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El incierto futuro político de Israel

Escrito por Janiel Melamed

El Primer Ministro israelí, Benjamin Netanyahu.

Janiel MelamedEn las elecciones venideras, Israel decide el futuro de sus relaciones con Estados Unidos y el desarrollo de su eterno conflicto con los palestinos. ¿Se mantendrá  el gobierno de derecha o habrá una apuesta por la renovación?

Janiel David Melamed*

Elecciones esperadas

Medio Oriente es el escenario de varios conflictos que atraen la atención internacional y, entre estos, el conflicto palestino-israelí es, sin duda, el de mayor divulgación mediática. Por eso Jerusalén es la ciudad de la región con mayor número de cadenas internacionales de noticias y reporteros estacionados.

Dentro de dos meses habrá elecciones legislativas en Israel, y este también sin duda será uno de los acontecimientos políticos más comentados en el mundo, no solo por las implicaciones locales sino también por el rumbo que tomarán las relaciones entre ese  Estados Unidos y ese país.  

Estas elecciones no solo determinarán si el actual primer ministro, Benjamín Netanyahu, continúa o no como primera autoridad ejecutiva de Israel, sino que decidirán el rumbo  de la política que el Estado asumirá frente al conflicto palestino, frente al programa nuclear iraní y frente al gobierno de Estados Unidos, su principal aliado estratégico.

A Netanyahu le costará mucho ganar este nueva elección pues su gobierno no deja un buen balance: es poco o nada lo que ha hecho para mover las negociaciones de paz con los palestinos, se mantiene la amenaza de Irán y, como si fuera poco, las relaciones de Israel con el presidente Obama están en su peor momento.

El Presidente estadounidense Barack Obama reunido con el Primer Ministro israelí, Benjamin Netanyahu.
El Presidente estadounidense Barack Obama reunido con el Primer Ministro israelí,
Benjamin Netanyahu.
Foto: The White House Blog

Las difíciles relaciones con Estados Unidos

Es tal el deterioro de las relaciones con el presidente norteamericano que el primer ministro israelí optó hace poco por buscar el apoyo de los líderes del Partido Republicano para dirigirse directamente al Congreso de Estados Unidos y sugerir nuevas sanciones y un endurecimiento de la postura de Washington ante el programa nuclear de Irán.

Estos detalles de política exterior no pasan desapercibidos en la Casa Blanca ni en el Congreso norteamericano, y mientras a Netanyahu solo le quedan menos de dos meses de gobierno (si no sale victorioso en las próximas elecciones legislativas), al presidente Obama le queda año y medio al frente de Estados Unidos y tiene la capacidad de incidir favorable o desfavorablemente sobre las aspiraciones reeleccionistas de Netanyahu.

Al mostrarse desafiantes frente a Obama, el primer ministro y sus asesores están haciendo un cálculo inapropiado, que parece un triple salto mortal sin red de seguridad. Si bien esta actitud puede reforzar sus simpatías entre la extrema derecha israelí, la coalición de gobierno que ha mantenido a Netanyahu en el poder tiene muy pocos logros de los cuales ufanarse en el campo doméstico o internacional.

Por eso es Netanyahu quien más tiene que perder en el proceso, y el discurso de miedo y amenaza que le sirvió para su ascenso político no es suficiente para mantenerlo en el poder.

La invitación que le hiciera el presidente de la Cámara de Representantes, John Boehner, para que interviniera en una sesión plenaria sobre el programa nuclear iraní, fue un abierto desafío para la Casa Blanca porque rompe el principio elemental de que es el presidente quien conduce las relaciones internacionales de Estados Unidos.

Pese a la notoria incomodidad que resulta de este hecho, Netanyahu no ha expresado  su intención de cancelar su intervención ante el Congreso en pleno. Buena parte de la bancada demócrata  ha anunciado que no asistirá a la sesión porque la considera una forma de presión indebida sobre las negociaciones que adelanta la administración Obama con Irán.

Adicionalmente, el vicepresidente Joe Biden, quien por mandato constitucional es  presidente del Congreso y partícipe legitimo en este tipo de encuentros bipartidistas, ha manifestado que no asistirá a la sesión porque tiene programada una agenda con antelación por fuera del país.

