La batalla cultural entre la propaganda política y la libertad de prensa
Foto: Señal de comunicación en Colombia

La batalla cultural entre la propaganda política y la libertad de prensa

Compartir:

Las prevenciones durante la campaña electoral acerca de la libertad de expresión, el derecho a la comunicación y el acceso a la información han ido tomando forma. La desarticulada propaganda política del nuevo gobierno ha puesto en riesgo la independencia editorial, la calidad de la información, así como el mismo ejercicio del periodismo, a veces con la complacencia de un sector de la prensa, con la consiguiente afectación de los valores democráticos.

Los continuos bandazos, correcciones e improvisaciones del actual gobierno impiden hablar formalmente de un régimen de comunicación, que por ahora descansa en la estrategia de propaganda política emocional utilizada en campaña; la imitación de acciones y decisiones de otros países como Estados Unidos, Argentina y El Salvador; la reactividad frente al vértigo informativo, y el sustento de un amplio sector de la gran “prensa amiga” que no se ha atrevido a cuestionar actuaciones o decisiones, por lo menos, polémicas. La Libertad de expresión corre riesgo.

No contaminarse, primera estrategia 

La coincidencia del terremoto en el occidente del país con el inicio del nuevo gobierno sirvió, a la vez, como mampara para disimular el desconocimiento de la gestión pública de los recién llegados, solo empecinados en acusar y denunciar a su antecesor pese al carísimo error de no haber adelantado el empalme, pero también como un paréntesis en la expectativa y la atención por el cumplimiento de las promesas de campaña. 

Fue una tregua que dilapidaron con decisiones propagandísticas ideologizadas ante la oferta de apoyo de rescatistas extranjeros, que dilataron los procesos de búsqueda de vida bajo los escombros en las horas cruciales y por el abuso del show de la presencialidad con besos, balones y autobombo de funcionarios, excepción hecha del ministro de Vivienda, de vacaciones en Santa Marta, en reemplazo de la urgente ejecución, hasta el punto de que cinco semanas después siguen los diagnósticos y los anuncios mientras el gerente del llamado “Fondo Milagro” aún no ha podido hacerse cargo de los recursos, olvidando la experiencia del Forec en el terremoto de Armenia, siguiendo esa pretendida y terca estrategia de no contaminarse con lo hecho en el pasado, a pesar de la urgencia de soluciones. 

Es una estrategia convertida en veda y costosa en términos reputacionales a la hora de los nombramientos y desnombramientos de funcionarios, más allá de sus calidades profesionales, como en caso de Carolina Soto en la ANI, por vínculos con el anterior gobierno. No ha sucedido lo mismo con otros cargos, al romper con la promesa de la extrema coherencia, prometidos para los nunca y contradichos de manera reiterada, comenzando por la ingenua confesión del mismo vicepresidente de ser tataranieto y biznieto de cancilleres.  

La desconcertante invocación religiosa 

Desde la misma posesión, la invocación religiosa, por la cual el presidente tuvo que pedir perdón a medias, ha estado presente en actos públicos y privados, hechos públicos intencionalmente, dirigidos a un país creyente en el 95%, en mayor o menor medida y en diferentes congregaciones, religiones, ritos o creencias, que busca esencialmente: 

  • Apoyo de votantes y prosélitos disciplinados.
  • Partidos de respaldo en el Legislativo.
  • Fieles que incidan en la opinión pública con movilizaciones, en redes y que den su aprobación, como se vio en el inédito guarismo de 80,6% de sectores evangélicos en la reciente medición de AtlasIntel.
  • Custodios de la agenda provida y de familia tradicional, que a su vez es la base de la llamada batalla cultural que ha llevado a extremos y polarizaciones la directora del ICBF y que es la cruzada del Ministerio de Educación.

Esas exposiciones han venido acompañadas de lemas polisémicos como el de “Viva Cristo Rey”, cuyo origen se remonta al Papa Pío XI a propósito del avance del comunismo, los totalitarismos en Europa y el laicismo, y que luego fue utilizada con fines políticos y religiosos en la Guerra Cristera en México por el carlismo y el franquismo en España, y en Colombia, como sustrato ideológico, por Laureano Gómez durante la violencia política, y que tiene descendientes en el actual gobierno como el ministro Miguel Gómez y Nicolás Gómez Arenas, además del senador Enrique Gómez, lo que despierta especulaciones y polémicas en medio de la creciente polarización.

