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La tecnocracia o la tiranía de los expertos

Escrito por Tatiana Alfonso

Desplazados a  causa del conflicto armado en Colombia.

Tatiana AlfonsoA propósito de la “paz territorial”. El discurso técnico y aparentemente neutral que suele acompañar las políticas de desarrollo en los países pobres es una forma de autoritarismo ante el cual la única alternativa es oír de verdad a la gente.

Tatiana Alfonso*

The Tyranny of Experts. Economists, Dictators and the Forgotten Rights of the Poor
William Easterly
Basic Books
2013

Tecnocracia y desarrollo

Un grupo de campesinos es despojado de sus viviendas y desplazado de su lugar de residencia para luego enterarse de que esa zona sería objeto de intervención para un gran proyecto de desarrollo nacional: represa, carretera, o cualquier otra obra para impulsar el crecimiento económico y poder atenderlos a ellos, la población pobre y vulnerable del país.

Esa imagen es el punto de partida para la crítica de William Easterly a la forma como se diseñan y ejecutan políticas en nombre del crecimiento nacional y en detrimento de los ciudadanos. El autor explica que el desarrollo ha sido tomado como un efecto directo de la tecnocracia y que bajo este enfoque la pobreza se atribuye a la falta de saber de los de arriba. Easterly decide tomar un camino diferente y afirma que la pobreza es resultado de la ausencia de derechos individuales y de un sistema económico y político libre para buscar solución a los problemas de los pobres.

Tiranía de los expertos

9 de abril de 1948, Bogotazo, bajo el mandato de Mariano Ospina.
9 de abril de 1948, Bogotazo, bajo el mandato de Mariano Ospina. 
Foto: Banco de la República

De acuerdo con el autor, las políticas para el desarrollo se basan en una ilusión donde la pobreza es un problema técnico susceptible de ser solucionado mediante estrategias igualmente técnicas que formulan expertos que diseñan y entregan las soluciones al Estado. La “tiranía de los expertos” consiste en imponer esas soluciones a la población, produciendo un desarrollo autoritario. Easterly sostiene que este argumento técnico esconde las violaciones de los derechos de los ciudadanos.

Este argumento técnico esconde las violaciones de los derechos de los ciudadanos. 

Según Easterly, la “era del desarrollo” comienza en un contexto donde el colonialismo y el racismo de Occidente afectaron la forma de concebir el desarrollo de las naciones pobres. Para las naciones colonizadoras no era posible pensar políticas donde los pobres que recibían ayuda tuvieran algo que decir frente a su propia situación. Esto contribuyó al posicionamiento de los expertos, cuyas ideas respaldadas en lo técnico ayudaron a encubrir el carácter colonialista de las decisiones en materia de desarrollo. La situación se mantuvo porque el desarrollo tecnocrático retuvo su prestigio a pesar de que el racismo y el colonialismo fueron perdiendo fuerza.

El caso de América Latina

El autor presenta tres historias sobre la forma como viajaban y se aplicaban las ideas sobre el desarrollo entre 1919 y 1949 en áreas geográficas distintas: China, África y América Latina. El caso que toma como ejemplo para América Latina se llama “Un día en Bogotá”; usa el caso colombiano porque el 9 de abril de 1948 convergieron eventos relevantes para las políticas de desarrollo internacional en toda América Latina.  

Ese día, John J. McCloy, presidente del Banco Mundial (BM), se reunió en Bogotá con el presidente Mariano Ospina Pérez. En esa reunión acordaron enviar una misión exploratoria a Colombia que sirviera como “estudio de caso” para la nueva tarea del Banco en el tercer mundo. Ospina aceptó y el BM envió a catorce hombres liderados por el economista Lauchlin Currie para formular un programa de desarrollo que mejorara la calidad de vida de los colombianos.

El grupo de expertos concluyó que los colombianos tenían un serio problema para el desarrollo: la gran mayoría de ellos estaban mal alimentados, mal vestidos y enfrentaban serias deficiencias de vivienda. En consecuencia, su salud era muy mala y la expectativa de vida muy corta. De acuerdo con el informe de la “misión Currie”, la historia de Colombia no fue el factor decisivo para poder formular sus estrategias de desarrollo, sino que estas debían consistir en técnicas modernas y eficientes para mejorar la situación económica. Todos los detalles del contexto social y político colombiano -incluida la violencia partidista- y su relación con la falta de desarrollo fueron omitidos. Sin embargo, siguiendo las recomendaciones del BM, Colombia ganó reputación como un Estado tecnocrático y serio. De hecho, Easterly presenta comunicaciones internas del BM para mostrar que la omisión sobre la política y la violencia no provenía de la ignorancia ni de la ingenuidad, sino de la conveniencia para Ospina Pérez, quien obtenía legitimidad como un buen gobernante que buscaba el desarrollo del país siguiendo las recomendaciones neutrales de los expertos.

