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Los mil rostros de Leonardo Padura

Escrito por Álvaro Baquero
El escritor cubano, Leonardo Padura.

El escritor cubano, Leonardo Padura.

Alvaro BaqueroEl ganador del Premio Princesa de Asturias de este año es una de las voces más respetadas de la literatura latinoamericana. Catalogado como exponente de la “narrativa del desencanto”, Padura ha usado la literatura policial para retratar la realidad de Cuba, su país. 

Álvaro Baquero-Pecino*

“Los misterios del mar y de la vida siempre le provocaban frío”

Leonardo Padura, Vientos de cuaresma

Narrativa del desencanto

Periodista, crítico, filólogo, el escritor cubano Leonardo Padura (La Habana, 1955) ha cimentado durante las dos últimas décadas una obra que se ha convertido en uno de los referentes más importantes de la literatura contemporánea. El número de reediciones y traducciones de sus libros y la atención del público y de la crítica son indicadores de su proyección internacional.

De un tiempo a esta parte, también le llegaron a Padura los galardones y reconocimientos, tanto dentro como fuera de Cuba. El más reciente fue el Premio Princesa de Asturias de las Letras que recibió en España el pasado 23 de octubre. Esta distinción sitúa al autor dentro una galería de ilustres nombres como José Hierro, Juan Rulfo, Carmen Martín Gaite, Álvaro Mutis, Augusto Monterroso, Susan Sontag, Antonio Muñoz Molina y su admirado Paul Auster, quienes, entre otros, recibieron el Premio desde que este (con otra denominación) comenzó a entregarse en 1981.

Buena parte de la producción de Padura suele relacionarse con términos como decadencia, nostalgia o escepticismo y, frecuentemente, se encuadra dentro de la llamada “narrativa del desencanto”, que engloba a un grupo de escritores cubanos que publicaron durante los años noventa, pero que también designa a toda la generación nacida durante la década de 1950.

Esta generación está retratada en la película Regreso a Ítaca (Laurent Cantent, 2014) cuyo guion, basado de manera muy libre en La novela de mi vida (2002), estuvo firmado por Padura y por su esposa, Lucía López Coll.

Buena parte de la producción de Padura suele relacionarse con términos como decadencia, nostalgia o escepticismo

El propio Padura se ha referido a la etiqueta “narrativa del desencanto” en más de una ocasión en sus entrevistas y ensayos: “Esa literatura -que sería calificada como la “narrativa del desencanto” en el caso de la novela y el relato, los géneros más representativos del momento-, incorpora a la creación porciones oscuras de la realidad, personajes y conflictos desatendidos, y lo hace muchas veces con reflexiones políticamente incómodas sobre la historia o la vida insular, miradas inexistentes en la producción de los años 1980 (por no decir en la de antes)”. [1]

La novela neopolicial

Callejón de La Habana Vieja, Cuba.
Callejón de La Habana Vieja, Cuba.
Foto: Allan Hopkins

En especial, la tetralogía Las cuatro estaciones de Padura se inscribe en esta línea, ya que puede considerarse como un victorioso canto a una derrota, una crónica de una muerte que no por anunciada fue menos dolorosa.

Se trata de un grupo de novelas concebido durante el llamado “período especial” que en la primera mitad de la década de los noventa sucedió al desmembramiento de la Unión Soviética. Una época de carestía y de profunda crisis en todos los planos de la vida nacional, que sigue siendo una herida no bien cicatrizada en Cuba.

Estas cuatro novelas son protagonizadas por Mario Conde, teniente de la Policía que abre los ojos con el dolor que le infligen la luz solar y la resaca del primer fin de semana de 1989 en la novela Pasado Perfecto (1991), y que recorre las calles de La Habana en busca de soluciones para los enigmas que se le plantean, dejando al descubierto las contradicciones de una época, de un sistema y del ser humano.

El ciclo se completa con las novelas Vientos de Cuaresma (1994), Máscaras (1997) y Paisaje de otoño (1998). Todas fueron muy bien recibidas por el público y asentaron la carrera literaria de Padura.

Entre ellas, Máscaras es uno de los títulos que más atención académica ha recibido. En esta novela, la búsqueda del asesino de Alexis Arayán, cuyo cadáver travestido es encontrado en la arboleda del Bosque de La Habana, sirve como hilo conductor de una trama que da pie a reflexiones sobre el vacío existencial y las cuestiones de género, y en la que se realiza un homenaje a una figura fundamental de la literatura cubana como Virgilio Piñera (1912-1979) que fue perseguido y, hasta no hace tanto, denostado.