Foto: Control de la información

Batalla cultural o batalla por el relato

La extrema derecha, en Argentina y Colombia especialmente, adaptó el concepto de izquierda  de Hegemonía cultural de Antonio Gramsci, y de la mano de autores como Agustín Lage y Axel Kaiser ha pretendido incidir en la construcción del relato político, comunicacional, lingüístico, educativo y cultural en frentes como el religioso, los contenidos digitales, identidad y género, y el paradójico discurso nacionalista, que raya en la xenofobia, como se está viendo en la persecución a migrantes, mientras se inclina a las decisiones e intereses de Estados Unidos en asuntos militares, geoestratégicos y mineros.

Con ese fin utilizan la táctica del neolenguaje que mediante el desguace de denominaciones busca crear una realidad alternativa; así, disolver la representación diferenciada de niños y niñas, mediante el genérico de niñez, no solo desmantela el ingente trabajo por cerrar brechas y desigualdades de género desde el mismo acto de nombrar, sino que invisibiliza a una parte de la población, inveteradamente discriminada.

Algo similar pretende el reemplazo del vocablo campesino por productor agrario, que niega de tajo a quince millones de colombianos y sus movilizaciones por sus derechos o necesidades, o de reforma agraria por acceso a tierras en otro intento por desvincular del presente una urgencia por injusticias y violencias heredadas.

Negar o borrar parece ser la consigna, como pasó con los murales en Inravisión, el silencio digital de la revista Gaceta y el silenciamiento temporal de las veinte emisoras de paz en pleno terremoto, cuando más se necesitaban en territorios donde esos eran los únicos medios de información. De las veinte reaparecieron 16 con el nuevo nombre de Emisoras de la reconciliación, y con una nueva línea editorial y de contenidos.

El algoritmo, la desintermediación y las emociones 

Sabida desde campaña la estrategia de apuntar a las emociones para moldear las percepciones, los asesores de marketing han ensayado múltiples técnicas de manera desordenada, siguiendo, como se ha dicho antes, las trazas probadas en otras latitudes. Una de ellas es la desintermediación que comenzó con el aislamiento velado de los medios, hoy circunscritos a la reproducción de comunicados, versiones, alocuciones, puestas en escena, espectáculo, histrionismo, música, colores, bots y manejo sensorial.

La imagen continua del presidente y funcionarios en los territorios trata de llenar el vacío de la falta de soluciones efectivas frente a la tragedia del terremoto, como lo han manifestado editoriales de medios en Manizales, funcionarios y ciudadanía en Pereira y otros municipios, para no mencionar la insatisfacción de las provincias ya cansadas de censos, diagnósticos y cifras contradictorias entre diferentes entidades.

Priman el tiempo futuro indefinido de los anuncios, el uso del plural mayestático y las perspectivas procuracionales sin comprometerse de manera indirecta mediante chivos expiatorios como alcaldes y gobernadores señalados de no entregar reportes, en el caso del terremoto; o de contradecir la política de paz, o de guerra, del Gobierno, como en el caso del gobernador de Nariño; o con plazos perentorios e incumplibles, como con la exigencia de resultados operacionales a ministros y funcionarios encargados del orden público. Sobresalen los gestos y las expresiones pretendidamente militares que antes que seducir buscan obediencia.

La estrategia apunta a que el algoritmo replique acciones populistas como donar el primer sueldo presidencial, una serenata, o que los ministros se vayan de turismo a las zonas afectadas, y en paralelo, como lo denunció el periodista Camilo García, crear relatos con un ejército de reporteros virtuales en escenarios imaginados y situaciones ficcionadas con inteligencia artificial con la idea de incidir en la percepción sin posibilidades de contrastación.

Pero, sobre todo, apunta a emociones primarias como el asco y el miedo, como con la exposición cruel e inhumana de bolsas con cadáveres de armados ilegales con la idea de manifestar autoridad y superioridad al tiempo que cosifican y minusvaloran a los dados de baja, entre los cuales podrían estar menores de edad; imágenes que ya cumplieron su cometido no obstante las decisiones de jueces que, por ahora, les han puestos cortapisas.

