligárquica formada por un puñado de allegados a Bashar el Assad.

Las siniestras mafias que dominan el sector aduanero han paralizado la exportación e importación por medio de sobornos que imponen a cualquier compañía que quieran, a menos que ésta acepte asociarse con allegados a Assad. Son socios de todas las grandes compañías. Se relaciona a cada oficial activo o pensionado del ejército con cierto elemento de la canasta familiar: el azúcar, los combustibles…

La transparencia en la administración de los asuntos públicos y la separación de poderes sencillamente no existen: los valores morales más elementales se han desmoronado. Un funcionario público o un ministro transparente y honesto sería el blanco de las burlas, al no aprovechar su posición para acumular una fortuna.

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Basharel Assad es el déspota que ha  preferido bombardear a su propio pueblo antes que entregar el poder.

La represión como política

Bashar Al Assad hubiera podido consolar a los padres de los niños del grafiti cuyos verdugos arrancaron las uñas antes de matarlos. Por el contrario, decidió atacarlos con tanques de guerra, ¡disparando sobre barrios enteros de donde surgían manifestantes! Ese fue el detonante de la revolución de Siria.

La represión en contra de la población inocente no se perpetró solo desde el ámbito nacional: socios externos como Irán y Rusia la han respaldado. De los empolvados archivos soviéticos salieron algunas perlas para atribuir el levantamiento del pueblo de Siria a ¡una conspiración de Occidente!

Rusia defiende al régimen sirio porque ambos conservan rasgos autoritarios superados hace siglos: el desprecio del pueblo, la imposición de los designios del tirano y la exigencia de la obediencia ciega o la represión sin escrúpulos.

Un discurso repetido durante setenta años cuando los opositores al régimen soviétivo eran confinados en campos de trabajos forzados “gulags” como se retrata esto en la obra maestra de Alexander soljenitsin “el archipiélago del Gulag” porque la reivindicación de la “glasnost”; la libertad, la apertura o la transparencia resultaron más fuertes que las herramientas de los torturadores.”

Putin no logrará recuperar la gloria perdida de sus ancestros del Kremlin apoyando a los regímenes corruptos: son como “quienes reservan un tiquete de ida y vuelta en el Titanic”, como dice Thomas L. Friedman, columnista del New York Times.

Al Assad no debería confiar en el apoyo de Rusia, pues se ha caracterizado por no ser fiable: sacrificó a su gran aliado Saddam Hussein, a su viejo amigo Muhammad Najibullah en Afganistan, a Milosevic en Serbia y a Kaddafi en Libia, la cadena continua…¡Ay de los déspotas cuando se despierta el pueblo!

En cierto momento dudaron algunos analistas acerca de la posibilidad de éxito de la revolución de siria, pero cuando vi el apoyo de Rusia llegué a la certeza de que triunfará el pueblo de Siria; no solamente porque la voluntad colectiva del pueblo siempre gana a la individualista del tirano, sino porque nos acostumbró Rusia a apoyar siempre a los perdedores.

Las pérdidas de Francia y Estados Unidos por el derrocamiento de sus viejos amigos en Tunes y Egipto fueron más grandes y a pesar de esto se vieron forzados a aceptar la derrota tratando de sacar algunas utilidades de ella, en cambio Rusia busca el mejoramiento de su visión política recurriendo al optómetra Bashar Al Assad!

* Especialista en literatura inglesa, corresponsal de France24 .

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