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¿Cómo está Barranquilla en seguridad?

Escrito por Janiel Melamed
Janiel Melamed

Aunque la reducción en las cifras de ciertos crímenes es alentadora, una revisión cuidadosa muestra una situación aún preocupante para los ciudadanos*

Janiel David Melamed Visbal**

Barranquilla, una ciudad latinoamericana

Según el Departamento Nacional de Estadística (DANE), Barranquilla es la cuarta ciudad más poblada del país y la más poblada de todos los departamentos del caribe colombiano, con 1,2 millones de habitantes.

Su expansión demográfica está estrechamente relacionada con su ubicación estratégica y la facilidad para comunicarse por vía terrestre, aérea y marítimo fluvial con los principales mercados legales e ilegales a nivel regional, nacional e internacional.

Pero su importancia no ha venido libre de problemas. Un estudio llevado a cabo por el Instituto Igarapé de Brasil, señala que 43 de las 50 ciudades más violentas del planeta son latinoamericanas. Y establece que 17 de los 20 países donde más se cometen homicidios también se ubican en la región.

Si bien Barranquilla no aparece en este ranking de las ciudades más violentas, tampoco es ajena a la realidad de su entorno latinoamericano y caribeño, como una de las regiones más violentas y desiguales del mundo.

Salvo las reducciones significativas que se registraron durante el primer semestre de 2020 y que en buena medida se deben a la reducción de la movilidad durante la pandemia, las cifras a largo plazo de violencia y crimen en la ciudad revelan aspectos preocupantes para los ciudadanos.

Estas preocupaciones se recogen en lo que entendemos como seguridad ciudadana, que ya no gravita esencialmente sobre la protección y soberanía del Estado, sino sobre la protección a los ciudadanos e individuos frente a acciones de violencia, criminalidad, peligro o inclusive calamidades públicas, que atenten contra su vida, integridad física, honra y bienes.

Este es precisamente el objeto del Observatorio de Seguridad Ciudadana de la Universidad del Norte, cuyo más reciente informe es un insumo importante para la adecuada discusión sobre las principales manifestaciones de violencia y criminalidad en la ciudad.

¿Qué dicen las cifras?

Por ejemplo, el número de lesiones personales mantenía una tendencia al alza desde el año 2017. Esto sugiere una proclividad a resolver las diferencias a través de mano propia y las vías de hecho. Esto contrasta con la idea de Barranquilla como una ciudad acogedora y amigable.

En materia de homicidios, el panorama también merece atención. Desde el año 2015 – el más violento en la década 2005-2015-, la tasa de homicidios de la ciudad ha venido disminuyendo de manera lenta pero progresiva, experimentado una reducción importante que hasta el día de hoy la acerca a tener una tasa de homicidios cercana a 22 casos por cada 100.000 habitantes.

Aunque esa reducción sea positiva, no se puede pasar por alto que, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, cuando la tasa de homicidios intencionales supera los 10 casos por cada 100.000 habitantes nos encontramos indefectiblemente en un escenario de violencia endémica.

En Barranquilla, esta violencia frecuentemente cobra la vida de víctimas jóvenes, que no superan los 25 años, despilfarrando así el potencial socioeconómico asociado a tener un crecimiento acelerado de la población en edad activa, que se conoce como el bono demográfico.

Adicionalmente, durante el primer semestre del 2020, el 12.5% (18 de 144) de las víctimas de homicidio eran personas de origen venezolano, un aumento significativo frente al 4.8% registrado en la ciudad durante el primer semestre de 2019 para ese mismo hecho. También es una cifra alta considerando que esta población representó el 3,42% en el registro nacional de víctimas de homicidios para 2019.

Otro problema, que afecta sobre todo a los jóvenes de la ciudad, es el microtráfico como instrumento para consolidad un mercado de consumo local. Esto es evidente en la presencia de ollas de expendio de drogas ilícitas y en las consecuencias en salud pública por problemas de adicción. Ni qué decir del profundo daño que el microtráfico ocasiona dentro de las familias y en el tejido social de la ciudad.

La violencia sexual por su parte se ha ensañado de forma preocupante con nuestras niñas y niños, desvirtuando falsos paradigmas de género, edad, y condiciones socioeconómicas alrededor de los sujetos pasivos de estas conductas.

Algo similar ocurre con las manifestaciones de hurto. Si bien los casos de hurtos a comercios han disminuido, han aumentado los hurtos a personas. Según el SIEDCO (Sistema de Información Estadística, Delincuencial y Contravencional) de la Policía Nacional, en el año 2017 se registraron 7.069 casos y en 2019 la cifra había aumentado a 10.786.

Foto: Alcaldía de Hato Corozal, Casanare - Aunque los comandantes de las Farc no lo reconozcan, el reclutamiento de niños fue una práctica usual del grupo guerrillero

Un reconocimiento cuidadoso

Tener claro que, en efecto, se ha avanzado significativamente en la reducción de algunas manifestaciones de violencia y criminalidad es un justo y merecido reconocimiento a la ardua tarea que tanto autoridades competentes y tomadores de decisiones han desarrollado en la ciudad.

Sin embargo, ello no puede empañar el ingente y constante esfuerzo aún requerido para superar otras problemáticas igual de complejas y dañinas.

La alteración en las dinámicas de interacción social en el contexto de pandemia condicionó reducciones importantes en el número de delitos registrados durante el primer semestre del año.

Así que vale la pena preguntarse si en esta etapa de reapertura social permanecerán las cifras reducidas a lo largo de este segundo semestre. Este interrogante amerita llevar la seguridad ciudadana al centro del debate ciudadano e institucional.

Para consultar el informe sobre violencia y criminalidad en la ciudad de Barranquilla y su área metropolitana durante el primer semestre de 2020, ingrese a www.uninorte.edu.co/osc

*Este artículo hace parte de una alianza entre Razón Pública y la Universidad del Norte. Las opiniones expresadas son responsabilidad del autor

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