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Girasoles y democracia en la era del hielo

Escrito por Boris Pinto

Boris PintoPor qué surgió la ola verde, por qué no llegó más lejos y qué lecciones nos deja.   

Boris Pinto * 

Uribe y sus elefantes

En los ya lejanos días del proceso 8.000, cuando las mafias del cartel de Cali infiltraron con sus generosas dádivas la contienda política por la presidencia de Colombia, monseñor Pedro Rubiano se refirió a la frase de Ernesto Samper "Si entraron dineros del narcotráfico a la campaña, todo fue a mis espaldas", con una ingeniosa metáfora no exenta de ironía: "tal parece que un elefante se coló en la sala del palacio sin que el presidente se diera cuenta". Si a Ernesto Samper se le coló un paquidermo descomunal en la casa de Nariño, tal parece que en estos años de gobierno del doctor Álvaro Uribe  se ha colado una migración de mamuts prehistóricos en la Casa de Nari.

Si en su momento costó aceptar (y muchos jamás lo aceptarán) que Ernesto Samper no supiera nada sobre la financiación de parte de su campaña con dineros provenientes del narcotráfico, cuesta más creer que el actual presidente no supiera de las reuniones que altos directivos del DAS sostenían en palacio con asesores del gobierno como José Obdulio Gaviria y Bernardo Moreno, para fraguar grabaciones ilícitas e infiltraciones en la Corte Suprema de Justicia, al mejor estilo de "La vida de los Otros", aparte de montajes y coartadas perversas contra la oposición política. Cuesta creer que no supiera nada respecto a las órdenes de interceptación y seguimiento dadas por los "altos funcionarios de gobierno". Cuesta creer que el dueño de la casa no supiera nada acerca de las visitas que los testaferros del paramilitarismo hacían a su domicilio, entrando por el sótano a altas horas de la noche para entrevistarse con los "altos funcionarios del gobierno". Cuesta aceptar que el señor de la casa no se enterara de los negocios avivatos de su hijos, ni de la procedencia mafiosa y paramilitar de buena parte de su bancada de gobierno, ni de las dádivas que su entonces ministro del Interior y su siempre fiel escudero, el ministro de la Protección Social, ofrecían a un par de congresistas anodinos para garantizar el curso de la primera reelección, configurando además el único caso en el mundo de condena por cohecho para una sola de las partes involucradas en un delito de soborno.

En un presidente de las capacidades del señor Uribe, que conoce como su finca cada palmo del país, que sabe por donde pasa cada carretera y donde están los huecos de cada una, cómo se llama el último alcalde del último pueblo de Colombia, que en un día visita tres ciudades y demuestra con datos, con nombres propios y conocimiento de causa su omnipresente comprensión de las necesidades más pequeñas y precisas, parece increíble que, en una extraña paradoja, no sepa lo que se cocina en la trastienda de su casa. Hay indicios que empiezan a preocupar. El reciente informe de la ONU sobre la presencia de "un patrón" en las ejecuciones extrajudiciales perpetradas por agentes del Estado, animados entre otras cosas por la resolución 029 de 2005 que, siguiendo la costumbre del doctor Uribe de premiar con incentivos económicos a los informantes civiles y a los desertores, desconoce las evidencias en contra de tales prácticas (basta revisar las críticas a las recomendaciones de la RAND Corporation)[1], y favorece la perversión de los parámetros éticos y legales que debieran regular las relaciones en cualquier sociedad democrática.

Hay cosas que siguen preocupando. Las recientes acusaciones contra el hermano del señor presidente (desmentidas oportunamente, por supuesto), la declaración de Salvatore Mancuso respecto a la campaña de desprestigio contra la Corte Suprema y peor aún, la declaración en la que afirma que el paramilitarismo financió y apoyó deliberadamente la elección de Álvaro Uribe desde el año 2001, frente a lo cual, a diferencia del proceso 8.000, no se ha dicho gran cosa.

En este desfile de mamuts prehistóricos, la era del hielo pretende perpetuar su legado a través de los mismos vicios de corrupción que en el año 2002 prometió combatir: presiones sobre los sectores pobres de la población a través de los subsidios de Familias en Acción para que apoyen la campaña de Juan Manuel Santos; una maquinaria de corruptela política bien engrasada; una campaña de desprestigio y política sucia para la cual se contrató o se pensó en contratar -nos quedamos sin saberlo- al señor J.J Rendón, reconocido mercenario del rumor y la guerra sucia en América Latina… Entre otras de las tantas picardías del doctor Juan Manuel, hay que preguntarle qué hacía el viernes 28 de mayo, dos días antes de las elecciones, almorzando con el presidente del sindicato de trabajadores de la Registraduría.

