Massimo Di Ricco, autor en Razón Pública
Foto: X: Prime Minister of Israel

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Los horrores de Gaza y Cisjordania han convertido a Israel en el principal desestabilizador del sistema internacional y en un Estado paria en la comunidad de las naciones.

Massimo di Ricco*

Terror israelí

El deliberado asesinato por el ejército israelí de los siete trabajadores humanitarios de la ONG World Central Kitchen (WCK) en la franja de Gaza, seis occidentales y un palestino, despertó la indignación de los gobiernos occidentales y destapó otra vez su profunda hipocresía y su doble rasero.

De hecho, en los seis meses de guerra en Gaza, el ejército israelí ya ha matado en la indiferencia e impunidad internacional alrededor de 196 trabajadores humanitarios, 175 de los cuales eran miembros de Naciones Unidas. Esta situación no tiene medida de comparación en la historia después de la segunda guerra mundial.

La única diferencia es que los trabajadores humanitarios distintos de los seis del WCK eran palestinos, civiles, sin ninguna afiliación política.

Esta mezcla de barbarie, indignación e hipocresía, que no representa ninguna novedad en el escalofriante recuento de los crímenes de guerra cometidos en contra de los palestinos en los últimos seis meses, pone en la luz solo la punta del iceberg de los objetivos de Israel.

Las acciones de Israel alcanzaron el objetivo de atemorizar a los operadores humanitarios y, de hecho, consiguieron que suspendieran sus operaciones. Además, con la excusa de cazar a Hamás, Israel ha conseguido aniquilar la población palestina y dinamitar las bases del derecho internacional.

Puede Leer: Israel: ¿castigo o impunidad?

Una continua burla al sistema internacional

En los mismos días en que se aniquiló el convoy de los trabajadores del WCK, pasó casi desapercibido el ataque perpetrado en plena luz del día al consulado iraní de Damasco. El ataque mató a siete personas, entre las que se encontraban algunos altos cargos del aparato de seguridad iraní.

No se recuerda en la historia reciente o pasada ataques a consulados o embajadas de otro estado soberano por parte de otro estado miembro del sistema internacional.

De hecho en las últimas décadas los ataques más sangrientos a edificios diplomáticos han sido obras de grupos como los talibanes, Al Qaeda, Isis o Al-Shabab. Nunca un estado.

Sería el equivalente de ver a Rusia atacar el consulado de Ucrania en Varsovia, en Polonia, con el objetivo de asesinar algún mando militar ucraniano de visita en el país. Hay que entender que los consulados son lugares inviolables por el derecho internacional y el ataque sienta otro alarmante precedente.

Durante ese trágico fin de semana, las fuerzas israelíes también acabaron de una vez por toda con el hospital al-Shifa, el mayor centro de asistencia médica de la franja.

No se recuerda en la historia reciente o pasada ataques a consulados o embajadas de otro estado soberano por parte de otro estado miembro del sistema internacional.

Para los que tienen memoria corta, en los primeros días de la guerra la propaganda israelí señaló el hospital como el cuartel general de Hamas. Lo abordó militarmente pero el gobierno israelí no consiguió ofrecer pruebas contundentes que demostraran que fuera realmente un lugar operativo de Hamas.

El hospital volvió a funcionar hasta que en marzo las fuerzas israelíes volvieron a sitiarlo para finalmente dejarlo en ruina. Los médicos del centro subieron un video explicando que estaban obligados a cerrar, mientras a sus espaldas se ve la explanada del hospital en ruinas. Hay que mencionar que son médicos que remplazaron los varios colegas que fueron asesinados en los bombardeos o encarcelados.

El ataque al personal médico, a ambulancias que operan en la franja o a las estructuras de organizaciones internacionales como Médicos sin Fronteras se ha vuelto común en estos meses.

En enero, en Cisjordania, las fuerzas israelíes entraron en un hospital disfrazados de pacientes y mataron en su cama a tres militantes palestinos desarmados.

No hace falta remarcar que cualquiera sea el objetivo, unos militares entrando en un hospital disfrazado de pacientes para asesinar otras personas es un precedente muy grave que va claramente en contra del derecho internacional humanitario.

También recordar el caso de Hind, la niña palestina de 6 años que pidió ayuda a la Media Luna Roja Palestina para ser rescatada porque estaba en el carro sitiada por los tanques israelíes que ya habían matado a toda su familia.

La organización humanitaria mandó una ambulancia con la que perdieron el contacto al cabo de unos minutos. A los diez días finalmente encontraron el carro y la ambulancia carbonizada con los cuerpos tanto de la niña como de los dos médicos enviados a buscarla.

La Media Luna Roja sigue denunciando que hay decenas de sus miembros detenido por Israel y quince fueron asesinados desde octubre.

En los últimos días del hospital al-Shifa, las fuerzas israelíes también bombardearon dentro del recinto del centro la carpa de los periodistas, los pocos que hay porque todavía no se le permite entrar a la franja a la prensa internacional.

Además el gobierno israelí está haciendo lo posible para prohibir que Al-Jazeera siga retransmitiendo desde Gaza, Israel y los Territorios Ocupados de Cisjordania, que es uno de los medios locales que ayuda a entender lo que realmente ocurre.

Los periodistas asesinados desde octubre en bombardeos selectivos han sido hasta el momento alrededor de cien.

Burla a las recomendaciones de la Corte Internacional de Justicia

El 26 de enero la Corte Internacional de Justicia, apelada por Sudáfrica, solicitó a Israel “tomar todas las medidas a su alcance para impedir la comisión de todos los actos prohibidos por la Convención sobre Genocidio, en relación con los palestinos en Gaza”.

Entre estas, se incluye lo de evitar imponer deliberadamente al grupo condiciones de vida destinadas a provocar su destrucción física total o parcial y le insta a adoptar medidas inmediatas y efectivas para permitir la prestación de servicios básicos y asistencia humanitaria.

El 28 de marzo la CIJ reiteró las órdenes al observar “el empeoramiento de las condiciones de vida que enfrentan los palestinos en Gaza, en particular la propagación de la hambruna” y ordenó a Israel de manera unánime que tomara todas las medidas necesarias para garantizar la ayuda humanitaria.

Matar de hambre a un pueblo es quizás uno de los peores crímenes de guerra, tal como disparar sobre civiles desarmados recogiendo comida, de los que hay enormes evidencias en videos.

Foto: X: Palestine RCS - En los seis meses de guerra en Gaza, el ejército israelí ha matado a cerca de 196 trabajadores humanitarios.

Por cuanto muchos se afanen ahora en afirmar que toda la culpa es de Netanyahu y de su gobierno de extrema derecha, hay que recordar que según los sondeos la gran mayoría de los israelíes están conformes con que continúe la matanza de Gaza con el objetivo utópico de acabar con Hamas.

Israel está, sin esconderlo demasiado, violando las más simples provisiones de la Corte Internacional de Justicia, además de la reciente Resolución del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas que llama por un cese al fuego.

Camino a ser un estado paria

Ataques a hospitales, consulados, matanzas de civiles indiscriminadas, asesinados de periodistas y operadores humanitarios. Todas son violación de las más básicas leyes internacionales y una amenaza para todo el sistema jurídico por su evidente impunidad.

Aunque el sistema internacional en que vivimos no sea perfecto, dando el grueso del poder a cinco estados y dejando muchas resoluciones al libre arbitrio de los juegos geopolíticos, pone las bases para un mundo con por lo menos un marco de orden.

Israel lo está intentando debilitar poco a poco y Estados Unidos contribuye cuando su portavoz afirma que la reciente Resolución del Consejo de Seguridad no es vinculante, que es un voluntario e hipócrita analfabetismo del derecho internacional más básico.

