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No somos héroes de guerra: derechos y deberes de los trabajadores de la salud en medio de la pandemia

Escrito por Boris Pinto
Personal medico

Boris PintoAdemás de aplausos, necesitamos condiciones laborales justas, pues solo así podremos ganar la batalla contra la COVID-19.

Boris Pinto, M.D.*

¿Héroes de la guerra?

El uso del lenguaje de guerra para referirnos a la enfermedad no es bienvenido en los estudios sociales de la medicina.

En su reconocido libro La enfermedad y sus metáforas, Susan Sontag señala que esta comparación contribuye a estigmatizar a los enfermos y reduce la complejidad de la enfermedad a explicaciones simplistas de héroes contra villanos. En Colombia, un país que aún no cicatriza sus heridas de guerra, estas narrativas bélicas son aún más desafortunadas.

Mientras encontramos mejores metáforas para describir la pandemia, vale la pena discutir la moda de denominar “héroes” a los trabajadores de la salud que se ha popularizado las últimas semanas en el mundo entero.

De semidioses a trabajadores de la salud

En la cultura occidental, hace tiempo que los médicos dejamos de ostentar el aura sacerdotal, mágica y heroica que recubrió nuestra profesión durante muchos años. En tiempos pasados, la práctica médica era vista como un acto de honor que no tenía precio.

En ese entonces, el paternalismo era la regla: la opinión del médico-sacerdote era incuestionable y su poder sobre los cuerpos, ilimitado. Eran otras épocas, en que la salud no era un derecho social, los valores de los pacientes no existían, la desigualdad en el acceso era prevalente, y no teníamos el gasto en salud que acusan todos los sistemas sanitarios actuales.

Indudablemente, la pérdida del aura divina ha traído muchas cosas positivas para los médicos: ahora somos más conscientes de nuestra vulnerabilidad, reconocemos las dimensiones éticas y jurídicas de nuestra profesión y entendemos que nuestros pacientes son sujetos de derechos. No obstante, no hemos asimilado del todo el declive del estatus simbólico de nuestra práctica porque, como decía un profesor, los médicos siempre nos sentimos un poco ‘medio-dioses’ (M.D).

La mayoría de trabajadores de la salud queremos hacer bien las cosas, y las haríamos mejor si contáramos con mejores condiciones laborales.

Aparentemente, el sistema médico tampoco ha entendido que no somos dioses sino trabajadores que se enferman y mueren como sus pacientes, pues para tener una remuneración decente nos exige que seamos omnipresentes y trabajemos en dos o tres sitios simultáneamente. En resumen, pasamos de semidioses a individuos mortales, y de expertos honorables a trabajadores asalariados o jornaleros contratados por prestación de servicios.

Condiciones laborales de los medicos

Foto: Capital Salud
Los médicos necesitan condiciones laborales dignas para poder llevar a cabo su trabajo.

Puede leer: COVID-19: ¿Qué tan preparado está el sistema de salud colombiano para enfrentarlo?

Entre la admiración y la discriminación

En nuestros días, persiste cierta admiración social por la práctica médica, quizá porque aún creemos, equivocadamente, que la vida humana es lo más valioso que hay en el mundo, especialmente si se trata de la propia.

Esta admiración se combina con sospecha, pues muchos dudan de nuestra calidad profesional. Si bien la gran cantidad de sanciones en los tribunales de ética médica dan cuenta de la mala praxis de algunos médicos, debemos aclarar que estos casos son la excepción, y no la regla. La mayoría de trabajadores de la salud queremos hacer bien las cosas, y las haríamos mejor si contáramos con mejores condiciones laborales.

Durante la pandemia, la ambivalencia entre admiración y sospecha se ha manifestado de forma cruenta: nos aplauden desde los balcones y las ventanas, pero nos discriminan en el transporte público y en nuestras casas. Somos como el fármacon de Platón: cura y enfermedad, antídoto y veneno al mismo tiempo.

¡Qué gran paradoja! Nos admiran y nos discriminan más que nunca.

En la Universidad nos enseñan que debemos proteger los derechos de los enfermos y evitar a toda costa que sean discriminados. ¡Y ahora somos nosotros a quienes parte de la sociedad discrimina! Ojalá esta situación nos haga más sensibles frente a las violencias que miles de personas experimentan día a día.

Agradecemos las canciones y los aplausos que nos dedican, pero agradeceríamos mucho más que se pronunciaran en contra de la discriminación, el maltrato laboral y el ensañamiento jurídico del que somos víctimas.

Debo reconocer que enseñar ética médica es una empresa difícil por estos días, pues se trata de transmitir una serie de ideales que distan de las paupérrimas condiciones laborales que existen hace tiempo, pero que la pandemia ha exacerbado. Nos sentimos más desprotegidos que nunca.

Aunque no todas las muertes de los trabajadores de la salud por COVID-19 serán fruto de las malas condiciones laborales, es innegable que la mayoría de las instituciones de salud del país no ofrecen las garantías laborales ni los implementos de protección necesarios a sus trabajadores. En estos momentos, es fundamental que la COVID-19 sea considerada una condición de origen profesional, pues los trabajadores de la salud tenemos un altísimo riesgo de contraerla en el ámbito laboral.