El por qué de la ola verde

Frente a tal maquinaria orquestada por "los altos funcionarios del gobierno", y contando como jefe de debate con el oscuro Richelieu de la Casa de Nari, José Obdulio Gaviria, aparece en forma inusitada, de repente, sin previo aviso, una gigantesca ola verde y un girasol dorado que en menos de tres semanas pasó de la cola de las encuestas de opinión a pelear cabeza a cabeza la opción por la primera magistratura del Estado.

Pocos analistas habían previsto lo que sucedió en los dos últimos meses de la campaña. El binomio Mockus-Fajardo y sus fieles mosqueteros articulan un discurso acerca de la legalidad democrática, la ética pública, el énfasis en educación, la promoción de la ciencia y la tecnología, la civilidad, la protección de la vida, el respeto de los recursos públicos como recursos sagrados (en cuanto pertenecen a todos), la necesidad de que el tránsito de seguridad a prosperidad pase antes por la legalidad, para no seguir el patrón de conducta del narcotráfico y el paramilitarismo, todos ellos criterios democráticos que significan exactamente lo contrario de lo que encarnan las picardías de Juan Manuel.

Algunos opinan que Mockus sería mejor presidente en Suiza que en Colombia. Otros  podríamos pensar en esta contingencia histórica como una oportunidad inaplazable para empezar a ser un país radicalmente distinto. Pero ¿cuál es la razón de la increíble fiebre verde que ha agitado las aguas en esta contienda electoral? Quizás esas razones sean varias.

  • Primero, Mockus encarna otra forma de hacer política, otro discurso, otra lógica democrática. Tras muchos años de bipartidismo, de caudillismos, de clientelismo y corruptelas, una propuesta independiente, civil y sin antecedentes de corrupción, pelea por primera vez con  aparente posibilidad de triunfo el acceso a la Presidencia de la República. Frente al medievalismo de los partidos políticos tradicionales, Mockus se presenta como un candidato posmoderno. Quizá por eso gusta tanto. Porque no es de derecha (afirmación que no todos comparten), ni tampoco de izquierda. Según su propuesta, busca redefinir el centro, que muchos no sabemos todavía donde está. Porque es colombiano, pero su procedencia es lituana y eso suena interesante. Un hijo de inmigrantes europeos, que es de aquí, pero también es de allá, de un lejano país que muchos confunden con Lilliput, hijo de una escultora, filósofo y matemático (aunque por la propuesta de salario para los médicos, parece que no sabe cuánto cuesta un pan), un profesor y un intelectual de lentes enmarcados en montura de oro y con una barba al mejor estilo Amish (como lo afirmó en días pasados el Miami Herald), indefinible, inclasificable, a veces impredecible, lúdico pero severo, en ocasiones excesivamente didáctico, pero al mismo tiempo pragmático, con fama de loco y reputación de genio, que se bajó los pantalones en público, pero que en materia de corrupción no tiene rabo de paja, con fama de agnóstico pero que al tiempo ha enseñado Las variedades de la experiencia religiosa de William James en Harvard, frente al cual no sabemos si representa un brinco al abismo o un salto a la esperanza, y ese vértigo seduce, porque le devuelve a muchos el sentido de las utopías perdidas. Porque, además, aunque al hablar en los debates públicos obliga a que muchos crucen los dedos y retengan el aire hasta que logra completar sus ideas, de los seis candidatos que tuvieron alguna opción dentro de la primera vuelta, el único que realmente ha gobernado, en dos ocasiones, es él, y no en cualquier sitio sino en el segundo cargo ejecutivo más importante del país, con buenos resultados económicos, culturales y de seguridad, y sin que nadie haya podido encontrar ni un solo hecho de corrupción. Observación que vale también, con absoluta claridad, para la segunda vuelta.
  • Segundo, no se puede negar, el concurso protagónico de las redes sociales. Frente a la era del hielo, que todavía cree en la clínica del rumor del señor Rendón, la ola del girasol nos recuerda lo que ya Peter Sloterdijk nos ha enseñado respecto a las nuevas relaciones en el contexto de las sociedades mediáticas: "por medio de las revoluciones de redes actuales, la coexistencia de las personas en las sociedades del presente se ha vuelto a establecer sobre nuevas bases"[2]. Redes emergentes, simpatías mediáticas, fiebres nacionales terciadas a través de "los nuevos medios de la telecomunicación político-cultural", frente a los cuales el modelo epistolar de una amigable sociedad literaria sólo puede competir, en palabras de Sloterdijk, de forma marginal. Sin embargo, y en medio de las paradojas de Mockus, Jürgen Habermas (contradictor de Sloterdijk) y otros filósofos contemporáneos, sobrevivientes algunos del humanismo literario, consideran que Mockus puede desarrollar muchas de sus ideas humanistas y democráticas basadas en el predominio de la educación en un país con necesidades de crianza.

