La memoria del conflicto colombiano y la de las dictaduras del Cono Sur - Razón Pública
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La memoria del conflicto colombiano y la de las dictaduras del Cono Sur

Escrito por Tatiana Alfonso
La socióloga argentina Elizabeth Jelin.

La socióloga argentina Elizabeth Jelin.

Tatiana AlfonsoA propósito de la Comisión de la Verdad, esta reseña inquietante examina el sentido de las memorias – y los olvidos- sobre la violencia, y aclara la diferencia entre las  huellas de las dictaduras militares y la de un conflicto degradado, como el nuestro.

Tatiana Alfonso*

State Repression and the Labors of Memory,

Elizabeth Jelin,

Minneapolis: University of Minnesota Press, 2003.

(Originalmente publicado como Los trabajos de la memoria, 2002).

Los planos de la memoria

Hablar sobre la memoria de atrocidades del pasado -o del presente, como en el caso colombiano- implica pensar la relación entre el presente y el pasado, en particular en las múltiples y diferentes versiones que existen sobre el pasado.

Elizabeth Jelin, socióloga argentina, presenta una reflexión teórica sobre la memoria como un proceso histórico mediante el cual se le da significado al pasado. Para Jelin dicho significado resulta siempre de luchas políticas entre actores y fuerzas sociales. Por tanto la memoria sobre la violencia pasada es un concepto político cuyo análisis debe hacerse en tres planos:

  • El político-cultural
  • El simbólico-personal
  • El histórico, donde se entienden las esferas de la sociedad.

Los rasgos de la(s) memoria(s)

El Centro de Memoria Paz y Reconciliación en la calle 26 de Bogotá.
El Centro de Memoria Paz y Reconciliación en la calle 26 de Bogotá.
Foto: Centro de Memoria Paz y Reconciliación

Jelin afirma que los procesos de reconstrucción de memoria deben partir de tres ideas o rasgos básicos.

  1. Las memorias están ancladas en las experiencias de los sujetos, así como en sus referentes simbólicos y materiales. Eso significa que las narrativas colectivas e individuales están conectadas, y que no hay memoria individual sin significado político.
  2. La memoria es objeto de disputas y luchas políticas. En la construcción de memorias hay ganadores y perdedores, y los triunfos están definidos por el poder simbólico de los discursos en competencia. Esto significa que la memoria es el resultado de las acciones de fuerzas políticas, y no un relato natural ni objetivo sobre hechos pasados. Con frecuencia el poder simbólico de un discurso particular está relacionado con la legitimidad del autor del discurso.

Esas fuentes de legitimidad y la competencia entre los discursos explican por qué no hay una memoria única sobre el pasado sino múltiples memorias en competencia. En muchos casos, dice Jelin, hay memorias oficiales que se convierten en las dominantes solo porque son más legítimas a los ojos de la mayoría y porque tienden a permanecer por largo tiempo.

  1. El “dinamismo histórico” de la memoria. De acuerdo con Jelin, la lucha por el significado de los hechos violentos del pasado es una forma de fijar interpretaciones que surgen en coyunturas y trayectorias históricas y por tanto están sujetas al cambio.

Los riesgos de la memoria

En la lucha por las diferentes memorias existe el riesgo de fijar una sin permitir nuevas interpretaciones de los hechos. Este riesgo tiende a volverse realidad cuando los ganadores de la competencia fueron víctimas de la violencia que necesitan excluir otras voces.

Un segundo riesgo en la construcción de memoria es excluir las voces de aquellos grupos tradicionalmente marginados, como comprueba la experiencia de las mujeres, las minorías religiosas y los grupos étnicos.

Jelin construye sus argumentos sobre la base de las dictaduras del Cono Sur y, en referencia particular al caso argentino. Tal vez por eso su explicación de la memoria cerrada a nuevas interpretaciones se centra en la tensión entre la necesidad de afianzar la transición democrática y las memorias que amenacen esta transición.

El motivo de fondo del olvido es la resistencia a la verdad de los sectores poderosos.

Ahora bien, en conflictos, digamos irregulares, donde la violencia ha venido de muchas fuentes y múltiples actores, y donde el período de transición es mucho menos claro (debido a que persiste la violencia) ¿quiénes son los actores interesados en fijar una versión única del pasado? ¿Qué es lo que tratan de callar cuando excluyen las voces de otros actores del conflicto?

