Equilibrio selectivo - Razón Pública

Equilibrio selectivo

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Desde el 7 de octubre del año pasado y hasta ahora, se ha venido hablando de la necesidad de tener opiniones equilibradas sobre Hamás e Israel. Esta es una obviedad con la que coincido: hay que condenar tanto los actos terroristas de Hamás como la respuesta de Israel. Pero superado el peaje básico de la doble condena – que difícilmente una persona razonable cuestionaría – si escarbamos un poco, lo que se revela es tanto una distorsión de la idea de equilibrio, como un equilibrio selectivo. Esto se ve reflejado en, al menos, cinco cuestiones.

La primera es la caracterización del equilibrio como el que tiene que darse respecto de las acciones tanto de Hamás como de Israel, dejando de lado al pueblo palestino. Esto puede tener la consecuencia de equiparar al pueblo palestino con Hamás o de entender que las muertes de civiles no son más que un efecto colateral. Esto no es equilibrado porque contribuye a un discurso justificativo que resta gravedad a las acciones de Israel.

La segunda es la reacción diferenciada cuando se trata de invocar el contexto y la historia. En ningún caso la historia debería entenderse como justificación de los deplorables actos cometidos por Hamás e Israel. Pero que se considere no sólo aceptable sino necesario traer a colación la historia del genocidio judío en el caso de Israel, pero que sea pecado – e incluso antisemita – referirse a la historia previa de ocupación y graves violaciones de derechos humanos que ha venido cometiendo Israel contra el pueblo palestino por décadas antes del 7 de octubre, tampoco es equilibrado.

La tercera es la dificultad de debatir seriamente sobre la calificación jurídica de la respuesta de Israel. Calificar, con razón, los actos de Hamás como terroristas, pareciera dificultar hablar de genocidio en el caso de Israel, a pesar de lo evidente. En el mejor de los casos, ciertas personas equilibradas guardan silencio. En el peor, hablar de genocidio es materia de burla e indignación. Pero terrorismo y genocidio son ambos extremadamente graves y una posición equilibrada debería llevar a evaluar con objetividad las calificaciones jurídicas aplicables. Sin embargo, la exigencia de la doble condena se va diluyendo a medida que se confirma que las acciones de Israel, en efecto, pueden constituir genocidio.

La cuarta es la muy reprochable referencia al “relativismo moral”. Es indudable que en los ataques terroristas de Hamás y en las acciones de Israel, personas inocentes han muerto injustamente y sido víctima de múltiples atrocidades. Hay quienes posan de tener opiniones equilibradas, pero han traído al debate que Israel es una democracia liberal en contraste con “el otro lado”. Con ello, hablan directamente o sugieren indirectamente la idea relativismo moral. Pero equilibrio significa centrarse en lo fundamental: en este caso es que más de mil personas inocentes fueron víctimas de los actos terroristas de Hamás, y decenas de miles de palestinos y palestinas inocentes, con una cantidad aterradora de niños y niñas, han sido víctimas de la respuesta de Israel. Cualquier intento, aún implícito, de distinguir entre víctimas según un modelo de gobierno es lo opuesto al equilibrio.

Y la quinta tiene que ver con la rendición de cuentas. El ordenamiento jurídico internacional debería estar en condición de exigir la rendición de cuentas de todo actor (individual, Estado o grupo terrorista) que cometa crímenes internacionales. Sin embargo, el proceso ante la Corte Internacional de Justicia llevado por Sudáfrica contra Israel invocando la Convención para la Prevención y Sanción del Delito de Genocidio, así como las actuaciones del fiscal de la Corte Penal Internacional, han generado reacciones que parecieran revelar una suerte de sensación de injusticia contra Israel y Netanyahu respectivamente. En particular, ante las órdenes de captura emitidas por el fiscal de la CPI, se ha hablado de que es inaceptable equiparar a Hamás con Israel. Pero esa es otra forma de distorsionar la idea de equilibrio. Lo que han hecho Hamás e Israel es distinto en naturaleza, pero el punto común es que son crímenes internacionales. ¿Por qué, entonces, cuesta aceptar que ambos respondan por esos crímenes?

En una situación en la que la humanidad entera está puesta a prueba (fallando estrepitosamente), equilibrio significa mucho más que la exigencia elemental de condenar las atrocidades de ambas partes. Hoy, con todo lo que hemos visto, mantenerse en esa posición básica con el orgullo que a algunas personas les causa mostrarse moderadas y prudentes, es lo contrario al equilibrio.

Acerca del autor

Silvia Serrano
sserrano@razonpublica.org.co | + posts

Abogada, experta en derecho internacional de los derechos humanos. Co-Directora en el Instituto O´Neill para el Derecho y la Salud Nacional y Global de la Universidad de Georgetown, donde también es profesora adjunta.

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Abogada, experta en derecho internacional de los derechos humanos. Co-Directora en el Instituto O´Neill para el Derecho y la Salud Nacional y Global de la Universidad de Georgetown, donde también es profesora adjunta.

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