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Color de piel y sociedad en América Latina

Escrito por Tatiana Alfonso
Mujeres afrocolombianas asisten al Festival Petronio Álvarez en Ciudad de Cali.

Mujeres afrocolombianas asisten al Festival Petronio Álvarez en Ciudad de Cali.

Tatiana Alfonso Sierra Los últimos estudios sobre raza y etnicidad en Colombia y otros países de América Latina muestran que el color de la piel sigue siendo un factor clave en las posibilidades de éxito y movilidad social.

Tatiana Alfonso Sierra*

Pigmentocracies.  Ethnicity, Race, and Color in Latin America

Edward Telles and the Project on Ethnicity and Race in Latin America (PERLA)

The University of North Carolina Press, 2014

Un estudio ambicioso

¿Alguna vez se ha preguntado cómo describen otros el color de su piel? ¿Ha oído decir que alguna persona es más atractiva porque es más blanca o que determinada persona, a pesar de ser negra, es muy articulada e inteligente? Seguramente sí.

Aunque parezcan naturales en las conversaciones cotidianas, ese tipo de expresiones denotan formas de estratificación social que tienen consecuencias económicas, sociales y políticas.

El tema de la identificación racial y étnica no es un asunto solamente de las Cortes y los movimientos sociales cuando discuten si los elegidos como representantes de las comunidades negras a la Cámara son o no son negros. Las relaciones raciales y el color de la piel son referentes que usamos los colombianos en nuestras relaciones cotidianas y que tienen consecuencias muy reales.

Este es el tema del libro Pigmentocracies (pigmentocracias), producto de una investigación conjunta de académicos de cinco países (incluido Estados Unidos), sobre la relación entre raza y etnicidad por un lado, y desigualdad social, por otro. El libro recoge las conclusiones de un trabajo de cinco años donde se hicieron encuestas sobre percepciones y relaciones raciales y étnicas en Colombia, México, Perú y Brasil.

Las encuestas del Proyecto sobre Etnicidad y Raza en América Latina (PERLA por sus siglas en inglés) examinaron la forma como las personas se auto-identifican en términos etno-raciales, la forma como otros las clasifican, sus experiencias y percepciones sobre desigualdad y discriminación, así como sus opiniones sobre minorías raciales, políticas y movimientos sociales.

Se trata entonces del más completo y sistemático análisis empírico sobre los temas de raza y etnicidad que hasta el momento se haya producido en América Latina. Entre los aportes de PERLA cabe destacar el uso de una paleta de colores para que el encuestador identifique al encuestado. Esto les permitió analizar la diferencia entre la auto-identificación y la discriminación, que es mucho más  que un tema de identidad o de conciencia porque involucra la mirada del otro.

Mestizo. Mestiza.  Pintura de castas en el Virreinato de Perú. Segunda mitad del S. XVIII.

Mestizo. Mestiza.  Pintura de castas en el Virreinato de Perú. Segunda mitad del S. XVIII.
Foto: Wikimedia Commons

Raza en América Latina

La investigación adopta la palabra “etno-racial” para calificar las desigualdades que reporta, pero distingue entre raza y etnicidad.

Estos conceptos aluden a los límites que construyen las personas en sus interacciones cotidianas para diferenciar a unos de otro sobre la base de distinciones fenotípicas (“raza”) o culturales (“etnia”). Sobra decir que así entendidas ni la raza ni la etnia existen como objetos en el mundo, o que una persona pertenece en efecto a cierta raza o cierta etnia, sino que estamos ante “constructos sociales” que las personas crean y utilizan en su vida cotidiana.

El libro presenta una historia resumida de las ideas de raza y etnicidad en América Latina, empezando por la Colonia y la Independencia, cuando se fue asentando la idea del “blanqueamiento” – real o deseable- de nuestras poblaciones.

En este recuento histórico, el libro analiza la emergencia de la idea del mestizaje en América Latina, mapeando la variación entre los países que hacen parte del estudio. Para el caso de Colombia, resalta el hecho de que las élites impulsaron el mestizaje como una forma de blanquear a la población, y en la narrativa enfatizaron la contribución de lo español y lo indígena, restando importancia a lo africano.

Revisan también lo que los académicos han llamado el “giro multicultural” de las décadas de 1980 y 1990 que dio lugar al reconocimiento de los afrodescendientes y los indígenas como miembros de la nación y que comenzó a debilitar la idea de la nación mestiza y homogénea.