En otros casos, en condiciones similares se aplicarían sanciones, un embargo, el aislamiento de sus instituciones o de las competiciones deportivas y, al final al cabo, se transformaría en un paria del sistema internacional.

Por cuanto muchos se afanen ahora en afirmar que toda la culpa es de Netanyahu y de su gobierno de extrema derecha, hay que recordar que según los sondeos la gran mayoría de los israelíes están conformes con que continúe la matanza de Gaza con el objetivo utópico de acabar con Hamas.

No se confunda nadie con los que protestan en estos días en Tel Aviv, que no piden paz y respeto para la vida de los palestinos o una solución al conflicto, sino simplemente un cambio de gobierno.

La ocupación y sumisión de los palestinos es una política de estado, cualquiera sea el gobierno. Quien diga lo contrario que se detenga a mirar las políticas de asentamientos ilegales que se han desarrollado desde el 1967 sin ninguna diferencia entre gobiernos de izquierda, centro y derecha.

Aunque el derecho internacional haya reiteradamente llamado al establecimiento de un estado palestino a lado del Israelí, la política de estado sigue siendo la de agarrar más territorio posible hasta que los palestinos desaparezcan.

Al final es el atropello más grande al sistema internacional y, lo que más importa, los derechos de los palestinos.

Aunque sea muy difícil que Israel se vuelva institucionalmente un estado paria, por el soporte indisoluble de Estados Unidos, la mayor parte de la población del mundo que no entiende la inacción de sus gobernantes ya ha declarado a Israel como un Estado que no puede ser parte de la comunidad internacional.

Para muchos ya está sentado al lado de otros compañeros del club como el Afganistán de los talibanes, la Corea del Norte de Kim Yong Un o la junta militar birmana.

Lea en Razón Pública: El futuro de Medio Oriente está escrito en el presente

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Massimo Di Ricco

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Massimo Di Ricco

Ph.D. en Estudios Culturales Mediterráneos, M.A en Investigación en Comunicación y Periodismo, profesor e investigador. Autor del libro "Los Condenados del Aire - El viaje a la utopía de los aeropiratas del Caribe" @massimodiricco

Foto: Wikimedia Commons

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La conducta brutal de Israel en la franja de Gaza ha cambiado de manera irrevocable el futuro de los países afectados, el del Oriente Medio y el de la geopolítica global. Estas son las consecuencias más cercanas.

Massimo Di Ricco*

La suerte está echada

Ningún suceso distinto de la catástrofe humanitaria podrá tener impacto más decisivo sobre el futuro cercano del Medio Oriente. De manera específica y desafortunada, lo que pase en la región durante este y los próximos años dependerá de las decisiones de Israel —con un régimen político actualmente a la deriva—, de cuándo decidirá acabar con la matanza indiscriminada de palestinos, y de si impulsará o no el proyecto de deportaciones masivas de los habitantes de Gaza.  

Aun si la resistencia palestina o la ya firme oposición internacional impiden que se lleve a cabo el desplazamiento forzado de los gazatíes, estos tres meses de conflicto ya marcaron la región y sus consecuencias ya son visibles, aún sin necesidad de esperar un posible cese al fuego del conflicto.

Lea en Razón Pública: El futuro de la guerra en Medio Oriente

Genocidio y limpieza étnica

¿Cómo acabará el intento israelí de desplazar dos millones de personas y hacer insostenible la vida en Gaza? Un real desplazamiento masivo implicaría otro crimen de guerra comparable con el de 1948, cuando el movimiento sionista estableció el Estado de Israel con una mayoría judía.

En el plano académico todavía hay discusiones sobre si hubo o no limpieza étnica. El intento no es tan escondido porque cada semana lo confirman los mismos miembros del gobierno, sugiriendo la emigración voluntaria de los gazatíes a otros países, que toda la población es culpable y merece ser castigada, o que no hay otra solución que la de aplanar la Franja de Gaza por completo.

Aun si la resistencia palestina o la ya firme oposición internacional impiden que se lleve a cabo el desplazamiento forzado de los gazatíes, estos tres meses de conflicto ya marcaron la región y sus consecuencias ya son visibles, aún sin necesidad de esperar un posible cese al fuego del conflicto.

Foto: X: Benjamin Netanyahu - Israel ha vivido el peor ataque en su territorio y Netanyahu difícilmente logrará una victoria que convenza a los israelíes.
El riesgo de una limpieza étnica es la razón por la que Sudáfrica ha llevado Israel a la Corte Internacional de Justicia, acusando al Estado sionista de faltar a la Convención para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio, tratado que ambos países firmaron. Sin duda, este es un proceso largo que no tendrá algún efecto sobre la conducta de los políticos israelíes de este gobierno ni a corto ni a largo plazo.

El desplazamiento forzado y la limpieza étnica representan una línea roja a nivel internacional. Queda por ver cuál es la verdadera autonomía del gobierno israelí y hasta dónde quieren llevar su sed de venganza contra Hamas.

Con la posible expulsión del pueblo palestino de sus propias tierras, la región tendrá que rendir cuentas por otro caso de limpieza étnica y un genocidio retransmitido en directo por televisión y redes sociales en pleno siglo XXI. Así como ocurrió con la masacre de Srebrenica en los años noventa, el mundo entonces se preguntará por qué miró a otro lado. 

La peor derrota para las pretensiones regionales de Israel

Es difícil hablar de victoria o derrota cuando en ambos lados ha habido miles de muertos. Sin embargo, Israel ha sufrido una fuerte derrota, especialmente en lo que toca a sus ambiciones regionales.

Difícilmente habrá algún tipo de acuerdo de normalizaciónn con Arabia Saudí, que a la víspera del 7 de octubre de 2023 parecía ya un hecho que habría contribuido a sepultar la causa palestina y contribuido a la aceptación de Israel en muchos países árabes. 

Hasta el momento, y por largo tiempo, ningún país de la región, después de la matanza de casi 23.000 palestinos, querrá sentarse a la misma mesa con Israel. 

El sueño de la normalización política en nombre de los negocios se ha ido esfumando y, seguramente, así será por un buen tiempo. Esta es, entonces, una derrota para Israel y para los regímenes árabes, a muchos de los cuales también les gustaría que el tema de Palestina desapareciera del mapa. Algo que es, aparentemente, imposible.

Los gobernantes árabes y sus poblaciones

Lo que se mantendrá es la total desconexión entre los gobernantes árabes, quienes decían apoyar a Palestina. Por cierto, nadie apoyó la moción de Sudáfrica a la Corte Internacional de Justicia, y su población que está al cien por cien con la causa palestina. 

La copa del mundo de Qatar 2022 brilló por la presencia de la bandera palestina en las gradas y en las canchas, había enseñado al mundo la estrecha relación entre los árabes y la causa palestina, no obstante, cada vez más parecía la menor de las prioridades para los gobiernos árabes. 

El “eje de la resistencia” en acción

Es la primera vez que se ve en acción el así llamado “eje de la resistencia” que, hasta el momento, ha sido solo una fantasiosa hipótesis. Después de su disolución, como consecuencia de las sublevaciones en la región desde 2011 y a causa de divergencias políticas también relacionadas con consideraciones sectarias, este conglomerado de movimientos parece consolidarse cada vez más.

El trabajo conjunto, pero independiente, de grupos palestinos que actúan desde diferentes países, el Hezbollah libanés, los Houthis en el gobierno en Yemen, y varios grupos cercanos a Iran en Iraq y Siria, está representando un dolor de cabeza para Israel, y un valor añadido para Irán en su lucha para la hegemonía regional.

