Los kurdos: beneficiarios de la guerra contra el Estado Islámico - Razón Pública
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Los kurdos: beneficiarios de la guerra contra el Estado Islámico

Escrito por Janiel Melamed

Protestas contra ISIS

Janiel MelamedLos kurdos, un pueblo milenario del Medio Oriente, pueden resultar los grandes ganadores de la guerra contra el Estado Islámico: ¿por qué?

Janiel Melamed*

Con historia, sin Estado

Los kurdos son un pueblo con siglos de existencia en Medio Oriente, conformado mayoritariamente por musulmanes sunníes, con minorías chiitas, yeziditas y cristianas, y que disfrutó una gran autonomía sobre grandes extensiones de tierra en las épocas en que los Imperios persa y otomano gobernaron la región.  

Sin embargo, esta autonomía desapareció tras a imposición artificial de los nuevos Estados-nación creados por el colonialismo europeo después de la Primera Guerra Mundial. Desde entonces, los kurdos han vivido como errantes permanentes y han luchado mediante grupos subversivos para obtener un Estado propio.

Desde la repartición de los territorios que estuvieron bajo el Imperio otomano, los kurdos quedaron dispersos en países como Irak, Siria, Irán y Turquía, y cada uno de estos países ha tenido que arreglárselas para hacer frente a los episodios de inestabilidad política que las guerrillas kurdas han protagonizado.  

En los inicios de la década de los noventa, como consecuencia de su estrepitosa derrota en la Guerra del Golfo a manos de una coalición internacional liderada por Estados Unidos, las fuerzas de seguridad iraquíes fueron obligadas a retirarse de grandes zonas con población mayoritariamente kurda al norte del país. Esto dejó un vacío de poder administrativo e institucional que sería llenado por las guerrillas kurdas de Irak, que en poco tiempo establecieron un semi Estado de facto conocido como Kurdistán.

Los kurdos son el cuarto grupo étnico más grande en Medio Oriente, con una población aproximada de 20 millones de individuos.

Hasta hace algunos años la situación de los kurdos y sus aspiraciones nacionalistas habían pasado prácticamente desapercibidas para la comunidad internacional, eclipsadas por coyunturas como el conflicto palestino-israelí, que atraía y sigue atrayendo mucho más cubrimiento mediático.

Sn embargo, los kurdos son el cuarto grupo étnico más grande en Medio Oriente, con una población aproximada de 20 millones de individuos, que, pese a estar regados entre varios países, conservan una identidad cultural y lingüística, más que religiosa.

Como ocurre con los palestinos, chechenos, tibetanos y vascos, los kurdos aspiran a conseguir un Estado nacional propio que sea miembro de la comunidad internacional y cuya extensión sea aun mayor a la que ya controlan al norte de Irak.


Miembros armados del Estado Islámico en Iraq.
Foto: Wikimedia Commons

Medio Oriente resquebrajado

Algunos acontecimientos recientes sugieren que las acciones diplomáticas, políticas y militares de este grupo étnico podrían llevarlos a conseguir su aspiración nacionalista de un modo más efectivo que el hasta ahora ensayado.

Los kurdos han aumentado su control territorial sobre amplias zonas no solo al norte de Irak, sino también en Siria y Turquía, lo cual ha significado un cambio geopolítico importante en la región. Actualmente países como Turquía ya no tienen en la realidad fronteras con países árabes sino con un Estado kurdo en gestación que se nutre de los territorios que oficialmente están bajo el control de otros Estados.

Para Turquía, los kurdos han representado una notable dificultad, pues cerca de 10 millones de ellos viven en Turquía y su reclamo de independencia sobre amplias zonas del país ha venido acompañado de una lucha armada por parte de guerrillas kurdas.

A pesar de lo anterior, el actual gobierno turco se ha visto obligado a abrir corredores por donde transitan fuerzas kurdas destinadas a combatir el avance de ISIS en sus zonas fronterizas con Siria e Irak. Estos grupos también han recibido toneladas de ayuda militar que eventualmente podrían ser utilizadas contra del gobierno en Turquía.

Los kurdos son el cuarto grupo étnico más grande en Medio Oriente, con una población aproximada de 20 millones.

