Miss Nepal | Miss Universo | Fundación Razón Pública

Miss Nepal

Compartir:

En el Miss Universo que terminó el pasado 18 de noviembre, un país fue representado por una mujer cuyo cuerpo no encajaba dentro de los patrones habituales del concurso. Se trata de Jane Dipika Garrett: Miss Nepal.

Creo que los concursos de belleza son espacios inherentemente problemáticos. La idea de que el escrutinio de la apariencia de las personas (principalmente de las mujeres) sea un espectáculo o una forma de entretenimiento, es difícil sin una cuota de violencia, especialmente para las mujeres y niñas espectadoras. Aún más si el escrutinio tiene pretensión de universalidad en cuanto al tamaño de los cuerpos, como ha pasado históricamente. Pero por más incómodos que me resulten los concursos de belleza, no es mi lugar cuestionar a quienes deciden participar en ellos en ejercicio de su libertad (cuando realmente sea una decisión autónoma).

Ahora, mis reservas no me impiden afirmar que lo que ocurrió en este Miss Universo, fue importante y merece más análisis que el del titular del momento. La participación de Miss Nepal fue disruptiva por varias razones. Por un lado, envió un mensaje de no conformidad con que sea sólo un tipo de cuerpo el que califique como bello. Por otro, mostró que más allá de esa no conformidad que puede existir en el fuero interno de la gran mayoría de las personas (entre las que me incluyo), es posible expresarla públicamente, con empoderamiento e incluso como algo identitario. Con ello, Miss Nepal habló por ella y también por millones de mujeres.

Además, puso sobre la mesa el problema cada vez más visible de la discriminación que enfrentan las personas por el tamaño o la forma de sus cuerpos. Esta discriminación ocurre en distintos ámbitos de la vida y se manifiesta de diversas formas. Algunas directas y explícitas, y otras indirectas e implícitas. Muchas veces son el producto de sesgos que debemos poner en tela de juicio. Uno de ellos es el uso del argumento de la salud para justificar las ideas negativas sobre ciertos cuerpos. Planteo tres problemas sobre este argumento, reconociendo que cada uno amerita un desarrollo más profundo.

El primero es que la percepción de que un cuerpo delgado es saludable y que un cuerpo de mayor tamaño no lo es, es tan generalizada como equivocada. En no pocos casos, la presión social por tener un cuerpo delgado genera niveles de estrés, ansiedad, culpa y baja autoestima que no son precisamente saludables. La presión a veces viene del propio ámbito médico que sigue usando estándares hegemónicos pero cada vez más cuestionados como el índice de masa corporal para sacar conclusiones sobre la salud. Al mismo tiempo, muchas personas con más peso, mantienen un nivel adecuado de salud. Incluso, el aumento de peso puede ser consecuencia de tratamientos de salud mental que están mejorando la salud entendida más integralmente. Estos son sólo algunos ejemplos que muestran que la asociación automática entre peso y salud debe ser, como mínimo, revisitada.

El segundo es que aún en los casos en los que existan elementos –distintos a la consideración por sí sola del peso– que indiquen algún problema de salud vinculado a hábitos no saludables (que a su vez generan estigma), éstos pueden no ser totalmente individuales y estar determinados por el contexto. La Organización Mundial de la Salud lo llama determinantes sociales o comerciales de la salud. Es urgente construir puentes entre las medidas de salud pública para luchar contra esos determinantes, por un lado, y el reconocimiento de la diversidad corporal y la lucha contra la discriminación asociada a ella, por el otro.

Y el tercero es que, en todo caso, tanto los hábitos como los cuerpos pueden ser reivindicados como parte de la autonomía y de la identidad, sin que eso deba ser motivo de estigmatización. No sobra agregar que quienes la enfrentan están, a su vez, expuestas a problemas graves de salud mental.

En resumen, aunque el peso y la salud estén conectados, esta relación es más compleja y menos unidimensional de lo que se cree. Además, debe incluir todas las facetas de la salud: la física, la mental y la social.

Por último, ojalá la novedad que trajo Miss Nepal al concurso de belleza deje de ser algo inédito. El mundo del espectáculo debería ser el espejo de nuestra diversidad en vez de operar como una herramienta que nos imponga los estándares estéticos a los que debemos aspirar.

Pd. El Miss Universo de 2023 tuvo un tinte aún más político del que suele tener. Fue una plataforma para lavarle la cara al gobierno autoritario de Nayib Bukele.

Acerca del autor

Silvia Serrano

Abogada, experta en derecho internacional de los derechos humanos. Co-Directora en el Instituto O´Neill para el Derecho y la Salud Nacional y Global de la Universidad de Georgetown, donde también es profesora adjunta.

0 comentarios

Silvia Serrano

Escrito por:

Silvia Serrano

Abogada, experta en derecho internacional de los derechos humanos. Co-Directora en el Instituto O´Neill para el Derecho y la Salud Nacional y Global de la Universidad de Georgetown, donde también es profesora adjunta.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Artículos relacionados

COLUMNA ESPECIAL DEL DÍA

Guerras “ajenas”, Oriente Próximo y siguiente mundo

COLUMNA ESPECIAL DEL DÍA

De racismo, clasismo y poder en Colombia

COLUMNA ESPECIAL DEL DÍA

MOTIVACIONES INVERSAS: EL CASO DE LAS ARMAS DE ISRAEL EN COLOMBIA

COLUMNA ESPECIAL DEL DÍA

El gran momento de la música colombiana

ISSN 2145-0439

Razonpublica.com se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 3.0 Unported. Basada en una obra en razonpublica.com.