Ahora bien, ese mismo 9 de abril se llevó a cabo en Bogotá la conferencia para fundar la Organización de Estados Americanos (OEA), con asistencia del secretario de Estado de Estados Unidos, George Marshall. Este hecho no tenía que ver con el desarrollo ni con la política colombiana, sino con las alianzas entre Estados Unidos y América Latina para combatir el comunismo.

El discurso neutral del desarrollo tecnocrático era una forma perfecta de combinar los objetivos de dos grupos de interés: por un lado, la distribución de préstamos del Banco Mundial a los regímenes autoritarios aseguraba las alianzas de Estados Unidos en contra de los soviéticos. Por otro lado, la investigación sobre las causas de la ausencia de desarrollo y la ayuda monetaria que de allí se derivaba era clave para el grupo humanitario preocupado por la pobreza mundial.

La historia importa

Easterly da una serie de ejemplos para mostrar que la historia local sí importa y que las fórmulas generales no producen desarrollo. En el debate entre el bienestar de los individuos y los Estados el autor hace una larga -y un poco errática- exposición de diversas historias con las que explica por qué el desarrollo libre, en el que los ciudadanos pueden expresar sus preferencias, es mejor que el desarrollo autoritario.

De acuerdo con Easterly, un enfoque del desarrollo basado en los derechos individuales le da prioridad a aquél que está mejor informado sobre los problemas y sus alternativas de solución: el ciudadano local, con garantías de libre expresión, libre prensa, y libre manifestación y protesta para influir en las decisiones del gobierno.

El argumento de Easterly está basado en la democracia como régimen político que cobija los valores liberales individuales que su desarrollo libre requiere. En los siglos XIX y XX apareció la herramienta perfecta para el ejercicio de la libertad política de los ciudadanos: las elecciones democráticas mayoritarias. Estas, sin embargo, deben ser complementadas con controles ciudadanos frente al gobierno para evitar que este atente contra sus ciudadanos.

El problema del mal gobierno es un asunto de falta de derechos y no de falta de expertos. 

Estos procesos llevan a la acumulación de un capital democrático, que es la experiencia acumulada de los ciudadanos bajo regímenes democráticos. Estos regímenes permiten diseñar políticas para el desarrollo que consideren las preferencias de los ciudadanos. Al contrario, regímenes autocráticos tienden a producir valores sociales de ese mismo carácter y preferir políticas de desarrollo tecnocráticas y autoritarias.

Easterly también aborda el tema de las instituciones en el modelo tecnocrático. Su crítica se dirige aquí a la idea de que bajo este paradigma el mal gobierno es un problema que puede solucionarse técnicamente. De esa idea surgen los programas de buen gobierno que llenan las agendas de desarrollo para los países pobres, y cuya solución es atraer a los expertos. La visión alternativa señala en cambio que el problema del mal gobierno es un asunto de falta de derechos y no de falta de expertos.

Por otra parte, el autor analiza la separación de nación e individuo en lo que se refiere a políticas para el desarrollo. Easterly afirma que la unidad de análisis en los estudios sobre desarrollo es la nación medida por el Producto Interno Bruto, y que dicha unidad deja por fuera la consideración sobre los individuos. En particular, quedan por fuera los ciudadanos pobres que no pueden hacerse sentir en las decisiones de política pública.

¿Soluciones?

William Easterly, autor del libro The Tyranny of Experts.
William Easterly, autor del libro The Tyranny of Experts. 
Foto: Wikimedia Commons

Easterly afirma que la solución es simple: la ganancia individual de la solución del problema debe ser por lo menos igual a la ganancia social para que las personas tengan incentivos para perseguirla. Adicionalmente, todo el mundo debe tener el derecho a escoger cuáles son los problemas que debe resolver y por ello el diagnóstico debe ser localizado. Por ello, las políticas de desarrollo deben balancear los derechos individuales con el poder del Estado, y para esto es indispensable la participación democrática.

La tesis del libro es interesante. La forma de sustentarla lo es menos. El argumento de Easterly sobre la relación entre los regímenes y el tipo de valores sociales que definen las políticas para el desarrollo es tautológico y contrafactual. La necesidad de la democracia es la conclusión y el punto de partida del argumento. Y el argumento parece contrario a las experiencias que el mismo Easterly presenta en la primera parte de su libro, muchas de las cuales ejemplifican casos de desarrollo autoritario que ocurren bajo regímenes democráticos.

Su fe en las libertades individuales lo lleva a ignorar que incluso en regímenes democráticos esas libertades se ven seriamente restringidas, especialmente para los más pobres.

Lo que queda claro es que no debemos descartar la existencia de la tiranía de los expertos, especialmente en nuestro contexto político actual en donde las políticas para el posconflicto deben surgir de los territorios, garantizando lo que -según Easterly- los tecnócratas han cercenado: el conocimiento local y los incentivos para proponer soluciones a los problemas en el territorio.

 

* Estudiante de doctorado en Sociología de la Universidad de Wisconsin-Madison.

 

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