Entre el autoritarismo y la venganza

Israel ha vivido el peor ataque en su territorio, y por cuanto el país parezca compacto en la sangrienta venganza y en la necesidad de un castigo colectivo contra los palestinos, esta postura pasará factura cuando se acaben los vientos de guerra. Netanyahu lo sabe perfectamente y, con múltiples juicios de corrupción en curso, parece tener las horas contadas, a menos que no decida mantener un estado de guerra continuo. Difícilmente podrá declarar una victoria que convenza a los israelíes. 

Podrá destrozar completamente Gaza, matar varios comandantes de Hamas, desplazar miles de personas y será, de todas formas, una victoria imposible. Hamas, un movimiento estructurado con fuerte presencia territorial, y sus ideas no se podrán borrar del mapa.

Mientras tanto, Israel se parece cada vez más a un régimen totalitario con diferentes tipos de ciudadanos, donde rige el pensamiento único y hay censura previa en los medios de comunicación sobre la guerra, con un control masivo de las redes sociales de sus ciudadanos y una diferencia insostenible entre quienes viven en los territorios ocupados y los ciudadanos del estado de Israel. 

El otro gran problema es que la gran mayoría de la sociedad israelí no ve nada grave en la matanza de 22.000 civiles palestinos durante meses consecutivos, entre los que se incluyen más de 7.000 niños. Tal es la deshumanización que viven los palestinos que, en algún momento, la misma sociedad se dará cuenta de la deriva que ha tomado. Una decepcionante derrota para un Estado que en 1948 nacía de las cenizas del Holocausto, uno de los peores crímenes de la humanidad.

Estados Unidos y el derecho internacional

La guerra ha enseñado que el respeto por el derecho internacional está en su peor momento, ojalá la guerra actual no sea el mal ejemplo para que, en futuros conflictos tanto a nivel regional como internacional, se siga atropellando el derecho internacional

Por otro lado, pese al aumento de su presencia en la región, ni Rusia ni China han demostrado algún poder o voluntad de persuasión sobre la resolución directa del conflicto, tampoco los emergentes poderes regionales como Arabia Saudi o Emiratos Arabes Unidos, a excepción de los tradicionales estados mediadores como Qatar y Egipto.

Hasta el momento, y por largo tiempo, ningún país de la región, después de la matanza de casi 23.000 palestinos, querrá sentarse a la misma mesa con Israel.

Al contrario, Estados Unidos ha colaborado con Israel desde el día uno del ataque a Gaza, con venta de armas, intercambio de inteligencia, envío de soporte militar y respaldo incondicional. Aunque el poder de Estados Unidos en la región esté en fase menguante, lo que concierne a Israel y Washington sí tienen todavía fuerza en la región.

El futuro del conflicto

Frente a la difícil posibilidad de que el conflicto se extienda a nivel regional, algo que especialmente Iran, Hezbollah y otros grupos intentan evitar, parece imposible pensar que los actores involucrados, de forma autónoma, querrán sentarse a la misma mesa a dialogar para encontrar una solución definitiva al conflicto. De todas formas, lo que saldrá del presente será otra vez el status quo

Aunque Israel dejará de bombardear a Gaza en algún momento, seguirá haciendo incursiones en Cisjordania, atacando Líbano y Siria, los colonos seguirán arrasando los palestinos con total impunidad y el Estado junto a su rama judicial seguirá respaldando los asentamientos en los territorios ocupados, ilegales a nivel internacional, con el fin de conquistar, poco a poco, toda la tierra posible entre el mar Mediterráneo y el rio Jordán. Por esta razón, cualquiera que sea la decisión que tomará Israel sobre el futuro de Gaza, siempre encontrará resistencia local.

Queda por saber cuándo y si se parará el insoportable recuento de los muertos palestinos, la erradicación de familias enteras del registro civil, la matanza selectiva de intelectuales y periodistas de la Franja, o el porcentaje de niños muertos en los bombardeos indiscriminados. El 2024 no parece tener mejor pinta.

Puede leer:  2023: la inercia de la historia y las guerras sin fin

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Massimo Di Ricco

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Massimo Di Ricco

Ph.D. en Estudios Culturales Mediterráneos, M.A en Investigación en Comunicación y Periodismo, profesor e investigador. Autor del libro "Los Condenados del Aire - El viaje a la utopía de los aeropiratas del Caribe" @massimodiricco

Foto: X: Fabricio Carboni

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Estos fueron los hechos que llevaron al ataque brutal de Hamas contra Israel. Pero solo la firme aplicación del derecho internacional podrá acabar con este grupo terrorista y frenar la expansión territorial del Estado israelí.

Massimo Di Ricco*

Sentimientos encontrados

El ataque sorpresa de Hamas a Israel ha dejado sentimientos encontrados entre los palestinos, entre la mayoría de los árabes que se solidarizan con su causa y en general entre quienes intentamos estar al día sobre lo que ocurre en la Palestina histórica —no apenas cuando los grandes medios la ponen en su agenda—.

El ataque ha sido sorprendente por la facilidad —hasta ahora impensable— de la penetración militar en territorio israelí. También ha sido impactante por los ataques indiscriminados de los militantes de Hamas contra la población civil israelí que vivía o se encontraba cerca de la franja de Gaza.

Pero el ataque también ha sido acogido por muchos con cierto grado cinismo o, como dicen los partidarios de Israel, con falta de empatía hacia las víctimas civiles israelíes. Esta no es apenas una expresión de antisemitismo — como se dice con demasiada ligereza ante cualquier crítica a las políticas israelíes— ni una defensa de crímenes de guerra. Estamos ante algo de mayor trascendencia, que necesita un análisis de las circunstancias que antecedieron a este ataque.

Le recomendamos: La guerra en Israel…y lo que dice Colombia

Verdades que ahora se callan

Hasta el día antes de la incursión de Hamas, quienes seguimos el conflicto habíamos contado desde el comienzo de este año más de 200 palestinos muertos en Cisjordania a manos de colonos y del ejército israelí, incluyendo 38 niños menores de dieciséis años.

Durante los últimos meses vimos aumentar los ataques de los colonos israelíes contra la población palestina, en gran medida apoyados por el ejército nacional, despoblando aldeas palestinas con cientos de años de historia en el área entre Ramallah y Jericó.

Desde el primer día sabían que para mantener un Estado viable y una tierra segura había que sacar buena parte de la población que allí vivía desde hacía siglos, pero que no encajaba en su idea de un Estado israelí.

Foto: X: PalestineRCS - Desde que Israel instauró el bloqueó activo en Gaza, han muerto más de mil niños debido a las operaciones militares contra la franja.
Vimos en julio el ataque y la parcial destrucción del campo de refugiados palestinos de Jenin, con el ejército obligando a 5.000 palestinos a irse de sus casas.

Hemos leído también en julio el informe de la organización internacional Save the Children sobre los entre 500 y 1.000 niños palestinos que cada año ingresan a las cárceles israelíes, de cómo son golpeados por las autoridades y detenidos en cárceles de adultos hasta por dieciochos meses, por lanzar piedras a las fuerzas israelíes.

Asistimos en junio al pogrom de los colonos contra la ciudad palestina de Huwara en Cisjordania. Muchos han evocado la nakba, la catastrofe de 1948, cuando el recién formado ejército israelí expulsó a los palestinos de sus tierras sin que jamás pudieran volver.

Asistimos en mayo a la lenta muerte en la cárcel de Khader Adnan, después de casi tres meses de huelga de hambre denunciando las condiciones de detención indefinidas sin juicio de miles de palestinos en cárceles israelíes.

Recordamos la breve incursión militar del ejército israelí en Gaza en agosto de 2022, donde murieron 49 personas, 17 de los cuales eran niños.

Asistimos el año pasado al asesinato por parte del ejército israelí de la periodista palestina-estadounidense Shireen Abu Akleh y hemos comprobado, a lo largo del año, que este crimen ha quedado en la total impunidad.