Con respecto a este segundo riesgo, el caso colombiano plantea preguntas serias: ¿a quiénes estamos excluyendo en nuestro proceso de negociación? ¿por qué por ejemplo los afrocolombianos no tienen una representación en la mesa de La Habana, y cómo sus voces van a ser (o no) incluidas en el proceso de reconstrucción de la memoria y construcción de la paz?

Olvidos, silencios y reconciliación

Entrega de restos exhumados de las víctimas de la masacre del Salado.
Entrega de restos exhumados de las víctimas de la masacre del Salado.
Foto: Centro Nacional de Memoria Histórica

La otra cara de la moneda en los procesos de construcción de la memoria es el olvido.

Jelin analiza varias formas de olvido: definitivo, evasivo y liberador. Estos tipos de olvidos pueden llevar a usos literales o ejemplarizantes de la memoria. Los primeros aluden al recuento literal de las atrocidades mientras que el uso ejemplarizante es aquel donde se reconstruyen patrones de la violencia para evitar la repetición. El uso ejemplarizante, dice Jelin, es el que sirve para lograr que la historia y la memoria del pasado pervivan y sirvan para luchar contra el olvido.

En esa misma línea, Jelin analiza los silencios y omisiones en las memorias sobre la violencia. Para ello hace analogías con el psicoanálisis: igual que el yo consciente, las sociedades omiten aquellas cosas que no puede tolerar y cuyo reconocimiento o enunciación pone en riesgo su estabilidad psíquica.

Así se construyen las narrativas colectivas sobre las atrocidades del pasado: hay cosas que hay que callar en ciertos momentos para poder seguir adelante porque son muy dolorosas o peligrosas para la estabilidad.

El libro de Jelin y su uso sugerente de teorías como el psicoanálisis es sin duda interesante e inspirador porque ilustra uno de los aspectos más complejos de los procesos de reconstrucción de memoria de atrocidades del pasado. Su creatividad, sin embargo, le resta fuerza a su argumento de la memoria como objeto de luchas políticas.

El principio que explica los silencios y las omisiones en el psicoanálisis es la necesidad de estabilidad psicológica. En el caso de Argentina y otros países del Cono Sur, la necesidad de proteger la transición hacia la democracia (es decir, de no irritar demasiado a los militares) pudo en efecto explicar los olvidos del proceso. Pero en toda partes el motivo de fondo del olvido es la resistencia a la verdad de los sectores poderosos es decir, la continuada existencia de injusticias.

En alguna medida, los actores interesados en mantener el statu quo son aquellos a quienes les convienen ciertas injusticias. Pero esa la “estabilidad psíquica” (estabilidad política) desconoce que los actores excluidos están luchando constantemente contra un orden social que los excluyó y los violentó. O sea que la estabilidad perpetúa las raíces de la violencia.

El psicoanálisis permite una reinterpretación del pasado para mantener la estabilidad, mientras que un proceso de construcción de memoria debería romper con el sistema injusto, desigual y violento. Solo de esta manera los procesos de construcción de memoria pueden dar paso a reformas sociales, reconstrucción, paz y reconciliación.

En el caso de las dictaduras – cuando los períodos de violencia tienden a estar mejor  delimitados – el principio del psicoanálisis parece útil para comprender qué se debe callar temporalmente y con el fin de mantener la transición. En otro tipo de conflictos, como el colombiano, donde las atrocidades no se reducen a un momento ni son obra de un actor sino de muchos (Estado, guerrilla, paramilitares, otros), la analogía psicoanalítica nos llevaría a reinterpretar el pasado para mantener una sociedad desigual, injusta e igualmente violenta.

Bajo estas circunstancias, cuando la fuente de la violencia no es unitaria, los procesos de reconstrucción de la memoria tal vez requieran menos silencios y omisiones sobre la injusticia. Por ejemplo en materia de distribución de tierras y de la riqueza, de las formas de afectación por el conflicto, de la participación política y de reconocimiento de ciudadanía.

* Estudiante de doctorado en Sociología de la Universidad de Wisconsin-Madison.

 

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