En el caso de Irak es importante tener en cuenta que los kurdos representan cerca del 20 por ciento de la población, es decir, son cerca de seis millones de personas en un país de treinta millones de ciudadanos. Desde la década de los noventa los kurdos venían ejerciendo el control en varias zonas del país y, aunque muchos detractores regionales los acusaban de ser fuente de inestabilidad regional, a lo largo de las últimas décadas han dado muestras de tolerancia étnica, convivencia pacífica y prosperidad.

La actual fractura del Estado iraquí es consecuencia de un enfrentamiento étnico que no incluye a los kurdos, pues la causa fundamental de la división política y territorial del país es la violencia sectaria entre musulmanes chiitas y sunitas.

La situación en Siria también significa una oportunidad para los kurdos si se tiene en cuenta que cerca del 10 por ciento de la población de este país es kurda y no sienten el más mínimo interés en pertenecer a un país como Siria, fracturado, en guerra civil y desde hace décadas dominado por la familia Al-Assad, quienes han oprimido sus derechos como minoría étnica.

En la práctica, el gobierno de Al-Assad intencionalmente ha dejado amplias zonas de su territorio bajo control kurdo, como estrategia para garantizar su neutralidad en la guerra civil, lo cual puede darle fuerza al control político, militar y territorial kurdo de una zona de gran extensión que podría sumarse al Kurdistán.

Las tensiones actuales de la región han llevado a la fractura de Irak y Siria, dos de los países más representativos del mundo árabe/musulmán y la amenaza del expansionismo fundamentalista islámico hacia otros países de Medio Oriente representa serias amenazas a la estabilidad regional.

Sin importar cuál sea el bando ganador, el desenlace final de estas tensiones dejará países fracturados, donde no será posible un control efectivo y unificado de grandes territorios y donde la amenaza del fundamentalismo islámico de ISIS y otras organizaciones similares mantendrá en jaque a los principales actores políticos y económicos internacionales.


Fuerzas especiales Peshmerga en Siria.
Foto: Wikimedia Commons

La guerra: un camino hacia la nación

Debido a su estratégica localización en las zonas fronterizas entre Irak y Siria, los kurdos, con su ejército conocido como Peshmerga, se han convertido en un elemento fundamental de resistencia armada frente a la expansiva amenaza del Estado Islámico en la región.

Su localización estratégica, sumada a la disponibilidad de los recursos del pueblo kurdo para servir de contención armada al fundamentalismo islámico, así como el notorio respaldo militar, político y económico de potencias occidentales, podrían generar grandes réditos internacionales a los kurdos en el momento de discutir finalmente el establecimiento de un Estado kurdo en la región.

A largo plazo los kurdos podrían presentarse como una opción de lucha armada contra ISIS que no comprometería la participación directa de ejércitos estatales extranjeros. Esta alternativa favorecería a los países occidentales como Estados Unidos y Gran Bretaña quienes, pese a la resistencia de gobiernos regionales que consideran a las guerrillas kurdas como organizaciones terroristas, prefieren proveerlas con armamento y apoyo logístico, antes que poner soldados directamente en el campo de batalla contra el EI.

El presidente Obama sin duda conoce las repercusiones políticas y económicas que tendría en su país un nuevo despliegue militar en la región y sabe que los soldados americanos capturados acabarían siendo decapitados en un video en internet. Por este motivo, su política exterior se caracteriza por la determinación de retirar los grandes destacamentos de tropas en Irak y Afganistán.

Hasta el momento la estrategia de lucha de Estados Unidos ha consistido en incursiones de aviones no tripulados que permitan golpear al EI sin comprometer la vida de soldados americanos. Esta notable superioridad tecnológica no necesariamente se traduce en victorias definitivas en conflictos armados irregulares donde el enemigo se mezcla fácilmente con la población civil y donde que no hay choques convencionales entre ejércitos. Las potencias occidentales lo saben, y por eso se necesitan tropas en el terreno. Esas tropas pueden ser kurdas.

Está claro que la coyuntura favorece el fortalecimiento de un Estado kurdo autónomo e independiente, que cumpla un papel protagónico en la lucha contra el avance del jihadismo radical. Esto lo convertiría en el cuarto Estado no árabe de la región, sumándose a Israel, Irán y Turquía.

 

* Abogado de la Universidad del Norte, M.A. en Gobierno, Seguridad Nacional y Contraterrorismo de la Lauder School of Government, Diplomacy and Strategy (Israel), docente-investigador del Departamento de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la Universidad del Norte.

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