Vimos cómo en 2021 las mayores organizaciones internacionales como Human Rights Watch y Amnistía Internacional, así como ya había hecho la israelí B‘Tselem— ninguna de estas particularmente cercanas a la causa palestina— declaraban a Israel como un Estado de apartheid.

Revisamos, cuando ya no estaban las cámaras y la atención de los medios internacionales, el número de niños muertos después de la última mayor operación militar en Gaza en 2019: más de 300.

En 2018-2019 también contamos los más de 250 palestinos que en el marco de las protestas pacíficas cerca de la frontera fueron asesinados por francotiradores del ejército.

Lo que pasa en Israel, lo que pasa en Palestina

Al mismo tiempo, asistimos en estos meses en Israel a una oleada de protestas en las calles en favor de la democracia y contra del gobierno de extrema derecha y abiertamente racista del primer ministro Netanyahu y su intento de debilitar la Corte Suprema.

Los palestinos, que viven en territorios ocupados por Israel y que, según el derecho internacional, son responsabilidad de la potencia ocupante, fueron invisibilizados y excluidos de la ecuación que define la democracia israelí.

Mientras tanto, han seguido aumentando los asentamientos en los territorios ocupados, que sin exageración se pueden definir como una política de Estado, cualquier que sea el partido en el gobierno, y útiles para cimentar la expansión territorial del Israel en obvia violación del derecho internacional.

Como explica la organización israelí B’Tselem: desde 1967 se han construido más de 200 asentamientos ilegales para casi 700.000 israelíes en Cisjordania, el territorio que junto con Gaza —bloqueada por tierra, mar y aire desde 2007— se supone que debería ser el futuro Estado palestino.

Esas cifras ponen en duda la voluntad de paz de Israel o su intención efectiva de dejar alguna parte de ese territorio a los palestinos. Israel, de hecho, siguió expandiendo su territorio, mientras que en los acuerdos de Oslo de 1993 lo palestinos aceptaron a regañadientes un Estado fragmentado y al poco tiempo quedaron con un gobierno corrupto y sin Estado.

La hipocresía internacional

La contextualización anterior es necesaria para entender la situación más allá de la agenda mediática, y nos ayuda a comprender por qué tantas personas perciben el ataque del 7 de octubre como la réplica en una escala de tiempo diferente de la tragedia que desde hace décadas han vivido los palestinos en los territorios ocupados —pero con aún más impunidad en los últimos meses y años—.

Este es el signo de la apatía humana que marca décadas de injusticia contra los palestinos y es un llamado al vacío para que la comunidad internacional actúe con ecuanimidad, aplicando el derecho internacional con la misma firmeza para todos.

Desafortunadamente, los “mediadores” internacionales han perdido toda credibilidad.

La gran mayoría de los gobiernos europeos —que después de perseguir a los judíos durante siglos ayudaron a instaurar el Estado de Israel en 1948— han hecho gala de su total hipocresía. Han rechazado, con razón, los ataques de Hamas contra civiles inocentes,  pero no han dicho nada sobre los bombardeos israelíes o su intento de desplazamiento masivo de 1,1 millones de palestinos —pese a saber perfectamente que iban a provocar masacres de civiles—.

Han dado carta blanca a Israel, y como venganza colectiva intentaron bloquear la ayuda económica a los palestinos —como si no supieran que estos fondos no llegan a Hamas sino a la Autoridad Palestina, una entidad corrupta que trabaja con las fuerzas de ocupación y en opinión de la gran mayoría de palestinos es un títere en manos de Estados Unidos y la Unión Europea—.

Estados Unidos, que en los últimos meses se había distanciado del gobierno de ultraderecha, ha vuelto a acercarse a Israel dándole mano libre en la represalia contra Gaza y demostrando cero empatía hacia los palestinos.

Y mientras tanto Rusia y China critican las acciones de ambos lados, pero lo hacen de manera tímidas y movidas por obvios cálculos geopolíticos.

Historia que se repite

El viernes por la noche, justo antes de ir a dormir y despertarme con la noticia de la operación de Hamas, mientras leía el libro del estudioso estadounidense de origen palestino Rashid Khalidi, The Hundred Years’ War on Palestine, me crucé con el recuento de un evento ocurrido en Gaza en 1956:

«Cuando las tropas ocupantes israelíes arrasaron las ciudades de Gaza y los campos de refugiados de Khan Yunis y Rafah en noviembre de 1956, más de 450 civiles fueron asesinados, la mayoría ejecutados de manera sumaria. La declaración de Israel en el sentido de que esas muertes resultaron de enfrentamientos con tropas de fedayines fue desmentida por el informe de la UNRWA— Agencia de Naciones Unidas para la Población Refugiada de Palestina en Oriente Próximo–. Los civiles fueron asesinados después del cese de toda resistencia en la Franja de Gaza, aparentemente como venganza por los ataques a Israel antes de la Guerra de Suez”.

Ante los crímenes de guerra e injustificables muertes de civiles, que se siguen perpetrando por ambos lados, no es posible olvidar que todo empezó cuando hace más de cien años llegaron a la Palestina histórica unos europeos de religión judía que escapaban del antisemitismo imperante en Europa y —apoyados por el movimiento sionista y más tarde por el gobierno británico— quisieron instalarse en estas tierras para montar su hogar nacional.

Desde el primer día sabían que para mantener un Estado viable y una tierra segura había que sacar buena parte de la población que allí vivía desde hacía siglos, pero que no encajaba en su idea de un Estado israelí.  Allí están hoy en día todavía intentando conseguir lo que un austrohúngaro, Theodor Herzl, imaginó al final del siglo diecinueve. Los locales, los palestinos, siguen resistiendo cómo pueden para no seguir siendo borrados del mapa de la Tierra.

El conflicto en curso ahora mismo en Gaza es un capítulo más de esta larga historia.

La solución

Igual que en la película El día de la marmota, la vida en la Palestina histórica es un continuo volver a vivir lo que pasó ayer. Otra vez bombas sobre Gaza, otra vez cientos de muertos, otra vez, como veremos, nada resuelto ni alguna causa real del conflicto abordada.

Este es el signo de la apatía humana que marca décadas de injusticia contra los palestinos y es un llamado al vacío para que la comunidad internacional actúe con ecuanimidad, aplicando el derecho internacional con la misma firmeza para todos.

Desde que Israel instauró el bloqueo de la franja,  las varias operaciones militares contra Gaza provocaron más de 5.000 muertos, de los cuales por lo menos mil han sido niños, sin duda civiles (en el momento de enviar este articulo al editor, ya son 724 los niños palestinos que han muerto en Gaza por los bombardeos israelíes).

Como confirma la experiencia de décadas, los miles de bombas no han acabado con Hamas ni con la resistencia palestina. El objetivo de Israel esta vez es vaciar Gaza, no apenas de Hamas sino de todos los palestinos, hacer de esta pequeña franja del tamaño de la ciudad de Detroit una montaña de escombros. Una masacre que debería poner los pelos de punta a toda la comunidad internacional.

Lo único que puede acabar este ciclo infinito de guerras, represalias, injusticia y odio es aplicar firmemente el derecho internacional, como muchos palestinos vienen pidiendo desde hace décadas.

Que sea estableciendo un Estado palestino viable o encontrando una solución de Estado compartida entre palestinos e israelíes, poco importa a estas alturas.

Lea en Razón Pública: ¿Qué está pasando con el conflicto entre Palestina e Israel?

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Massimo Di Ricco

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Massimo Di Ricco

Ph.D. en Estudios Culturales Mediterráneos, M.A en Investigación en Comunicación y Periodismo, profesor e investigador. Autor del libro "Los Condenados del Aire - El viaje a la utopía de los aeropiratas del Caribe" @massimodiricco

Foto: Facebook: Giorgia Melano

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La llegada al poder de la extrema derecha en Italia es producto de una política estancada, anclada al pasado y con escasas pretensiones internacionales.

