
La protesta contra Petro y la arrogancia del cambio
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Es cierto que quienes lideraron la convocatoria a las marchas, lo hicieron con su libreto de estigmatización a la izquierda y con base en argumentos superficiales y sosos que apelan a los terribles riesgos del “comunismo”, el “socialismo”, el “populismo” y otros. Aunque son cosas distintas, el uso indiscriminado de estos términos busca mantener a la sociedad colombiana en un estado permanente de alarma frente a cualquier reforma que venga del gobierno actual. Con ello se reemplaza el escrutinio serio (y necesario) de las reformas, por un rechazo genérico a la figura del presidente, expresada en la arenga “Fuera Petro”. Es una estrategia efectiva para quienes la usan y nociva para la democracia. Por cierto, sugerir con esta arenga que se desconozca el mandato popular, muestra la limitada vocación democrática de un sector de la derecha colombiana.
Pero como espero poco (o nada) de los líderes del Centro Democrático y de otros partidos afines, pongo énfasis en la respuesta del presidente, de quien sí espero algo (o mucho), entre otras cosas, porque voté por él.
Un primer y positivo balance es que, a diferencia de lo que pasó en las movilizaciones de 2019 y 2021, al parecer esta vez no hubo represión, uso excesivo de la fuerza, muertes ni lesiones graves. No reprimir es el piso mínimo que debe cumplir el Estado para garantizar el ejercicio de los derechos involucrados en la protesta (como la libertad de expresión y la libertad de reunión).
Pero las protestas también son un buen termómetro del talante de un gobernante. Pueden evidenciar rasgos autoritarios o una apertura sana a la crítica y al diálogo. El presidente Petro salió mal librado de la prueba porque cayó en la tentación de generalizar a quienes se manifestaron como “los que no quieren el cambio en el país” y buscan mantener sus privilegios.
Todo intento de generalizar una protesta debe ser visto con cautela porque es casi imposible que exista una movilización homogénea o con un único objetivo. Por ejemplo, a veces parte de una protesta se torna violenta y no es aceptable que se estigmatice a todas las personas que se movilizaron como violentas. A veces las personas salen a la calle para expresar su inconformidad con distintas políticas de un gobierno, no sólo una. Y aún si se trata de una misma política, las razones de la disconformidad pueden ser muy variadas.
El hecho de que una marcha sea convocada con chambonerías argumentativas, no es excusa para lanzar una sentencia fulminante que convierta a todo manifestante en parte de una única masa que odia al presidente y se opone al cambio que representa. Estas sentencias, comunes en líderes latinoamericanos de izquierda, son convenientes porque les quitan a los gobernantes el difícil reto de reconocer que pueden existir críticas a su gestión y la aún más difícil tarea de discernir cuáles pueden ser razonables y ameritan atención.
Esto no significa que un presidente deba sentarse a negociar cada vez que hay una protesta en su contra. Pero en el caso del presidente Petro dejar a un lado la lógica “amigos o enemigos del cambio” podría ayudarle a entender lo que para muchos es evidente: no todo desacuerdo es resistencia al cambio. Aunque le sorprenda al presidente, hay quienes queremos un cambio, pero tenemos reservas.
Si el presidente ejercita el músculo del discernimiento entre las críticas a su gestión, podría entender, por ejemplo, que no toda pregunta sobre la reforma a la salud es producto del interés económico de las EPS, que hay inquietud por la falta de sustento técnico de esa y otras reformas, que hay preocupación porque han persistido los números escandalosos de masacres y asesinatos de líderes sociales mientras se insiste en la “paz total”, que hay algunos nombramientos en el gobierno que son difíciles de explicar o que la invocación constante del llamado “golpe blando” puede derivar en una paranoia desestabilizadora. Algunos de estos temas estuvieron presentes en la protesta.
El cambio también pasa por resistir la arrogancia propia de casi todo impulso reformista.
Pd. La estigmatización de las protestas de 2019 y 2021 contra el gobierno de Iván Duque, terminó en muertes, lesiones graves y detenciones arbitrarias. No es comparable. Pero eso no significa que el presidente Petro no pueda estar incurriendo en vicios parecidos al generalizar las causas de la protesta. Es una cuestión de grado.
Acerca del autor
Silvia Serrano
Abogada, experta en derecho internacional de los derechos humanos. Co-Directora en el Instituto O´Neill para el Derecho y la Salud Nacional y Global de la Universidad de Georgetown, donde también es profesora adjunta.
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