Si bien Padura nunca llegó a matar a su particular Sherlock Holmes caribeño (Conde tiene poco de británico y mucho más de Sam Spade y, sobre todo, de Pepe Carvalho), de alguna manera repite el gesto de Arthur Conan Doyle al hacerlo reaparecer en tres novelas más: Adiós Hemingway (2001), La neblina del ayer (2005, Premio Dashiell Hammett del año siguiente) y La cola de la serpiente (2011), la cuales siguen, de algún modo, la estela de las anteriores, pero cada una de ellas con un tono y un alcance muy diferentes.

Una cuarta novela, Herejes (2013), marca quizás uno de los hitos entre los textos protagonizados por Mario Conde. El propio Padura ha manifestado repetidamente su predilección por esta novela donde el tiempo narrativo se divide entre el relato de 1939 y el de 2007.

El escritor norteamericano Ernest Hemingway.
El escritor norteamericano Ernest Hemingway.
Foto: Wikimedia Commons

En esta obra se entrelaza la historia de la llegada a las aguas de La Habana del buque S.S. Saint Louis donde viajaban más de novecientos pasajeros judíos que habían huido de la Alemania nazi y que no fueron autorizados a entrar en Cuba. Con la investigación relativa a un cuadro de Rembrandt como pretexto, la reflexión sobre la intolerancia y la paulatina resolución del enigma está entretejida de manera magistral.

Junto con sus coetáneos cubanos de la mencionada “generación del desencanto”, Padura puede inscribirse dentro de otro gran grupo, pues es, junto con el escritor barcelonés Manuel Vázquez Montalbán (1939-2003) y el mexicano Paco Ignacio Taibo II (1949), uno de los nombres que  suelen citarse como fundamentales en el amplio espectro del género “neopolicial”.

Esta corriente no solo se ha consolidado desde la creación literaria sino mediante ensayos, como el ampliamente citado “Modernidad y postmodernidad: la novela policial en Iberoamérica”, en el que Padura reflexiona sobre los avatares del género en ambos lados del Atlántico.

En cualquier caso, la obra narrativa de Padura trasciende cualquier corsé temático o genérico. Títulos como la ya mencionada La novela de mi vida (2002) y El hombre que amaba a los perros (2009) juegan con lo detectivesco, pero se alejan un poco para novelar sobre personajes como el poeta cubano del siglo XIX, José María Heredia, o sobre el asesinato de León Trotsky por parte de Ramón Mercader. Ambas novelas tienen un corte muy distinto de las citadas anteriormente y sirven para mostrar la variedad de registros que domina Padura.

2015 ha sido un excelente año para los lectores de Padura. Buena parte de su ensayística fue recopilada bajo el título Yo quisiera ser Paul Auster. Ensayos selectos, un libro donde  se pueden revisitar tanto sus reflexiones literarias como otras más personales sobre el pasado, el presente y el futuro de Cuba, y que parecen apuntar al germen de un posible volumen de memorias.

También fue publicada una colección de trece relatos titulada Aquello estaba deseando ocurrir, que deja grandes momentos como el homenaje al bolero de “Nueve noches con Violeta del Río”, el reencuentro de dos amigos que tiene lugar en “La puerta de Alcalá” o la sutileza de “La muerte feliz de Alborada Almanza”.

Estos dos volúmenes, junto con la reedición en 2014 de su primera novela Fiebre de caballos (publicada originalmente en los años ochenta), han conseguido facilitar aún más al público el acceso a otros registros de su obra.

Sumergirse en el universo literario de Leonardo Padura es emprender un viaje al barrio habanero de Mantilla, pero también regresar de Angola e intentar acceder sin éxito al Museo del Prado de Madrid. Es conversar sobre béisbol, es soñar con el cine italiano clásico, es dialogar con Elíseo Diego, Rodolfo Walsh, Dashiell Hammett y Ernest Hemingway.

Asimismo, es transitar de lo local a lo global, de la crónica a la novela, del ensayo al cuento. Es inventar crímenes, pero también recrearlos. Siempre con la compleja sencillez del que se mueve con soltura a medio camino entre los misterios del mar y de la vida.

 

* Profesor universitario y narrador, doctor en Literatura y Estudios Culturales por la Universidad de Georgetown (Washington, DC), en la actualidad trabaja en The City University of New York-College of Staten Island.

 

[1] “Literatura cubana: ¿de espaldas o de frente al mercado?”.

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