Massimo Di Ricco*

Mirando al pasado

Quizás los italianos siempre buscan un salvador, alguien que los vuelva a poner en el mapa, que encienda otra vez el esplendor nacional tan reconocido en el mundo. Quizás hayan también perdido toda esperanza o anhelo de resurrección debido a una forma de hacer política que ha perdido todo su encanto.

Después de concederse a la merced de Silvio Berlusconi durante casi dos décadas, los italianos   intentaron dar créditos a los grandes proyectos constitucionales de Matteo Renzi. Desde la derecha y la izquierda acudieron al gran reformador, que cayó en poco tiempo sobre su mismo castillo de naipes.

Durante los últimos años probaron la novedad Giuseppe Conte, líder del anti-establishment Movimiento 5 Estrellas, pero el noviazgo duró muy poco.

Después del paso por las fases más duras de la pandemia, desde las entrañas de las instituciones europeas, llegó el economista Mario Draghi, junto con un buen paquete de ayudas económicas. Fue una figura de prestigio internacional que hubiera podido arreglar las cuentas del país, pero tenía aire de imposición y usaba muchos tecnicismos, algo que a los italianos nunca les gustó.

En esta ronda lectoral Italia se inclinó hacia el trio Meloni-Berlusconi-Salvini, que no tiene nada de nuevo y es, al contrario, símbolo de una total falta de horizontes.

La apática política interna

No de otro modo se podrían explicar los votos por Berlusconi, que a sus 86 años sigue encontrando casi un 10% de italianos que lo quieren al mando de su país. Tampoco es una nueva fuerza política la Liga de Matteo Salvini, un partido que, desde que nació al principio de los años noventa, ha pasado por varios gobiernos, sin hacer mucho para cambiar el país.

Lo nuevo se podría decir que es la que será la próxima primera ministra, Giorgia Meloni, porque va a ser su primera experiencia de gobierno, porque su partido tiene menos de diez años y porque será probablemente la primera mujer italiana en liderar un gobierno en la historia de la república.

¿Pero que puede haber de nuevo en un partido neo o post-fascista en un país que al fascismo lo ha inventado desde hace más de cien años y lo ha exportado a todo el mundo? Una ideología, y una forma de ver y vivir, que además nunca ha desaparecido en Italia. Un anhelo por un poder supuestamente intenso y que la futura primera ministra y sus compañeros de partido han expresado en esta campaña electoral, que se ha caracterizado por ataques a refugiados, migrantes y gitanos, en nombre de valores tradicionales y patrióticos.

Por otro lado, no puede negarse que a los italianos les falta alternativas de espesor, con una izquierda desde hace años sin liderazgo y sin ideas, estancada también en un protocolo políticamente correcto que la pone a kilómetros de distancia de las verdaderas necesidades de los ciudadanos.

La falta de alternativas se hizo también evidente por el más bajo porcentaje de personas que acudieron a votar desde que se fundó la república, en 1946. Muestra de una falta de ilusión por la política y una falta de vitalidad en uno de los pocos países que en los últimos diez años casi nunca ha protestado para reclamar un mejor trato de parte de su clase política.

Una apatía generalizada que se refleja también en la decisión obligada de volver a postular como presidente al octogenario Sergio Mattarella. No obstante, él mismo hubiera querido desconectarse de la política.

Unas elecciones que son la representación de lo que es Italia: un país que al día de hoy vive de lo bien que lo hicieron sus antepasados en los siglos de los siglos y que vive de una renta que se va acabando poco a poco; un país que cada vez más se encierra en sí mismo.

No hay duda de que el breve periodo del gobierno Draghi volvió a darle un papel y un lugar de cierto prestigio en el ajedrez internacional a Italia. Pero los partidos prefirieron volver a sus batallas de güelfos y gibelinos, a retomar cuestiones de defensa patria, reconsiderar algunos logros progresistas, como la legalización del aborto, y enterrar los avances en las cuestiones de género. En estos temas sí sigue una moda internacional del mundo occidental, de involución y crítica de los logros progresistas de las últimas décadas.

Italia: sin luz al fondo del abismo
Foto: Facebook: Giorgia Meloni La deriva europea hacia una extrema derecha popular es evidente.

Italia, Europa y la guerra en Ucrania

Si el nuevo gobierno Meloni augura recortes a los derechos internos, pocos cambios se esperan a nivel internacional. No obstante, según las declaraciones de campaña, con respecto de la guerra en Ucrania, Italia pasará de ser uno de los principales promotores del esquema de sanciones a Rusia, que es lo que fue con Draghi, a un gobierno más cercano a Putin, aunque no de una manera tan radical como para poner en duda su papel en la Unión Europea o en la OTAN.

Aunque en las horas anteriores a las votaciones Berlusconi haya dejado ver su cercanía a Putin, difícilmente habrá una revolución en la postura italiana. La misma Giorgia Meloni, que en el pasado reciente ha dado palabras de estima por el dictador sirio Bashar al Asad, fascinación por el gurú de Trump, Steve Bannon, atacado al presidente turco Erdogan o dado carta blanca a Putin para la anexión de Crimea, tendrá probablemente que recambiar sus posiciones.

El futuro gobierno se mantendrá probablemente en una posición fuertemente europeista, intentando más bien moldear Europa. Porqué sin Europa las cuentas italianas parecen condenadas.

Italia tampoco va a convertirse en Hungría y no será aislada por los técnicos de Bruselas. Tampoco va a salir de la Unión Europea, como se puso varias veces en la mesa en los últimos años como programa de gobierno. Más bien al contrario, es probable que sea Europa la que se acomode a Italia.

La deriva europea hacia una extrema derecha popular es evidente. En Suecia ya consiguieron formar gobierno, en Francia han llegado a la segunda vuelta, en España poco falta para que Vox llegue a ser parte de un futuro gobierno de derecha. Mirando más al horizonte, quizás lo más importante para el nuevo gobierno italiano, es posible que se dé una vuelta al poder de Donald Trump en Estados Unidos.

El único interés de política internacional del futuro gobierno, irá probablemente en la dirección de limitar las políticas de inmigración, poner el foco en las fronteras y negociar con Europa una política aún más dura en este ámbito.

Esto es en realidad un tema estrictamente local, útil para satisfacer un pueblo italiano que aún cree que la criminalidad, la falta de trabajo, la mala racha económica, la infinita burocracia, la ausencia de meritocracia y la decadencia en general, se debe a los que vienen de afuera y no a una involución de su sociedad.

Todos los cambios que se darán gracias a la ganadora de las elecciones italianas son síntomas de una apatía y decadencia italiana, lo que es el reflejo de la vieja Europa y de occidente en general. Lo que es cierto es que Italia, a diferencia de lo intentado por Draghi, no tendrá un papel importante en Europa y en el mundo.

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Massimo Di Ricco

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Massimo Di Ricco

Ph.D. en Estudios Culturales Mediterráneos, M.A en Investigación en Comunicación y Periodismo, profesor e investigador. Autor del libro "Los Condenados del Aire - El viaje a la utopía de los aeropiratas del Caribe" @massimodiricco

Foto: Wikimedia Commons - Operación Guardián de los Muros.

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Más allá del enfrentamiento bélico entre Israel y Hamas, hay que mirar dentro los confines de Israel para entender hacia donde se dirige el conflicto israelí-palestino

Massimo Di Ricco*

Un enfoque equivocado

El cubrimiento del conflicto israelí-palestino por parte de los medios internacionales se ha concentrado en las acciones bélicas. Cada día nos repiten imágenes de bombardeos ejecutados por el ejército de Israel en la Franja de Gaza y misiles lanzados sobre Israel por Hamas desde Gaza.