 

Aciertos y lunares

Hay varios puntos interesantes en medio de esta ola verde.

  • Primero, nadie pensó que alguno de los candidatos pudiera hacerle alguna mella al aceitado engranaje uribista. Las sorpresas siempre son, por lo menos, divertidas.

  • Segundo, la ola verde logró entusiasmar a sectores tradicionalmente abstencionistas, particularmente a los jóvenes, y aunque exista mucho de fiebre, de moda, de simpatías irreflexivas, el ejercer el legítimo derecho al voto, es, por lo menos, alguna forma de reflexión.
  • Tercero, es interesante que Mockus haya logrado llenar plazas como Sahagún y demás fortines del clientelismo en la Costa Atlántica. Más allá de otras formas de aprobación, se trata de un logro histórico. Si alguien puede arrancarle un voto a las maquinarias de compra de sufragios en departamentos como Córdoba, Sucre, Atlántico y similares, ese alguien, de acuerdo con lo que afirma el escritor Mario Mendoza, nos ayuda a escalar hasta una esfera democrática y crítica en la cual, ni vendo mi voto al mejor postor, ni voto porque sí por el candidato de mi pastor. De entrada, ya implica un cambio educacional e histórico.
  • Cuarto, es interesante ver a dos académicos, a dos profesores universitarios proponiendo un cambio en las costumbres políticas del país.
  • Quinto, es también interesante que un colectivo de importantes intelectuales como Jürgen Habermas y William Ospina, apuesten por esa candidatura.

Sin embargo, no crean ustedes que lo único que veo son girasoles en el horizonte. Creo que hay algunos puntos que merecen una revisión pertinente.

  • Primero, si bien es cierto que Mockus no es un gran orador y que su elocuencia y su retórica no son la retórica encumbrada de Germán Vargas Lleras (lo cual no lo convierte, como afirmó Álvaro Uribe Vélez en un "caballito discapacitado") es necesario aceptar que su discurso no fue muy coherente en las semanas previas a la primera vuelta. Más allá de la retórica, hay niveles de prudencia que no se pueden soslayar. Las declaraciones contra una eventual adhesión del Polo fueron poco menos que groseras. Si bien el Partido Verde está en todo su derecho de decidir sobre las posibles alianzas políticas, afirmar en un encuentro público que el Polo justifica la lucha armada es una generalización (como lo dijo Clara López) incoherente e irresponsable, sobre todo si su discurso pretende ser incluyente, democrático y de conciliación nacional. "Me pareció escucharle a Gustavo Petro en el debate", es una afirmación irresponsable, por cuanto Gustavo Petro jamás legitimó la lucha armada. Lo que dijo es que, si las condiciones de inequidad persisten en el país, los actores de la violencia mudarán, pero la violencia, anclada en la pobreza, la falta de oportunidades y la injusticia, seguirá alimentándose del narcotráfico. Decir "me pareció escucharle" no es una premisa responsable en alguien que propone una sociedad deliberativa donde las decisiones se tomen en torno a la exposición de argumentos racionales.
  • Segundo, aunque el Partido se llame Verde, su propuesta medioambiental no es muy clara, a diferencia de la candidatura de Gustavo Petro, que logró la adhesión de los medioambientalistas.
  • Tercero, como sentenció una caricatura en días anteriores, el síndrome de la chimoltrufia "así como digo una cosa, digo otra", le pasó su factura de cobro en los momentos decisivos de la primera vuelta.
  • Cuarto, reitero, afirmar que pagaría un millón de pesos (o si se puede contratar por menos) a un médico, es preocupante. Implica no saber cuánto cuesta un pan. Implica desconocer que el 45 por ciento del país vive bajo la línea de pobreza, definida por el DANE como un núcleo familiar de cuatro personas que devengan menos de un millón de pesos. Implica proletarizar aún más, no sólo a los médicos sino al país entero, a los profesionales, a los tecnólogos, a los docentes. Si la clase media está proletarizada, ¿de dónde piensa recaudar más impuestos para recuperar el sector fiscal? Una salida en falso (aunque el doctor Santos no estuvo lejos de esta afirmación). Lo que tranquiliza un poco es el equipo que tiene detrás. Uno esperaría que Salomón Kalmanovitz, Alejandro Gaviria, Gilma Jiménez, Sergio Fajardo, Enrique Peñalosa, jamás aprobarían una barbaridad semejante.

