¿Qué enseña Inside Out 2 sobre la ansiedad? - Razón Pública

¿Qué enseña Inside Out 2 sobre la ansiedad?

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La película Inside Out 2 contribuye a la necesaria toma de conciencia sobre la salud mental y los tabúes que la siguen rodeando. En esta columna me voy a centrar en la ansiedad como una forma de sumarme a esa conversación. Aclaro que no pretendo analizar si la película es correcta o no desde el punto de vista científico. Escribo desde la subjetividad y entendiendo que las experiencias de cada persona son distintas.

Hay cinco cuestiones en las que creo que la película da en el punto.

La primera es que distingue entre el miedo y la ansiedad. Esto es importante porque se trata de una confusión común que, en el peor de los casos, minimiza a la ansiedad y, en el mejor, hace que los apoyos que de buena fe se quieran dar, no sean los más útiles o generen frustración mutua.

La segunda es que en esa distinción la película acierta al sugerir que el miedo suele estar más asociado a situaciones puntuales que están ocurriendo en tiempo real o que están a punto de ocurrir (hablar en público, una entrevista de trabajo o el partido en el que el Atlético Bucaramanga se jugaba su primera estrella). La ansiedad, por su parte, tiende a enfocarse en situaciones que no están bajo el control de la persona, que no están ocurriendo en el momento o que es improbable que ocurran. La especulación como herramienta para prever múltiples escenarios y anticipar sus consecuencias – muchas veces catastróficas – es la especialidad de la ansiedad. Ésta se alimenta más de la posibilidad que de la probabilidad. Entonces, decirle a quien la está viviendo que el escenario X o Y es poco probable, no suele ser de gran ayuda.

La tercera está relacionada con el momento en el que la ansiedad toma control total de la protagonista. No sólo toma control, lo hace con la furia de un terremoto de gran magnitud y logra consolidar su objetivo de desplazar a las demás emociones. Pero esta es una de las escenas finales de la película. La ansiedad había aparecido desde casi el inicio influyendo en Riley y en sus decisiones, sí, pero no a ese nivel. De hecho, en ese momento crítico no sólo Riley está fuera de control, sino que la ansiedad misma lo está y se le ve paralizada. Así, la película envía el mensaje de que la ansiedad tiene grados, que dependiendo de ellos puede convivir con la vida cotidiana o tener un efecto paralizante y que no existe una fórmula mágica ni uniforme para tramitarla.

El cuarto es sobre la aceptación. Aunque a lo largo de la película la relación entre la ansiedad y las demás emociones había sido tensa y hasta antagónica, cuando finalmente se logra que la ansiedad entienda que ella no es quien define fundamentalmente a Riley; y que las demás entiendan que lo que pasa en el cerebro de una persona es más complejo y heterogéneo de lo que pensaban, todas se empiezan a aceptar. Este es un mensaje central de la película por dos razones. Una es mostrar que la ansiedad sí tiene el potencial de incidir en el comportamiento, pero que eso no debe llevar a la conclusión ni propia ni de los demás, de que esos comportamientos son los que definen a la persona. Y la otra es que juzgar a la ansiedad la puede incrementar y abre la puerta a otra emoción: la culpa por sentir ansiedad. Antes había un problema, ahora hay dos.

El quinto es que muestra a la ansiedad como una emoción que sufre. En la misma escena crítica de toma de control por parte de la ansiedad, se puede ver que ella misma está llorando. Esta imagen permite que quien vea la película pueda empatizar con la ansiedad e incluso que se le despierte la curiosidad de entender por qué llora. La película atina en explicar que la ansiedad busca proteger y que no anticipa escenarios improbables por placer. Pero que al ver el sufrimiento que puede causar, ella misma sufre. Creo que este recurso de asignarle una emoción a la ansiedad es efectivo para mostrar su esencia.

La ansiedad, dependiendo de cómo se presente, puede ser un síntoma de un problema de salud mental que requiere atención. Esta columna es un llamado a resistir la incomodidad que nos causa hablar de salud mental, a preguntarnos por las raíces de esa incomodidad y a desafiarla. Esto es urgente porque el silencio y el estigma son perjudiciales para las personas que viven con desafíos de salud mental, para su entorno cercano y para toda la sociedad.

Acerca del autor

Silvia Serrano

Abogada, experta en derecho internacional de los derechos humanos. Co-Directora en el Instituto O´Neill para el Derecho y la Salud Nacional y Global de la Universidad de Georgetown, donde también es profesora adjunta.

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Silvia Serrano

Abogada, experta en derecho internacional de los derechos humanos. Co-Directora en el Instituto O´Neill para el Derecho y la Salud Nacional y Global de la Universidad de Georgetown, donde también es profesora adjunta.

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