Este enfoque muestra apenas una pequeña parte de la situación que Palestina vive en este momento. Se trata de una narrativa que borra las causas estructurales del conflicto entre ambos territorios, y que resulta sumamente cómoda para ambas partes.

A Benjamín Netanyahu, primer ministro israelí, le ha servido para distraer la atención de su dificultad para formar una coalición de gobierno estable, y a Hamas le ha servido para erigirse como el “verdadero” representante de los palestinos de cara a las próximas elecciones.

Con la llegada del cese al fuego, y la concomitante declaración de victoria de ambos bandos, las dos partes han aprovechado para consolidar sus posiciones. Es una película que ya hemos visto varias veces en las últimas décadas.

Si hay algo claro es el hecho de estos enfrentamientos no van a cambiar nada: Hamas seguirá armándose en la Franja de Gaza sin importar el sufrimiento de sus ciudadanos, e Israel seguirá castigando a los palestinos y anexando su territorio sin ofrecer soluciones justas a su población.

Puede leer: Conflicto palestino-israelí: sin solución a la vista

Lo de veras importante

La mirada de los medios debería concentrarse en la situación de Jerusalén Este y las ciudades mixtas palestino-israelíes, pues las verdaderas causas y posibles soluciones del conflicto podrían estar allí.

Muchos medios han señalado equivocadamente que la irrupción de la policía israelí en la mezquita Al Aqsa el último día de Ramadan fue el detonante del conflicto actual. Esta hipótesis entiende el conflicto entre Israel y Palestina como un enfrentamiento religioso, cuando en realidad se trata de un asunto de justicia, derechos y ciudadanía.

El verdadero origen del conflicto son las políticas del gobierno israelí para expulsar a los palestinos del territorio que les pertenece y establecer un sistema de ciudadanía que distingue entre ciudadanos de primera y segunda categoría.

La expulsión de seis familias de palestinos del barrio de Sheik Jarrah es apenas la punta del iceberg de un fenómeno que se ha recrudecido en las últimas décadas debido a la presencia de colonos israelíes en la política y a la presencia pública de extremistas radicales que incitan el odio contra los árabes.

Palestinos de Israel

Es importante destacar los gestos de solidaridad ante las expulsiones de Sheik Jarrah en ciudades israelíes mixtas, y los enfrentamientos entre israelíes y palestinos con ciudadanía israelita. Estos últimos representan menos del 20% de la población de Israel, hablan hebreo perfectamente y son descendientes de los palestinos que se quedaron en 1948 cuando nació el Estado de Israel.

El verdadero origen del conflicto son las políticas del gobierno israelí para expulsar a los palestinos del territorio que les pertenece y establecer un sistema de ciudadanía que distingue entre ciudadanos de primera y segunda categoría.

Durante décadas, a estos ciudadanos se les conoció como “árabes-israelíes”, pero hoy en día exigen ser identificados como ciudadanos palestinos de Israel. Se trata de un cambio fundamental que ha sido adoptado por pocos medios internacionales, y que se relaciona con el vínculo de esta población con los habitantes de Cisjordania y Gaza. De hecho, hace poco los palestinos de Israel, los de Jerusalén Este y lo de los Territorios Ocupados se declararon en huelga.

Pese a ser uno de los acontecimientos más importantes de las últimas semanas, el apoyo de los ciudadanos palestinos de Israel a los palestinos que viven en Jerusalén y Gaza ha recibido poca atención internacional. Se trata de un movimiento “desde abajo” que se ha presentado en todas las ciudades con presencia palestina. Es la primera vez que esto ocurre desde que se fundó el Estado de Israel en 1948.

La reivindicación identitaria y la huelga palestina dan cuenta de las estructurales condiciones de desigualdad que viven los palestinos del Estado de Israel y socavan uno de sus pilares fundamentales: la supuesta coexistencia pacífica entre grupos diferentes.

Puede leer: Reconocer a Palestina como Estado: una decisión correcta

El apartheid israelita

Seguramente no habríamos dejado de hablar de árabes-israelíes de no ser porque en 2018 el Parlamento aprobó una ley que definió a Israel como un Estado judío, en contra de la declaración de independencia de 1948 que garantiza – en el papel – la igualdad de derechos a todos los ciudadanos independientemente de su clase, etnia o religión.

En teoría, los palestinos de Israel tienen los mismos derechos que los ciudadanos judíos, pero en la práctica a muchos se les impide comprar propiedades y acceder a las tierras que les confiscaron en 1948.

Según los últimos informes de organizaciones como Human Rights Watch y B’Tselem, la principal organización de derechos humanos israelita, el Estado de Israel ha ido implantando en las últimas décadas un régimen de apartheid, como fue lo de Sudáfrica en el siglo pasado

Hace unos años, quienes proponían crear un único Estado palestino-israelí eran tildados de locos y extremistas en Estados Unidos y en Israel, pero de un tiempo para acá han obtenido cierta legitimidad. El trabajo de estas organizaciones, que difícilmente pueden ser tachadas de antisemitas, ha ayudado a transformar la imagen que el mundo tiene del conflicto en Palestina.

Foto: Wikimedia Commons - Barrio Sheikh Jarrah, de donde expulsaron palestinos.

El Estado de Israel está tratando de imponer un régimen similar al apartheid estadounidense del siglo pasado.

Lo más probable es que con el cese al fuego ambos bandos sigan apostándole a la radicalización del conflicto: el ejército israelí procurará la anexión de los territorios palestinos y Hamas se preparará para una nueva guerra con fines políticos internos.

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Massimo Di Ricco

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Massimo Di Ricco

Ph.D. en Estudios Culturales Mediterráneos, M.A en Investigación en Comunicación y Periodismo, profesor e investigador. Autor del libro "Los Condenados del Aire - El viaje a la utopía de los aeropiratas del Caribe" @massimodiricco

Foto: Wikimedia Commons - La primera cuestión por resolver al conmemorar este funesto aniversario es tener conciencia que todavía hay guerra en Siria.

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Aunque el mundo prefiere ignorarla, en Siria sigue sucediendo una tragedia. Para salir de ese infierno sería preciso aclarar la memoria y revisar las causas iniciales del conflicto.

Massimo Di Ricco*

Los niños hoy y en el comienzo del conflicto 

Esta semana se conmemoraron diez años de la guerra en Siria. Los comentarios de los medios de comunicación en este triste aniversario se concentraron en el destino de los refugiados y en la deplorable situación de un país que sufre una crisis económica sin precedentes.

La imagen preferida para representar la crisis en Siria es la de los niños: llorando, en medio de escombros, en campos de refugiados, con la mirada triste, sin nombres, con caras que dejan ver su inocencia, su sufrimiento y la violencia que padecieron.

Pero estas imágenes, que intentan humanizar el conflicto, son también formas de infantilización y paternalismo. En nombre de cierto humanismo sentimental, estas representaciones ocultan el contexto histórico y las causas de la tragedia. Esconden que el conflicto aún está en curso y, más aún, que la comunidad internacional fracasó.

Curiosamente, la chispa que detonó el conflicto provino de un grupo de niños que, sin embargo, estaban muy lejos de esa imagen mediática sobre la niñez siria: no eran seres humanos pasivos que necesitaban ser salvados. Hace diez años, estos niños inconformes pintaron un grafiti en la ciudad de Daraa contra el presidente sirio Bashar Al-Asad e hicieron estallar las protestas que sacudirían a toda la región.

No fue el grafiti en sí mismo lo que provocó la sublevación, sino la violenta respuesta de las autoridades. Muchos de estos niños fueron detenidos y torturados en las prisiones sirias, hasta que fueron liberados para apaciguar las protestas. Unos meses más tarde, otro niño de Daraa, de trece años, fue entregado muerto y mutilado a su familia, semanas después de haber sido apresado por las fuerzas de seguridad. En ambos casos fueron atrocidades cometidas por las autoridades del régimen de Asad.