Acaba de promulgarse el Decreto 538 de 2020, que en su artículo 9 hace un llamado de carácter obligatorio al talento humano en salud en ejercicio y en formación para atender la emergencia sanitaria provocada por la pandemia de COVID-19. Este llamamiento recurre, nuevamente, al desafortunado lenguaje militar del acuartelamiento, al tiempo que no son claros los derechos fundamentales de los trabajadores. Sin garantías, no hay obligación. De hecho, en los casos de reanimación, estamos obligados a garantizar la seguridad del equipo de salud antes de realizar cualquier maniobra. La obligación de rescate no exige acciones heroicas ni sacrificios, sino diligencia y responsabilidad.

Asumir el riesgo que representa la atención a pacientes con COVID-19 sin contar con condiciones laborales dignas es equivalente al martirio y la imprudencia.  Y vale la pena recordar que el martirio debe ser una opción individual, no una imposición colectiva.

Garantías para los medicos

Foto: Presidencia de la República
Es necesario que se ofrezcan las garantías para no solo evitar el contagio de los trabajadores de la salud, sino que estarán cubiertos por la ARL.

Le recomendamos: Principios éticos para afrontar la pandemia en Colombia

¿Y nuestros derechos?

Seguiremos insistiendo en las virtudes de nuestras profesiones, pero también en nuestra dignidad como trabajadores. En estos momentos estamos expuestos a la discriminación social, al riesgo jurídico y a la angustia moral, sin tener los implementos necesarios ni la remuneración justa. Estamos discutiendo si desde el principio de reciprocidad deberíamos darle de forma prioritaria un ventilador a un médico con COVID-19, cuando la primera reciprocidad es pagarle su trabajo al trabajador y garantizar su seguridad.

No estamos reclamando que se nos trate como semi-dioses ni como héroes. Eso se lo dejamos a las narraciones épicas y folclóricas. Agradecemos las canciones y los aplausos que nos dedican, pero agradeceríamos mucho más que se pronunciaran en contra de la discriminación, el maltrato laboral y el ensañamiento jurídico del que somos víctimas.

Agradeceríamos también que aplaudieran a las y los profesionales de enfermería que coordinan los servicios de hospitalización, a los psicólogos que atienden a los médicos ‘quemados’ por trabajar tanto en estas condiciones, a los terapistas que controlan los ventiladores de cuidados críticos y a los empleados de las centrales de esterilización. Todos, ellos y ellas juegan un papel tan importante como nosotros en esta batalla. Todos sentimos miedo al dejar a nuestra familia en cuarentena para atender a nuestros pacientes.

Más que como soldados abandonados, mal alimentados y sin municiones en las trincheras, los trabajadores de la salud nos sentimos como gladiadores en el teatro romano que esperan a que las fieras sean liberadas. Mientras nos aplauden desde las gradas, saludamos a la tribuna con las palabras que recuerda Norbert Elias en La soledad de los moribundos: “Moriturio te salutant” (aquellos que van a morir, te saludan).

Necesitamos una reforma laboral para el sector de la salud. La necesitamos ahora. Queremos hacer nuestro trabajo. Estamos dispuestos a hacerlo. No exigimos admiración ni pleitesía, sino justicia.

Sabemos que tenemos que cumplir con los deberes éticos que impone nuestra profesión, pero también nos reconocemos como sujetos de derechos, como cualquier trabajador, como cualquier ciudadano. Ni más, ni menos.

*Médico cirujano, especialista, magister, PhD. en Bioética. Profesor investigador Departamento de Bioética, Universidad el Bosque y Escuela de Medicina y Ciencias de la Salud, Universidad del Rosario.

 

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2 Comentarios

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Ricardo abril 13, 2020 - 11:57 pm

Excelente artículo, refleja la situación actual de los profesionales de la salud, que puede extrapolarse sin equívoco alguno a la clase trabajadora del país. Es importante resaltar que la expresión jornalero se remonta a la época feudal, al trabajo casi que como esclavos realizaban los trabajadores en un área de terreno denominada jornal, así, un jornal equivaldría hoy día a lo que se llama trabajo por obra o destajo, jornalero es una palabra propia del trabajo del campo, un tanto peyorativa, aunque sin lugar a dudas aquí se usa en sentido metafórico. Es lamentable y desde todo punto de vista reprochable la actitud discriminatoria contra los trabajadores de la salud, consecuencia de la ignorancia, el individualismo y un reflejo más del pobre avance moral de la humanidad, sin embargo, así como todos los médicos no son «malos», tampoco toda la sociedad es la que está conminando al personal sanitario a la marginación social, nuevamente se trata de «la excepción y no de la regla». Finalmente, el escrito muestra a los profesionales de la salud (médicos) como víctimas de sistema legal, cosa que no comparto, en primer lugar porque nos encontramos en un Estado social y democrático de derecho, y por ende cualquier persona puede acudir a la administración de justicia en caso de sentirse vulnerado, y de la misma manera, quien es demandado, le asisten derechos fundamentales para demostrar su inocencia; y en segundo lugar, porque el número de demandas contra los médicos es mínima, en comparación con las fallas en la prestación de servicios de salud que se presentan diariamente. Afortunadamente para el Estado, el sistema de salud y los profesionales sanitarios, no existe para el usuario una forma asequible que le permita evidenciar los garrafales errores y fallas que se presentan en los servicios de salud, de otra manera la avalancha de demandas si sería enorme. Saludos.

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Liborio Sánchez abril 14, 2020 - 11:07 pm

Columna atinada y oportuna.

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