Incluso el propio  Obama ha descartado cualquier posibilidad de encuentro con el premier israelí argumentando que este tipo de actos oficiales no serían apropiados a escasos dos meses de las elecciones en Israel.

Semejantes episodios de antagonismo público entre líderes que representan países con una alianza estratégica en una de las regiones más convulsionadas del mundo no son de uso común, y en efecto podrían implicar una inflexión en las hasta hoy estrechas relaciones militares, políticas y económicas entre Estados Unidos y su primer aliado en la región que hoy más le preocupa. Y no parece que Netanyahu esté leyendo muy bien las señales de rechazo a su intento de intromisión abierta en la política de su primer aliado.

Cancelar la presentación también sería perjudicial para Netanyahu,  pues quedaría en una posición  bastante débil frente a la ya creciente fuerza electoral de sus opositores. Pero  no se puede descartar esta posibilidad, y quizá el primer ministro se incline por el mal menor y dé un paso al costado.

Fronteras israelíes en medio de la ciudad de Hebrón en Palestina.
Fronteras israelíes en medio de la ciudad de Hebrón en Palestina.
Foto: Dieter Zirnig

Mal balance de gobierno

Además de los hechos recientes, bajo el gobierno Netanyahu Israel ha sufrido de un creciente aislamiento internacional, y las recientes operaciones militares en Gaza han dado pie a críticas especialmente severas por su dureza y por la falta de una política de largo plazo para afrontar el problema palestino más allá de “golpear y esperar el próximo round”.

Además, el creciente número de autorizaciones para construir viviendas en nuevos asentamientos en territorio ocupado, oscurecen aún más las ya negras perspectivas para una paz negociada en Palestina.

Como si fuera poco, los altos costos de la vida en Israel, más altos que en algunas de las grandes ciudades europeas, han impulsado la emigración de muchos ciudadanos y han puesto en duda la estabilidad o el futuro económicos del país hebreo. Y la reciente iniciativa de una ley básica nacional que otorgue privilegios a los judíos sobre los no judíos es contraproducente y contraria al sentido democrático de un Estado de derecho.

El problema con Palestina

Sin duda, la salida de Netanyahu serviría para restablecer las negociaciones con los palestinos y para que la presión del propio pueblo palestino logre quitarle fuerza a los sectores más radicales. Así se lograría dar los pasos necesarios para  acercarse a la paz.

La solución de este conflicto es muy compleja, pero puede decirse que comienza por  aceptar la idea de dos Estados diferentes para dos pueblos diferentes. Al repasar las iniciativas anteriores puede verse que los muchos fracasos se han debido a la falta de voluntad y determinación de las partes en pugna.

No importa cuan grandes hayan sido los esfuerzos de la comunidad internacional para lograr un acuerdo, si no existe una voluntad política real de solución del conflicto entre las partes, nuevos episodios de violencia aparecerán en el futuro.

Es difícil pensar que un nuevo gobierno en Israel modifique inmediatamente la posición del país en temas como el gasto de defensa, las negociaciones de paz con los palestinos o la política de asentamientos en Judea y Samara (Cisjordania).

Pero, aunque difícil, no es imposible que se den estos cambios. Hay que recordar que en la historia de Israel existen antecedentes notables en este sentido, entre los cuales vale  mencionar la retirada unilateral de Gaza que decretó el gobierno de Ariel Sharon, quien en 2005 evacuó a cerca de 15.000 colonos y movilizó 50.000 efectivos de las fuerzas de seguridad para ello.

Si llega a triunfar la oposición no es seguro que se alcanzará la paz, pero sin duda será un escenario más esperanzador que el actual anquilosamiento en que se encuentra el conflicto palestino-israelí.

 

* Abogado de la Universidad del Norte, M.A. en Gobierno, Seguridad Nacional y Contraterrorismo de la Lauder School of Government, Diplomacy and Strategy (Herzliya-IDC), cursa un doctorado en Seguridad Internacional con el Instituto Universitario General Gutiérrez Mellado (Madrid-UNED) y es docente-investigador del Departamento de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la Universidad del Norte.

 

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