Curiosamente, la chispa que detonó el conflicto provino de un grupo de niños que, sin embargo, estaban muy lejos de esa imagen mediática sobre la niñez siria

No hay teoría de la conspiración que se sustente cuando los supuestos conspiradores, encarcelados, torturados y asesinados, son unos niños. Esto es algo que debe recordarse al conmemorar diez años de guerra, y especialmente ahora que la memoria se va desvaneciendo y se complica el relato sobre este conflicto.
Foto: Flickr - La conmemoración debería motivar a reunir fondos y estrategias para apoyar a los sirios que aún están en el país y a los exiliados.

Le recomendamos: Siria: sin plazo para soluciones verdaderas

Culpa y fracaso de la comunidad internacional

Lo primero que debe tenerse en cuenta al conmemorar este funesto aniversario es que todavía hay guerra en Siria. Desde el acuerdo de paz, firmado a principios de 2020 entre Turquía y Rusia, las noticias sobre el conflicto sirio desaparecieron de nuestros hogares. Aunque esto podría hacernos creer que ya no hay conflicto, la verdad es que la guerra continúa:

  • en el norte, en la zona controlada por Turquía, aún hay bombardeos esporádicos;
  • en el sur, en la zona de Daraa, siguen los choques violentos entre lo que queda de la oposición y las fuerzas gubernamentales;
  • son constantes los ataques aéreos de Israel contra bases y milicias iraníes instaladas en Siria.

Varios países extranjeros tienen presencia militar estable en Siria: ejércitos de Rusia, Irán, Turquía y Estados Unidos. Además, las facciones kurdas mantienen una zona de control e influencia en la frontera con Turquía. Algunos territorios en el norte son controlados por grupos afines a Al Qaeda, mientras que ISIS reapareció en la frontera con Irak.

Lo más preocupante es que a ninguna de estas facciones, nacionales y extranjeras, le interesa abandonar su posición en el territorio. Su persistente presencia militar y la total ausencia de un debate público sobre el conflicto sirio son síntomas y evidencia de la complicidad de la comunidad internacional en la tragedia siria.

Este panorama, de aparente estabilidad y conflicto de baja intensidad, hace parecer que ya no hay guerra y exagera el poder de los sirios sobre el destino de su propio país. De una u otra manera, ellos tendrán que lidiar con estas fuerzas extranjeras para acabar con una crisis que se origina y manifiesta en el plano nacional pero también en el regional y en global.

El reino de la injusticia

En las condiciones actuales, un hipotético fin del conflicto no sería garantía de un futuro prometedor para el país. Principalmente por la sensación de que, después de diez años de guerra, hay una falta de justicia. Aunque en las últimas semanas la justicia internacional haya condenado a miembros del establecimiento sirio por su participación en crímenes de lesa humanidad, a diario siguen desapareciendo ciudadanos en las cárceles de Siria.

La casi absoluta falta de justicia, tanto en Siria como en las limitadas instancias internacionales, hace muy difícil que el eventual fin del conflicto conlleve un regreso a la normalidad, al mando de Bashar Al-Asad, su familia y la élite que lo rodea. Esta dinastía, que lleva casi cincuenta años en el poder, ya destacaba por su autoritarismo antes de la guerra. Si bien muchos sirios, en especial las comunidades minoritarias perseguidas, ven hoy al presidente como un salvador que les ha dado protección, no hay que olvidar que fue él quien propició, con sus decisiones, la destrucción del país.

Aunque el conflicto acabe, se esperan décadas de silencio, traumas, búsqueda de desaparecidos y pocos casos de justicia. En este momento no se están creando las condiciones para que esto no suceda. Después de diez años se ha ido perdiendo la memoria de lo que ocurrió realmente, una amnesia alimentada por la desinformación y las posiciones dogmáticas.

El relato, diez años después

Hoy lo más importante y lo que debe ser recuperado es la memoria perdida en el relato adulterado sobre el conflicto. Empezando por aclarar la secuencia de eventos que condujo a la tragedia actual, tomándola como base de cualquier análisis.

Por ejemplo, el gobierno de Asad y los medios internacionales afines han afirmado continuamente que las primeras protestas fueron orquestadas por potencias extranjeras, terroristas o islamistas. No obstante, se sabe —casi a ciencia cierta— que la gran mayoría fueron manifestaciones pacíficas.

Es cierto que Estados Unidos, los países del Golfo y otras figuras internacionales armaron a la oposición siria y a todo tipo de grupos extremistas, para derrocar a un aliado de Irán en la región. Sin embargo, la guerra y sus consecuencias son obra del gobierno sirio. Estados Unidos y las potencias occidentales se aprovecharon de la situación, pero, a diferencia de otras veces, no la propiciaron.

La casi absoluta falta de justicia, tanto en Siria como en las limitadas instancias internacionales, hace muy difícil que el eventual fin del conflicto conlleve un regreso a la normalidad,

Por eso es importante recordar esos primeros momentos de la crisis. Aunque múltiples facciones se hayan enfrentado por diez años en Siria, la responsabilidad por los 12 millones de refugiados y 500.000 muertos o desaparecidos recae sobre los que reprimieron, encarcelaron, torturaron y desaparecieron a miles de ciudadanos que pedían cambios. La responsabilidad es principalmente de Bashar Al Asad, su familia y la élite que los sostiene en el poder.

Reconstruir la memoria histórica y el relato de los eventos es un enfoque fundamental para entender las verdaderas causas del sufrimiento en Siria. Por ejemplo, es muy probable que, si el gobierno de Asad hubiera hecho unas pocas concesiones hace diez años, se hubieran apaciguado las protestas y no estaríamos hoy conmemorando esta tragedia sin sentido. Entender esto solo es posible si retomamos el relato sobre el conflicto y la memoria.

Lea en Razón Pública: Siria: los nuevos escenarios de una guerra que nunca acabó

La resolución

Desde que sea apagaron los reflectores sobre el conflicto sirio, el enfoque que se le da a esta situación se centra en la tragedia humanitaria, las condiciones de los niños, los refugiados, la pobreza y el alto costo de la vida en Siria. Y ahora que se cumple una década guerra surge la oportunidad para que organizaciones humanitarias recauden fondos, necesarios y urgentes, para aliviar las condiciones de vida de una población extremadamente afectada por la guerra.

Desafortunadamente estas ayudas son apenas paliativos. Considerando el alcance global del conflicto y la situación actual en el terreno, se necesitará una resolución internacional. Por esta razón, es necesario que los ciudadanos presionen a sus respectivos gobiernos, para que trabajen en una solución política. Así, por lo menos, se podrían dar las condiciones para que los sirios —en Siria y refugiados en el exterior— decidan el destino de su país.

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Massimo Di Ricco

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Ph.D. en Estudios Culturales Mediterráneos, M.A en Investigación en Comunicación y Periodismo, profesor e investigador. Autor del libro "Los Condenados del Aire - El viaje a la utopía de los aeropiratas del Caribe" @massimodiricco

Foto: Facebook Presidente de Estados Unidos - Presidente Joe Biden.

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El gobierno de Biden no cambiará bruscamente las políticas de Estados Unidos en Medio Oriente porque la geopolítica de la región no se lo permite. Habrá más cambios de forma que de fondo.

Massimo Di Ricco*

Trump le apostó todo a Israel

Durante los últimos cuatro años la política de Estados Unidos en Medio Oriente ha tenido un propósito único: favorecer a su aliado Israel. El apoyo de Estados Unidos a Israel parecía más un favor personal que un plan bien organizado para la región.