No han tenido la misma incidencia issues creados para tal fin como el Libro de la verdad, que pretendió tapar la falta de empalme, construir una línea de base para el actual gobierno e instalar un espejo retrovisor permanente para justificar acciones y decisiones. Portales como Colombiacheck, Cuestión Pública y el Reporte Coronell, entre otros, han mostrado que de los 23 presuntos hitos, 19 ya habían sido denunciados por medios de comunicación, y en por lo menos dos de los cuatro restantes no se configura lo que denuncia la publicación. 

Ambigüedades y otras técnicas propagandísticas 

La saturación de versiones, anuncios y promesas con la caja de resonancia de las redes sociales ha contribuido a que las audiencias se hayan olvidado de la coherencia de los mensajes, sus efectos e incluso de la veracidad de los mismos; esa saturación deviene cansancio y luego desinterés, más si está adobada de ambigüedades, como en el caso de la denominada alianza militar con Estados Unidos, de la cual han dado cuenta voceros estadounidenses antes que colombianos.

El resultado es una acumulación indiferenciada que mezclada con el astro turfing masivo o campañas de desinformación impide saber qué es rumor, qué es verdad y qué es verificable, como en el caso del cabecilla Bendito menor y la forma como fue dado de baja, las visitas de funcionarios estadounidenses y la exportación de minerales raros, que configuran la técnica de la contradicción estratégica para disuadir a las audiencias de preguntar o conocer qué fue exactamente lo que sucedió.

La incapacidad de construcción de un enemigo 

A diferencia de otros contextos de nuestra historia y de lo que ocurre en otras latitudes, la propaganda del Gobierno ha sido inconsistente en la construcción de un enemigo creíble. De tumbo en tumbo ha intentado configurarlo en la figura de Petro, del gobierno anterior que parece desarticulado en la oposición, en los grupos armados ilegales, en los emigrantes, en los abanderados de las luchas por la identidad y género, en la política y partidos tradicionales que contradictoriamente se ha enquistado en la actual administración, y en conceptos abstractos como la corrupción y la inseguridad. Aquí, los medios, anticipadamente favorables, impidieron que se convirtieran en el objeto de ataques y agresiones como sucede en otros países.

Esa dispersión, fruto de la inexperiencia y el desconocimiento, también se ha puesto de manifiesto en la incapacidad de fijar en la mente de los ciudadanos una agenda de gestión por el incumplimiento de plazos prometidos en campaña como los noventa decretos que, se suponía, marcarían la hoja de ruta del Gobierno y que por ahora están dedicados a nombramientos de funcionarios. Sufren sus efectos el ministro del Interior, dedicado más a la contienda digital, y el vicepresidente, de cuya función real, aparte del histrionismo y la viajadera, hasta ahora se va teniendo claridad.

¿Y el periodismo y la libertad de prensa? 

La preocupación por el presente y el futuro del periodismo fruto de las decisiones sobre el régimen de comunicación en ciernes del actual gobierno, apenas está comenzado a manifestarse en sectores independientes, porque sectores de la gran prensa parecen no darse por aludidos.

Pero los síntomas están escalando:

  • La presunta injerencia del Gobierno en el despido de periodistas y caricaturistas críticos es tan grave como si los medios, por congraciarse o recibir prebendas, lo hacen motu proprio, o como si la presión de empresas a través de la pauta publicitaria está obligando a tomar decisiones.
  • La opinión, las publicaciones de contenidos en redes personales de periodistas y el énfasis en afirmaciones que afectan al Gobierno son motivo de agresiones, descalificaciones y estigmatizaciones por parte de funcionarios, seguidores y bodegas digitales afines.
  • La directiva presidencial sobre comunicaciones y las publicaciones precedentes afectan sensiblemente el desempeño periodístico porque lo limitan, lo menosprecian y ni siquiera lo tienen en cuenta cuando prescinden o minimizan las ruedas de prensa o declaraciones de altos funcionarios, pero sobre todo cuando evitan las preguntas, y preguntar es el oficio del periodista.
  • La centralización de la información periodística afecta el acceso oportuno a la información. Desconoce la esencia del trabajo periodístico, en tiempos, modo y circunstancias, y contamina de desconfianza la transparencia de esos contenidos, sometidos a veedurías y controles perturbadores.
  • Ya se presentan casos de negación a entrega de documentos e información, con la disculpa de las directivas presidenciales. Lo que sumado a violaciones de la libertad de expresión como “la instrumentalización de la prensa, un incremento de amenazas, desplazamientos y exilios han profundizado la autocensura y el silenciamiento en los territorios”, como documenta la FLIP.
  • La cancelación de la rueda de prensa del director del DANE sienta un precedente alarmante porque deja la duda de si fue por la directiva o porque ya había manifestado en un video que descartaba la manipulación de datos en el gobierno anterior.
  • La incertidumbre por la aparición de un vocero para temas principales con una concepción obsoleta de esa figura; pensado, por su rigidez, para medios tradicionales, porque su estatus aún no está reglamentado en propiedad y porque, como en el caso de la medición de AtlasIntel, no informa sino opina. 
  • La desaparición temporal de los datos públicos durante la emergencia del terremoto y, como ya se mencionó, la contradicción entre entidades oficiales y con las organizaciones que les hacen seguimiento.

Y, como si lo anterior fuera poco, han revivido las amenazas contra periodistas como en Arauca, por ser supuestamente altoparlantes del ELN

En los últimos 48 meses ha habido más de 2.000 ataques contra 870 periodistas, diez asesinatos, en los 32 departamentos del país, según la FLIP. Cada dos días un periodista es amenazado en Colombia.

Y aumenta el descontento por la complacencia, silencio o indiferencia de algunos medios, periodistas y líderes de opinión frente a este panorama que se agrava día a día.

¿Qué hacer?

Frente a medidas propagandísticas similares, hay ejemplos de qué hacer en el periodismo internacional, como en la Argentina de los Kirchner de hace tres lustros y la de hoy, o como en Estados Unidos de la época de desintermediación de Obama y la de hoy:

  • Acuerdo para realizar publicaciones comunes con símbolos como la transparencia, el acceso a la información y el derecho a preguntar.
  • Protestas presenciales, virtuales, epistolares y periodísticas.
  • Denuncias ante organismos internacionales como la CIDH, CPJ, RSF.
  • Boicot a fotos o posteos oficiales de eventos donde no fue admitida la prensa o parte de ella.
  • Presión en las escasas ruedas de prensa oficiales.
  • Soporte de gremios periodísticos locales e internacionales.
  • Alianzas con colectivos de defensa de los derechos humanos.
  • Apoyo mediante compra de ejemplares o suscripciones a medios independientes.
  • Lobby en eventos internacionales.

En últimas, es legal que los gobiernos hagan uso de la propaganda oficial o de medidas de cuidado informativo reputacional, pero es legítimo que la prensa, como faro de la democracia, defienda su genuino derecho a obtener información transparente, oportuna y verídica para garantizar el derecho de los ciudadanos a recibir esa información para tomar decisiones adecuadas, es decir, a ejercer el pleno derecho a su libertad. Así está consagrado constitucionalmente. 

Le recomendamos: Petro grita ¡CENSURA!

Acerca del autor

Mario Morales
mariomorales@razonpublica.org.co | + posts

*Analista, columnista y profesor de la Universidad Javeriana.
@marioemorales www.mariomorales.info

0 comentarios

Mario Morales

Escrito por:

Mario Morales

*Analista, columnista y profesor de la Universidad Javeriana. @marioemorales www.mariomorales.info

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

últimos artículos

Delegación de Paz del Gobierno Nacional en cabeza de Humberto de la Calle.
Política y Gobierno

Las opciones para refrendar el acuerdo de La Habana

Javier_Duque_corte_RazonPublica
Política y Gobierno

¿Qué le pasa a la Corte Suprema de Justicia?

William Torres
Política y Gobierno

El Quimbo ¿”Fuerzas oscuras” o simple criminalización de la protesta?

Política y Gobierno

Repensar el sector de seguridad, más allá de las reformas institucionales

ISSN 2145-0439

Razonpublica.com se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 3.0 Unported. Basada en una obra en razonpublica.com.

Click to listen highlighted text!