Un balance y un legado

Ante los resultados en la primera vuelta es necesario reconocer el peligro del triunfalismo mediático. Se sobreestimó la ola febril en la redes sociales. Como afirma un querido profesor mío, "la posmodernidad llega hasta Faca". Se subestimaron los votos provenientes de nuestra Colombia profunda. Parece que muchas encuestas se hubieran hecho en Transmilenio o en facebook. Se subestimó la base de votantes de Familias en Acción. Se subestimó el poder que ostentan la lechona, el tamal y el chocolate en una tierra de penurias y de hambre. Se subestimó el arte de los sofistas que nos quieren vender la versión simplista de un Antanas Mockus que sube las tarifas de impuestos mientras un Juan Manuel Santos, generoso y dadivoso comodoro, los baja, sin explicarnos bien que en realidad se piensa aumentar la base tributaria, gravando artículos que antes no generaban IVA, prometiendo lo que prometen sobre la base de formalizar tres millones de empleos, sobre una bonanza petrolera, una bonanza carbonífera, y otras bonanzas que, por lo pronto, son apenas quimeras y buenos deseos.

No creo que Antanas Mockus sea el girasol en medio del jardín de los anturios negros. Tampoco que la primavera del girasol y la ola verde vayan a derretir definitivamente la era del hielo de la corrupción. Toda utopía corre el riesgo del desencanto. Todo aterrizaje es forzoso para quien quiera quedarse a vivir en las nubes. Creo que lo más importante es que Mockus es un símbolo que nos remite a otras posibilidades, entre ellas la de poder pensar nuestro voto. Más allá de la elección que cada quien haga, es tiempo de aprender que podemos vivir sin la tutela caudillista y mesiánica de cualquier cacicazgo temporal. Tres millones y tantos de votantes verdes, más los otros millones que votaron en conciencia, han aprendido que se puede hacer política sin comprar un solo voto. Han aprendido que el voto sí importa y que podemos asumir nuestra propia autonomía a la hora de las decisiones y en el pulso de la historia. Han aprendido que el discurso sobre la ética, la honestidad y la trasparencia, reclama un espacio. Si somos capaces de pensar nuestro voto, eso, por lo menos, es un legado que esta ola verde nos deja. Un legado preliminar y embrionario, pero es algo. Un legado que debe continuar su marcha hacia el frente, en explícita contravía a la migración de los mamuts, los paquidermos y las lagartijas que rápidamente se han deslizado reptando desde todos los partidos hasta el nuevo frente nacional que propone el doctor Santos; la marcha hacia el frente, hasta que el medievalismo señorial de los tamales y las prebendas sea el vergonzoso recuerdo fósil de un pasado feudal; la marcha hacia el frente de la educación, mientras caminamos tiritando, en los umbrales gélidos de la era del hielo III.

*Médico, magister en Bioética, profesor universitario de Bioética, miembro del Comité de Ética Institucional de la Investigación Universidad el Bosque. Colaborador de la Revista Alarife Universidad Piloto de Colombia, Revista de la Universidad el Rosario, Revista Agricultura de las Américas.

 

Notas de pie de página


[1] Instituto de estudios geoestratégicos. Universidad Militar Nueva Granada.  Los escenarios del informe RAND: Posibles efectos en Colombia y Latinoamérica. (A propósito del documento: IN COLOMBIA LABYRINTH: The sinergy of drugs and insurgency  and its implications for regional stability), Bogotá D.C, Septiembre de 2001. Disponible en: {www.umng.edu.co/www/…/analisis%202.%20informe%20rand.doc}

[2] Sloterdijk, Peter. Reglas para el parque humano.  Conferencia pronunciada en el Castillo de Elmau, Baviera, en julio de 1999, con motivo del Simposio Internacional "Jenseits des Seins /Exodus from Being / Philosophie nach Heidegger", en el marco de los Simposios del Castillo de Elmau sobre "La filosofía en el final del siglo" (Philosophie am Ende des Jahrhunderts), que cuentan con la colaboración del Van Leer Institut y el Franz Rosenzweig Center de Jerusalem. El texto fue publicado en Die Zeit el 10 de septiembre de 1999.

 

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