Primero, Trump respaldó la decisión del líder israelí Netanyahu de declarar Jerusalén como capital de Israel y trasladó la embajada de Estados Unidos de Tel Aviv a esta ciudad. Esta decisión cruzó una de las líneas rojas para cualquier posible acuerdo de paz.

Después el señor Trump propuso el plan “Paz para la Prosperidad” supuestamente para resolver el conflicto Israel-palestino a través de su yerno Jared Kushner. Aunque haya pasado poco más de un año desde su propuesta, hoy nadie se acuerda de este plan porque las condiciones que estipulaba eran descaradamente favorables a Israel. Este plan implica que los palestinos simplemente renunciaran a todas sus aspiraciones.

El apoyo unilateral a Israel será reevaluado por Biden, no necesariamente para darle un giro radical, sino para darle la apariencia de corrección política al amparo de la comunidad internacional.

El nuevo panorama

No se pueden esperar cambios drásticos porque el papel de Estados Unidos en la región se ha debilitado. Sin embargo, Biden deberá tener en consideración:

  • Los cambios geopolíticos en la región;
  • Las relaciones con Irán y su papel en Siria, Irak y Líbano;
  • Una solución duradera al conflicto Israel-Palestina, y
  • El respeto por los derechos humanos en la región.

Las potencias regionales se han vuelto más autónomas. Países como Qatar, Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudita y Turquía, se han aventurado en la última década en zonas que antes eran de países como Estados Unidos, Gran Bretaña o Francia. Tienen presencia militar en países en conflicto como Libia, Yemen y Siria, e intentan influir activamente sobre las políticas de países como Marruecos, Túnez o Egipto.

La guerra en Yemen es quizás el escenario que mejor muestra el contexto geopolítico regional con el cual ha de lidiar la administración Biden: los que llevan las riendas de la guerra son los países del Golfo que intentan mantener a raya la influencia de Irán en la región. Estados Unidos y los otros gobiernos occidentales se han limitado últimamente a proveer armas a los países involucrados en el conflicto. Parece difícil pensar que la administración Biden pueda tener la fuerza y la voluntad de intervenir para resolver el conflicto directamente, o a través de sanciones económicas.

Irán y la hegemonía regional

Los países aliados, a los que se suman Rusia e Irán han conseguido un papel importante en la región y actúan de forma autónoma.

El ataque aéreo de Estados Unidos a Siria el pasado 25 de febrero en la frontera con Irak no estuvo dirigido a Siria, sino a Irán y a sus milicias para contrarrestar su influencia en ambos países. El bombardeo fue una represalia contra Irán después de meses de ataque por parte de las milicias afines al país persa contra las fuerzas militares de Estados Unidos, sus sedes diplomáticas y fuerzas aliadas.

Aunque Estados Unidos tenga una escasa presencia de tropas en Siria, su retirada no parece estar en la agenda de Biden. Debido a la inestabilidad en Siria e Irak, difícilmente estos países harán serias presiones para su salida. Desde la perspectiva estadounidense, las tropas ofrecen la posibilidad de tener cierto control directo sobre Rusia e Irán.

El ataque aéreo de Estados Unidos a Siria el pasado 25 de febrero en la frontera con Irak no estuvo dirigido a Siria, sino a Irán y a sus milicias

A juzgar por su actitud, parece que Biden no cambiará la política nuclear de Trump con relación Irán. Es difícil que Estados Unidos vuelva a los tiempos de Obama, cuando Washington intentó llegar a un acuerdo duradero; lo que queda claro es que Irán ha ganado un poder enorme en el Levante, algo que hace quince años parecía impensable.

Ahora Irán tiene una presencia sólida en Irak, en Siria y en el Líbano, un país que desde la salida de Siria en 2005 ha estado bajo influencia estadounidense. Hezbollah mantiene firmemente las riendas de las políticas del país.

Soluciones para Israel y Palestina

Durante el gobierno de Trump, Estados Unidos ha apoyado la expansión de Israel y sus colonos en los territorios ocupados por Israel. Después de casi cincuenta años, Trump también reconoció los Altos del Golán como parte de Israel.

Esto va en contra del derecho internacional y de la opinión de la gran mayoría de la comunidad internacional, además de impedir una solución negociada del conflicto y la existencia de un Estado palestino independiente.

Hoy por hoy ese conflicto está más lejos que nunca de llegar a un acuerdo negociado. Los Acuerdos de Abraham promovidos por Washington y suscritos al final de 2020 entre Israel y algunos países árabes como Emiratos Árabes y Bahrein no son suficientes para resolver el conflicto en Palestina.

Biden demostró que seguirá apoyando a Israel cuando rechazó el papel de la Corte Penal Internacional para juzgar a Israel por crímenes de guerra. Biden no volverá a la política previa a Trump cuando Estados Unidos criticaba la política expansionista de Israel.

Derechos humanos y dictadores favoritos

Trump presentó su política en Medio Oriente con la famosa foto junto al rey Salman de Arabia Saudí y el presidente egipcio Al-Sisi con las manos sobre una esfera de cristal. Después afirmó en una reunión del G7 que Al-Sisi era su dictador favorito, pero el historial de violación de derechos humanos con Sisi es mucho más grave que lo ocurrido en la época de Murabak.

Biden al contrario declaró que su interlocutor con Arabia Saudí no iba a ser Mohamed Bin Salman, acusado de asesinar al periodista Khashoggi, sino el mismo rey Salman.

El informe sobre el homicidio de Khashoggi que fue descuartizado en la embajada saudí en Turquía despertó grandes expectativas. Sin embargo, al final no hubo consecuencias para el líder saudita, aunque fuera evidente su papel en el asesinato.

La política de Biden no es muy distinta de la de Trump. Los derechos humanos siempre han sido una política de palo y zanahoria de Estados Unidos hacia los países aliados de la región. Estados Unidos exige un poco de respeto por la sociedad civil a cambio de cerrar los ojos sobre sus gobiernos autocráticos y recibir ayuda económica y militar. Nada hace pensar que con Biden se endurezca la posición tibia de la diplomacia norteamericana.

Estados Unidos exige un poco de respeto por la sociedad civil a cambio de cerrar los ojos sobre sus gobiernos autocráticos y recibir ayuda económica y militar

Durante sus primeros meses de gobierno, Biden se ha destacado sobre todo por mantener un perfil bajo en la política internacional: ésta es la diferencia más notable frente a Trump.

Como ocurrió con el gobierno de Obama después de las nefastas intervenciones de Bush, Biden necesita moderar la imagen de Estados Unidos en Medio Oriente y normalizar sus relaciones con las potencias de la región a través de políticas más mesuradas y gestos más diplomáticos.

Estas medidas no necesariamente serán útiles para solucionar los problemas de estabilidad que afectan a Medio Oriente y de los cuales Estados Unidos ha sido en parte culpable.

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Massimo Di Ricco

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Massimo Di RiccoAunque hasta hace poco parecía que llegaba la calma a Siria, hoy el país es, de nuevo, un campo de batalla internacional. Y las consecuencias del anuncio de Trump esta semana están cambiando el tablero de la geopolítica mundial.

Massimo Di Ricco*

Continue reading «Siria: los nuevos escenarios de una guerra que nunca acabó»

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Massimo Di RiccoRadiografía de un conflicto aterrador que ha cobrado las vidas y esperanzas de millones de inocentes a merced de intereses de terceros.

Massimo Di Ricco*

Continue reading «Siria: entre las armas químicas y el reparto del país»

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massimo dirico siria protesta assad

Massimo Di Ricco RazonpublicaA portas de una nueva, discutible y peligrosa intervención militar de Estados Unidos en el Medio Oriente, este análisis sucinto pero exacto de la situación, las razones y las alternativas que se abren.

Massimo Di Ricco*

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