La revisión histórica es breve pero sólida e interesante porque identifica los períodos comunes en la región y señala las especificidades de los debates nacionales para construir una perspectiva comparada. Al mismo tiempo, les permite a los autores armar el contexto para el análisis de los datos recogidos con las encuestas.

El hallazgo del proyecto PERLA es que el color de la piel es un elemento central para la estratificación social en varios países de América Latina. De allí el nombre “pigmentocracias”, que, como explica el libro, fue acuñado por el antropólogo chileno Alejandro Lipschutz en los años 1940 para referirse a las desigualdades y jerarquías basadas en categoría etnoraciales. Que una sociedad sea pigmentocrática significa que el color de la piel determina una parte de la desigualdad social.

Pigmentocracias reporta cinco hallazgos principales:

1) Que la raza y la etnicidad pueden medirse de muchas formas, y que en las encuestas importa mucho la forma en que se formulan las preguntas, las categorías que se usan, y quién responde;

2) Que la forma de medir la desigualdad basada en la clasificación etnoracial no es consistente con lo que se esperaría a partir de la idea de Lipschutz: las desigualdades etnoraciales no siempre se pueden explicar a partir de las categorías étnicas y raciales que se usan oficialmente en instrumentos como el censo o la legislación;

3) Que el color de la piel explica mejor ciertas desigualdades y que en Latinoamérica no se le ha prestado suficiente atención a este problema;

4) Que existe discriminación etnoracial en la región;

5) Que la mayoría de personas apoyan los movimientos sociales que tienen reclamos basados en la raza y la etnicidad y las políticas públicas que promueven a los grupos minoritarios.

Estos hallazgos generales tienen matices para cada país en donde se realizó el estudio. Por eso, una vez explicado el proyecto y los hallazgos generales, el libro trae capítulos por países, en los que los investigadores de cada lugar presentan el contexto nacional de los debates etnoraciales y analizan bajo esa lupa los resultados empíricos.

Resguardo indígena de Caño Mochuelo en Casanare.

Resguardo indígena de Caño Mochuelo en Casanare. 
Foto: Derechos Indígenas

El caso de Colombia

El capítulo de Colombia fue elaborado por Mara Viveros, Fernando Urrea y Carlos Viáfara, investigadores con una larga trayectoria y experiencia en el tema.

Los autores afirman que la idea de lo blanco prima en Colombia y que lo afro y lo indígena tienen historias diferentes de marginalización, lo que puede explicar la diferencia entre una identidad indígena que tiende a ser más sólida que la identidad negra, que presenta más fracturas y es más heterogénea.

El análisis empírico es detallado y diverso para Colombia; sin embargo, en términos generales los autores concluyen que el color de la piel determina varios de los resultados socioeconómicos de ciertos grupos de población. En particular, el análisis de los datos muestra que las personas con tonos de piel más claros tienen mayores niveles educativos y padres con mayores niveles de logro académico.

A diferencia de lo que puede concluirse con datos censales, no es la categoría étnico-racial que utiliza la persona para identificarse la que determina la diferencia socioeconómica, sino el color de la piel. Es decir que, el tema de la racialización y la discriminación étnico-racial trasciende la idea de la autoidentificación y cobija la percepción del otro, en particular del tono de la piel.

Otro de los hallazgos que quiero resaltar aquí es el de la interacción entre raza y etnicidad por un lado, y género, por otro. De acuerdo con el análisis empírico, las mujeres de piel más oscura enfrentan las mayores desventajas en la sociedad colombiana, porque el modelo de belleza femenino está fuertemente asociado a la idea de lo blanco y por tanto a tonos claros de la piel.

La conclusión del capítulo de Colombia es que la racialización de la sociedad colombiana está organizada en clases sociales “de colores”: los individuos y familias con mayores niveles de capital social, cultural, económico y educativo son de tono de piel más clara que aquellos con menores niveles de capital, de piel más oscura. Tal como lo dicen los autores “en el caso de la sociedad colombiana, las clases sociales tienen tonos de piel”.

Si bien Pigmentocracias se limita al análisis empírico y deja las explicaciones de lado, es sin duda un material fundamental para entender la manifestación de la desigualdad étnico-racial.

En términos académicos es sin duda un punto de partida para analizar y entender los mecanismos que reproducen dicha desigualdad en una sociedad que se enfrenta cada día más a los reclamos justos de inclusión por parte de personas negras e indígenas.

El libro Pigmentocracias es una buena fuente para entender cómo se manifiesta la desigualdad etnoracial en la región y, sin duda, para diseñar políticas públicas para combatirla.

 

Estudiante de doctorado en Sociología de la Universidad de Wisconsin-Madison

 

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